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Jodido Mundo Absurdo
- Y que nadie se quede indiferente -
Acerca de
Vigués, de 21 años, estudio Comunicación Audiovisual en Madrid.
Sindicación
 
RECORDANDO A CARLOS
Ha pasado una semana, pero me resisto a creer que Carlos haya muerto. Allí estaba yo, en su entierro... con toda esa gente. Me refiero a la ceremonia; él siempre quiso ser incinerado. “Ardo en deseos”, solía comentar. Creo que nunca llegué a entenderle bien. Llevé una botella de Dom Perignon 1998 por deseo expreso suyo: “cuando por fin os pierda de vista habrá que celebrarlo” me había dicho en una ocasión, aunque ahora no estoy muy seguro de si se refería a esto. La familia me miró mal. Los amigos me abuchearon por no haber traído vasos suficientes. Y yo solo pensaba en el dolor que me embargaba: casi 100 euros por una botella de champagne.
Lo cierto es que a Carlos le sobrevino una muerte poética, como él quería. Miguel López, un escritor vocacional a quién las editoriales repudiaban por no tener un nombre comercial, había decidido morir joven. Se arrojó desde el piso 19 de un rascacielos. Durante la caída tuvo tiempo para escribir la lista de la compra, practicar la firma, recomendar al limpiacristales un nuevo producto de limpieza y agitar los brazos para intentar remontar el vuelo. Lo último no acabó de dar resultado y se estrelló contra Carlos que venía de comprar el pan: “grin, grlin, grin, grlin,grin”, fueron sus últimas y enigmáticas palabras. Mi amigo, por su parte, demasiado orgulloso para admitir que se moría, pidió al conductor de la ambulancia que le dejara cerca del centro porque había quedado con una pelirroja que había conocido hace poco y que, por favor, pusiera en la radio el partido, que con la tontería ya había empezado.
Ya en el hospital, Carlos se opuso con energía a que los médicos le ayudaran, repitiendo una y otra vez que solo necesitaba descansar un poco y que tenía una pierna dormida. Conforme pasaron los minutos y según el fatal desenlace se fue haciendo obvio se le oyó murmurar: “ah, demonios”.



"Y se dió cuenta de que la vida no era eso, la vida es caer y levantarse, y volverse a caer y volver a levantarse; la vida es alegrarte los viernes y joderte los lunes, y abrazarte a quien te abrace y a quien no te abrace pues no te abrazas y punto, y no pasa nada". Carmelo Gómez en La gran vida
 
PUNTO DE PARTIDO
Y justo cuando decidió acabar con esta mierda, a puntito de ahorcarse, se le rompió la cuerda. Y en lugar de alegrarse, se quedó con las ganas de viajar al infierno por aquella ventana… No. Por una vez iba a hacer las cosas bien. No se lo piensa y salta. Cae y justo en el momento en que su cuerpo toca el suelo recuerda que vive en un primero. Menuda faena. Ni un hueso roto. Se quedó tumbado en el asqueroso asfalto un rato. Abrió los ojos. Empezaba a llover. Si me quedo aquí, quizás muera de hipotermia, pensó. Su vecina, una anciana epiléptica, le recuerda que si va a quedarse ahí tiene que pagar el parquímetro. Como no lleva suelto se levanta y comienza a andar muy deprimido.

Anduvo y anduvo y, aun hoy, no recuerda que pasaba por su mente. Todo parecía tan irreal. Supongo que pasaron horas, los pies le dolían, la cabeza le estallaba y necesitaba sentarse. Pasó delante de un cine. Ni si quiera sabía que película ponían pero necesitaba unos momentos de tranquilidad para planificar su próximo intento de suicidio. Se acomodó en la butaca y reconoció la película: Match Point de Woody Allen. Había leído buenas críticas y se sumergió de lleno. Mientras estaba allí sentado surgió, como de la nada, un pensamiento. Una idea y por fin algo de luz.
¿Cómo se le ocurría matarse? ¿No le parecía una estupidez? Entonces se dijo, ¡qué diablos! No todo es malo ¿Por qué no dejo de destrozar mi vida buscando respuestas que jamás voy a encontrar y me dedico a disfrutarla mientras dure? La película hablaba de la suerte y la suerte implicaba posibilidades de ganar. Quizás ahí se encontraba la respuesta. Y sabía que “quizás” era un hilo muy fino al que agarrarse pero era el único que tenía.



"Supongo que podría estar bastante cabreado con lo que me pasó pero cuesta seguir enfadado cuando hay tanta belleza en el mundo.
A veces siento como si la contemplase toda a la vez... y me abruma. Mi corazón se hincha como un globo que está a punto de estallar. Pero recuerdo que debo relajarme y no aferrarme demasiado a ella... y entonces... fluye a través de mí como la lluvia y no siento otra cosa que gratitud, por cada instante de mi estúpida e insignificante vida.
No tienen ni idea de lo que les hablo, seguro... pero no se preocupen... algún día la tendrán."
Kevin Spacey en American Beauty
 
PINGÜINOS EN EL PARQUE
Hacía un frío de cojones. Atravesó el parque y se sentó en un banco helado. Eran las 2:43 de la madrugada y Felipe se retrasaba. Encendió un cigarro correspondientemente aliñado y miró a su alrededor. Detrás de un arbusto le pareció ver a un grupo de pingüinos bailando la conga. Decidió que esto no era posible ya que no se oía música alguna. Las anteriores noches se las había pasado anotando ideas para lo que sería la primera parte de una trilogía erótico-festiva con tintes románticos que titularía “como acabar de una vez por todas con la raza humana y aprender a programar el vídeo”. Es que se escribe prácticamente solo, había pensado. Absorto en sus cosas vió como se acercaba una figura tenuemente iluminada por la luna. Solían quedar de madrugada para fumar juntos y charlar cuando se sentían agobiados. Era una forma de desconectar del mundo como otra cualquiera y no necesitabas ni cuerda ni puente para llevarla a cabo. La última vez que se vieron, Felipe, le había contado lo molesto que estaba por haberse apuntado a una libre elección llamada Educación Infantil con el único objetivo de conocer chicas. Solo estamos un manco y yo, había dicho, y prefiero no saber como se ha hecho eso en la mano. Era increíble la cantidad de reflexiones que podían surgir en estos encuentros.
Al volver a casa no tenía prisa. Hacía mucho frío, tanto que dolía al respirar intensamente. Pero no le importaba, se lo tomó con calma. Nadie le esperaba y por una vez eso le hizo sentirse afortunado. Era increíble comprobar que aun conservaba la capacidad de sorprenderse ante esos pequeños momentos de evasión en los que le parecía que podía parar el mundo. Se sentía bien, muy bien. Esa noche durmió del tirón y tuvo un extraño sueño con pingüinos; aunque, claro está, a la mañana siguiente no se acordaba de nada.



"La locura corre por toda mi familia...galopa casi" Cary Grant en Arsénico por compasión
 
PALABRAS PARA ELLA
En la fiesta había unas 50 personas, 2 perros y algún que otro cavernícola. Pero él solo la veía a ella. De quienes serán todas esas caras, se preguntó él. Parecían disolverse en el humo del ambiente al mismo compás que los hielos de su whisky. Él comenzó a charlar con algunos rostros conocidos. Ella hizo lo propio. Él odiaba estas conversaciones estúpidas. El whisky era realmente malo. Mientras respondía de forma sistemática se imaginaba como de repente todo se paraba. El tiempo se había congelado y la buscaba como lo había hecho tantas veces a lo largo de la noche. Ella no se había congelado y también le buscaba a él. Avanzaron entre las estatuas de piedra. Se miraron un segundo sin decirse nada y contándoselo todo. Se besaban.
Volvió a la realidad. La charla amenazaba interminable. Dios debería haber hecho al ser humano mudo, todo nos iría mejor, pensó. Este pensamiento le hizo recordar cuanto deseaba decirle que aunque sabía perfectamente que era imposible que llegaran a estar juntos, el simple hecho de haberla conocido, hacía que su vida tuviera algo más de sentido. El ser mudo habría sido, sin duda, una gran excusa. Pero no lo era.



"Ya sabes, vivo como Robinson Crusoe, náufrago entre 8 millones de personas. Entonces, un día vi una huella en la arena, y allí estabas... es algo maravilloso, cena para dos" (Jack Lemmon en El apartamento)
 
FALTAN CALCETINES Y SUEÑO
Son las 3:46 de la madrugada del martes al miércoles. La habitación se halla en penumbra, con su metódico desorden habitual. Sentado, frente a su portátil, las horas de distensión intelectual, sexual e incluso emocional, han hecho mella en su espalda que se encorva más de lo normal delante de la pantalla. Se frota los ojos. Hace meses que no consigue dormir de forma prolongada.
Lee que un ser humano que vive una media de 78 años, pasa 24 años y 4 meses durmiendo. Este pensamiento le mantiene ocupado un par de noches. Tras varios cálculos estadísticos llega a la conclusión de que ese mismo hombre ha gozado de 16 horas de orgasmos a lo largo de su vida, ha desperdiciado 2 semanas rezando en la Iglesia, 4 días buscando las llaves y ha perdido unos 256 calcetines de forma inexplicable en la lavadora. Si bien es cierto que, de este último cálculo, no está del todo seguro.
Enciende su cigarro, en esta ocasión aliñado con un poco de marihuana. El aroma impregna el espacio mientras una ligera pieza de jazz se asoma por los escasos altavoces. Una falsa sensación de seguridad le recorre efímeramente la espalda. Había sido un día duro. Y mañana sería igual.


"No pueden matarme, mi pais reaccionará, mandarán una carta". (Woody Allen en Casino Royale)