12b. The land of the free (2a parte)
Miércoles, 23 de noviembre, doce de la mañana, el día después. La situación se ha complicado gravemente en Ucrania después de la autoproclamación de Víktor Yushchenko –el líder de la oposición y candidato de la calle- como vencedor y nuevo Presidente de Ucrania, mientras el Comité Electoral anunciaba los resultados oficiales de las elecciones, que daban al otro Víktor, Yanukovych, -el candidato del poder- como el candidato más votado –pucherazos aparte-. Revuelta en las calles, enfrentamiento entre los partidarios del candidato del poder y el candidato de la calle, y la amenaza rusa cercana –se habla de la llegada de aviones con soldados rusos a los principales aeropuertos del país-. 1991 y la independencia no quedan tan lejos, ¿qué son, al fin y al cabo, 13 años frente a 300 años de asociación de la república a la Federación Rusa?
Miedo a la confrontación política y movimientos en las principales embajadas de Ucrania del mundo, entre ellas la situada el 3350 de la calle M de Washington DC, a apenas unos metros de nuestra casa, donde más de 500 manifestantes, llegados a bordo de autobuses desde diferentes partes del país, se agrupan como muestra de apoyo a su país de origen. Esta vez la escena no pasa desapercibida, como la tímida demostración pacífica de los cuatro manifestantes de la mañana anterior, eficazmente disuelta por los servicios de seguridad de la Casa Blanca, responsables que la seguridad de las embajadas ubicadas en la capital política de Estados Unidos.
Banderas azules y amarillas, estandartes naranjas –el color del partido de la oposición-, carteles que denuncian la violación de la democracia y la asociación del candidato del poder con los poderosos grupos de la mafia rusa, directamente relacionados con las irregularidades de la jornada electoral –se habla de secuestro de pasaportes, chantajes y robo de votos a nivel nacional-. Voces de indignación, altavoces que llaman al no reconocimiento de la victoria oficial por parte del Gobierno Americano y mucha policía rodeando la zona, mientras cámaras de todas las cadenas se agrupan en torno a la escena. La capital política del mundo parece no habituada a las demostraciones y reivindicaciones políticas.
Esta vez los manifestantes pudieron manifestar su opinión, cerrada con una emotiva oración dirigida por una pareja de sacerdotes que se encontraban presentes en la demotración. Ciudadanos que hacen un país, que expresan su voluntad de no querer volver a los vicios y a la manipulación del pasado, a reconocerse como identidad propia, dentro de la integración con Europa, distanciándose de la órbita de su poderoso vecino del Este. ¿Cómo terminará esta historia? Por el momento Washington no se pronuncia, aunque tampoco ha reconocido la victoria oficial. Esperemos que la paralización del país con las próximas celebraciones de Thanksgiving -a celebrarse mañana-, la renovación del Gabinete político –en funciones hasta que se designe oficialmente el nuevo Gabinete-, y los compromisos morales adquiridos con Putin tras el reciente apoyo de este último a Bush en las recientes elecciones americanas no le hagan perder a este país la condición de garantes de la democracia que se le presupone. Al fin y al cabo, isn’t is this “the land of the free”? (-¿no es esta la tierra de los libres?-), ¿o lo es sólo cuando hay intereses económicos propios en juego?.
The land of the free. Que lo sea también hacia fuera.
Miedo a la confrontación política y movimientos en las principales embajadas de Ucrania del mundo, entre ellas la situada el 3350 de la calle M de Washington DC, a apenas unos metros de nuestra casa, donde más de 500 manifestantes, llegados a bordo de autobuses desde diferentes partes del país, se agrupan como muestra de apoyo a su país de origen. Esta vez la escena no pasa desapercibida, como la tímida demostración pacífica de los cuatro manifestantes de la mañana anterior, eficazmente disuelta por los servicios de seguridad de la Casa Blanca, responsables que la seguridad de las embajadas ubicadas en la capital política de Estados Unidos.
Banderas azules y amarillas, estandartes naranjas –el color del partido de la oposición-, carteles que denuncian la violación de la democracia y la asociación del candidato del poder con los poderosos grupos de la mafia rusa, directamente relacionados con las irregularidades de la jornada electoral –se habla de secuestro de pasaportes, chantajes y robo de votos a nivel nacional-. Voces de indignación, altavoces que llaman al no reconocimiento de la victoria oficial por parte del Gobierno Americano y mucha policía rodeando la zona, mientras cámaras de todas las cadenas se agrupan en torno a la escena. La capital política del mundo parece no habituada a las demostraciones y reivindicaciones políticas.
Esta vez los manifestantes pudieron manifestar su opinión, cerrada con una emotiva oración dirigida por una pareja de sacerdotes que se encontraban presentes en la demotración. Ciudadanos que hacen un país, que expresan su voluntad de no querer volver a los vicios y a la manipulación del pasado, a reconocerse como identidad propia, dentro de la integración con Europa, distanciándose de la órbita de su poderoso vecino del Este. ¿Cómo terminará esta historia? Por el momento Washington no se pronuncia, aunque tampoco ha reconocido la victoria oficial. Esperemos que la paralización del país con las próximas celebraciones de Thanksgiving -a celebrarse mañana-, la renovación del Gabinete político –en funciones hasta que se designe oficialmente el nuevo Gabinete-, y los compromisos morales adquiridos con Putin tras el reciente apoyo de este último a Bush en las recientes elecciones americanas no le hagan perder a este país la condición de garantes de la democracia que se le presupone. Al fin y al cabo, isn’t is this “the land of the free”? (-¿no es esta la tierra de los libres?-), ¿o lo es sólo cuando hay intereses económicos propios en juego?.
The land of the free. Que lo sea también hacia fuera.
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