Manual para jóvenes periodistas
Aviso para navegantes: la profesión está mal, muy mal. Abstenerse quienes carecen de vocación.
Un enlace desde Periodista Digital.com me ha llevado al desalentador post de una profesional aparentemente descreída y cansada, Mara de la Hoz. No la conozco. La entrada, titulada Manual para jóvenes periodistas, es una muestra de cómo anda el ánimo por las redacciones.
Mara comienza confesando no tener "ni la menor idea de lo que se estudia ahora en las Facultades de Periodismo"; no obstante, y una vez dicho esto, se permite hacer una crítica maniquea y génerica de las enseñanza de la epistemología de la comunicación a futuros periodistas. No voy a dedicar ni una línea a rechazar la simpleza de razonamiento y la cortedad de miras que esta colega muestra. Se trata de un discurso muy extendido entre un tipo de profesionales ya asentados en sus puestos y que pasaron por la universidad, pero sin conseguir que la universidad pasara por ellos. A veces he pensado que, pese a que es la base de su trabajo, no saben expresar lo que quieren decir: que no son partidarios de que los periodistas reciban formación universitaria. Esa es otra cuestión que ya debatiremos.
Lo que realmente me ha interesado de esta entrada no es el ataque a las facultades, sino la visión que tiene del panorama laboral. Y en este punto hasta puedo reírme con sus consejos. Incluso puedo coincidir con algunas de sus observaciones. Leedlo (con espíritu crítico, por favor) y después hablamos.
En este momento la realidad parece darle a Mara razones para su pesimismo. Y con los prejubilados de TVE pululando por las redacciones, el futuro puede ponerse aún más oscuro para los periodistas.
¿Alguien se cree que un profesional de cincuenta y pocos años va a quedarse en casa con los brazos cruzados? Los viajes del INSERSO me parecen una actividad insuficiente para una persona aún joven.
Ninguna limitación de futuras ocupaciones que pueda acordar la SEPI con los sindicatos evitará que una parte de estos periodistas acceda de nuevo al mercado laboral, sea o no en competencia con TVE. Es posible que éste se sature de "personal con experiencia", al menos durante algún tiempo. Da igual todas las cláusulas que se firmen.
Me preocupa que alguno de estos periodistas salientes, con el ánimo confundido y al más puro estilo becario kamikaze, ofrezca sus servicios por un sueldo miserable a empresas más miserables todavía. Al fin y al cabo, si está cobrando el salario de prejubilación, su actividad tiene que ser retribuida "en negro" y esto rebaja mucho el caché. ¿O no?
Espero que mis miedos sean infundados. Sobre todo deseo que las nuevas generaciones de periodistas no perdáis fuelle antes de llegar. Lo que estamos viendo desalienta mucho, es verdad, pero esta profesión merece la pena. Os lo aseguro.
De todas formas, y por si sirve de consuelo, esto ya ocurría cuando -hace ya muchos años- yo estaba estudiando. Se decía entonces que la profesión atravesaba su peor momento. Recién creadas las facultades, temíamos que no habría puestos suficientes en toda Europa para acoger tantos nuevos licenciados.
Agoreros y apocalípticos nunca han faltado en el periodismo. Al fin y al cabo nuestro deber es ser críticos y, como todos sabemos, la verdadera crítica empieza por la propia casa.
Un enlace desde Periodista Digital.com me ha llevado al desalentador post de una profesional aparentemente descreída y cansada, Mara de la Hoz. No la conozco. La entrada, titulada Manual para jóvenes periodistas, es una muestra de cómo anda el ánimo por las redacciones.
Mara comienza confesando no tener "ni la menor idea de lo que se estudia ahora en las Facultades de Periodismo"; no obstante, y una vez dicho esto, se permite hacer una crítica maniquea y génerica de las enseñanza de la epistemología de la comunicación a futuros periodistas. No voy a dedicar ni una línea a rechazar la simpleza de razonamiento y la cortedad de miras que esta colega muestra. Se trata de un discurso muy extendido entre un tipo de profesionales ya asentados en sus puestos y que pasaron por la universidad, pero sin conseguir que la universidad pasara por ellos. A veces he pensado que, pese a que es la base de su trabajo, no saben expresar lo que quieren decir: que no son partidarios de que los periodistas reciban formación universitaria. Esa es otra cuestión que ya debatiremos.Lo que realmente me ha interesado de esta entrada no es el ataque a las facultades, sino la visión que tiene del panorama laboral. Y en este punto hasta puedo reírme con sus consejos. Incluso puedo coincidir con algunas de sus observaciones. Leedlo (con espíritu crítico, por favor) y después hablamos.
En este momento la realidad parece darle a Mara razones para su pesimismo. Y con los prejubilados de TVE pululando por las redacciones, el futuro puede ponerse aún más oscuro para los periodistas.
¿Alguien se cree que un profesional de cincuenta y pocos años va a quedarse en casa con los brazos cruzados? Los viajes del INSERSO me parecen una actividad insuficiente para una persona aún joven.
Ninguna limitación de futuras ocupaciones que pueda acordar la SEPI con los sindicatos evitará que una parte de estos periodistas acceda de nuevo al mercado laboral, sea o no en competencia con TVE. Es posible que éste se sature de "personal con experiencia", al menos durante algún tiempo. Da igual todas las cláusulas que se firmen.
Me preocupa que alguno de estos periodistas salientes, con el ánimo confundido y al más puro estilo becario kamikaze, ofrezca sus servicios por un sueldo miserable a empresas más miserables todavía. Al fin y al cabo, si está cobrando el salario de prejubilación, su actividad tiene que ser retribuida "en negro" y esto rebaja mucho el caché. ¿O no? Espero que mis miedos sean infundados. Sobre todo deseo que las nuevas generaciones de periodistas no perdáis fuelle antes de llegar. Lo que estamos viendo desalienta mucho, es verdad, pero esta profesión merece la pena. Os lo aseguro.
De todas formas, y por si sirve de consuelo, esto ya ocurría cuando -hace ya muchos años- yo estaba estudiando. Se decía entonces que la profesión atravesaba su peor momento. Recién creadas las facultades, temíamos que no habría puestos suficientes en toda Europa para acoger tantos nuevos licenciados.
Agoreros y apocalípticos nunca han faltado en el periodismo. Al fin y al cabo nuestro deber es ser críticos y, como todos sabemos, la verdadera crítica empieza por la propia casa.