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De todo un poco
Lo cotidiano del día a día
Acerca de
Me gusta la lectura, el cine y el senderismo, aunque reconozco que últimamente no hago muy a menudo ninguna de las tres cosas. Eso si, me he apuntado a gimnasia y procuro ir aunque a veces la pereza me vence. Me gusta también charlar con mis amistades y reunirme con ellas-
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OTRA DESILUSION MAS
Otra desilusión más!, ¡Otro leñazo más! ¿Por qué? ¿Qué había pasado esta vez?. ¿En que había fallado? ¿En qué se había equivocado?

Siempre lo mismo, más de lo mismo y sin saber por qué, o al menos no era consciente de ello, no es que no quisiera verlo, simplemente no lo veía. Quizás fuera debido a que después de tantos años, como que ya formaba parte de su ser, de sus entrañas, de sus pensamientos, de su forma de actuar.

Otra vez se sentía cojear, se sentía herida, pero ¡que más daba! ¿Estaba viva no? Eso era lo importante.

Pero esta vez no sólo era cuestión de estar viva, sino de sentirse también viva.
Quería saber, quería respuestas.

El último fin de semana que pasaron juntos fue uno más, pero al mismo tiempo diferente a los anteriores.

Ella fue de acompañante, de soporte. A él esas historias no le iban, pero……….. Tenía que ir, tenía que hacer acto de presencia y recoger el fruto de su trabajo, el fruto de su mérito, de su pequeño éxito. No era el primero y ella esperaba que no fuera el último que él fuera a recoger. Lo que ya no tenía tan claro es que volviera a acompañarle. No al menos como esta vez.

Después a la vuelta la dejo en casa como siempre hacía, pero esta vez no la acompañó, no subió. Durante unos días él no dio señales de vida, no llamó. Ella empezó a intuir más nítidamente que había otra persona, no sabía como ni por qué, pero esa idea se hizo más y más fuerte.

La confirmación vino unas semanas después. Quedaron, él empezó a hablar y hablar, y entre unas cosas y otras, confirmó que si, que había otra y ella le dejó que siguiera hablando, hasta que pensó que había llegado la hora de que fuera ella quien lo hiciera. Empezó diciéndole que ya había intuido lo de la otra persona, que lo había presentido el último fin de semana que habían pasado juntos.

Algo en los últimos días había cambiado en ella, y sin saber muy bien empezó a hacer preguntas, a pedir respuestas. El escuchaba, asentía, pero daba la impresión de sentirse acorralado, él no quería hacerla daño, ya la había dicho lo de su egoísmo, que la quería, pero que no tenían futuro juntos, que lo que había pasado entre ellos, había pasado y punto. Su mirada no dejaba de ir constantemente hacia el reloj, había quedado con la otra, llegaba tarde a su cita. La charla empezaba a cansarle, no sabía como salir, llegaba tarde y esto le estropeaba sus planes, cosa que no le gustaba.

Ella le dejó marchar. Se sentía borracha de dudas, seguía sin tener respuestas, ya sabía que él era egoísta y una vez más se lo había demostrado. Esta vez no quería dejar las cosas así, no podía seguir así.

Las lágrimas recorrían sus mejillas, otra noche de insomnio, otro cigarro, otro café, más vueltas al pensamiento, más devanarse la sesera, más sentirse herida, más de lo más y más grande el agujero en el que se sentía.

La mañana llegó, en bendita hora, la noche se había echo eterna. Pero ella que pensaba que el ajetreo diario la haría olvidar por unas horas lo vivido, se equivocaba. No podía centrarse ni concentrarse, las ojeras marcadas, las lágrimas fluían a la mínima. No se podía permitir eso, no delante de la gente, no podía dejar ver que la habían vuelto a herir, que la habían echo daño, no lo entenderían.

Otro día más y otro y otro, sin noticias de él. Era mejor así, no se encontraba con fuerzas para encararle, para decirle todo el daño que la había hecho, para explicarle como se sentía, para pedirle respuestas a tantos momentos vividos, para preguntarle que había sido ella en su vida, que había significado.

No, no tenía fuerzas, se sentía vencida, se sentía sucia, vacía, como si las caricias que había dado hubieran sido para comprar un poco de cariño, de comprensión, de afecto. Como si sus sentimientos no fueran puros, él seguro que no lo entendería. Ahora no. No podía decirle como se sentía.

Pero una parte de ella quería respuestas, quería saber, no quería sentirse así, necesitaba poder seguir adelante con ellas o sin ellas, pero seguir adelante asi que la última palabra la tenía él, y todavía no lo sabía.

Sonó el teléfono un día cualquiera, los nervios hicieron acto de presencia, las dudas volvieron a agitarse, el miedo al encaramiento era fuerte, pero tenía que contestar. El teléfono volvió una y otra vez a sonar, ella lo oía como en sueños, no quería cogerlo, no sabía que decir y al mismo tiempo tenía tantas cosas que decir que estaba asustada.

Al final el teléfono dejó de sonar, pero eso tampoco la tranquilizó. Empezó a pensar en lo que él pensaría, que igual se preocupaba por ella, que igual pensaba que la había pasado algo, que igual estaría enfadada, siempre el igual. No la conocía y tampoco se había molestado mucho en hacerlo. Como todos se había quedado en la superficie.

Decidió llamarle y decirle sino todo lo que pensaba si una buena parte, la suficiente como para poder acostarse y dormir con un gramo de tranquilidad. Y así lo hizo, le llamó, le dejó hablar durante unos minutos y después empezó ella, bla, bla, bla, bla, bla. ¿Se dio realmente cuenta del daño que la había hecho? Pensó que si, pero una de las cosas que la quedo clara es que él no la conocía. Esperaba volver a verle, así quedaron, esperaba que por fin la diera respuestas a muchas preguntas y que éstas pudieran sacar muchos de los clavos que tenía en el alma, en el corazón. Eso era lo que ella deseaba, lo que quería en lo más profundo de su pensamiento, en lo más profundo de su ser.
Ahora más calmada, su sueño se tranquilizó, su conciencia se acalló, no sabía por cuanto tiempo pero al menos esperaba que fuera el suficiente hasta poder hablar con él cara a cara. Tampoco es que pusiera demasiadas esperanzas en ello, pero si al menos de esa charla sacaba un solo clavo, eso que había ganado para el futuro.

Más tranquila, con más ganas de seguir adelante, con más ganas de vivir su vida, con más ganas de sentirse y de sentir, veía el futuro un poco más colorido, con una pincelada de esperanza, una pincelada de ilusión, un pequeño faro que iluminaba el camino.

Hoy se había levantado con otra perspectiva, se sentía más relajada con más ganas de hacer cosas y empezó o mejor dicho retomó su hobby. No le hacía falta él. Hasta eso momento pensó que si, se acordaba de las veces en que le había añorado, en que había pensado en él.

Aunque en realidad y pensando en frío ¿qué les unía? Sólo eso, un hobby para ella, algo más para él. Necesitaba pensar así. Sólo había sido un nexo común en un momento determinado y por una circunstancia que muy a su pesar sabía muy bien cual era. Fuera lo que fuera, ella seguiría con su hobby, no era su profesión y tampoco pensaba hacer de ello algo diferente. Si, es verdad, con él había aprendido trucos, técnicas, la había ayudado a mejorar, a ver las cosas desde otro enfoque, desde otra perspectiva pero en el fondo ella hacía lo que la gustaba, daba igual lo que la dijera, gustaba lo que veía y como lo veía aunque los demás no.

Debía pensar en ella, por muchas explicaciones que él diera, tenía que seguir siendo ella. Saber respuestas quizás la ayudara, no lo tenía muy claro, debía intentarlo aún así.

Su hobby y nexo común seguiría ahí, seguiría existiendo aunque ya no se relacionasen. Había dejado un poso de aliento, aunque no era capaz de verlo todavía. El tiempo se encargaría de ello.

Quien sabe quizás al final su hobby se convirtiera en algo más, tenía tiempo para mejorarlo sin dejar de hacer lo que la gustaba, ver las cosas de otra forma.
 
Comentario:
Me ha emocionado.´Los sentimientos, las dudas, el desasosiego, la determinación estan "clavados". Me gusta mucha el ritmo de la lectura, se siente esa inquietud y al final....esa especie de decisión , que si no da paz, inicia el camino.
Me gusta mucho. Sigue así, por favor. Muy buena interiorización psicológica. Queremos más. Un saludo
No