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Entre barras y estrellas
Experiencias de un "alien" en washington (USA)
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"Viajar, como los libros, se empieza con incertidumbre y se termina con nostalgia"



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07. Too close to call
Avanza la jornada electoral, pasadas ya más de 24h desde que se abrieron los colegios y las urnas. Cifras históricas de participación, dicen, en este país acostumbrado a la baja participación electoral, fruto de tal vez de la ausencia de ideologías marcadas, al complicado proceso necesario para poder registrarse como votante o simplemente a una tradicional mala elección de la jornada electoral (el martes siguiente al primer lunes de noviembre –y no en día festivo como en otras latitudes-).

Atrás queda una larga noche de ojos pegados a las pantallas de televisión en diferentes cadenas con idéntico formato de seguimiento: Fox News, CNN, NBC, ABC y otro sin número de cadenas nacionales y regionales. Calles fantasmagóricas desde las 19h, ninguna mesa queda libre en bares repletos de personas, bullicio, ilusiones y escepticismo en lo que en España podría tal vez parecer una final de la Liga de Campeones o un Madrid-Barça de máxima tensión. Nadie se mueve, todos pendientes, se cumplen los pronósticos: será una lucha cerrada de difícil pronóstico donde cada voto será decisivamente tenido en cuenta.

Baile de números, opiniones, cifras, proyecciones y especulaciones. Pantallas llenas de estadísticas, mapas, pizarras virtuales interactivas y salones repletos de analistas que comparten en pequeñas dosis su sabiduría en estas cuestiones. “El presidente arrebata el estado de Arkansas, demócrata desde los tiempos de Clinton, pero el senador ha conseguido recuperar New Hampshire”. El marcador se mueve poco a poco, como si fuera un partido de fútbol. Bush 190 - Kerry 140, tendremos ganador en cuanto se lleguen a los 270.

Todo parece indicar que Florida esta vez cederá cordialmente su protagonismo del 2000 a la desde hoy mundialmente famosa Ohio, nueva pieza clave en estas elecciones. Esta vez el hermano pequeño de George W., Jerry, hizo mejor su trabajo y ató más votos que en la anterior ocasión, y es que a veces es altamente rentable tener mano dura contra Fidel y el bolsillo ligero cuando llegan los desastres naturales –4 huracanes asolaron en el mes de septiembre a este estado bautizado por los españoles en honor a la Pascua Florida-. La nueva onda republicana: embargo, balseros y tormentas como arma electoral. Los canales lo subrayan con sorpresa, “Kerry arrasó entre los jubilados pero los republicanos ganaron el voto latino”. ¿Quién dijo México? América Latina comienza en Miami, y si no que le pregunten a los Estefan, Iglesias o Luis Miguel.

Se pronosticaba una jornada de tensiones y movimientos de intimidación pero el día transcurrió con aparente normalidad. Los jueces prohibieron la entrada de “challengers” demócratas y republicanos (los representantes de los partidos) en los colegios electorales para evitar la propaganda de última hora. En Pennsylvania, donde el voto era electrónico, un colegio denunció que una de las urnas venía de fábrica con un cierto número de votos ya sumado; resultó ser falsa alarma, era el resultado de prueba del aparato que habría de ser puesto a cero al comenzar la votación.

Largas colas, especialmente en los colegios de zonas urbanas y universitarias, en donde se acudió a votar a última hora (consecuencias de haber elegido una jornada laboral). Se decidió cerrar los colegios pero no las urnas hasta que no hubiera votado la última persona presente al momento del cierre. En una entrevista una chica aseguran haber esperado entre 9 y 11 horas para poder ejercer su derecho a voto, entre ojeras y sonrisas juveniles por la larga noche de fiesta vivida, con sus 19 primaveras era su primera elección. “A pesar de todo me temo que ganará Bush”, dice, desvelando indirectamente por quién le merecía tan larga espera.

Parece que ganó Bush, coinciden la mayor parte de las cadenas, abiertamente partidarias del presidente. El último video de Bin Laden, difundido el viernes pasado, sospechosamente 4 días antes de las elecciones, hizo recordar a muchos que “estamos en guerra” y, como todos hemos podido comprobar, “el presidente es un hombre de guerra”. Bush no es el hombre para gestionar el presupuesto pero sí para gestionar la amenaza terrorista, dicen las encuestas a pie de urna. Es el peso de la América profunda, la estática, la que menos flujo de personas recibe, la de los estados del centro, la rural, la de las granjas, la fiebre del oro y los grandes espacios. La América abiertamente republicana y que más teme al terrorismo, mucho más que la otra, la de las costas –Este y Oeste- y las grandes ciudades, demócrata, paradójicamente la que sufrió los atentados del 11-S y la que probablemente más expuesta esté en la actualidad a la tan citada amenaza.

En un momento de la noche, tras la salida del trabajo, fuimos invitados a una fiesta casera para seguir el inicio de la jornada electoral. La nota exótica y europea entre caras nuevas, mapas de Estados Unidos en las paredes, banderas, insignias, colgantes y una surtida mesa al más puro American way of life, hotdogs, Budweisers, muffins, pasta a la americana y un par de fuentes con galletas Oreo, chocolates, queso y crackers. ¿Quién dijo que no toda mezcla es posible? Entre paradójicos bocados pudimos escuchar de primera mano algunos de los mecanismos de lo que habría de esperarse y, por vez primera en la noche, aprendimos la frase que habrá de protagonizar las próximas horas –algunos opinan que incluso días- hasta que se anuncie oficialmente el resultado final de estas elecciones de 2004. “It is too close to call” – está muy ajustado como para dar un veredicto -.

Too close to call. Lo dicen las cadenas de televisión por cable, los periódicos, los camareros, los conductores, los trabajadores federales de traje y corbata, los estudiantes, los inmigrantes, los que caminan por la calle y hasta los que están allí sentados, como si no fuera con ellos, sin casa y sin techo, sobre los bancos de cualquier plaza, desde Farragut Square hasta Lafayette, frente a la Casa Blanca, donde periodistas de todas las cadenas tratan de mantener el tipo sabiendo que les queda un duro trabajo por delante. Al menos el tiempo está siendo clemente y, desde hace ya dos días, una tímida primavera otoñal adorna las calles llenas de hojas caídas y árboles que, como semáforos, alternativamente marcan verdes, rojos y amarillos.

Esperaremos enganchados a los medios, aunque con calma. Al fin y al cabo, y entre nosotros, sabemos que de uno u otro lazo, azules (demócratas) o rojos (republicanos), al final no cambiarán mucho las cosas. Las corporaciones seguirán controlando a estos políticos, hipotecados por el altísimo coste de la campaña electoral (600 millones de dólares), el presupuesto este país, el de mayor deuda del mundo, seguirá sin permitir grandes juegos malabares con proyectos de sanidad o educación y los desheredados, los de aquí y los del resto del mundo, seguirán cayendo cada día un poquito más en el pozo de la absoluta falta de oportunidades. Como bien dijo Ricardo Lagos –presidente de Chile- hace un año y medio en un evento organizado por el PNUD en Tegucigalpa, “No hay democracia si no hay posibilidad entre elegir entre varias opciones diferentes”. Too close to call.
 
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