9. Valvula de escape
(1) Síndrome postelectoral en Dupont Circle. Mentiras arriesgadas

Todas las sociedades que pretenden ser –o parecer- democráticas tienen sus propios mecanismos para canalizar el inconformismo inevitable que produce cualquier sistema de organización social, ya sea capitalista, comunista, anarquista, oligárquico, moralista o feudal.
Mecanismos que tratan los sub-productos que se obtienen de la maquinaria perfectamente engrasada que mueve la cotidianidad y que, para qué negarlo, completan la ecuación que lo rige todo, a modo de excepción que confirma la regla.
Son procesos, espacios, actitudes, y momentos que surgen dentro de la propia estructura,protagonizados por aquellos individuos que no se sienten identificados con lo que se les ofrece y que son aceptados a grandes líneas y controlados a distancia, unas veces como mal menor, otras como una muestra pública de que todo funciona bien, pues al fin y al cabo existe una crítica interna y ésta es magnánimamente aceptada y respetada.
Mecanismos que también existen en esta paradójica y fascinante sociedad americana, y de los que no siempre llegamos a tener noticia...
... como los documentales y los libros de Michael Moore, mordaces e irreverentes, que llenan librerías y salas de cine, tan adorados por sus admiradores como odiados por aquellos que afirman que “Moore odia a América”...
... como los artículos y ensayos de Noam Chomsky, el lingüista-ideólogo, punzantes e inquietantes en sus análisis, más conocidos en Europa que dentro de Estados Unidos...
... como las manifestaciones postelectorales frente a la Casa Blanca, el Capitolio, el Tribunal Supremo de Justicia o en cualquier espacio público...
... o como los individuos de a pie que tienen una visión alternativa de las cosas, aquellos que no se tragan el pensamiento único y la verdad oficial y que rechazan la Guerra de Irak, las medidas tomadas contra la “amenaza terrorista” o la política internacional de amigos y enemigos del Gobierno de turno.
Son la contrapropaganda, propaganda en sí misma pero del polo opuesto, como el “Bazar de mensajes sin censura” que el pasado domingo se exhibía, entre sonrisas de unos, caras de asombro de otros y la mirada controladora de algún que otro policía que supervisaba la escena a una distancia razonable.
La válvula de escape de la sociedad, esa pequeña pieza que controla la presión justa sin que la olla estalle, chirriando y silbando cuando las condiciones apuntan que conviene bajar un poco la temperatura para que la comida se siga cocinando poco a poco.Válvula de escape que va más allá de una postura frente a la ideología o situación política, apuntando hacia un refugio dentro la propia esencia del funcionamiento de las sociedades, el día a día...
... como la red de ferias de agricultores y ganaderos que en sábados y domingos llenan las plazas de productos orgánicos, alternativa a las maravillas transgénicas sin defecto vendidas una por una a precio de oro...
... como las escasas librerías de segunda mano, las pequeñas tiendas de barrio o las cafeterías que te piden que no les des publicidad porque no tienen mucho espacio para atender bien a sus clientes, especies en extinción en el reino de las grandes superficies y el “Gracias por elegirnos” que inundan cada metro cuadrado de la América profunda, territorio de los K-Mart, Wall-Mart, Target, Best-Buy, Starbucks y cientos de otras cadenas que mataron la variedad y diversidad de las ciudades...
... o como los “flea market” (mercadillos), como el de Eastern Market, en Capitol Hill, donde uno retrocede en el tiempo y en el espacio, llegando a dudar, entre flores, cacharros, comidas populares y curiosos personajes si no será que uno volvió a Honduras y al mayoreo de Tegucigalpa, cambiando las pupusas por unos hotdogs y hamburguesas, o tal vez a la Cuba de Hemingway.
La válvula de escape, el territorio donde se mueven o se evaden aquellos que sienten que hay piezas que no terminan de encajar, y que piensan que tal vez sea posible otra forma de hacer las cosas en la tierra de las oportunidades.Mecanismos que, en cualquier sociedad, son generados por Robinsones, apátridas y expatriados, productos de la contra-inercia cotidiana que canalizan a través de estas válvulas su propia actitud frente a la vida, como aquel japonés que en Tegucigalpa renegaba de la hiper-productividad de Tokio mientras buscaba un espacio para su alma tumbado en el Parque Natural de la Tigra mirando hacia las copas infinitas de los árboles; o como aquel italiano de acento sardo que vive su patria a distancia y entre viajes esporádicos, con un pie en África y otro en Centroamérica; o como aquel ingeniero español que, entre reflexiones y viajes, sigue tratando de entender qué hacer con los sueños para que uno siga siempre sintiéndose vivo en cualquier parte del mundo.Válvula de escape.
(2) “Techie” protestando contra la supervisión de las transmisiones a través de internet

(3) Bazar de mensajes sin censura

(4) Eastern market, en un reducto de otro tiempo y otro espacio... ...

(5) Hemingway pasea su clase vendiendo sus piezas de plata... ¿Tegucigalpa, La Habana o Washington?


Todas las sociedades que pretenden ser –o parecer- democráticas tienen sus propios mecanismos para canalizar el inconformismo inevitable que produce cualquier sistema de organización social, ya sea capitalista, comunista, anarquista, oligárquico, moralista o feudal.
Mecanismos que tratan los sub-productos que se obtienen de la maquinaria perfectamente engrasada que mueve la cotidianidad y que, para qué negarlo, completan la ecuación que lo rige todo, a modo de excepción que confirma la regla.
Son procesos, espacios, actitudes, y momentos que surgen dentro de la propia estructura,protagonizados por aquellos individuos que no se sienten identificados con lo que se les ofrece y que son aceptados a grandes líneas y controlados a distancia, unas veces como mal menor, otras como una muestra pública de que todo funciona bien, pues al fin y al cabo existe una crítica interna y ésta es magnánimamente aceptada y respetada.
Mecanismos que también existen en esta paradójica y fascinante sociedad americana, y de los que no siempre llegamos a tener noticia...
... como los documentales y los libros de Michael Moore, mordaces e irreverentes, que llenan librerías y salas de cine, tan adorados por sus admiradores como odiados por aquellos que afirman que “Moore odia a América”...
... como los artículos y ensayos de Noam Chomsky, el lingüista-ideólogo, punzantes e inquietantes en sus análisis, más conocidos en Europa que dentro de Estados Unidos...
... como las manifestaciones postelectorales frente a la Casa Blanca, el Capitolio, el Tribunal Supremo de Justicia o en cualquier espacio público...
... o como los individuos de a pie que tienen una visión alternativa de las cosas, aquellos que no se tragan el pensamiento único y la verdad oficial y que rechazan la Guerra de Irak, las medidas tomadas contra la “amenaza terrorista” o la política internacional de amigos y enemigos del Gobierno de turno.
Son la contrapropaganda, propaganda en sí misma pero del polo opuesto, como el “Bazar de mensajes sin censura” que el pasado domingo se exhibía, entre sonrisas de unos, caras de asombro de otros y la mirada controladora de algún que otro policía que supervisaba la escena a una distancia razonable.
La válvula de escape de la sociedad, esa pequeña pieza que controla la presión justa sin que la olla estalle, chirriando y silbando cuando las condiciones apuntan que conviene bajar un poco la temperatura para que la comida se siga cocinando poco a poco.Válvula de escape que va más allá de una postura frente a la ideología o situación política, apuntando hacia un refugio dentro la propia esencia del funcionamiento de las sociedades, el día a día...
... como la red de ferias de agricultores y ganaderos que en sábados y domingos llenan las plazas de productos orgánicos, alternativa a las maravillas transgénicas sin defecto vendidas una por una a precio de oro...
... como las escasas librerías de segunda mano, las pequeñas tiendas de barrio o las cafeterías que te piden que no les des publicidad porque no tienen mucho espacio para atender bien a sus clientes, especies en extinción en el reino de las grandes superficies y el “Gracias por elegirnos” que inundan cada metro cuadrado de la América profunda, territorio de los K-Mart, Wall-Mart, Target, Best-Buy, Starbucks y cientos de otras cadenas que mataron la variedad y diversidad de las ciudades...
... o como los “flea market” (mercadillos), como el de Eastern Market, en Capitol Hill, donde uno retrocede en el tiempo y en el espacio, llegando a dudar, entre flores, cacharros, comidas populares y curiosos personajes si no será que uno volvió a Honduras y al mayoreo de Tegucigalpa, cambiando las pupusas por unos hotdogs y hamburguesas, o tal vez a la Cuba de Hemingway.
La válvula de escape, el territorio donde se mueven o se evaden aquellos que sienten que hay piezas que no terminan de encajar, y que piensan que tal vez sea posible otra forma de hacer las cosas en la tierra de las oportunidades.Mecanismos que, en cualquier sociedad, son generados por Robinsones, apátridas y expatriados, productos de la contra-inercia cotidiana que canalizan a través de estas válvulas su propia actitud frente a la vida, como aquel japonés que en Tegucigalpa renegaba de la hiper-productividad de Tokio mientras buscaba un espacio para su alma tumbado en el Parque Natural de la Tigra mirando hacia las copas infinitas de los árboles; o como aquel italiano de acento sardo que vive su patria a distancia y entre viajes esporádicos, con un pie en África y otro en Centroamérica; o como aquel ingeniero español que, entre reflexiones y viajes, sigue tratando de entender qué hacer con los sueños para que uno siga siempre sintiéndose vivo en cualquier parte del mundo.Válvula de escape.
(2) “Techie” protestando contra la supervisión de las transmisiones a través de internet

(3) Bazar de mensajes sin censura

(4) Eastern market, en un reducto de otro tiempo y otro espacio... ...

(5) Hemingway pasea su clase vendiendo sus piezas de plata... ¿Tegucigalpa, La Habana o Washington?







