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Experiencias de un "alien" en washington (USA)
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"Viajar, como los libros, se empieza con incertidumbre y se termina con nostalgia"



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Katrina y el mundo al revés
Se veía venir. Es el mundo al revés.

Durante los últimos días se venían recibiendo señales confusas que avisaban de que algo gordo se aproximaba. “El huracán Katrina se dirige hacia las costas de Florida”. “Allá va otro”, pensábamos la mayoría de nosotros, de sobra escarmentados con los cuatro huracanes que azotaron las costas de aquel estado en el año pasado.

El hombre es un animal de costumbres, dicen, así que los habitantes de Florida comenzaron con los preparativos habituales (refuerzo de estructuras, avituallamiento de productos básicos, puesta a salvo de las personas con dificultades). Mientras tanto, el resto de la nación –incluyendo los medios de comunicación- continuaba con su rutina y sus preocupaciones cotidianas diarias; el precio de la gasolina, la nueva constitución islamista de Irak, la vigilia de Cindy Sheenan frente al rancho de George W. en Crawford, Texas y, por supuesto, las vacaciones del presidente.

Al llegar el fin de semana los medios dieron la señal de alarma. “El huracán se desvía hacia el estado de Louisiana”. Sorpresa y preocupación general. El Sur es Sur en todos los rincones del planeta. Sur igual a pobreza; sur es sinónimo de olvido, dejadez, desigualdad, injusticia; no podía ser menos en la nación más poderosa del planeta.

Ray Nagin, alcalde de Nueva Orleans no se anduvo por las ramas y ordenó una medida que muchos calificaron de desorbitada. “Ordeno a todos los habitantes de la ciudad que abandonen inmediatamente sus casas y se pongan a salvo”. La ciudad, bajo el nivel del mar y flanqueada por el río Missisipi y el lago Pontchartrain, sería una balsa-trampa mortal para su casi millón de habitantes si las previsiones más catrastofias del NOAA se cumplían. “Katrina se ha convertido en un destructor huracán de categoría 5, la más destructiva posible”.

Pasó el fin de semana, los atascos kilométricos, una ciudad en desalojo y las manifestaciones de pánico a la salida de la gran ciudad. Llegó el lunes, “The day after tomorrow is today”, y con él las lluvias, los vientos y el otro huracán, el informativo, ahora sí centrado en la verdadera noticia.

Medios de comunicación para entretener a las masas. Pronto llegaron las imágenes de reporteros intrépidos luchando contra el viento, cámaras atrevidas capturando almas al borde de la tragedia, y un sin fin de frases espectaculares que captaban a todas las audiencias, entretenidas con este reality show a gran escala. Decenas de millones de ojos pegados a las pantallas desconectando lo que estaban viendo con el sentido común, que hubiera invitado a tomar medidas urgentes, como comenzar a organizar el apoyo a los damnificados o, simplemente, a capturar la atención del presidente, que continuaba en su rancho de vacaciones.

Pasó la noche, pasó la tormenta, llegó la... ¿calma?

24h después de la tormenta los medios seguían enfocando imágenes pintorescas, tras las que empezaba a entreverse lo que vendría después. Cortes de luz en toda la ciudad, goteras en el Superdome de Nueva Orleáns, refugio de más de 20,000 personas, miles de personas esperando rescate sobre los tejados de sus casas y, sobre todo, una gran masa de agua, mezclada con residuos químicos, serpientes y cocodrilos, que comenzaba a inundarlo todo, especialmente tras la aparición de grietas en los diques de varios metros que protegen a la ciudad de la gran masa de agua que la rodea.

Siguen pasando las horas, y la situación empeora. Hospitales sin luz, alimentos ni medicinas, un número indeterminado de cuerpos que continúa apareciendo entre las decenas de casas y edificios derrumbados, grupos armados de personas que empiezan a asaltar la propiedad privada en busca de alimentos, en algunos casos, o de cualquier otra cosa que tenga algún valor económico, en el resto de los casos. “Parece un país del tercer mundo”, coincide la mayor parte de los cada vez más perplejos comentaristas de los pop-media.

48h después. El caos civil continúa creciendo. Presos de una de las mayores cárceles de la ciudad se amotinan y toman rehenes, entre ellos mujeres y niños. Se oyen disparos contra los helicópteros que tratan de aprovechar “the golden 72 hours”, las horas mágicas en las que todavía es posible encontrar supervivientes. Mientras todo esto sucede, una pregunta empieza a extenderse por el país. “¿Y dónde está la Guardia Nacional y el resto de los cuerpos de seguridad del país encargados de poner orden en este caos?”

Esperando órdenes y en Irak.

Sin ser uno de los estados más ricos Louisiana es uno de los estados que más medios y cuerpos de seguridad tiene en la actualidad asignados en Irak. Por otra parte, un gran contingente de soldados está a la espera de órdenes, que continúan, 48 horas después, sin llegar.

A media tarde del miércoles el presidente hace aparición anunciando, cuatro días después de la alerta máxima enviada por el Centro Nacional de Huracanes y dos días después de la tragedia, que recortará en dos días sus vacaciones para atender la que ya se ha designado como “una de las mayores catástrofes humanitarias de la historia del país”. Horas después el presidente, con su habitual sonrisa, hace aparición en la Casa Blanca para anunciar que: "Con tiempo nuevas comunidades florecerán, y América será un lugar más fuerte para ellas”.

Un lugar más fuerte, un país más fuerte, como el que iba a emerger después del 11 de septiembre.

A partir de este momento se hizo prácticamente oficial la gran verdad relacionada con la catástrofe: en un mundo tan desigual como el nuestro, lo único que nos iguala es la misma fragilidad que los países y los seres humanos compartimos frente a los desastres naturales. U otra serie de grandes noticias y verdades relacionadas con ésta: que es más fácil destruir que proteger de la destrucción, o que la clase política nunca se interesará verdaderamente por los más débiles, los que (no lo olvidemos) no pudieron salir de la ciudad por no poder permitírselo (por motivos de salud, edad o recursos económicos).

Para confirmar el estado de las cosas, y la vuelta de la tortilla, todavía habría de llegar el anuncio más espectacular del día. A media tarde, y tras la intervención del presidente americano, Hugo Chávez, presidente electo de la República Bolivariana de Venezuela, hizo aparición para criticar la actitud de falta de previsión y cobardía de su homónimo gringo y anunció la solidaridad del pueblo venezolano con su vecino del Norte. Venezuela se convertía, de este modo, en el primer país en el mundo en ofrecer a Estados Unidos apoyo humanitario; petróleo a bajo precio, logística y una primera aportación de un millón de dólares para comenzar a constituir un fondo de emergencia para los damnificados.

El mundo al revés (o no). Siempre se dice que el pobre es más rápido ofreciendo ayuda que el rico.

Entre las paradojas y perplejidades del anuncio estuvo el que ningún de los pop-media americanos se hizo eco de la noticia, salvo para resaltar la primera parte del mensaje de Chávez (la crítica a Bush), sin mencionar la solidaridad del pueblo venezolano (el primero –insisto- en ofrecer su apoyo a Estados Unidos). “El dictador Chávez se ceba con las desgracias ajenas”, anunciaban los medios de la extrema derecha (dejando de lado el hecho de la legitimidad democrática del presidente electo del país sudamericano).

Se veía venir. Es el mundo al revés. Un mundo donde maestros y alumnos, pobres y ricos, afortunados y desgraciados se estaban cambiando los papeles. Un vaso comunicante donde hoy nos toca ser solidarios y mañana tener que pedir ayuda. Un globo que no puede crecer por una parte sin amenazar a toda la estructura. Una sociedad global donde los mismos criterios deberían de aplicar a todos los países. Es mejor prevenir que curar, crear que destruir, dar la cara que esconderse, dialogar y tender puentes de comunicación que pelear, invertir en tu propia gente que gastar billones de dólares en hacer la guerra y dejar desprotegidos a los más débiles.

Lecciones que resuenan poco a poco en las conversaciones que se escuchan en la calle, mientras empiezan a ponerse en marcha las medidas que se tendrían que haber tomado hace cinco días (asignación de 20,000 nuevos soldados a la zona para las labores de emergencia, aprobación de leyes para liberar fondos para la reconstrucción). Lecciones que dan la verdadera dimensión de la riqueza y desigualdad de un país, un gigante con pies de barro en el que entre la creciente riqueza continúa creciendo la pobreza (1.1 millones de pobres más se sumaron en el 2004 a los casi 40 millones de pobres de este país -sin contar a los que se hayan podido sumar en este año 2005 de guerras y catástrofes).

Katrina y el mundo al revés (o no).