VALPARAISO PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD

Eres un arco iris de múltiples colores
tú, Valparaíso, puerto principal,
tus mujeres son blancas margaritas,
todas ellas arrancadas de tu mar.
Al mirarte de Playa Ancha, lindo puerto,
allí se ven las naves, al salir y al entrar
el marino te canta esta canción;
yo sin ti no vivo, puerto de mi amor.
Del cerro Los Placeres, yo me pasé al Barón,
me vine al Cordillera en busca de tu amor,
te fuiste al Cerro Alegre y yo, siempre detrás,
porteña buena moza, no me hagas sufrir más.
La plaza de La Victoria es un centro social,
Avenida Pedro Montt, como tú no hay otra igual,
mas yo quisiera cantarte con todito el corazón
Torpederas de mi ensueño, Valparaíso de mi amor.
En mis primeros años yo quise descubrir
la historia de tus cerros, jugando al volantín.
Como las mariposas que vuelan entre las rosas
Yo recorrí tus cerros hasta el último confín.
Yo me alejé de ti, puerto querido,
y al retornar de nuevo te vuelvo a contemplar.
La joya del Pacífico te llaman los marinos
y yo te llamo encanto, como Viña del Mar.
Autor: Víctor Acosta



Playa Ancha en el viento...
(Valparaíso, agosto 31 de 1999/ Bar "Roma")
Playa Ancha en el viento,
poesía y canto en sus calles amables.
El "Roma", con su garganta pintada
de amarillo,
transportándonos como un túnel encantado
de siglos
hasta su llanura de madera, vigas añosas
y multitud de mesas brindando triunfos
y desconsuelos.
Brindando amores y desamores,
anclados en los muros amanecidos.
El "Roma" y su amplia llanura o bodega
habitual
o balaustrada bulliciosa, o maestranza
incrustada en el cerro.
O estación de trenes y estudiantes.
Delirio o equilibrio en la sensibilidad
de los transeúntes misceláneos.
Más allá, su hermano bar "Sirena", porteño
y republicano,
oleaje de estanterías como un emporio
pretérito
y bellas alumnas musicales cual cadencias
de los amantes en el lecho clandestino.
Playa Ancha en el viento, en el océano,
en la universidad,
en las cantinas descomunales y marineras.
En las historias más inolvidables
de las páginas del vino
y espumosas cervezas.
Playa Ancha, con su ropaje
de casonas imbatibles en el tiempo.
Signos deslizándose.
Desbordes empedrados.
Autor: Alejandro Lavquén



Nacer en Valparaiso
Yo naci mucho despues de haber nacido,
Naci cuando vi Valparaiso.
Abri los ojos para dejar entrar las olas,
Para mirar el viento por dentro,
Para sentir la niebla espesa en la bahia,
Oir el lamento del mar
Y los quejidos del toro alarmante.
Yo naci en verdad cuando la lluvia
No caia del cielo oscurecido,
Sino bajaba por la calle Hospital
Como desborde de yeguas coloradas.
Yo no aprendi a caminar
Cuando di los primeros pasos terrestres.
Yo aprendi a caminar
Cuando baje mi primer cerro,
Mi primera quebrada, mi primera
Escala inconclusa, cuando saltando
De loma en loma, de barrial en barrial,
De piedra en piedra, de basura en basura,
Me iba acercando al plan,
Para seguir cayendo,
Para seguir saltando y aprendiendo
El caminar de Valparaiso.
Yo no aprendi a llorar hasta que pude
Llorar Valparaiso.
Mis lagrimas solo aprendieron a ser
Lagrimas,
Cuando fueron lagrimas de sal amarga,
Gotas marineras de angustia y temporal.
Yo aprendi a llorar cuando Valparaiso
Se estremecia de muerte y miseria.
Nunca supe de risas
Hasta que aprendi la risa luminosa
De mis hermanos de liceo,
Cuando las bromas y la alegria
Se confundian con las muecas disimuladas
Del dolor, de las apariencias debidas ,
Cuando reiamos para ocultar la sorda
Pobreza digna e inconfesable
De los miserables acaudalados
Del segundo patio.
Yo aprendi a amar solo en Valparaiso,
Cuando el amor viajaba en el bus
De la Avenida Alemania.
Mi corazon aprendio a palpitar
Cuando al subir una escala estrecha
Por la subida Ecuador
Sentia junto al mio el corazon de Mariela.
Yo aprendi a besar en Valparaiso,
Cuando un beso comenzaba en las penumbras
De Yerbas Buenas
Y terminaba alla arriba
En la planicie del cerro Florida.
Y cuando en la solemne arquitectura
De la Santa Maria,
Escuche por vez primera
La pequeña serenata nocturna
De Mozart prodigioso,
Solo entonces,
Ahi en lo alto de Los Placeres,
Entro a mi por vez primera
La musica, ese torrente polifonico,
Esa agonia del deleite,
El ruido armonico,
La sonajera sublime,
Ese unico idioma comprensible
Sin necesidad de diccionario.
Yo naci mucho despues de haber nacido,
Solo Valparaiso me enseño a mirar,
Solo Valparaiso me hizo respirar,
Y llorar, y sentir y vivir.
Dondequiera que mi cuerpo transite
Y deambule por el mundo,
Mi alma morira en Valparaiso,
Del puerto sera mi aliento ultimo,
Y Valparaiso lanzara sus yeguas coloradas
De la lluvia calles abajo,
Para empujar mi alma
A descansar el sueño de la Pequeña Serenata
Noctura,
En el fondo de la bahia del Valle del Paraiso.
Autor: Marcos Medalla


ODA A VALPARAÍSO
VALPARAÍSO,
qué disparate
eres,
qué loco,
puerto loco,
qué cabeza
con cerros,
desgreñada,
no acabas
de peinarte,
nunca
tuviste
tiempo de vestirte,
siempre
te sorprendió
la vida,
te despertó la muerte,
en camisa,
en largos calzoncillos
con flecos de colores,
desnudo
con un nombre
tatuado en la barriga,
y con sombrero,
te agarró el terremoto,
corriste
enloquecido,
te quebraste las uñas,
se movieron
las aguas y las piedras,
las veredas,
el mar,
la noche,
tú dormías
en tierra,
cansado
de tus navegaciones,
y la tierra,
furiosa,
levantó su oleaje
más tempestuoso
que el vendaval marino,
el polvo
te cubría
los ojos,
las llamas
quemaban tus zapatos,
las sólidas
casas de los banqueros
trepidaban
como heridas ballenas,
mientras arriba
las casas de los pobres
saltaban
al vacio
como aves
prisioneras
que probando las alas
se desploman.
Pronto,
Valparaíso,
marinero,
te olvidas
de las lágrimas,
vuelves
a colgar tus moradas,
a pintar puertas
verdes,
ventanas
amarillas,
todo
lo transformas en nave,
eres
la remendada proa
de un pequeño,
valeroso
navío.
La tempestad corona
con espuma
tus cordeles que cantan
y la luz del océano
hace temblar camisas
y banderas
en tu vacilación indestructible.
Estrella
oscura
eres
de lejos,
en la altura de la costa
resplandeces
y pronto
entregas
tu escondido fuego,
el vaivén
de tus sordos callejones,
el desenfado
de tu movimiento,
la claridad
de tu marinería.
Aquí termino, es esta
oda,
Valparaíso,
tan pequeña
como una camiseta
desvalida,
colgando
en tus ventanas harapientas
meciéndose
en el viento
del océano,
impregnándose
de todos
los dolores
de tu suelo,
recibiendo
el rocío
de los mares, el beso
del ancho mar colérico
que con toda su fuerza
golpeándose en tu piedra
no pudo
derribarte,
porque en tu pecho austral
están tatuadas
la lucha,
la esperanza,
la solidaridad
y la alegría
como anclas
que resisten
las olas de la tierra.
Autor: Pablo Neruda



Cuando Valparaíso
Cuando el cuchillo bosteza
Valparaíso
con su sarcasmo gentil
cuando tus casas racimo
Valparaíso
guiñan sus ojos al mar
presiento un país
descubro que soy
cuando la herida me impone el despertar
Valparaíso.
Cuando la puerta se cierra
Valparaíso
detrás del beso feroz
y los amantes naufragan
Valparaíso
en tanta duda de ser
hay tanta estación
buscando algún tren
que lleve al mismo que nunca llegará
Valparaíso.
Valparaíso
dónde andarás
en qué penumbra te ocultarás
en qué secreto naufragio antiguo
en qué profundo rincón del vino
Valparaíso
como un cristal hecho pedazos
te encontrarás
mordiendo inviernos bajo los muelles
Valparaíso.
Cuando la tierra despierta
Valparaíso
llevando el diablo en la piel
y alegre inicia su baile
Valparaíso
vertiginoso y brutal
hay tanto albañil
dispuesto al ritual
de los andamios alzados otra vez
Valparaíso.
Autor: Desiderio Arenas



DECIMAS A DON CONDE CACA
Allí viene el Conde Caca
aplanando las veredas
con las manos en los bolsillos
va rascándose las brevas.
1
También el Puente Corta'o
lo llaman aquí en el puerto
porque nadie hasta el momento
lo pasa ni lo ha pasa'o
las damas le han carga'o
al Conde qu'es trata'e blancas
que a las gorditas y flacas
las vende al mejor postor
y susurran con temor
allí viene el Conde Caca.
2
De Pedro Montt a Serrano
pulula mañana y tarde
tiempo corrido de balde
se lo pasa este fulano
atrás se toma las manos
el tranco lo balancea
los pelusas le remedan
a este ñato taquillero
que se pasa el año entero
aplanando las veredas.
3
Virgen tiene los pulmones
porque nunca ha trabaja'o
sin embargo ha trajina'o
por toítos los rincones
de Valparaíso señores
desde que era un chiquillo
no jugó al corre'l anillo
porque era introvertido
siempre ha anda'o bien vesti'o
con las manos en los bolsillos.
4
Muy colérico se viste
y la edad no representa
pa' que sacarle la cuenta
si está de qu'el puerto existe
nunca se le ha visto triste
menos en una pelea
no sé por qué copuchean
re tanto en Valparaíso
si vez que yo lo diviso
va rascándose las brevas.
5
Al fin comenta la gente
que aquel Conde es prestamista
y pica'o a deportista
se le ha visto últimamente
corriendo nerviosamente
y urdiendo sus telarañas
va por la Avenida España
los domingos muy temprano
y a las viejas con las manos
les va haciendo musarañas.
Autor:Margot Loyola



RECADO AL PÚBLICO PORTEÑO
(En vísperas de un recital en El “Valparaíso Eterno”)
Al Valparaíso Eterno
Voy este jueves 28;
Dejo un rato mi Mapocho,
Voy al mar profundo y tierno.
Una semana de invierno
Festeja este trovador
En un sitio acogedor
Que hace tiempo no visita,
Así que si alguien tirita,
Traigo guitarra y calor!
Al Valparaíso Eterno
Vaya pues toda la gente
A oir mi canto elocuente
Que desafía al Infierno.
Llevo mi largo cuaderno
Que tiene inscrita la flor
De mi verso constructor
Augurando el porvenir,
Y pues quiero compartir,
Traigo guitarra y calor!
Al Valparaíso Eterno
A todos quiero invitar,
Mi amigo Telmo Aguilar
Seguro se pondrá terno,
Y con su estilo moderno
Va a presentar al cantor...
Yo, con fuerza y con amor,
Enarbolando mis sueños,
A porteñas y a porteños
Traigo guitarra y calor!
Autor: Eduardo Peralta



Escenas de Olvido en Valparaíso
Era tan breve el peso de su nombre Valparaíso
Dicho en voz baja y Abril
y tan último el polen del otoño Valparaíso
El Secreto Ardor, transido de Sal, la esperma frutal
de nuestras hondas colmenas en agraz
Valparaíso.
Fue tan verdad el tiempo de sus manos Valparaíso
y tan susurro su voz
tan precario el abrigo de su vientre Valparaíso
tan corta su sed, tan severo su pan, tan incierto su olor
tan impotentes sus anclas al zarpar
Valparaíso.
Puerto de bruma mírame aquí, cargo en la boca su cicatriz
cargo en el pecho su desacierto, cargo en las manos su espacio abierto
Puerto memoria guárdamela de fuego y niebla cerca del mar
guarda su mágico delirio trágico guarda su infancia y su distancia
Valparaíso Celestino.
Ella habitó los mapas de mi pecho Valparaíso
cruel de estatura y de sol
ella ungió su misterio a mi memoria Valparaíso
y yo dudo acá privado de sed, náufrago de anclar
mientras su enigma se agota sobre el mar
Valparaíso.
Puerto sin sueño mírame aquí, cargo en la oreja su despedir
cargo en la sed su lagar desierto, cargo en mi muelle su asombro muerto Puerto invisible guarda tú, de espuma y yodo bajo tu luz
guarda su infancia desvelo mágico y su distancia delirio trágico
Valparaíso Celestino
Pero no se sí incluso tú eres cierto Valparaíso
o fui yo quien te soño.
Autor:Patricio Manns



A la vera del camino que va hacia "el bajo de Granizo", en dirección a la Mina "La Opositora", existe una piedra donde está grabada la "Ojota del Diablo".
Se cuenta que, desde hacía muchos años, el Diablo se había posesionado de todo el lugar que, por entonces, era casi un despoblado con una ranchita por aquí y otra por allá, sin calles, sin luz eléctrica, cubierta de matorrales y bosquecillos.
El Demonio hacía de las suyas. A1 crepúsculo, toda la comarca le pertenecía. Ningún indígena o campesino se aventuraba por lo senderillos que recién se trazaban y que eran totalmente borrados por las sombras.
Muchas eran las apariciones que el Malulo realizaba por ese entonces. Empujaba, asustaba y desbarrancaba a los caminantes o despertaba a la pequeña población con ensordecedores ruidos. Tal temor provocaba en los campesinos que junto con encenderse los primeros cirios elevaban también las primeras oraciones al cielo pidiendo protección contra el malvado.
Se dice que para engañar a la incipiente población, el Diablo, se disfrazaba de huaso pobre y calzaba rústicas ojotas de cuero.
En cierta ocasión acompañó a un retrasado agricultor extraviado quien se alegró mucho del encuentro pues creía que juntos eludirían al infernal personaje. De pronto, se hizo tan de noche que apenas podían avanzar entre los matorrales. El Diablo se mostraba muy locuaz tratando de despistar a su nueva víctima, pero, como bien se asegura que "por la boca muere el pez", el agricultor que escuchaba atentamente al demonio, observó que al hablar mostraba una reluciente dentadura de oro y que su lengua se encendía como una roja brasa. Asombrado, pero sin maliciar con quien hablaba, exclamó: "Ave María purísima, los dientecitos que se gasta su merced"...
No había terminado su exclamación cuando el Demonio dio descomunal salto cayendo sobre una piedra que había a la vera del camino,la que a su contacto chirrió como aceite hirviendo y cual si fuese un trampolín lanzó lejos, muy lejos al infernal acompañante.
El agricultor vio, atónito, cómo la "Ojota del Diablo" quedaba pegada en la piedra, aún ígnea, despidiendo lucecitas amarillas, azules y rojas y exhalando un fuerte y desagradable olor a azufre.
Desde entonces existe a la vera del camino que va " hacia el bajo de Granizo", en dirección a la Mina "La Opositora", una piedra que ostenta la huella de la descomunal "Ojota del Diablo".
Del libro "Leyendas y tradiciones de la Región de Valparaíso"
Autor: Alfonso Larrahona Kästen.




El paseo 21 de mayo se ubica en el Cerro Playa Ancha, su principal acceso es por el Ascensor Artillería.
Constituye uno paseo tradicional que rememora el combate naval de Iquique y la Gloria de Arturo Prat. Se ubica en una explanada adornada con bellos jardines justo en frente del Museo Naval y Marítimo.
Grandes árboles y asientos dan un grato ambiente al visitante, que maravillado se regocija, desde sus miradores, de toda la belleza del Puerto de Valparaíso con sus casas desgranadas por sus cerros.
Construido a comienzos de siglo XX hoy es un lugar frecuente de turistas y paseantes que se solazan de hermosas vistas



El Paseo Atkinson se ubica en el Cerro Concepción. Sus hermosas casas de fines del siglo IXX decoran este mirador que tiene una hermosa vista del movimiento portuario, la dinámica de la ciudad y sus cerros. Su acceso es por el costado del edificio del diario “El Mercurio”.



MARISCAL CRUDO
(Se recomienda cocido)
1 kg. de choritos(mejillones)
1 kg. de almejas
1 kg. de piures
2 a 3 erizos
1 kg. de ulte
2 cebollas pequeñas
vino blanco
limón
cilantro
aceite
sal
PREPARACION
Retire las conchas de las almejas, lave los piures bajo el chorro del agua para eliminar un poco de yodo, ponga los choritos en una olla al fuego, agregue un vaso de vino blanco y una vez que se abran retire las conchas. Pique un poco de ulte en trozos pequeños. Lave y saque las lenguas de los erizos, pique la cebolla en pequeños cuadritos junte los mariscos con la cebolla en una cacerola o fuente, échele jugo de limón, aceite, sal a gusto y sirva. Buen apetito.


Oda al caldillo de congrio
En el mar
tormentoso
de Chile
vive el rosado congrio,
gigante anguila
de nevada carne.
Y en las ollas
chilenas,
en la costa,
nació el caldillo
grávido y suculento,
provechoso.
Lleven a la cocina
el congrio desollado,
su piel manchada cede
como un guante
y al descubieto queda
entonces
el racimo del mar,
el congrio tierno
reluce
ya desnudo,
preparado
para nuestro apetito.
Ahora
recoges
ajos,
acaricia primero
ese marfil
precioso,
huele
su fragancia iracunda,
entonces
deja el ajo picado
caer con la cebolla
y el tomate
hasta que la cebolla
tenga color de oro.
Mientras tanto
se cuecen
con el vapor
los regios
camarones marinos
y cuando ya llegaron
a su punto,
cuando cuajó el sabor
en una salsa
formada por el jugo
del océano
y por el agua clara
que desprendió la luz de la cebolla,
entonces
que entre el congrio
y se sumerja en gloria,
que en la olla
se aceite,
se contraiga y se impregne.
Ya sólo es necesario
dejar en el manjar
caer la crema
como una rosa espesa,
y al fuego
lentamente
entregar el tesoro
hasta que en el caldillo
se calienten
las esencias de Chile,
y a la mesa
lleguen recién casados
los sabores
del mar y de la tierra
para que en ese plato
tú conozcas el cielo.
Autor: Pablo Neruda






