EL LADRON DEVOLVIA LO ROBADO
Aquí estaba, había vuelto al sitio de siempre, en ese bar donde desde hacía años acudía no sabía muy bien por qué, pero allí sentada en la mesa de siempre, delante una taza de café, fumando cigarrillo tras cigarrillo.
Los recuerdos se agolpaban en su cabeza. Hacía ya tiempo que no había ido por allí. Nada había cambiado, seguía teniendo esos enormes ventanales a través de los cuales se veía la playa, la gente pasear y el mar, ese mar que no sabía muy bien si la transmitía paz o que, pero que la gustaba ver y más en esos momentos en que la soledad se había vuelto a adueñar de ella.
Se preguntaba si realmente se había enamorado. Sentía lo mismo que las otras veces o esta vez era diferente. No lo sabia, intentaba descifrar ese gran jeroglífico que es el amor, o al menos era como ella lo veía.
¿Se había vuelto a enamorar?. No estaba segura. Sentía que si. Pero también sentía que quería querer y ser querida, que necesitaba y quería tener a alguien a su lado. Alguien que la comprendiera, que la diera calor, que la susurra palabras al oído, que la acariciara, que la hiciera el amor como la primera vez. No, como la primera vez no, porque el recuerdo era de calidez pero de desastre total. Ambos eran inexpertos y aquello fue bonito, pero no como luego lo vivió, sin reparos, sin tapujos, sin miedos, con entrega.
Esa primera noche, como las siguientes y entre caricias, con un trago de más él la había robado una parte de su libertad, de su alma, de sus ilusiones, de sus necesidades. Ella inconscientemente lo había dejado hacer, ¿por qué? Se preguntaba ahora. Y la conclusión era la de siempre, necesitaba sentirse querida, necesitaba que la necesitasen. Necesitaba entregarse, necesitaba oír “te quiero”.
Habían quedado, no tenía muchas ganas, se encontraba cansada, cansada física y moralmente, pero había accedido, había vuelto a ceder no sabía si por su necesidad o la de él, pero había acudido a la cita.
Cuando él, después de un rodeo de palabras, como estas, que tal la semana, había dejado caer que había conocido a otra hacía poco, que estaba saliendo con ella. Ufffffff, su corazón se paró un momento, su mente se nubló. Ya lo esperaba, lo había intuido y así se lo dijo.
Bueno, le dijo, y ahora ¿Qué pinto yo en tu historia?. Mujer, tu eres tu, siempre estarás ahí, tu eres mi alma gemela. Su alma gemela ¿sólo eso?. Ella quería más. Quería más noches, quería más susurros, quería más caricias, pero si quería seguir a su lado, tenía que ser así.
No se daba cuenta de que de alguna forma la devolvían la libertad, la libertad para poder volver a elegir, volver a intentar encontrar, buscar a alguien que además de ser su alma gemela, fuera su mitad, como se suele decir, su media naranja.
Sabía que tenía que empezar de nuevo, que la habían vuelto a romper un trozo de su corazón, que debía curar la herida, que debía seguir hacia delante. Pero ¿Cómo hacerlo?. Dolía, dolía y mucho.
Se sentía vulnerable, utilizada, y eso no la gustaba. Ya había pasado otras veces por situaciones parecidas y no la gustaba la perspectiva. Volvía una y otra vez a lo mismo, ¿en qué había fallado?. Si era tan buena amiga, tan buena amante ¿por qué no podía ser algo más?. No quería ser simplemente eso, una buena amiga, una buena amante, quería más, quería una vida conjunta, un compañero hasta …….. eso ya no lo sabía.
Había vuelto a su lugar, a su escondrijo, como ella lo llamaba. Papel en mano y bolígrafo, cigarrillo tras cigarrillo y café tras café, escribiendo sus sentimientos, sus emociones, recordando su pasado, intentando ver las fisuras que había habido en su vida. Intentando ver que había pasado otra vez.
Lo único que sabía es que volvía a estar sola, sola en su alma, sola con sus pensamientos, con su vida. Que llegaría a casa y no oiría ruidos de cacharros, ruidos de grifos, un saludo, un que tal el día. Volvía a estar sola, a hacer planes en solitario.
Pero si pensaba con optimismo, se daba cuenta de que ahora podría volver a hacer lo que quisiera, que no tendría que contar con el beneplácito de nadie, que sus planes eran suyos, que sus ideas eran suyas, que sus deseos eran suyos, que volvía a ser enteramente ella. Aunque claro, eso tampoco lo quería así. Pero era tan difícil encontrar su mitad, que después de esto ya lo ponía en duda. Seguiría sola, no sabía por cuanto tiempo, pero sola.
La había devuelto su libertad, libertad de ir, de venir, de pensar, de hacer, de sentir. Podía llorar y reír sin tener que pedir disculpas, podía volver a soñar con un nuevo amor, con un nuevo horizonte por descubrir. Pero eso tampoco quería, la producía tristeza.
¿De que la serviría descubrir nuevos horizontes, nuevas gentes, si no tenía con quien compartirlo?. Si, la libertad se la habían devuelto, pero el precio era la soledad. Así lo estaba viviendo ahora.
Añoraba esas noches, esos susurros, esas palabras robadas, esas caricias que…………. ¡ay! Dolía recordar.
Se preguntaba hasta cuando seguiría así, buscando, intentando ser ella misma y tener a alguien a su lado, alguien que diera calor a su cuerpo, a su alma, a su vida, alguien que la alentara, que la quisiera a ella misma. Alguien que la amara con todas sus fuerzas, alguien para quien no fuera solo su amiga del alma. Alguien que no entrara por la puerta falsa del corazón, instalándose ahí, robando su alma, su cariño, su amor, su vida.
Escribiendo, palabra tras palabra se daba cuenta de que los patrones se repetían. Los patrones y fallos anteriores se habían vuelto a repetir, sin querer, pero………. Ahí estaban. Veía que si no era de una forma era de otra, se sentía que la habían robado, la habían dejado vacía, con el alma dañada, los sentimientos encontrados, desinflada de ilusiones, de esperanzas.
Pero tenía que seguir, aunque intuía que no todo tenía que ser así, sentir así. Ya antes había salido de atolladeros parecidos, también saldría de éste. Cuando no lo sabía, pero saldría. Tenía que salir.
Necesitaba poner orden a sus ideas, dejar atrás los sentimientos de culpabilidad, porque siempre termina echándose la culpa. De que se entregaba entera, de que la otra parte era más importante que ella. De que su vida era más interesante, más importante.
Su libertad, debía volver a encauzarla, a sentirla, se la habían devuelto, antes no lo habían echo, la habían dejado con ella trucada, al menos era lo que ella sentía, se la habían dañado, pero ahora…………. si, se la habían devuelto y eso la chocaba, porque se sentía colgada, desubicada, ahora la pedían que simplemente que fuera una amiga, que estuviera ahí, que siempre estuviera ahí. Antes eso no había pasado. Por lo menos algo había cambiado, ahora era ella la que tenía que elegir la que tenía que decidir si quería seguir ahí o no.
La elección era de ella. No tenía claro que pudiera seguir así, no hasta que sus sentimientos se enfriaran, hasta que oírle, o el simplemente hecho de tomar un café no doliera, y que pensar en él no llevara parejo un escalofrío por todo su ser, un estremecimiento de deseos reprimidos.
Debía dejar pasar un tiempo, debía aclarar sus emociones, debía recuperar su cordura, su sensatez, debía volver a ser amiga, al menos intentarlo, pero todavía eso no podía, asi que el tiempo corriera y mejor si lo hacía deprisa, así dolería menos y quizás entonces pudiera ser su amiga.
La resultaba extraño y curioso a la vez, ella que siempre había propuesto continuar como amigos, que lo veía no muy difícil, que ahora se lo hubieran propuesto y la costara aceptarlo. Ironías del destino, de la vida. Pero ahí estaba y con ello tendría que bregar.
Volvería a su vida normal, volvería a enamorarse, eso lo sabia en el fondo de su alma, intentaría no dejar que la robaran otro trocito de su corazón. Pero deseaba poder entregarlo entero, sin dobleces, encontrar una alma gemela que latiera al unísono con el suyo,
Leía palabra tras palabra y si, había vuelto a dejar entrar un respiro de aire fresco en su vida, eso era lo que había hecho, pero al mismo tiempo, ese soplo de aire fresca había penetrado un poco más de lo normal, había hecho mella en su corazón, en su alma, pero ¿realmente era lo que buscaba? ¿era eso lo que quería? ¿era así como lo quería?. No lo sabía, no había sido como otras veces, lo único que era igual, era el dolor que causaban las esperanzas rotas y ella había puesto esperanzas en ello, porque no quería estar sola, había intentado agarrarse a ello con todas sus fuerzas, aunque en el fondo intuyera que no saldría bien.
Así que ¿por qué lloraba? Eso iba a pasar, lo sabía desde el principio, lo supo nada más verle, en realidad tenían pocas cosas en común, pocas cosas que decirse, sus vidas eran diferentes, sus ideas tampoco iban encaminadas a lo mismo. Habían compartido experiencias juntos, pero de diferente forma las habían sentido.
Sólo quedaban los recuerdos y esos con el tiempo se irían alejando poco a poco. Al final él se convertiría en un recuerdo, alguien que al final no sabía muy bien como la había dado esperanzas sin querer, pero que la había devuelto su anhelada libertad. La había hecho vibrar, sentirse querida, sentirse atada a un deseo.
Volvería a su vida, a rellenar los huecos vacíos que dejan los amores no correspondidos, a olvidar las malas experiencias, los deseos no realizados. Intentaría que su corazón volviera a latir con fuerza, aunque la experiencia la decía que eso vendría solo y cuando menos lo esperara. Estaba cansada de esperar, pero no podía hacer nada, ahora no. Poco a poco cuando las ideas no se amontonaran, cuando los sentimientos se hubieran enfriado y el corazón latiera a su ritmo normal, entonces ya pensaría, ya haría, mientras tanto, intentaría vivir y sentirse viva, no quería sentir que sólo vegetaba, sabia que tenía mucho que dar, que no hacía falta que la robaran su vida, que la podía dar a cambio de …………….. Eso no lo había pensado, todavía no lo sabía.
Los recuerdos se agolpaban en su cabeza. Hacía ya tiempo que no había ido por allí. Nada había cambiado, seguía teniendo esos enormes ventanales a través de los cuales se veía la playa, la gente pasear y el mar, ese mar que no sabía muy bien si la transmitía paz o que, pero que la gustaba ver y más en esos momentos en que la soledad se había vuelto a adueñar de ella.
Se preguntaba si realmente se había enamorado. Sentía lo mismo que las otras veces o esta vez era diferente. No lo sabia, intentaba descifrar ese gran jeroglífico que es el amor, o al menos era como ella lo veía.
¿Se había vuelto a enamorar?. No estaba segura. Sentía que si. Pero también sentía que quería querer y ser querida, que necesitaba y quería tener a alguien a su lado. Alguien que la comprendiera, que la diera calor, que la susurra palabras al oído, que la acariciara, que la hiciera el amor como la primera vez. No, como la primera vez no, porque el recuerdo era de calidez pero de desastre total. Ambos eran inexpertos y aquello fue bonito, pero no como luego lo vivió, sin reparos, sin tapujos, sin miedos, con entrega.
Esa primera noche, como las siguientes y entre caricias, con un trago de más él la había robado una parte de su libertad, de su alma, de sus ilusiones, de sus necesidades. Ella inconscientemente lo había dejado hacer, ¿por qué? Se preguntaba ahora. Y la conclusión era la de siempre, necesitaba sentirse querida, necesitaba que la necesitasen. Necesitaba entregarse, necesitaba oír “te quiero”.
Habían quedado, no tenía muchas ganas, se encontraba cansada, cansada física y moralmente, pero había accedido, había vuelto a ceder no sabía si por su necesidad o la de él, pero había acudido a la cita.
Cuando él, después de un rodeo de palabras, como estas, que tal la semana, había dejado caer que había conocido a otra hacía poco, que estaba saliendo con ella. Ufffffff, su corazón se paró un momento, su mente se nubló. Ya lo esperaba, lo había intuido y así se lo dijo.
Bueno, le dijo, y ahora ¿Qué pinto yo en tu historia?. Mujer, tu eres tu, siempre estarás ahí, tu eres mi alma gemela. Su alma gemela ¿sólo eso?. Ella quería más. Quería más noches, quería más susurros, quería más caricias, pero si quería seguir a su lado, tenía que ser así.
No se daba cuenta de que de alguna forma la devolvían la libertad, la libertad para poder volver a elegir, volver a intentar encontrar, buscar a alguien que además de ser su alma gemela, fuera su mitad, como se suele decir, su media naranja.
Sabía que tenía que empezar de nuevo, que la habían vuelto a romper un trozo de su corazón, que debía curar la herida, que debía seguir hacia delante. Pero ¿Cómo hacerlo?. Dolía, dolía y mucho.
Se sentía vulnerable, utilizada, y eso no la gustaba. Ya había pasado otras veces por situaciones parecidas y no la gustaba la perspectiva. Volvía una y otra vez a lo mismo, ¿en qué había fallado?. Si era tan buena amiga, tan buena amante ¿por qué no podía ser algo más?. No quería ser simplemente eso, una buena amiga, una buena amante, quería más, quería una vida conjunta, un compañero hasta …….. eso ya no lo sabía.
Había vuelto a su lugar, a su escondrijo, como ella lo llamaba. Papel en mano y bolígrafo, cigarrillo tras cigarrillo y café tras café, escribiendo sus sentimientos, sus emociones, recordando su pasado, intentando ver las fisuras que había habido en su vida. Intentando ver que había pasado otra vez.
Lo único que sabía es que volvía a estar sola, sola en su alma, sola con sus pensamientos, con su vida. Que llegaría a casa y no oiría ruidos de cacharros, ruidos de grifos, un saludo, un que tal el día. Volvía a estar sola, a hacer planes en solitario.
Pero si pensaba con optimismo, se daba cuenta de que ahora podría volver a hacer lo que quisiera, que no tendría que contar con el beneplácito de nadie, que sus planes eran suyos, que sus ideas eran suyas, que sus deseos eran suyos, que volvía a ser enteramente ella. Aunque claro, eso tampoco lo quería así. Pero era tan difícil encontrar su mitad, que después de esto ya lo ponía en duda. Seguiría sola, no sabía por cuanto tiempo, pero sola.
La había devuelto su libertad, libertad de ir, de venir, de pensar, de hacer, de sentir. Podía llorar y reír sin tener que pedir disculpas, podía volver a soñar con un nuevo amor, con un nuevo horizonte por descubrir. Pero eso tampoco quería, la producía tristeza.
¿De que la serviría descubrir nuevos horizontes, nuevas gentes, si no tenía con quien compartirlo?. Si, la libertad se la habían devuelto, pero el precio era la soledad. Así lo estaba viviendo ahora.
Añoraba esas noches, esos susurros, esas palabras robadas, esas caricias que…………. ¡ay! Dolía recordar.
Se preguntaba hasta cuando seguiría así, buscando, intentando ser ella misma y tener a alguien a su lado, alguien que diera calor a su cuerpo, a su alma, a su vida, alguien que la alentara, que la quisiera a ella misma. Alguien que la amara con todas sus fuerzas, alguien para quien no fuera solo su amiga del alma. Alguien que no entrara por la puerta falsa del corazón, instalándose ahí, robando su alma, su cariño, su amor, su vida.
Escribiendo, palabra tras palabra se daba cuenta de que los patrones se repetían. Los patrones y fallos anteriores se habían vuelto a repetir, sin querer, pero………. Ahí estaban. Veía que si no era de una forma era de otra, se sentía que la habían robado, la habían dejado vacía, con el alma dañada, los sentimientos encontrados, desinflada de ilusiones, de esperanzas.
Pero tenía que seguir, aunque intuía que no todo tenía que ser así, sentir así. Ya antes había salido de atolladeros parecidos, también saldría de éste. Cuando no lo sabía, pero saldría. Tenía que salir.
Necesitaba poner orden a sus ideas, dejar atrás los sentimientos de culpabilidad, porque siempre termina echándose la culpa. De que se entregaba entera, de que la otra parte era más importante que ella. De que su vida era más interesante, más importante.
Su libertad, debía volver a encauzarla, a sentirla, se la habían devuelto, antes no lo habían echo, la habían dejado con ella trucada, al menos era lo que ella sentía, se la habían dañado, pero ahora…………. si, se la habían devuelto y eso la chocaba, porque se sentía colgada, desubicada, ahora la pedían que simplemente que fuera una amiga, que estuviera ahí, que siempre estuviera ahí. Antes eso no había pasado. Por lo menos algo había cambiado, ahora era ella la que tenía que elegir la que tenía que decidir si quería seguir ahí o no.
La elección era de ella. No tenía claro que pudiera seguir así, no hasta que sus sentimientos se enfriaran, hasta que oírle, o el simplemente hecho de tomar un café no doliera, y que pensar en él no llevara parejo un escalofrío por todo su ser, un estremecimiento de deseos reprimidos.
Debía dejar pasar un tiempo, debía aclarar sus emociones, debía recuperar su cordura, su sensatez, debía volver a ser amiga, al menos intentarlo, pero todavía eso no podía, asi que el tiempo corriera y mejor si lo hacía deprisa, así dolería menos y quizás entonces pudiera ser su amiga.
La resultaba extraño y curioso a la vez, ella que siempre había propuesto continuar como amigos, que lo veía no muy difícil, que ahora se lo hubieran propuesto y la costara aceptarlo. Ironías del destino, de la vida. Pero ahí estaba y con ello tendría que bregar.
Volvería a su vida normal, volvería a enamorarse, eso lo sabia en el fondo de su alma, intentaría no dejar que la robaran otro trocito de su corazón. Pero deseaba poder entregarlo entero, sin dobleces, encontrar una alma gemela que latiera al unísono con el suyo,
Leía palabra tras palabra y si, había vuelto a dejar entrar un respiro de aire fresco en su vida, eso era lo que había hecho, pero al mismo tiempo, ese soplo de aire fresca había penetrado un poco más de lo normal, había hecho mella en su corazón, en su alma, pero ¿realmente era lo que buscaba? ¿era eso lo que quería? ¿era así como lo quería?. No lo sabía, no había sido como otras veces, lo único que era igual, era el dolor que causaban las esperanzas rotas y ella había puesto esperanzas en ello, porque no quería estar sola, había intentado agarrarse a ello con todas sus fuerzas, aunque en el fondo intuyera que no saldría bien.
Así que ¿por qué lloraba? Eso iba a pasar, lo sabía desde el principio, lo supo nada más verle, en realidad tenían pocas cosas en común, pocas cosas que decirse, sus vidas eran diferentes, sus ideas tampoco iban encaminadas a lo mismo. Habían compartido experiencias juntos, pero de diferente forma las habían sentido.
Sólo quedaban los recuerdos y esos con el tiempo se irían alejando poco a poco. Al final él se convertiría en un recuerdo, alguien que al final no sabía muy bien como la había dado esperanzas sin querer, pero que la había devuelto su anhelada libertad. La había hecho vibrar, sentirse querida, sentirse atada a un deseo.
Volvería a su vida, a rellenar los huecos vacíos que dejan los amores no correspondidos, a olvidar las malas experiencias, los deseos no realizados. Intentaría que su corazón volviera a latir con fuerza, aunque la experiencia la decía que eso vendría solo y cuando menos lo esperara. Estaba cansada de esperar, pero no podía hacer nada, ahora no. Poco a poco cuando las ideas no se amontonaran, cuando los sentimientos se hubieran enfriado y el corazón latiera a su ritmo normal, entonces ya pensaría, ya haría, mientras tanto, intentaría vivir y sentirse viva, no quería sentir que sólo vegetaba, sabia que tenía mucho que dar, que no hacía falta que la robaran su vida, que la podía dar a cambio de …………….. Eso no lo había pensado, todavía no lo sabía.
Comentario:
Es como un río subterraneo recorriendo el interior de la tierra, de la que se va alimentando, nutriendo y salta al vacío como una cascada. Es el río de del alma de una mujer tan bien, tan bien descrito.......!!!!!. Tiene ese calor de la intimidad, esa fuerza de la vida misma. Gracias, gracias por ofrecernos este recorridom vital, fresco, intimo, narrado de una forma que llega hasta dentro. Un abrazo, Principio





