06. Carnaval
Queda una semana para la gran fecha, el primer martes de noviembre de cada año bisiesto; el día D que, una vez cada cuatro años, marca el principal ágora en el sistema político americano; no son las únicas elecciones pero sí las más conocidas a nivel mundial (cada 2 años, por ejemplo, se vuelve a votar al Congreso –Senado y Cámara de Representantes-).
Atrás quedan las polémicas elecciones del año 2000, Florida y las famosas papeletas mariposa, el interminable recuento a mano y la decisión final del Tribunal Supremo–con un mes de interminable espera- de cortar por lo sano y dar por bueno el primer recuento de la noche electoral que daba por vencedor al candidato republicano, George W.
Mucho ha llovido desde entonces, y acá estamos de nuevo, enfrascados en un nuevo proceso electoral de dimensiones inmanejables, como todo en esta gran nación... y es que, a diferencia de Río de Janeiro, Cádiz o Tenerife, en Estados Unidos el carnaval no es anual ... ¡se celebra una vez cada cuatro años! ...
¡Y qué carnaval! Ejércitos de voluntarios aguardan en las esquinas de las calles y en centros comerciales, ataviados con camisetas, gorras, pines y la mejor de sus sonrisas. “¿Votará usted a John Kerry para conseguir “una América más fuerte”?” – “Lo siento, soy extranjero” – “Pero si pudiera ... ¿le votaría?”
Lluvia de rojos y azules. Carteles en las casas, automóviles, carpetas, carteras y mochilas... “Yo apoyo a Bush / Cheney”. Puntos y puestos de venta en las calles, “compre una galleta para comprarle un billete de vuelta a casa Dubya”. Encuentros de sensibilización hacia los desinteresados “Vota para hacerte oír... que no te roben tu voto”, campañas para captar el voto indeciso, dicen que el voto definitivo para inclinar la equilibradísima balanza hacia uno u otro lado.
Temperatura in crescendo, inversamente proporcional al frío que empieza a llegar según se acerca el invierno. Debates en cada uno de los canales del interminable dial televisivo y radiofónico americano, unos contra otros, otros contra unos, uno para todos y todos para uno. Sondeos minuto a minuto, el Reality Show electoral ... “a las 10.00h el candidato demócrata se adelantaba 1 punto sobre el presidente... pero a las 11.00h la opinión vuelve a estar equilibrada y el senador pierde puestos mientras el tiempo avanza”. Milimétrica carrera de galgos de precisión orwelliana que llena titulares, comentarios, opiniones y contenidos audiovisuales, haciendo inevitable recordar aquel dicho que fue puesto en boca de Mark Twain “hay tres clases de mentiras, la mentira piadosa, la mentira falsa y llana y la estadística” (con permiso de mis padres).
La fiesta de los números. La magnitud de esta nación obliga a campañas electorales que se extienden durante meses y que requieren cantidades astronómicas de viajes y dinero que nadie se atreve a poner sobre la mesa. Recaudaciones, millonarias donaciones “sin animo de lucro” por parte de empresas e individuos con intereses contrarios (¿a costa de qué?) y leyes para limitar el gasto y las donaciones que terminan por tener siempre alguna puerta de atrás que permite saltarse las normas y mantener el despilfarro.
Campaña de lemas sin ideales. Slogans de impacto, frases cortas y directas, sonrisas en el momento justo y figuras famosas que respalden al candidato; expresidentes, excombatientes, expresidarios y excomulgados; actores, cantantes, empresarios, justicieros y enterados; atletas, inmigrantes representantes del “American Dream” y algún que otro iluminado extranjero que no se ha terminado de enterar aún de que aquí la voz que más se escucha es la que llega desde dentro. Escenas preparadas (“hay que mostrar al candidato como a una persona normal”), mensajes que quedan en la superficie, en la coraza, palabras medidas para robar algunos votos y que, una vez interiorizadas podrían resumirse en cuatro palabras que se alcanzan a intuir dispersas y que resumen no sólo los últimos cuatro años sino probablemente los cuatro nuevos que vendrán: Irak, terrorismo, empleo y sanidad.
Democracia moderna. Grecia, como Platón, en el mundo de las ideas, y una puesta en práctica que no se casa con aquello en lo que uno siempre creyó, o al menos, aquello que a uno le contaron. “El gobierno del pueblo, el sistema menos malo, los intereses colectivos, el poder en tu voz y en tu voto”. ¿En qué punto del camino entre revoluciones y guerras quedó el desvío que conduce a esta praxis oligárquica en la que 280 millones de opiniones se reducen a dos opciones que se diferencian únicamente en cómo combinar cuatro palabras?
Seguiremos atentos al desenlace, con la inquietud que produce el saber que éste (y no otro) es el modelo al que aspira el resto de países del mundo moderno. Las fichas están sobre la mesa y el dado está ya en el aire. Seguiremos soñando que otro mundo es posible, y mientras tanto, acomódense...¡que empieza el carnaval!
Bsos.
Jose.
Atrás quedan las polémicas elecciones del año 2000, Florida y las famosas papeletas mariposa, el interminable recuento a mano y la decisión final del Tribunal Supremo–con un mes de interminable espera- de cortar por lo sano y dar por bueno el primer recuento de la noche electoral que daba por vencedor al candidato republicano, George W.
Mucho ha llovido desde entonces, y acá estamos de nuevo, enfrascados en un nuevo proceso electoral de dimensiones inmanejables, como todo en esta gran nación... y es que, a diferencia de Río de Janeiro, Cádiz o Tenerife, en Estados Unidos el carnaval no es anual ... ¡se celebra una vez cada cuatro años! ...
¡Y qué carnaval! Ejércitos de voluntarios aguardan en las esquinas de las calles y en centros comerciales, ataviados con camisetas, gorras, pines y la mejor de sus sonrisas. “¿Votará usted a John Kerry para conseguir “una América más fuerte”?” – “Lo siento, soy extranjero” – “Pero si pudiera ... ¿le votaría?”
Lluvia de rojos y azules. Carteles en las casas, automóviles, carpetas, carteras y mochilas... “Yo apoyo a Bush / Cheney”. Puntos y puestos de venta en las calles, “compre una galleta para comprarle un billete de vuelta a casa Dubya”. Encuentros de sensibilización hacia los desinteresados “Vota para hacerte oír... que no te roben tu voto”, campañas para captar el voto indeciso, dicen que el voto definitivo para inclinar la equilibradísima balanza hacia uno u otro lado.
Temperatura in crescendo, inversamente proporcional al frío que empieza a llegar según se acerca el invierno. Debates en cada uno de los canales del interminable dial televisivo y radiofónico americano, unos contra otros, otros contra unos, uno para todos y todos para uno. Sondeos minuto a minuto, el Reality Show electoral ... “a las 10.00h el candidato demócrata se adelantaba 1 punto sobre el presidente... pero a las 11.00h la opinión vuelve a estar equilibrada y el senador pierde puestos mientras el tiempo avanza”. Milimétrica carrera de galgos de precisión orwelliana que llena titulares, comentarios, opiniones y contenidos audiovisuales, haciendo inevitable recordar aquel dicho que fue puesto en boca de Mark Twain “hay tres clases de mentiras, la mentira piadosa, la mentira falsa y llana y la estadística” (con permiso de mis padres).
La fiesta de los números. La magnitud de esta nación obliga a campañas electorales que se extienden durante meses y que requieren cantidades astronómicas de viajes y dinero que nadie se atreve a poner sobre la mesa. Recaudaciones, millonarias donaciones “sin animo de lucro” por parte de empresas e individuos con intereses contrarios (¿a costa de qué?) y leyes para limitar el gasto y las donaciones que terminan por tener siempre alguna puerta de atrás que permite saltarse las normas y mantener el despilfarro.
Campaña de lemas sin ideales. Slogans de impacto, frases cortas y directas, sonrisas en el momento justo y figuras famosas que respalden al candidato; expresidentes, excombatientes, expresidarios y excomulgados; actores, cantantes, empresarios, justicieros y enterados; atletas, inmigrantes representantes del “American Dream” y algún que otro iluminado extranjero que no se ha terminado de enterar aún de que aquí la voz que más se escucha es la que llega desde dentro. Escenas preparadas (“hay que mostrar al candidato como a una persona normal”), mensajes que quedan en la superficie, en la coraza, palabras medidas para robar algunos votos y que, una vez interiorizadas podrían resumirse en cuatro palabras que se alcanzan a intuir dispersas y que resumen no sólo los últimos cuatro años sino probablemente los cuatro nuevos que vendrán: Irak, terrorismo, empleo y sanidad.
Democracia moderna. Grecia, como Platón, en el mundo de las ideas, y una puesta en práctica que no se casa con aquello en lo que uno siempre creyó, o al menos, aquello que a uno le contaron. “El gobierno del pueblo, el sistema menos malo, los intereses colectivos, el poder en tu voz y en tu voto”. ¿En qué punto del camino entre revoluciones y guerras quedó el desvío que conduce a esta praxis oligárquica en la que 280 millones de opiniones se reducen a dos opciones que se diferencian únicamente en cómo combinar cuatro palabras?
Seguiremos atentos al desenlace, con la inquietud que produce el saber que éste (y no otro) es el modelo al que aspira el resto de países del mundo moderno. Las fichas están sobre la mesa y el dado está ya en el aire. Seguiremos soñando que otro mundo es posible, y mientras tanto, acomódense...¡que empieza el carnaval!
Bsos.
Jose.
05. Puntos cardinales
Puntos cardinales para orientarse en el mapa. Norte, aguas frías de océanos que bañan el desarrollo y establecen el ritmo al que se mueve la historia; Sur, trópicos y corrientes tibias, tonos de piel tostada y fortunas tornadas en miserias tan inhumanas como desproporcionadas llegaron a ser aquellas.
Puntos cardinales, que describen la geografía y el funcionamiento de un mundo o incluso de una ciudad, como Washington, DC. NW, SW, NE, SE -Noroeste, Suroeste, Noreste, Sureste-. Cuatro cuadrantes perfectamente definidos sobre un territorio de cien millas cuadradas con forma de diamante que reflejan hacia qué dirección se orienta esta urbe de 600,000 habitantes donde tres de cada cuatro personas son afro-americanos.
Uno de cuatro, el North West (NW), el cuadrante de los blancos, políticos, embajadores, trabajadores federales, estudiantes, consultores y ejecutivos de traje y corbata. “La ciudad de las Distancias Magníficas”, como le llamó Dickens, el territorio de las más famosas imágenes y monumentos, con los que la mayor parte del mundo asocia a esta ciudad y a su inquilino más famoso (el habitante de turno de la Casa Blanca). Downtown, Federal Triangle, Embassy Row, Dupont Circle, Foggy Bottom o Georgetown.
Tres de cuatro, la otra ciudad. South West (SW), North East (NE) y South East (SE), los cuadrantes que no se suelen incluir en las visitas guiadas, aunque sí en las guías de viajes. Barrios con una propia dinámica interna, de cuando en cuando recordados en las políticas locales, mayoritariamente afro-americanos y actualmente receptores de latinos, asiáticos y africanos, los nuevos pobladores de este país, eternamente destino final de los flujos migratorios. “Sitios donde no se debe ir”, barrios marginados, desestructurados, que en la dinámica diaria suelen traspasar tímidamente las fronteras hacia el NW, en forma de trabajadores de bajo perfil, camareros, dependientes, taxistas, conductores, jardineros, limpiadores y homeless, que a modo de testimonio se hacen presentes en “el otro cuadrante”, el afortunado, que de otro modo podría, tal vez, llegar a vivir de espaldas a esa realidad, en su fantasmagórica condición de ciudad artificial que ya describió Dickens (otra vez) en sus comienzos, “Avenidas que conducen a ninguna parte, calles de distancia interminable que sólo quieren casas, carreteras y habitantes; edificios públicos que no necesitan otra cosa que público”.
25%-75%, un fiel retrato del mundo en el corazón mismo del sueño americano –no podría ser de otra forma en la Roma del siglo XXI-. Cuarto Mundo, suele llamarse, pobreza dentro de la riqueza, haciendo cuadrar perfectamente la ecuación que rige este sistema –se dice que el menos malo- en el que no es posible generar desarrollo ilimitado sin cercenar las posibilidades de los más desfavorecidos.
Puntos cardinales, referencia y modelo hacia las que se van trazando análisis y programas, banderas y fronteras, asentamientos y migraciones que pretenden la estabilización o el cambio mientras, alternativamente, se levantan voces que, a modo de canon, hablan unas veces de muros y ortodoxias y en otras de puentes y mestizaje.
Washington, DC, el Sur del Norte.
Puntos cardinales, que describen la geografía y el funcionamiento de un mundo o incluso de una ciudad, como Washington, DC. NW, SW, NE, SE -Noroeste, Suroeste, Noreste, Sureste-. Cuatro cuadrantes perfectamente definidos sobre un territorio de cien millas cuadradas con forma de diamante que reflejan hacia qué dirección se orienta esta urbe de 600,000 habitantes donde tres de cada cuatro personas son afro-americanos.
Uno de cuatro, el North West (NW), el cuadrante de los blancos, políticos, embajadores, trabajadores federales, estudiantes, consultores y ejecutivos de traje y corbata. “La ciudad de las Distancias Magníficas”, como le llamó Dickens, el territorio de las más famosas imágenes y monumentos, con los que la mayor parte del mundo asocia a esta ciudad y a su inquilino más famoso (el habitante de turno de la Casa Blanca). Downtown, Federal Triangle, Embassy Row, Dupont Circle, Foggy Bottom o Georgetown.
Tres de cuatro, la otra ciudad. South West (SW), North East (NE) y South East (SE), los cuadrantes que no se suelen incluir en las visitas guiadas, aunque sí en las guías de viajes. Barrios con una propia dinámica interna, de cuando en cuando recordados en las políticas locales, mayoritariamente afro-americanos y actualmente receptores de latinos, asiáticos y africanos, los nuevos pobladores de este país, eternamente destino final de los flujos migratorios. “Sitios donde no se debe ir”, barrios marginados, desestructurados, que en la dinámica diaria suelen traspasar tímidamente las fronteras hacia el NW, en forma de trabajadores de bajo perfil, camareros, dependientes, taxistas, conductores, jardineros, limpiadores y homeless, que a modo de testimonio se hacen presentes en “el otro cuadrante”, el afortunado, que de otro modo podría, tal vez, llegar a vivir de espaldas a esa realidad, en su fantasmagórica condición de ciudad artificial que ya describió Dickens (otra vez) en sus comienzos, “Avenidas que conducen a ninguna parte, calles de distancia interminable que sólo quieren casas, carreteras y habitantes; edificios públicos que no necesitan otra cosa que público”.
25%-75%, un fiel retrato del mundo en el corazón mismo del sueño americano –no podría ser de otra forma en la Roma del siglo XXI-. Cuarto Mundo, suele llamarse, pobreza dentro de la riqueza, haciendo cuadrar perfectamente la ecuación que rige este sistema –se dice que el menos malo- en el que no es posible generar desarrollo ilimitado sin cercenar las posibilidades de los más desfavorecidos.
Puntos cardinales, referencia y modelo hacia las que se van trazando análisis y programas, banderas y fronteras, asentamientos y migraciones que pretenden la estabilización o el cambio mientras, alternativamente, se levantan voces que, a modo de canon, hablan unas veces de muros y ortodoxias y en otras de puentes y mestizaje.
Washington, DC, el Sur del Norte.
04. Año nuevo, casa nueva

Empieza a ser una nueva tradición desde hace ya 3 años... celebrar cada año que voy cumpliendo separado de mis raíces -que no de mi gente- en lugares y hogares que nunca hubiera imaginado un año antes... los 26 y los 27 en Tegucigalpa y los 28 en Washington... ¿para cuándo una celebración tradicional?... mejor no hacerse propósitos, ¿verdad?
Así, este año, especialmente movido, la celebración me pilló entre maletas y mudanzas hacia la que será, “si nada lo remedia”, nuestro nuevo hogar durante los próximos meses: nuestra casita azul en Georgetown. (la última –a la izquierda- en la foto 1).
Poco os contaré sobre la casa (prefiero que la veáis algún día vosotros mismos), salvo que se trata de un dúplex en una de esas viviendas que te demuestran que, entre otras, este país bebe de las fuentes de la más pura influencia británica... house in a row junto al canal de Cheasepeake & Ohio, antiguamente la principal vía de comunicación entre el río Potomac y el puerto tabacalero de Georgetown (ya abandonado) –principal y casi única fuente de ingreso de esta región hasta que se convirtió en la capital política de la nueva nación-.
Calles y casas antiguas que respiran historia, que os iré contando en pequeñas dosis, las 13 colonias, la independencia, la guerra civil, la expansión –el go west hacia el oeste, la guerra con México y Canadá y la tímida colonización del Caribe, concluida con la guerra de Cuba en el 98-, el fin del aislacionismo y el imperialismo actual...
Año nuevo en transición, física e interior, entre la siempre incesante actividad de instalarse en un nuevo sitio (armarios, platos, sábanas y otros tipos de cacharros varios) y momentos de tratar de entender cómo funciona esta nueva sociedad en la que estamos introduciéndonos, y que tan compleja puede parecer en ciertos momentos de confusión.En estos momentos uno no puede evitar tener presente a los que ya vivieron esta misma experiencia de Estados Unidos (mi hermano Pablo o Mariado) o a los que la vida nos ha ido poniendo delante para enseñarnos que “se viaja mejor con pocas maletas” (Alessandro, Nacho, John Morris y otros varios)... y que “el poder de adaptación del ser humano no tiene límites”, como ya pude comprobar en el 2001 en Flor de Punga, en el Amazonas peruano.
Lecciones que enseña este eterno volver a empezar, al más puro estilo del mito de Atlas, y a pesar de las cuales uno sigue proponiéndose no perder nunca la ilusión por tener los sentidos y la disposición abierta a enamorarse de nuevo, a construirse un nuevo espacio, a tejer una nueva red que te sostenga y que te permita crecer...
y es que ... ¿qué nos quedaría de todo esto si nos vacunáramos contra la novedad? ¿cuál sería el valor de vivir en tránsito sin lo que uno va atesorando en el camino, sin las personas –esa gran familia-, los recuerdos y las raíces que uno va extendiendo allá por donde pasa?
Año nuevo, casa nueva, se abre una puerta y se ilumina un nuevo proyecto ...
... os esperamos!

03. Elegibles
Hay palabras que de tanto usadas toman un extraño matiz completamente ajeno al que semánticamente les corresponde... Neolenguaje, le llamaría Orwell (1984) (Newspeak en V.O.)... Veamos una de ellas, simpática en su definición y trágicamente usada en exceso en estas tierras de barras y estrellas:
elegible. (Del lat. elegibĭlis). 1. adj. Que se puede elegir, o tiene capacidad legal para ser elegido. (www.rae.es)
A simple vista se trata de una palabra más, aparentemente inofensiva, pero llena de extraños recovecos. Y es que, in the land of the free, no basta con que uno quiera hacer algo, además... hay que ser elegible para ello.
¿Quieres un trabajo? Rellena tu solicitud, demuestra que tienes las certificaciones correspondientes (las hay de todos los tipos), la green card, el security clearance (si vas a trabajar en un proyecto con el Gobierno)... y si eres elegible te llamaremos para una entrevista.
¿Quieres alquilar una casa? Rellena tu solicitud, entrega el depósito, dales luz verde para que te miren tus cuentas bancarias y demostrar que llevas 6 meses pagando todos tus cheques, ... y si eres elegible puede ser que consigas alquilarla, siempre que otro no haya hecho el proceso antes que tú.
¿Quieres ser participar en un estudio médico? Rellena tu solicitud, demuestra que tienes la enfermedad o características que están estudiando... ¡y puedes ser elegible para ser estudiado!
Y lo último (ayer mismo me ocurrió) ... ¿Quieres pasarte a tener un teléfono móvil de contrato –en lugar de prepago-? Estupendo, no hay problema, entrega tu número de seguridad social, tu carnet de conducir (¡¡??), demuestra (nuevamente) que llevas 6 meses pagando tus cheques bancarios ... y si eres elegible ... ¡puedes ser cliente de ellos y empezar a llamar (y pagar, por supuesto)!
Lo mejor de todo viene cuando, ante la cara de asombro / desesperación que uno suele poner los dependientes / intermediarios suelen decirte “es que la empresa tiene derecho a proteger sus intereses” ... ¿y los del consumidor? ¿quién los protege?
La tierra de las oportunidades... si eres elegible.
Hay palabras que de tanto usadas toman un extraño matiz completamente ajeno al que semánticamente les corresponde... dichosas palabras.
elegible. (Del lat. elegibĭlis). 1. adj. Que se puede elegir, o tiene capacidad legal para ser elegido. (www.rae.es)
A simple vista se trata de una palabra más, aparentemente inofensiva, pero llena de extraños recovecos. Y es que, in the land of the free, no basta con que uno quiera hacer algo, además... hay que ser elegible para ello.
¿Quieres un trabajo? Rellena tu solicitud, demuestra que tienes las certificaciones correspondientes (las hay de todos los tipos), la green card, el security clearance (si vas a trabajar en un proyecto con el Gobierno)... y si eres elegible te llamaremos para una entrevista.
¿Quieres alquilar una casa? Rellena tu solicitud, entrega el depósito, dales luz verde para que te miren tus cuentas bancarias y demostrar que llevas 6 meses pagando todos tus cheques, ... y si eres elegible puede ser que consigas alquilarla, siempre que otro no haya hecho el proceso antes que tú.
¿Quieres ser participar en un estudio médico? Rellena tu solicitud, demuestra que tienes la enfermedad o características que están estudiando... ¡y puedes ser elegible para ser estudiado!
Y lo último (ayer mismo me ocurrió) ... ¿Quieres pasarte a tener un teléfono móvil de contrato –en lugar de prepago-? Estupendo, no hay problema, entrega tu número de seguridad social, tu carnet de conducir (¡¡??), demuestra (nuevamente) que llevas 6 meses pagando tus cheques bancarios ... y si eres elegible ... ¡puedes ser cliente de ellos y empezar a llamar (y pagar, por supuesto)!
Lo mejor de todo viene cuando, ante la cara de asombro / desesperación que uno suele poner los dependientes / intermediarios suelen decirte “es que la empresa tiene derecho a proteger sus intereses” ... ¿y los del consumidor? ¿quién los protege?
La tierra de las oportunidades... si eres elegible.
Hay palabras que de tanto usadas toman un extraño matiz completamente ajeno al que semánticamente les corresponde... dichosas palabras.
02. Alegoría de la integración I. Cruzando el semáforo
Una instantánea en movimiento: dos latinoamericanas cruzando la calle K de Washington DC, entre la 21 y la 22. Entre coches y coches la calle/avenida se vacía durante un instante y ambas mujeres miran hacia delante. El semáforo de peatones está en rojo. Rojo en el semáforo y la calle vacía.
La mujer de la izquierda mira a ambos lados mientras la otra mantiene su mirada en el semáforo. Se miran, una quedando quieta, la otra haciendo ademán de cruzar la calle mientras el brazo de la que queda parada detiene el movimiento de la que pretende cumplir la excepción de la regla.
“El semáforo está en rojo”, parecen decirse.
La calle vacía, el paso libre, el semáforo en rojo y las mujeres quedan paradas hasta que se ilumina la luz blanca que les abre de nuevo el paso. Costumbres y normas, colores y reglas, enfrentadas en un nuevo terreno de juego. En su país probablemente hubieran cruzado.
Latinoamérica en los Estados, dos mujeres que alegorizan la integración y proceso de cambio que ésta implica. Una instantánea en movimiento, o en pausa, cruzando el semáforo.
La mujer de la izquierda mira a ambos lados mientras la otra mantiene su mirada en el semáforo. Se miran, una quedando quieta, la otra haciendo ademán de cruzar la calle mientras el brazo de la que queda parada detiene el movimiento de la que pretende cumplir la excepción de la regla.
“El semáforo está en rojo”, parecen decirse.
La calle vacía, el paso libre, el semáforo en rojo y las mujeres quedan paradas hasta que se ilumina la luz blanca que les abre de nuevo el paso. Costumbres y normas, colores y reglas, enfrentadas en un nuevo terreno de juego. En su país probablemente hubieran cruzado.
Latinoamérica en los Estados, dos mujeres que alegorizan la integración y proceso de cambio que ésta implica. Una instantánea en movimiento, o en pausa, cruzando el semáforo.
01. Aterrizados en DC
Para los que no estáis puestos al día, y todo esto os pilla de sorpresa, os cuento que desde hace una semana Elena y yo andamos en la Roma del siglo XX (y por ahora del XXI)... Washington DC, el centro político del mundo.
Elena ha empezado a trabajar para el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y nos hemos lanzado a esta nueva aventura... que por el momento no sabemos dónde nos llevará... ¿8 meses juntos, 3 juntos y 5 separados, ...? El tiempo dirá, todo depende de si encuentro algo por aquí y de lo que vaya pasando. Las fichas están en la mesa, los dados en el aire y ya veremos qué termina saliendo de este experimento.
Si Honduras fue una experiencia de estar “Entre tierras...” , Washington, y el American Dream será un viaje “Entre barras y estrellas...”... Nuevas “batallitas” para los que tengan problemas en conciliar el sueño.
Por ahora, simplemente contaros que aterrizamos el pasado martes, 28 de septiembre, en una lluviosa tarde-noche, y que caímos en un hotel de Chinatown (Red Roof Inn, en la calle H)... Una recepción fría y pasada por agua, una habitación con goteras en las ventanas, un taxi que se comió el presupuesto de un par de días y esa sensación de “¡a dónde hemos venido a parar! ... ¿hacemos lo correcto?” que inevitablemente acompaña cualquier aventura que comienza...
Aterrizados en DC., mirando una extraña calle desde la ventana del hotel, mientras se iban quedando atrás paisajes tropicales (Tegucigalpa en el corazón), un mes de agosto de reencuentros en Granada, un súbito cambio de planes que no nos permitió decir todo lo que se quería decir ni dedicarle todo el tiempo que se hubiera querido dedicar a nuestra gente, aplazando Madrid como destino inmediato más que probable, y un maravilloso momento de vida compartida en la boda de Migue y Ana el 25 de septiembre en Hellín (no todos los días se casa una parte de ti, ¿verdad?) ...
Nuevas etapas, pasos, aires, palabras, costumbres y rostros... con las raíces siempre presentes (todos vosotros) y las puertas abiertas para los que queráis venir por aquí ...
... os estamos esperando...
bsos a todos!
Elena ha empezado a trabajar para el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y nos hemos lanzado a esta nueva aventura... que por el momento no sabemos dónde nos llevará... ¿8 meses juntos, 3 juntos y 5 separados, ...? El tiempo dirá, todo depende de si encuentro algo por aquí y de lo que vaya pasando. Las fichas están en la mesa, los dados en el aire y ya veremos qué termina saliendo de este experimento.
Si Honduras fue una experiencia de estar “Entre tierras...” , Washington, y el American Dream será un viaje “Entre barras y estrellas...”... Nuevas “batallitas” para los que tengan problemas en conciliar el sueño.
Por ahora, simplemente contaros que aterrizamos el pasado martes, 28 de septiembre, en una lluviosa tarde-noche, y que caímos en un hotel de Chinatown (Red Roof Inn, en la calle H)... Una recepción fría y pasada por agua, una habitación con goteras en las ventanas, un taxi que se comió el presupuesto de un par de días y esa sensación de “¡a dónde hemos venido a parar! ... ¿hacemos lo correcto?” que inevitablemente acompaña cualquier aventura que comienza...
Aterrizados en DC., mirando una extraña calle desde la ventana del hotel, mientras se iban quedando atrás paisajes tropicales (Tegucigalpa en el corazón), un mes de agosto de reencuentros en Granada, un súbito cambio de planes que no nos permitió decir todo lo que se quería decir ni dedicarle todo el tiempo que se hubiera querido dedicar a nuestra gente, aplazando Madrid como destino inmediato más que probable, y un maravilloso momento de vida compartida en la boda de Migue y Ana el 25 de septiembre en Hellín (no todos los días se casa una parte de ti, ¿verdad?) ...
Nuevas etapas, pasos, aires, palabras, costumbres y rostros... con las raíces siempre presentes (todos vosotros) y las puertas abiertas para los que queráis venir por aquí ...
... os estamos esperando...
bsos a todos!
00. Entre barras y estrellas... experiencias de un "alien" en Washington, DC. (USA)

Entre barras y estrellas...después de haber andado durante casi dos años entre tierras... las vueltas que tiene esta vida... me encuentro realizando el mismo camino del Sur al Norte que antes me llevó del Norte al Sur... entre tierras.
De Honduras me quedan algunas cosas que decir y que dar forma, muchas que compartir y seguir interiorizando... ideas y experiencias que, de alguna forma siento que están entrelazadas con este nuevo país que hoy en día me acoge, aunque sea como “alien”, inmigrante o turista temporal.
Entre barras y estrellas... vuelta al “American Dream”, a este continente de continentes que incluye tantas forma de vida que se enlazan y se tocan como vasos comunicantes... no puede subir una sin que baje la otra...
Centroamérica, Norteamérica... One way?






