En busca de la credibilidad
"El problema esencial, cuando todo está en Internet, es de credibilidad, y es ahí donde los medios de comunicación siguen teniendo un papel esencial, ya que la gente tiende a dar mayor credibilidad a La Vanguardia, al New York Times, a El País o a El Periódico de Cataluña que a lo que Manuel Castells pueda poner en la red en un momento determinado. En ese sentido, el brand name, la etiqueta de veracidad, sigue siendo importante, a condición de que esa etiqueta se respete, con lo cual la credibilidad de un medio de comunicación se convierte en su única forma de supervivencia en un mundo de interacción y de información generalizada."
Con estas palabras Manuel Castells hace hincapié en el gran trabajo que tenemos por delante los ciberperiodistas para ganar la credibilidad del público en la red. Pero, ¿quiere esto decir que las nuevas cabeceras nacidas-en-y-para-internet, que son, al fin y al cabo, la culminación de la tercera fase de la mediamorfosis de Fiedler, parten en inferioridad de condiciones frente a su competencia de primera y segunda generación evolutiva, que lo único que hacen es volcar sus contenidos a la red, o como mucho crear algunas secciones especiales para ella?
Mal estreno
El ciberperiodismo no se está estrenando con mucho éxito. Que nadie se lleve a engaño. Axel Grijelmo se lamenta del espectáculo a que estamos asistiendo. En un artículo de lectura imprescindible, publicado en Cuadernos de Periodistas, define la situación como "un fenómeno periodístico inverso: así como una noticia veraz se convierte en falsa o da apariencia de serlo por culpa de un solo dato falso, una historia falsa puede presentarse como verosímil, y resultar creíble, si se construye con detalles verdaderos. El periodismo que se ha empezado a practicar ya en algunos medios digitales –no todos, desde luego-- parte a menudo de unos hechos secundarios ciertos y comprobados que, paradójicamente, otorgan credibilidad al tema central de la información, aunque éste sea inventado o simplemente deducido."
Para el presidente de la Agencia EFE, el problema radica en que algunos medios digitales no respetan la ética que rige en la prensa tradicional. "Hasta el punto de que se van dando casos notorios de noticias, imágenes y rumores que determinados periódicos difunden en sus páginas electrónicas pero luego no se atreven a publicar en papel, aun cuando el director de uno y otro medio sean la misma persona".
Lo peor llega cuando un medio tradicional "blanquea" la información mediante la cita de la fuente, en este caso un medio digital. Los rumores, falsedades e infundios interactúan así en medios considerados de prestigio. La vía de entrada es la puerta trasera: un columnista, un entrevistador alude a lo que otros dicen y que su medio no se atreve a preguntar.
Para Grijelmo todo está muy claro: "En el periodismo tradicional, un dato falso arruina la verdad. En el nuevo periodismo a cuyo alumbramiento asistimos, los datos verdaderos avalan la falsedad".
Internet, responsable
¿Estamos asistiendo, pues, a una rebaja de las exigencias profesionales de verificación? ¿Tiene algo que ver con ello el propio medio -internet- y la posibilidad que da a cualquiera de convertirse en informador ocasional?
Para Grijelmo no hay duda. "No hay que olvidar -dice- que el caso Lewinsky se conoció por una publicación digital cuando todavía la prestigiosa revista Newsweek estaba verificando si la noticia era cierta o no. Eso desató en Estados Unidos un furor por la información rápida y poco verificada. Y eso ha llegado hasta nosotros, con esta influencia de Internet que empieza a hacerse patente en los medios escritos."
¿Hay una ética diferente según el medio en que se desenvuelva el periodista? ¿Acapararán los periódicos impresos el papel de referente ético de la sociedad de la información por abandono de los restantes medios? Grijelmo piensa que "esa posición todavía deberán ganársela, en el caso de que los demás claudiquen".
Por último, Álex Grijelmo arremete contra el hábito de cortar y pegar, que "se ha convertido en una gangrena que nos aleja de la verificación y que nos habitúa a dar por bueno cualquier dato por el hecho de que haya sido publicado, con un espíritu acrítico lamentable".
¿Habrá que aplicar también el software anti copy-paste Turnitin a los periodistas?
(ACTUALIZACIÓN 8-12-2005): En el número de noviembre de Sala de prensa, Mario Alfredo Cantarero firma un artículo titulado "El 'refrito' o plagio en los medios informativos".
Pese a centrarse en el caso de El Salvador, bien podría estar hablando de España. Tan sólo corto y pego un par de párrafos, pero recomiendo su lectura íntegra:
"Para la Federación Internacional de Periodistas (FIP), en su declaración de principios, adoptada en el congreso de Helsingor (Dinamarca), en junio de 1986, el plagio comparte rango de gravedad con otros comportamientos reprobables: la distorsión malintencionada; la calumnia, la maledicencia, la difamación, las acusaciones sin fundamento; la aceptación de alguna gratificación como consecuencia de la publicación de una información o su supresión."
"De esta actitud generalizada de temor a la proposición y, consecuentemente, de propensión al plagio nadie se escapa. Cruza todos los grupos sociales (de izquierda o de derecha, empresarios o trabajadores, gobierno o gobernados, padres o hijos, dueños de medios o periodista, etc.), en sus políticas laborales, organizativas, educativas, etc., y, en el caso universitario, en los diseños curriculares de los planes de estudio, en las metodologías de enseñanza y evaluación. Ante esa contundente falta de visión estratégica estructural de un sistema que propicia la copia y el plagio, entonces lo más práctico es implementar el "refrito" como solución a esa falta de esfuerzo intelectual."
Y como confirmación de que esta lamentable práctica parece una pandemia del periodismo mundial, leo en eCuaderno que el diario británico The Mail "ha obtenido el dudoso mérito de ser reconocido como Press Plagiarist of the Year, o sea, el medio plagiario por excelencia en 2005".
(Por su interés, he actualizado tal cual la entrada aparecida el 25 de noviembre de 2005 en este mismo blog)
Con estas palabras Manuel Castells hace hincapié en el gran trabajo que tenemos por delante los ciberperiodistas para ganar la credibilidad del público en la red. Pero, ¿quiere esto decir que las nuevas cabeceras nacidas-en-y-para-internet, que son, al fin y al cabo, la culminación de la tercera fase de la mediamorfosis de Fiedler, parten en inferioridad de condiciones frente a su competencia de primera y segunda generación evolutiva, que lo único que hacen es volcar sus contenidos a la red, o como mucho crear algunas secciones especiales para ella?
Mal estreno
El ciberperiodismo no se está estrenando con mucho éxito. Que nadie se lleve a engaño. Axel Grijelmo se lamenta del espectáculo a que estamos asistiendo. En un artículo de lectura imprescindible, publicado en Cuadernos de Periodistas, define la situación como "un fenómeno periodístico inverso: así como una noticia veraz se convierte en falsa o da apariencia de serlo por culpa de un solo dato falso, una historia falsa puede presentarse como verosímil, y resultar creíble, si se construye con detalles verdaderos. El periodismo que se ha empezado a practicar ya en algunos medios digitales –no todos, desde luego-- parte a menudo de unos hechos secundarios ciertos y comprobados que, paradójicamente, otorgan credibilidad al tema central de la información, aunque éste sea inventado o simplemente deducido."
Para el presidente de la Agencia EFE, el problema radica en que algunos medios digitales no respetan la ética que rige en la prensa tradicional. "Hasta el punto de que se van dando casos notorios de noticias, imágenes y rumores que determinados periódicos difunden en sus páginas electrónicas pero luego no se atreven a publicar en papel, aun cuando el director de uno y otro medio sean la misma persona".
Lo peor llega cuando un medio tradicional "blanquea" la información mediante la cita de la fuente, en este caso un medio digital. Los rumores, falsedades e infundios interactúan así en medios considerados de prestigio. La vía de entrada es la puerta trasera: un columnista, un entrevistador alude a lo que otros dicen y que su medio no se atreve a preguntar.
Para Grijelmo todo está muy claro: "En el periodismo tradicional, un dato falso arruina la verdad. En el nuevo periodismo a cuyo alumbramiento asistimos, los datos verdaderos avalan la falsedad".
Internet, responsable
¿Estamos asistiendo, pues, a una rebaja de las exigencias profesionales de verificación? ¿Tiene algo que ver con ello el propio medio -internet- y la posibilidad que da a cualquiera de convertirse en informador ocasional?
Para Grijelmo no hay duda. "No hay que olvidar -dice- que el caso Lewinsky se conoció por una publicación digital cuando todavía la prestigiosa revista Newsweek estaba verificando si la noticia era cierta o no. Eso desató en Estados Unidos un furor por la información rápida y poco verificada. Y eso ha llegado hasta nosotros, con esta influencia de Internet que empieza a hacerse patente en los medios escritos."
¿Hay una ética diferente según el medio en que se desenvuelva el periodista? ¿Acapararán los periódicos impresos el papel de referente ético de la sociedad de la información por abandono de los restantes medios? Grijelmo piensa que "esa posición todavía deberán ganársela, en el caso de que los demás claudiquen".
Por último, Álex Grijelmo arremete contra el hábito de cortar y pegar, que "se ha convertido en una gangrena que nos aleja de la verificación y que nos habitúa a dar por bueno cualquier dato por el hecho de que haya sido publicado, con un espíritu acrítico lamentable".
Pese a centrarse en el caso de El Salvador, bien podría estar hablando de España. Tan sólo corto y pego un par de párrafos, pero recomiendo su lectura íntegra:
"Para la Federación Internacional de Periodistas (FIP), en su declaración de principios, adoptada en el congreso de Helsingor (Dinamarca), en junio de 1986, el plagio comparte rango de gravedad con otros comportamientos reprobables: la distorsión malintencionada; la calumnia, la maledicencia, la difamación, las acusaciones sin fundamento; la aceptación de alguna gratificación como consecuencia de la publicación de una información o su supresión."
"De esta actitud generalizada de temor a la proposición y, consecuentemente, de propensión al plagio nadie se escapa. Cruza todos los grupos sociales (de izquierda o de derecha, empresarios o trabajadores, gobierno o gobernados, padres o hijos, dueños de medios o periodista, etc.), en sus políticas laborales, organizativas, educativas, etc., y, en el caso universitario, en los diseños curriculares de los planes de estudio, en las metodologías de enseñanza y evaluación. Ante esa contundente falta de visión estratégica estructural de un sistema que propicia la copia y el plagio, entonces lo más práctico es implementar el "refrito" como solución a esa falta de esfuerzo intelectual."
Y como confirmación de que esta lamentable práctica parece una pandemia del periodismo mundial, leo en eCuaderno que el diario británico The Mail "ha obtenido el dudoso mérito de ser reconocido como Press Plagiarist of the Year, o sea, el medio plagiario por excelencia en 2005".
(Por su interés, he actualizado tal cual la entrada aparecida el 25 de noviembre de 2005 en este mismo blog)
Comentario:
Otro caso de plagio famoso fue el de Javier Marín Ceballos, que en La Verdad de Murcia escribió un artículo al hilo de las manifestaciones "anti-gays" y le salieron unos párrafos clavaditos a los de un post sobre Matrimonio y católicos colgados en Psicofonías.
Puedes leerlo en www.psicobyte.com (14.06.05) y si tienes más morbo todavía, merece la pena leer las aclaraciones del director de La Verdad y del periodista en cuestión en http://canales.laverdad.es/servicios/textos/psicobyte.htm
Impresionante el parráfo de disculpa que dice:
"Pido también disculpas a todos los lectores y escritores de su solidaria Blog, que no conocía, por mis escasas dotes de navegador.
Sólo quiero añadir que no soy ningún bicho raro. Sólo soy, como muchos de vosotros, un escritor pluriempleado que había conseguido, después de mucho esfuerzo, una columna en un periódico y que, sin ninguna intención, ha metido la pata, al citar mal un texto que creía perteneciente a ese paradójico anonimato de internet, con la finalidad de difundirlo. Yo, que he sido siempre un defensor de los derechos de propiedad intelectual (...)"
Puedes leerlo en www.psicobyte.com (14.06.05) y si tienes más morbo todavía, merece la pena leer las aclaraciones del director de La Verdad y del periodista en cuestión en http://canales.laverdad.es/servicios/textos/psicobyte.htm
Impresionante el parráfo de disculpa que dice:
"Pido también disculpas a todos los lectores y escritores de su solidaria Blog, que no conocía, por mis escasas dotes de navegador.
Sólo quiero añadir que no soy ningún bicho raro. Sólo soy, como muchos de vosotros, un escritor pluriempleado que había conseguido, después de mucho esfuerzo, una columna en un periódico y que, sin ninguna intención, ha metido la pata, al citar mal un texto que creía perteneciente a ese paradójico anonimato de internet, con la finalidad de difundirlo. Yo, que he sido siempre un defensor de los derechos de propiedad intelectual (...)"
Comentario:
Felicidades por el blog. Yo también soy una "ciberperiodista en construcción" (me encanta la definición), y la información que cuelgas me parece muy interesante.
Comentario:
Yo me pregunto si el ciberperiodismo que se está haciendo es realmente periodismo. Incluso me plantearía antes que nada si internet es un medio o sólo un canal, como el teléno o el telégrafo. Enséñale esto a tus alumnos (o al menos plantéaselo). Y que se preparen para un mercado en el que los periodistas ya no son un estamento respetable.