PINGÜINOS EN EL PARQUE
Hacía un frío de cojones. Atravesó el parque y se sentó en un banco helado. Eran las 2:43 de la madrugada y Felipe se retrasaba. Encendió un cigarro correspondientemente aliñado y miró a su alrededor. Detrás de un arbusto le pareció ver a un grupo de pingüinos bailando la conga. Decidió que esto no era posible ya que no se oía música alguna. Las anteriores noches se las había pasado anotando ideas para lo que sería la primera parte de una trilogía erótico-festiva con tintes románticos que titularía “como acabar de una vez por todas con la raza humana y aprender a programar el vídeo”. Es que se escribe prácticamente solo, había pensado. Absorto en sus cosas vió como se acercaba una figura tenuemente iluminada por la luna. Solían quedar de madrugada para fumar juntos y charlar cuando se sentían agobiados. Era una forma de desconectar del mundo como otra cualquiera y no necesitabas ni cuerda ni puente para llevarla a cabo. La última vez que se vieron, Felipe, le había contado lo molesto que estaba por haberse apuntado a una libre elección llamada Educación Infantil con el único objetivo de conocer chicas. Solo estamos un manco y yo, había dicho, y prefiero no saber como se ha hecho eso en la mano. Era increíble la cantidad de reflexiones que podían surgir en estos encuentros.
Al volver a casa no tenía prisa. Hacía mucho frío, tanto que dolía al respirar intensamente. Pero no le importaba, se lo tomó con calma. Nadie le esperaba y por una vez eso le hizo sentirse afortunado. Era increíble comprobar que aun conservaba la capacidad de sorprenderse ante esos pequeños momentos de evasión en los que le parecía que podía parar el mundo. Se sentía bien, muy bien. Esa noche durmió del tirón y tuvo un extraño sueño con pingüinos; aunque, claro está, a la mañana siguiente no se acordaba de nada.

"La locura corre por toda mi familia...galopa casi" Cary Grant en Arsénico por compasión
Al volver a casa no tenía prisa. Hacía mucho frío, tanto que dolía al respirar intensamente. Pero no le importaba, se lo tomó con calma. Nadie le esperaba y por una vez eso le hizo sentirse afortunado. Era increíble comprobar que aun conservaba la capacidad de sorprenderse ante esos pequeños momentos de evasión en los que le parecía que podía parar el mundo. Se sentía bien, muy bien. Esa noche durmió del tirón y tuvo un extraño sueño con pingüinos; aunque, claro está, a la mañana siguiente no se acordaba de nada.

"La locura corre por toda mi familia...galopa casi" Cary Grant en Arsénico por compasión
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Aiss sí, a mi también me encanta la foto...
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Me gusta la foto elegida. Es muy... tranquila y plena XD
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en esas horas todos pensamos cosas raras..
saludos
saludos
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En las charlas de madrugada siempre surgen cosas importantes sobre cada uno
un besote
un besote





