logotipo

img_google

Entre barras y estrellas
Experiencias de un "alien" en washington (USA)
Acerca de
"Viajar, como los libros, se empieza con incertidumbre y se termina con nostalgia"



 Bitacoras.com
Sindicación
 
08. W
Cierre de esta crónica-trilogía de campaña política-electoral-militar. Victoria, como ya saben, de quien defendía el cinturón de campeón, el saliente (y de nuevo entrante) ex gobernador de Texas, George W. Bush, o simplemente W, como sus asesores de campaña han querido presentarlo en esta interminable campaña que finalmente llega a su final.

Y es que no hay mal que por bien no venga. El propio vencedor lo reconocía ayer tarde, frente a sus fieles en el Ronald Reagan Center de Washington DC, a unos pocos metros del lugar desde donde escribo ahora: “Gracias por haberme apoyado en mi última campaña electoral”, les dijo a sus hijas frente al fervor popular. Tímido consuelo; al menos sabemos cómo acaba esta película de serie-B: serán otros cuatro años y ninguno más.

El hijo consigue lo que no pudo lograr el padre. Metáfora alegórica con ciertos matices cristianos, que W se encargó de subrayar. “Al fin se hizo justicia”, aseguraba, “Ayer vi a mi padre lleno de orgullo hacia mí. Espero que aquella amarga derrota haya quedado compensada.” La dinastía se prolonga, mientras la sombra del hijo pequeño, Jeff, se alarga desde Florida. No han sido el primer tándem padre-hijo (primero estuvieron los Adam –2º y 6º presidentes) pero si serían la primera trilogía americana, al más puro estilo de los Somoza nicaragüenses.

Se dice desde Europa que es la victoria del miedo, de la amenaza terrorista y del fantasma de Bin Laden. Nada más lejos. Es la victoria de la moral, o de la moralina, de la ortodoxia, de la restricción de los derechos de los homosexuales en 11 estados, de la investigación sobre células madres, de la prohibición del uso terapéutico de la marihuana, de la familia tradicional y del “yo gobierno basándome en la fe y no en la razón” con el que W resume su ideario político, al más puro estilo de los extremismos islámicos, y con el que se identifica una gran parte importante del país, la América más profunda.

Victoria y derrota, cogidas de la mano como hermanas siamesas. Y es que, a pesar del esfuerzo y de la ilusión puesta en la mesa, el partido demócrata ha demostrado, una vez más, como hace 4 años con Al Gore, que no tiene a nadie mejor que pueda derrotar a W. Se apostó por el caballo equivocado, un miembro de la elite política bostoniana con un discurso sofisticado y gran experiencia en el Congreso. Otro JFK, decían, John F. Kerry. Una veleta expuesta largamente al viento de las estrategias de partido, habiendo votando en su momento un día a favor de la guerra de Irak y a los meses condenándola. “Flip-flop”, le llamaban los republicanos, precisamente el modelo de político que pretendía evitar el americano de a pié cuando votó en su día a W.

País de contrastes y divisiones, cada vez más profundas, como uno y otro candidato recordaron ayer tarde. “Es tiempo de comenzar a curar muchas heridas”, dijo Kerry, inspirado por la increíble exaltación que el país ha vivido estos días. “Si permanecemos unidos no habrá limite a la grandeza de América”, dijo Bush, tratando de comenzar a recuperar a los que nunca tuvo, a los que nunca le votaron, ni ahora ni en el 2000, como a ese sonrojante y espectacular 90% que votó en su contra en el corazón político del país, Washington DC. Pocas veces se ha visto una capital que rechace de semejante manera a su presidente.

Cierre de bandera, cuatro años por delante. Tristeza entre los que ansiaban cambio, la otra mitad del país, y júbilo entre los que adoran al presidente. Titulares de prensa a toda página, ruedas de prensa, análisis y alza en la bolsa de Wall Street mientras el resto del mundo se frota los ojos sorprendido y se pregunta, “¿qué implica esto?, ¿quién sale ganando?, ¿en qué nos puede afectar?”. El tiempo dirá, aunque, créanme, no hubiera sido muy diferente si el resultado hubiera sido el contrario. Al fin y al cabo, la política en esta tierra hace tiempo que vive cautiva, y si no repasen algunas de las políticas de Clinton, que también bombardeó a Irak, apoyó bloqueos y embargos, mintió a su país (y a su mujer), financió dictadores y guerrillas y se olvidó de los de abajo, aquellos que desde ya podemos estar seguro que van a terminar perdiendo.

Habemus papam. W.
No