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Experiencias de un "alien" en washington (USA)
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"Viajar, como los libros, se empieza con incertidumbre y se termina con nostalgia"



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12b. The land of the free (2a parte)
Miércoles, 23 de noviembre, doce de la mañana, el día después. La situación se ha complicado gravemente en Ucrania después de la autoproclamación de Víktor Yushchenko –el líder de la oposición y candidato de la calle- como vencedor y nuevo Presidente de Ucrania, mientras el Comité Electoral anunciaba los resultados oficiales de las elecciones, que daban al otro Víktor, Yanukovych, -el candidato del poder- como el candidato más votado –pucherazos aparte-. Revuelta en las calles, enfrentamiento entre los partidarios del candidato del poder y el candidato de la calle, y la amenaza rusa cercana –se habla de la llegada de aviones con soldados rusos a los principales aeropuertos del país-. 1991 y la independencia no quedan tan lejos, ¿qué son, al fin y al cabo, 13 años frente a 300 años de asociación de la república a la Federación Rusa?

Miedo a la confrontación política y movimientos en las principales embajadas de Ucrania del mundo, entre ellas la situada el 3350 de la calle M de Washington DC, a apenas unos metros de nuestra casa, donde más de 500 manifestantes, llegados a bordo de autobuses desde diferentes partes del país, se agrupan como muestra de apoyo a su país de origen. Esta vez la escena no pasa desapercibida, como la tímida demostración pacífica de los cuatro manifestantes de la mañana anterior, eficazmente disuelta por los servicios de seguridad de la Casa Blanca, responsables que la seguridad de las embajadas ubicadas en la capital política de Estados Unidos.

Banderas azules y amarillas, estandartes naranjas –el color del partido de la oposición-, carteles que denuncian la violación de la democracia y la asociación del candidato del poder con los poderosos grupos de la mafia rusa, directamente relacionados con las irregularidades de la jornada electoral –se habla de secuestro de pasaportes, chantajes y robo de votos a nivel nacional-. Voces de indignación, altavoces que llaman al no reconocimiento de la victoria oficial por parte del Gobierno Americano y mucha policía rodeando la zona, mientras cámaras de todas las cadenas se agrupan en torno a la escena. La capital política del mundo parece no habituada a las demostraciones y reivindicaciones políticas.

Esta vez los manifestantes pudieron manifestar su opinión, cerrada con una emotiva oración dirigida por una pareja de sacerdotes que se encontraban presentes en la demotración. Ciudadanos que hacen un país, que expresan su voluntad de no querer volver a los vicios y a la manipulación del pasado, a reconocerse como identidad propia, dentro de la integración con Europa, distanciándose de la órbita de su poderoso vecino del Este. ¿Cómo terminará esta historia? Por el momento Washington no se pronuncia, aunque tampoco ha reconocido la victoria oficial. Esperemos que la paralización del país con las próximas celebraciones de Thanksgiving -a celebrarse mañana-, la renovación del Gabinete político –en funciones hasta que se designe oficialmente el nuevo Gabinete-, y los compromisos morales adquiridos con Putin tras el reciente apoyo de este último a Bush en las recientes elecciones americanas no le hagan perder a este país la condición de garantes de la democracia que se le presupone. Al fin y al cabo, isn’t is this “the land of the free”? (-¿no es esta la tierra de los libres?-), ¿o lo es sólo cuando hay intereses económicos propios en juego?.

The land of the free. Que lo sea también hacia fuera.
 
12. The land of the free
Martes, 23 de noviembre, nueve y media de la mañana. En la puerta de la Embajada de Ucrania en Washington un grupo de cuatro jóvenes ucranios protestan silenciosamente, prácticamente desapercibidos, contra los polémicos resultados electorales de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales celebradas dos días antes. La opinión de los medios y de la calle coincide, hubo fraude a favor del candidato pro-ruso Víctor Yanukóvich. Se habla de gente que llegó a votar hasta cuarenta veces, de una apresurada felicitación personal del presidente ruso Vladimir Putin y de protestas en cada rincón de la joven república, trasladadas esta mañana al corazón del Imperio. Las armas de la protesta: silencio, tres banderas y un pequeño cartel electoral con la foto del derrotado, el líder de la oposición Viktor Yushenko. Viktor contra Viktor.

La vida sigue su curso, peatones en movimiento, coches circulando por la calle y el servicio de seguridad de la embajada, vestido de incógnito, observa la escena entre sonrisas de condescendencia, cómodamente sentados en una furgoneta negra aparcada en la calle lateral del edificio. No hay nada por lo qué preocuparse.

En un instante un coche de policía hace aparición y aparca junto a la puerta de la embajada, dirigiéndose su conductor hacia los cuatro manifestantes. El policía saca un formulario y comienza a interrogar a los jóvenes, inmediatamente intimidados por la repentina aparición. El más alto de ellos, elegantemente vestido, comienza a conversar con el agente mientras el resto enmudece con seriedad y mira al servicio de seguridad de la embajada, ajeno por completo a lo que está pasando. El movimiento del bolígrafo sobre el papel parece indicar que el policía está levantando parte de los nombres de los manifestantes, mientras otro coche de policía hace aparición. Es el servicio secreto de seguridad de la Casa Blanca, los mismos que interrogaron a Michael Moore en su documental Fahrenheit 9/11.

La escena se prolonga durante unos minutos, invisible para los ojos del resto de peatones, que sigue pasando delante de ellos como si nada estuviera pasando. Al cabo de unos instantes el grupo de policías y manifestantes se disuelve dejando una inquieta sensación de calma y agua pasada. El servicio de seguridad de la embajada permanece dentro de su furgoneta, perdiendo la sonrisa con la que observaban la inocente escena antes de la aparición de los policías. Paradójicamente no estamos en Kiev, sino en Washington, DC, en el corazón de los Estados Unidos de América. The land of the free.
 
11. Historias de cafeterias I y II
(1) EL PODER

Una mesa se vacía dejando un extraño eco argentino. Dos corbatas y una falda conversan sobre el estado de las cosas saboreando una taza de café. “Este, parece que vamos a seguir acá un buen tiempo”, “Eso parece”. Risas, miradas que se intercambian entre las corbatas y la falda, con sonrisas medio intencionadas e intenciones medio entre sonrisas. El mundo se mueve allá fuera, el café se va consumiendo y un profundo malestar me crece por dentro. A saber porqué me molesta tanto la simbología del poder y la cadencia de las palabras que siguen flotando después de haberse despejado la mesa.

(2) LA FRONTERA

Otra mesa de cafetería, otra sensación de profunda molestia. El otro extremo, un negro desheredado observa a través de la ventana cómo llueve, con su café recién terminado y restos de una galleta sobre la mesa. Ríe, baja la cabeza, mira tímidamente hacia donde estoy sentado y vuelve a bajar la cabeza. Otro negro, con chaqueta y corbata, se acerca a su mesa para tomar una de las sillas vacías que no está utilizando y lo desafía con la mirada sin dirigirle ni una sola palabra. Preferiría que no estuviera aquí, no verlo, que saliera de la cafetería y volviera a su hábitat natural, la calle, y, por un momento, olvido que es humano y lo siento como una molestia que preferiría borrar de mi vista.

Media melena o media peluca, una cinta de pelo rojo, jeans, zapatillas blancas y una camiseta verde de manga corta bajo la que sobresale una sudadera roja. Sigue mirando fuera, tarareando la música que suena, con la mirada perdida, alternativamente dirigida hacia vehículos, peatones y alguno de los clientes que entra por la cafetería. Uno de ellos entra en el local y se sienta con él a comerse una hamburguesa y leer el periódico, mientras me surge la duda de si el desheredado es un hombre o una mujer; tiene la cara desfigurada, los ojos bizcos, pecho inexistente y una extraña voz de tiple en la frontera entre géneros. La pobreza tiene un rostro difuso, no se define, simplemente es y está, ignorante de barreras, invadiendo el espacio en el que se la quiere encerrar, produciendo a quien la mira cara a cara una violenta lucha interna entre la piedad y el rechazo.

El desheredado se levanta, moviéndose como una bailarina por el local, mientras su compañero termina de leer la sección de deportes del Washington Post. Se acerca a la puerta, da media vuelta y sale del local encendiendo un cigarrillo, desfilando frente a su compañero por delante de la ventana del escaparate, frontera entre el mundo cálido y feliz de Starbucks y la frialdad de la calle.

Pasada la escena se limpia el decorado y un nuevo cliente, elegantemente vestido, ocupa el lugar de los que se fueron. La vida sigue, los camareros sonríen, el ambiente se relaja y el orden se reestablece, dejando únicamente un eco en forma de imagen borrosa que se difumina lentamente mientras fuera siguen desfilando desheredados que se refugian de la lluvia en portales y abrigos roídos. Lo confieso, me siento aliviado, aunque desconcertado frente al choque entre mis principios y mis sensaciones.

 
10. La gran manzana
“La ciudad que nunca duerme”, la eternamente Nueva. La ciudad más grande de los Estados Unidos, la primera capital, fundada Nueva Ámsterdam por sus primeros habitantes, holandeses, rebautizada Nueva York por sus ocupantes británicos, eternamente presentes en cada una de las piedras que forjan este terreno de islas y espacios ganados al mar. La Gran Manzana.

Algo tienen las películas que le roban a uno el encanto de la sensación de introducirse en un espacio nuevo sobradamente conocido a través de instantáneas, fotogramas y leyendas. Algo tienen que, al hacerte presente, no puedes evitar tener la sensación de que quizás ya habías estado allí, deja-vu constante, sueño revivido, vida reinventada, espacio redescubierto o simplemente vuelto a andar. Frente a ti, la visión de un espejismo que sientes haber vivido previamente; por dentro un extraño vacío como el de quien vuelve a casa y comprueba palmo a palmo si todo está en su sitio, mientras percibe con claridad cada una de las novedades que se fueron introduciendo desde la última vez. Tal vez sea por esto que es más puro el sentimiento de quien visita un lugar virgen e intacto de cámaras y fotogramas. Es el lado oscuro de Hollywood, el robo de la sensación de “la primera vez”, “el primer día”, “la primera visita”, sustituida por un “míralo, es igual que en aquella película” y afortunadamente recuperado cuando el resto de sentidos hacen su aparición en forma de olores, tactos, sensaciones y sonidos.

Sensaciones que se apoderan de uno, como la sobredosis de estímulos visuales que se vive en el corazón de Times Square, donde cada palmo de espacio es una señal luminosa que atraviesa la retina para quedarse en el subconsciente, sin pasar por el terreno de lo consciente, haciendo imposible recordar quién se anunciaba o quién te bombardeó con su dosis de píldoras publicitarias. Sensaciones como la Torre de Babel que es cada calle de Manhattan, donde todo rasgo y todo idioma es posible, donde cada palabra al aire tiene diferente entonación y significado, donde cada individuo es embajador de una nación y cada nación se hace parte de la metrópoli. Sensaciones como el túnel del espacio que es Chinatown, donde el inglés es la segunda lengua, o como la Zona Cero, donde el vacío y el silencio son la principal atracción turística.

Es la magia de una ciudad que es, a su vez, espejo y modelo del mundo, con su incansable arteria de comunicación humana que es su metro, frágil hormiguero de destinos diarios; con la verticalidad de sus edificios que desafían la terrenalidad del hombre apuntando hacia la última frontera en haber sido rota, el cielo; con la diversidad de barrios originada por el constante flujo de inmigrantes de cualquier parte del mundo que ha ido construyendo esta nación robada a sus dueños originarios.

La Gran Manzana, espacio de reencuentros y encrucijada de caminos, como la que vivimos este fin de semana, entre compañeros de destino, donde pasado, presente y futuro quedaron sobre la mesa sin dejar un palmo libre, enlazando España, Honduras y ahora Estados Unidos. Visitas devueltas y visitas prometidas, propósitos de enmienda y propuestas que habrán de llegar, y es que pocas experiencias pueden superar la de conocer una ciudad y un país de la mano de quien lo hace suyo; es el descubrimiento completo de un espacio y unas vidas que se asocian en simbiosis perfecta, un espacio humanizado y unos destinos mestizos, vividos en compañía y liberados de prejuicios, haciendo real aquella ilusión que canta Jorge Drexler, “Yo no sé de dónde soy, mi casa está en la frontera”.
 
9. Valvula de escape
(1) Síndrome postelectoral en Dupont Circle. Mentiras arriesgadas


Todas las sociedades que pretenden ser –o parecer- democráticas tienen sus propios mecanismos para canalizar el inconformismo inevitable que produce cualquier sistema de organización social, ya sea capitalista, comunista, anarquista, oligárquico, moralista o feudal.

Mecanismos que tratan los sub-productos que se obtienen de la maquinaria perfectamente engrasada que mueve la cotidianidad y que, para qué negarlo, completan la ecuación que lo rige todo, a modo de excepción que confirma la regla.

Son procesos, espacios, actitudes, y momentos que surgen dentro de la propia estructura,protagonizados por aquellos individuos que no se sienten identificados con lo que se les ofrece y que son aceptados a grandes líneas y controlados a distancia, unas veces como mal menor, otras como una muestra pública de que todo funciona bien, pues al fin y al cabo existe una crítica interna y ésta es magnánimamente aceptada y respetada.

Mecanismos que también existen en esta paradójica y fascinante sociedad americana, y de los que no siempre llegamos a tener noticia...

... como los documentales y los libros de Michael Moore, mordaces e irreverentes, que llenan librerías y salas de cine, tan adorados por sus admiradores como odiados por aquellos que afirman que “Moore odia a América”...

... como los artículos y ensayos de Noam Chomsky, el lingüista-ideólogo, punzantes e inquietantes en sus análisis, más conocidos en Europa que dentro de Estados Unidos...

... como las manifestaciones postelectorales frente a la Casa Blanca, el Capitolio, el Tribunal Supremo de Justicia o en cualquier espacio público...

... o como los individuos de a pie que tienen una visión alternativa de las cosas, aquellos que no se tragan el pensamiento único y la verdad oficial y que rechazan la Guerra de Irak, las medidas tomadas contra la “amenaza terrorista” o la política internacional de amigos y enemigos del Gobierno de turno.

Son la contrapropaganda, propaganda en sí misma pero del polo opuesto, como el “Bazar de mensajes sin censura” que el pasado domingo se exhibía, entre sonrisas de unos, caras de asombro de otros y la mirada controladora de algún que otro policía que supervisaba la escena a una distancia razonable.

La válvula de escape de la sociedad, esa pequeña pieza que controla la presión justa sin que la olla estalle, chirriando y silbando cuando las condiciones apuntan que conviene bajar un poco la temperatura para que la comida se siga cocinando poco a poco.Válvula de escape que va más allá de una postura frente a la ideología o situación política, apuntando hacia un refugio dentro la propia esencia del funcionamiento de las sociedades, el día a día...

... como la red de ferias de agricultores y ganaderos que en sábados y domingos llenan las plazas de productos orgánicos, alternativa a las maravillas transgénicas sin defecto vendidas una por una a precio de oro...

... como las escasas librerías de segunda mano, las pequeñas tiendas de barrio o las cafeterías que te piden que no les des publicidad porque no tienen mucho espacio para atender bien a sus clientes, especies en extinción en el reino de las grandes superficies y el “Gracias por elegirnos” que inundan cada metro cuadrado de la América profunda, territorio de los K-Mart, Wall-Mart, Target, Best-Buy, Starbucks y cientos de otras cadenas que mataron la variedad y diversidad de las ciudades...

... o como los “flea market” (mercadillos), como el de Eastern Market, en Capitol Hill, donde uno retrocede en el tiempo y en el espacio, llegando a dudar, entre flores, cacharros, comidas populares y curiosos personajes si no será que uno volvió a Honduras y al mayoreo de Tegucigalpa, cambiando las pupusas por unos hotdogs y hamburguesas, o tal vez a la Cuba de Hemingway.

La válvula de escape, el territorio donde se mueven o se evaden aquellos que sienten que hay piezas que no terminan de encajar, y que piensan que tal vez sea posible otra forma de hacer las cosas en la tierra de las oportunidades.Mecanismos que, en cualquier sociedad, son generados por Robinsones, apátridas y expatriados, productos de la contra-inercia cotidiana que canalizan a través de estas válvulas su propia actitud frente a la vida, como aquel japonés que en Tegucigalpa renegaba de la hiper-productividad de Tokio mientras buscaba un espacio para su alma tumbado en el Parque Natural de la Tigra mirando hacia las copas infinitas de los árboles; o como aquel italiano de acento sardo que vive su patria a distancia y entre viajes esporádicos, con un pie en África y otro en Centroamérica; o como aquel ingeniero español que, entre reflexiones y viajes, sigue tratando de entender qué hacer con los sueños para que uno siga siempre sintiéndose vivo en cualquier parte del mundo.Válvula de escape.

(2) “Techie” protestando contra la supervisión de las transmisiones a través de internet


(3) Bazar de mensajes sin censura


(4) Eastern market, en un reducto de otro tiempo y otro espacio... ...



(5) Hemingway pasea su clase vendiendo sus piezas de plata... ¿Tegucigalpa, La Habana o Washington?
 
08. W
Cierre de esta crónica-trilogía de campaña política-electoral-militar. Victoria, como ya saben, de quien defendía el cinturón de campeón, el saliente (y de nuevo entrante) ex gobernador de Texas, George W. Bush, o simplemente W, como sus asesores de campaña han querido presentarlo en esta interminable campaña que finalmente llega a su final.

Y es que no hay mal que por bien no venga. El propio vencedor lo reconocía ayer tarde, frente a sus fieles en el Ronald Reagan Center de Washington DC, a unos pocos metros del lugar desde donde escribo ahora: “Gracias por haberme apoyado en mi última campaña electoral”, les dijo a sus hijas frente al fervor popular. Tímido consuelo; al menos sabemos cómo acaba esta película de serie-B: serán otros cuatro años y ninguno más.

El hijo consigue lo que no pudo lograr el padre. Metáfora alegórica con ciertos matices cristianos, que W se encargó de subrayar. “Al fin se hizo justicia”, aseguraba, “Ayer vi a mi padre lleno de orgullo hacia mí. Espero que aquella amarga derrota haya quedado compensada.” La dinastía se prolonga, mientras la sombra del hijo pequeño, Jeff, se alarga desde Florida. No han sido el primer tándem padre-hijo (primero estuvieron los Adam –2º y 6º presidentes) pero si serían la primera trilogía americana, al más puro estilo de los Somoza nicaragüenses.

Se dice desde Europa que es la victoria del miedo, de la amenaza terrorista y del fantasma de Bin Laden. Nada más lejos. Es la victoria de la moral, o de la moralina, de la ortodoxia, de la restricción de los derechos de los homosexuales en 11 estados, de la investigación sobre células madres, de la prohibición del uso terapéutico de la marihuana, de la familia tradicional y del “yo gobierno basándome en la fe y no en la razón” con el que W resume su ideario político, al más puro estilo de los extremismos islámicos, y con el que se identifica una gran parte importante del país, la América más profunda.

Victoria y derrota, cogidas de la mano como hermanas siamesas. Y es que, a pesar del esfuerzo y de la ilusión puesta en la mesa, el partido demócrata ha demostrado, una vez más, como hace 4 años con Al Gore, que no tiene a nadie mejor que pueda derrotar a W. Se apostó por el caballo equivocado, un miembro de la elite política bostoniana con un discurso sofisticado y gran experiencia en el Congreso. Otro JFK, decían, John F. Kerry. Una veleta expuesta largamente al viento de las estrategias de partido, habiendo votando en su momento un día a favor de la guerra de Irak y a los meses condenándola. “Flip-flop”, le llamaban los republicanos, precisamente el modelo de político que pretendía evitar el americano de a pié cuando votó en su día a W.

País de contrastes y divisiones, cada vez más profundas, como uno y otro candidato recordaron ayer tarde. “Es tiempo de comenzar a curar muchas heridas”, dijo Kerry, inspirado por la increíble exaltación que el país ha vivido estos días. “Si permanecemos unidos no habrá limite a la grandeza de América”, dijo Bush, tratando de comenzar a recuperar a los que nunca tuvo, a los que nunca le votaron, ni ahora ni en el 2000, como a ese sonrojante y espectacular 90% que votó en su contra en el corazón político del país, Washington DC. Pocas veces se ha visto una capital que rechace de semejante manera a su presidente.

Cierre de bandera, cuatro años por delante. Tristeza entre los que ansiaban cambio, la otra mitad del país, y júbilo entre los que adoran al presidente. Titulares de prensa a toda página, ruedas de prensa, análisis y alza en la bolsa de Wall Street mientras el resto del mundo se frota los ojos sorprendido y se pregunta, “¿qué implica esto?, ¿quién sale ganando?, ¿en qué nos puede afectar?”. El tiempo dirá, aunque, créanme, no hubiera sido muy diferente si el resultado hubiera sido el contrario. Al fin y al cabo, la política en esta tierra hace tiempo que vive cautiva, y si no repasen algunas de las políticas de Clinton, que también bombardeó a Irak, apoyó bloqueos y embargos, mintió a su país (y a su mujer), financió dictadores y guerrillas y se olvidó de los de abajo, aquellos que desde ya podemos estar seguro que van a terminar perdiendo.

Habemus papam. W.
 
07. Too close to call
Avanza la jornada electoral, pasadas ya más de 24h desde que se abrieron los colegios y las urnas. Cifras históricas de participación, dicen, en este país acostumbrado a la baja participación electoral, fruto de tal vez de la ausencia de ideologías marcadas, al complicado proceso necesario para poder registrarse como votante o simplemente a una tradicional mala elección de la jornada electoral (el martes siguiente al primer lunes de noviembre –y no en día festivo como en otras latitudes-).

Atrás queda una larga noche de ojos pegados a las pantallas de televisión en diferentes cadenas con idéntico formato de seguimiento: Fox News, CNN, NBC, ABC y otro sin número de cadenas nacionales y regionales. Calles fantasmagóricas desde las 19h, ninguna mesa queda libre en bares repletos de personas, bullicio, ilusiones y escepticismo en lo que en España podría tal vez parecer una final de la Liga de Campeones o un Madrid-Barça de máxima tensión. Nadie se mueve, todos pendientes, se cumplen los pronósticos: será una lucha cerrada de difícil pronóstico donde cada voto será decisivamente tenido en cuenta.

Baile de números, opiniones, cifras, proyecciones y especulaciones. Pantallas llenas de estadísticas, mapas, pizarras virtuales interactivas y salones repletos de analistas que comparten en pequeñas dosis su sabiduría en estas cuestiones. “El presidente arrebata el estado de Arkansas, demócrata desde los tiempos de Clinton, pero el senador ha conseguido recuperar New Hampshire”. El marcador se mueve poco a poco, como si fuera un partido de fútbol. Bush 190 - Kerry 140, tendremos ganador en cuanto se lleguen a los 270.

Todo parece indicar que Florida esta vez cederá cordialmente su protagonismo del 2000 a la desde hoy mundialmente famosa Ohio, nueva pieza clave en estas elecciones. Esta vez el hermano pequeño de George W., Jerry, hizo mejor su trabajo y ató más votos que en la anterior ocasión, y es que a veces es altamente rentable tener mano dura contra Fidel y el bolsillo ligero cuando llegan los desastres naturales –4 huracanes asolaron en el mes de septiembre a este estado bautizado por los españoles en honor a la Pascua Florida-. La nueva onda republicana: embargo, balseros y tormentas como arma electoral. Los canales lo subrayan con sorpresa, “Kerry arrasó entre los jubilados pero los republicanos ganaron el voto latino”. ¿Quién dijo México? América Latina comienza en Miami, y si no que le pregunten a los Estefan, Iglesias o Luis Miguel.

Se pronosticaba una jornada de tensiones y movimientos de intimidación pero el día transcurrió con aparente normalidad. Los jueces prohibieron la entrada de “challengers” demócratas y republicanos (los representantes de los partidos) en los colegios electorales para evitar la propaganda de última hora. En Pennsylvania, donde el voto era electrónico, un colegio denunció que una de las urnas venía de fábrica con un cierto número de votos ya sumado; resultó ser falsa alarma, era el resultado de prueba del aparato que habría de ser puesto a cero al comenzar la votación.

Largas colas, especialmente en los colegios de zonas urbanas y universitarias, en donde se acudió a votar a última hora (consecuencias de haber elegido una jornada laboral). Se decidió cerrar los colegios pero no las urnas hasta que no hubiera votado la última persona presente al momento del cierre. En una entrevista una chica aseguran haber esperado entre 9 y 11 horas para poder ejercer su derecho a voto, entre ojeras y sonrisas juveniles por la larga noche de fiesta vivida, con sus 19 primaveras era su primera elección. “A pesar de todo me temo que ganará Bush”, dice, desvelando indirectamente por quién le merecía tan larga espera.

Parece que ganó Bush, coinciden la mayor parte de las cadenas, abiertamente partidarias del presidente. El último video de Bin Laden, difundido el viernes pasado, sospechosamente 4 días antes de las elecciones, hizo recordar a muchos que “estamos en guerra” y, como todos hemos podido comprobar, “el presidente es un hombre de guerra”. Bush no es el hombre para gestionar el presupuesto pero sí para gestionar la amenaza terrorista, dicen las encuestas a pie de urna. Es el peso de la América profunda, la estática, la que menos flujo de personas recibe, la de los estados del centro, la rural, la de las granjas, la fiebre del oro y los grandes espacios. La América abiertamente republicana y que más teme al terrorismo, mucho más que la otra, la de las costas –Este y Oeste- y las grandes ciudades, demócrata, paradójicamente la que sufrió los atentados del 11-S y la que probablemente más expuesta esté en la actualidad a la tan citada amenaza.

En un momento de la noche, tras la salida del trabajo, fuimos invitados a una fiesta casera para seguir el inicio de la jornada electoral. La nota exótica y europea entre caras nuevas, mapas de Estados Unidos en las paredes, banderas, insignias, colgantes y una surtida mesa al más puro American way of life, hotdogs, Budweisers, muffins, pasta a la americana y un par de fuentes con galletas Oreo, chocolates, queso y crackers. ¿Quién dijo que no toda mezcla es posible? Entre paradójicos bocados pudimos escuchar de primera mano algunos de los mecanismos de lo que habría de esperarse y, por vez primera en la noche, aprendimos la frase que habrá de protagonizar las próximas horas –algunos opinan que incluso días- hasta que se anuncie oficialmente el resultado final de estas elecciones de 2004. “It is too close to call” – está muy ajustado como para dar un veredicto -.

Too close to call. Lo dicen las cadenas de televisión por cable, los periódicos, los camareros, los conductores, los trabajadores federales de traje y corbata, los estudiantes, los inmigrantes, los que caminan por la calle y hasta los que están allí sentados, como si no fuera con ellos, sin casa y sin techo, sobre los bancos de cualquier plaza, desde Farragut Square hasta Lafayette, frente a la Casa Blanca, donde periodistas de todas las cadenas tratan de mantener el tipo sabiendo que les queda un duro trabajo por delante. Al menos el tiempo está siendo clemente y, desde hace ya dos días, una tímida primavera otoñal adorna las calles llenas de hojas caídas y árboles que, como semáforos, alternativamente marcan verdes, rojos y amarillos.

Esperaremos enganchados a los medios, aunque con calma. Al fin y al cabo, y entre nosotros, sabemos que de uno u otro lazo, azules (demócratas) o rojos (republicanos), al final no cambiarán mucho las cosas. Las corporaciones seguirán controlando a estos políticos, hipotecados por el altísimo coste de la campaña electoral (600 millones de dólares), el presupuesto este país, el de mayor deuda del mundo, seguirá sin permitir grandes juegos malabares con proyectos de sanidad o educación y los desheredados, los de aquí y los del resto del mundo, seguirán cayendo cada día un poquito más en el pozo de la absoluta falta de oportunidades. Como bien dijo Ricardo Lagos –presidente de Chile- hace un año y medio en un evento organizado por el PNUD en Tegucigalpa, “No hay democracia si no hay posibilidad entre elegir entre varias opciones diferentes”. Too close to call.