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De todo un poco
Lo cotidiano del día a día
Acerca de
Me gusta la lectura, el cine y el senderismo, aunque reconozco que últimamente no hago muy a menudo ninguna de las tres cosas. Eso si, me he apuntado a gimnasia y procuro ir aunque a veces la pereza me vence. Me gusta también charlar con mis amistades y reunirme con ellas-
Sindicación
 
Sobre relatos
Cuando hablan de hacer relatos en 300 palabras, me parece imposible de llevar a cabo. Quizás es porque eso de los microrrelatos (que así vi que lo denominaban), me resultaba difícil. hacer una historia en tan pocas y a la vez tantas palabras, ardua tarea.

Pero cuando me hablan de escribir una historia en 10 folios pues como que me quedo corta, curioso, me falta historia, me faltan palabra, en fin me falta hasta imaginación y eso que le pongo empeño a la cosa.

La verdad, que hacer un microrrelato no es tarea fácil tampoco, pero resulta más agradecida pues la gente lo lee antes y no se pierde en tanta palabra y hoja.
En cambio, cuando el tema que desarrollas te da jugo o ese día te encuentras más inspirada por decirlo de alguna manera y consigues que las palabras fluyan solas, pues como que cuesta más leer. A mi a veces me pasa también, supongo que a los demás les ocurrirá igual.

Si tuviera que elegir no se con cual me quedaría. Hasta el momento cuando he hecho mis pequeños relatos, unas veces me he visto mal para llegar a esas 300 palabras y otras para llenar un folio y más para llena dos.
Igual es porque no me gusta enrollarme o porque no se expresarme o no tengo vocabulario suficiente. No lo sé, el caso es que cuando los termino y los vuelvo a leer, me gustaría cambiarlo todo. A veces lo hago.

Sigo sin tener muy claro que hago escribiendo, pero aquí estoy, intentando hacerlo y eso que hay días en que las ideas parece que se han ido de vacaciones y por más que quieres dar forma a un pensamiento o a algo que has visto u oido pues que no hay manera de plasmarlo.

En fin, que me gustaría tener una potente imaginación y ¿por qué no? escribir una gran historia, de esas que luego llevan al cine.
Nada, que soñar no cuesta y así estoy yo, soñando despierta, creo.

 
Momentos que se repiten
Un guerrero de la luz sabe que ciertos momentos se repiten.

Con frecuencia se ve ante los mismos problemas y situaciones que ya había afrondado; entonces se deprime, pensando que es incapaz de progresar en la vida, ya que los momentos difíciles reaparecen.

"!Ya pasé por esto!", se queja él a su corazón.

"Realmente tú ya lo pasaste -responde el corazón-, pero nunca lo sobrepasaste."

El guerrero entonces comprende que las experiencias repetidas tienenuna única finalidad: enseñarle lo que no quiere aprender.
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La bicicleta
Bueno, sus planes habían cambiado. Justo ahora que ya quedaban los últimos kms. para llegar a su destino…………………. ¡qué mala pata! –pensó-.

Mira que tener que romperse ahora la rueda de la bicicleta. ¡joder!, con eso no contaba.

El problema no era el no poder andar en ella, el problema era el tener que cargar con ella y la condenada pesaba, además también estaba la mochila, uffff, ésta también pesa, menos pero pesa –pensó-. No iba a dejar tirada allí en una cuneta a su bicicleta y tampoco la rueda.

Simplemente de pensar en cargar con ella, le hacía sudar la gota gorda y además ese día hacía un sol de ………………. y leches, tampoco había un árbol para poder cobijarse, descansar y de paso esperar a ver si pasaba algún ciclista o algún peregrino que les echara una mano. Desde luego coches seguro que no pasaba ninguno. A esas horas no.

Había cogido repuesto para alguna avería que pudiera surgir: cadenas, piñones, pero una rueda nueva…... ¡Desde luego! ¡Que mala pata!. ¡Todo al revés!. Después de todos los kms. que había hecho con ella, tener que romperse ahora y encima a 15 kms. del pueblo más cercano.

Si hubiera echo caso a su mujer. Juan, -le dijo-, puedo llevar el coche, es mucho el trayecto para hacer y pueden surgir complicaciones, como la otra vez, en que tuviste que cambiar la llanta de la rueda y estabais Esteban y tú solos. Perdisteis el teléfono y recuerda lo que os costó llegar hasta el pueblo más cercano.

Pero él empeñado en que estaba vez no sería así. Que lo había revisado todo y que conseguiría llegar.

Allí estaban, en la cuneta del camino descansando, ya habían conseguido hacer unos pocos kms. Lentamente. ¡Pero como costaba andar con ella así!

El teléfono no funcionaba bien, se cortaba la conversación. Había llamado a su hermano para que fuera a buscarles. Tras un montón de intentos, por fin consiguió hablar con él. Les dijo que iría, que tardaría como una hora en llegar. ¡Una hora! Bueno, pues bien, esperaremos.

Mari, su mujer, se le quedó mirando. Veía la cara de sufrimiento que tenía. Era su ilusión, su ilusión el poder hacer el camino de Santiago en bicicleta. Era ya prácticamente el último tramo que le quedaba por hacer.

Juan había ido cogiendo días de vacaciones, para poder hacerlo despacio, tranquilamente. Lo había echo a pie, pero después, decidió hacerlo en bici. ¡Su bici! La cuidaba y mimaba como si fuera lo niña de sus ojos. ¡Que afición tenía!.

Juan, te has parado a pensar ¿en qué pueden pensar las ruedas de una bicicleta? ¿Eh? Contestó él. ¿Qué preguntas? Pues eso, que si alguna vez te has parado a pensar en qué piensan o que sienten las ruedas de una bicicleta, o bueno la bici entera.
¡Pero bueno! ¡Qué preguntas haces!, a que viene eso ahora. Mira como estamos y a ti sólo se te ocurre pensar en bobadas.

Esta mujer –pensó-. Pero si, esa bicicleta parecía que hubiera tenido vida propia. Hacía ya varios años que la tenía. Con ella había ganado alguna carrera, había subido algún que otro puerto de montaña y todo ello a pesar de la inclemencia del tiempo. Nunca le había dejado tirado. También era verdad que él la cuidaba y parecía como si ella le hubiera correspondido a esos cuidados.

Pero ya eran muchos años. Estaba gastada. Le gustara o no reconocerlo cuando decidió hacer el camino con ella, ya pensó que quizás pudiera fallar. Aún así y todo, llevaba consigo piezas de repuesto para el por si acaso. Pero no contaba con que se rompiera en dos. Eso no lo podría arreglar cambiando la llanta. No, no podría.

Con ella había tenido sus momentos de satisfacción, sus pequeños momentos de gloria. Quizás la había exigido demasiado y ahora ya no podría acompañarlo hasta el final.

Se daba cuenta de que le costaba dejar esa rueda en el camino. No era simplemente por no dejar estorbos, no, no era eso. En el fondo pensaba que quizás llevándola a un buen taller se la podrían arreglar.
Pero sabía que no sería así, pero se negaba a dejarla allí. Al menos quería que fuera como fuera terminara su penúltima etapa con él.

Cuando viniera su hermano a recogerles, cargaría con ella hasta el pueblo siguiente. Allí con un poco de suerte encontraría otra nueva. Revisaría la rueda que le quedaba y pondría a punto de nuevo la bicicleta. Pero ya no sería igual. Esa vieja rueda, que había hecho kms. y kms. con él, ya no estaría en esta etapa. La dejaría en algún taller y ¿quién sabe que harán con ella? –pensó- Quizás puedan reciclarla y sacarla alguna utilidad.

Pasaron cerca de una hora sentados en el borde del camino, cada uno en sus pensamientos. María, -le dijo a su mujer-, la próxima vez creo que te haré caso. Ya no estoy para estos trotes. Su mujer sonrió y le contestó: Eso dices ahora, cuando pongas la rueda nueva, ya me contarás. Ahhhhhhhhhhh, y no pienses en llevártela para casa, más trastos inútiles en el garaje no por favor ¿vale? Y otra cosa, ve pensando en mirar otra bicicleta nueva, que a mi ya me diste la lata hasta que compré ésta.
Juan sonrió. Si, tendré que comprar otra. No puedo arriesgarme ya con ésta aunque la cuide. La dejaré para andar por el pueblo, trayectos cortos. Si, eso haré.

Su hermano llegó, cargaron las bicicletas en el coche y Juan también cargó con la rueda. Les dijo que no la iba a dejar allí, que no era sitio para ello y que prefería dejarla en el taller, que ellos ya sabrían que hacer con ella.
Sintió pena, pero no podía hacer nada. Pondría una nueva rueda e intentaría llegar a su destino. Esperaba que no hubiera más inconvenientes, que el resto de su bicicleta aguantara el tirón que quedaba.