12. The land of the free
Martes, 23 de noviembre, nueve y media de la mañana. En la puerta de la Embajada de Ucrania en Washington un grupo de cuatro jóvenes ucranios protestan silenciosamente, prácticamente desapercibidos, contra los polémicos resultados electorales de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales celebradas dos días antes. La opinión de los medios y de la calle coincide, hubo fraude a favor del candidato pro-ruso Víctor Yanukóvich. Se habla de gente que llegó a votar hasta cuarenta veces, de una apresurada felicitación personal del presidente ruso Vladimir Putin y de protestas en cada rincón de la joven república, trasladadas esta mañana al corazón del Imperio. Las armas de la protesta: silencio, tres banderas y un pequeño cartel electoral con la foto del derrotado, el líder de la oposición Viktor Yushenko. Viktor contra Viktor.
La vida sigue su curso, peatones en movimiento, coches circulando por la calle y el servicio de seguridad de la embajada, vestido de incógnito, observa la escena entre sonrisas de condescendencia, cómodamente sentados en una furgoneta negra aparcada en la calle lateral del edificio. No hay nada por lo qué preocuparse.
En un instante un coche de policía hace aparición y aparca junto a la puerta de la embajada, dirigiéndose su conductor hacia los cuatro manifestantes. El policía saca un formulario y comienza a interrogar a los jóvenes, inmediatamente intimidados por la repentina aparición. El más alto de ellos, elegantemente vestido, comienza a conversar con el agente mientras el resto enmudece con seriedad y mira al servicio de seguridad de la embajada, ajeno por completo a lo que está pasando. El movimiento del bolígrafo sobre el papel parece indicar que el policía está levantando parte de los nombres de los manifestantes, mientras otro coche de policía hace aparición. Es el servicio secreto de seguridad de la Casa Blanca, los mismos que interrogaron a Michael Moore en su documental Fahrenheit 9/11.
La escena se prolonga durante unos minutos, invisible para los ojos del resto de peatones, que sigue pasando delante de ellos como si nada estuviera pasando. Al cabo de unos instantes el grupo de policías y manifestantes se disuelve dejando una inquieta sensación de calma y agua pasada. El servicio de seguridad de la embajada permanece dentro de su furgoneta, perdiendo la sonrisa con la que observaban la inocente escena antes de la aparición de los policías. Paradójicamente no estamos en Kiev, sino en Washington, DC, en el corazón de los Estados Unidos de América. The land of the free.
La vida sigue su curso, peatones en movimiento, coches circulando por la calle y el servicio de seguridad de la embajada, vestido de incógnito, observa la escena entre sonrisas de condescendencia, cómodamente sentados en una furgoneta negra aparcada en la calle lateral del edificio. No hay nada por lo qué preocuparse.
En un instante un coche de policía hace aparición y aparca junto a la puerta de la embajada, dirigiéndose su conductor hacia los cuatro manifestantes. El policía saca un formulario y comienza a interrogar a los jóvenes, inmediatamente intimidados por la repentina aparición. El más alto de ellos, elegantemente vestido, comienza a conversar con el agente mientras el resto enmudece con seriedad y mira al servicio de seguridad de la embajada, ajeno por completo a lo que está pasando. El movimiento del bolígrafo sobre el papel parece indicar que el policía está levantando parte de los nombres de los manifestantes, mientras otro coche de policía hace aparición. Es el servicio secreto de seguridad de la Casa Blanca, los mismos que interrogaron a Michael Moore en su documental Fahrenheit 9/11.
La escena se prolonga durante unos minutos, invisible para los ojos del resto de peatones, que sigue pasando delante de ellos como si nada estuviera pasando. Al cabo de unos instantes el grupo de policías y manifestantes se disuelve dejando una inquieta sensación de calma y agua pasada. El servicio de seguridad de la embajada permanece dentro de su furgoneta, perdiendo la sonrisa con la que observaban la inocente escena antes de la aparición de los policías. Paradójicamente no estamos en Kiev, sino en Washington, DC, en el corazón de los Estados Unidos de América. The land of the free.






