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Entre barras y estrellas
Experiencias de un "alien" en washington (USA)
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"Viajar, como los libros, se empieza con incertidumbre y se termina con nostalgia"



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04. Año nuevo, casa nueva


Empieza a ser una nueva tradición desde hace ya 3 años... celebrar cada año que voy cumpliendo separado de mis raíces -que no de mi gente- en lugares y hogares que nunca hubiera imaginado un año antes... los 26 y los 27 en Tegucigalpa y los 28 en Washington... ¿para cuándo una celebración tradicional?... mejor no hacerse propósitos, ¿verdad?

Así, este año, especialmente movido, la celebración me pilló entre maletas y mudanzas hacia la que será, “si nada lo remedia”, nuestro nuevo hogar durante los próximos meses: nuestra casita azul en Georgetown. (la última –a la izquierda- en la foto 1).

Poco os contaré sobre la casa (prefiero que la veáis algún día vosotros mismos), salvo que se trata de un dúplex en una de esas viviendas que te demuestran que, entre otras, este país bebe de las fuentes de la más pura influencia británica... house in a row junto al canal de Cheasepeake & Ohio, antiguamente la principal vía de comunicación entre el río Potomac y el puerto tabacalero de Georgetown (ya abandonado) –principal y casi única fuente de ingreso de esta región hasta que se convirtió en la capital política de la nueva nación-.

Calles y casas antiguas que respiran historia, que os iré contando en pequeñas dosis, las 13 colonias, la independencia, la guerra civil, la expansión –el go west hacia el oeste, la guerra con México y Canadá y la tímida colonización del Caribe, concluida con la guerra de Cuba en el 98-, el fin del aislacionismo y el imperialismo actual...

Año nuevo en transición, física e interior, entre la siempre incesante actividad de instalarse en un nuevo sitio (armarios, platos, sábanas y otros tipos de cacharros varios) y momentos de tratar de entender cómo funciona esta nueva sociedad en la que estamos introduciéndonos, y que tan compleja puede parecer en ciertos momentos de confusión.

En estos momentos uno no puede evitar tener presente a los que ya vivieron esta misma experiencia de Estados Unidos (mi hermano Pablo o Mariado) o a los que la vida nos ha ido poniendo delante para enseñarnos que “se viaja mejor con pocas maletas” (Alessandro, Nacho, John Morris y otros varios)... y que “el poder de adaptación del ser humano no tiene límites”, como ya pude comprobar en el 2001 en Flor de Punga, en el Amazonas peruano.

Lecciones que enseña este eterno volver a empezar, al más puro estilo del mito de Atlas, y a pesar de las cuales uno sigue proponiéndose no perder nunca la ilusión por tener los sentidos y la disposición abierta a enamorarse de nuevo, a construirse un nuevo espacio, a tejer una nueva red que te sostenga y que te permita crecer...

y es que ... ¿qué nos quedaría de todo esto si nos vacunáramos contra la novedad? ¿cuál sería el valor de vivir en tránsito sin lo que uno va atesorando en el camino, sin las personas –esa gran familia-, los recuerdos y las raíces que uno va extendiendo allá por donde pasa?

Año nuevo, casa nueva, se abre una puerta y se ilumina un nuevo proyecto ...

... os esperamos!

 
 
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