Algo que debo
Siempre falta cuando son palabras.
Siempre el tiempo nos corre en la carrera de la vida.
Siempre se encuentra algún descanso en las retinas
cuando una mano se asoma y es amiga.
Cuando en vértigo del reloj nos pone,
cuando el boliche cierra en madrugadas
se queda uno vacilante en una esquina
y aparece la sombra que de atrás nos mira.
Y uno camina sinuoso, errante, esquivo
sin darse cuenta que los árboles le gritan
que el viento suave nos lleva y acaricia
por el sendero que a nuestra casa arriba.
Y ahí están, seguros vigilantes
aunque uno ignore o falte estima
para calmarnos cuando uno lo necesita
esos hermanos que la vida nos arrima.
Y esta Gustavo, el Perro o Alejandro que me enciman,
tal vez con Pablo o un Batata, - Dale, vamo arriba!!
Y los miro atónito sin decir palabra
porque es poco todo lo que en mi cabeza rima.
Y es difícil entender que el silencio es cosa seria
y es difícil entender que allí se funda el respeto
y que la vida en esencia es eso
llevar a Juan en todos un poco adentro.
Que simple es tropezar cayendo en el agujero
pero que lindo es sentir que sin gritar desesperos
surgen sus manos bien limpias
y uno flota en el misterio
de esa amistad verdadera que aflora sin ningún pero,
que lucha contra esa muerte y brota de mi garguero,
muchas gracias linda gente, con mi silencio los quiero.
Pa’ esa barra que me ayudo sin cansancio. Que un día me dio una sorpresa que jamás la voy a olvidar: una guitarra con la cual adornar mis soledades. A esas noches de timba y madrugada. Sanas, siempre sanas.
Al viejo Juan que me hizo comer carne cruda, a los “pelos blancos” de sus locuras.
Siempre el tiempo nos corre en la carrera de la vida.
Siempre se encuentra algún descanso en las retinas
cuando una mano se asoma y es amiga.
Cuando en vértigo del reloj nos pone,
cuando el boliche cierra en madrugadas
se queda uno vacilante en una esquina
y aparece la sombra que de atrás nos mira.
Y uno camina sinuoso, errante, esquivo
sin darse cuenta que los árboles le gritan
que el viento suave nos lleva y acaricia
por el sendero que a nuestra casa arriba.
Y ahí están, seguros vigilantes
aunque uno ignore o falte estima
para calmarnos cuando uno lo necesita
esos hermanos que la vida nos arrima.
Y esta Gustavo, el Perro o Alejandro que me enciman,
tal vez con Pablo o un Batata, - Dale, vamo arriba!!
Y los miro atónito sin decir palabra
porque es poco todo lo que en mi cabeza rima.
Y es difícil entender que el silencio es cosa seria
y es difícil entender que allí se funda el respeto
y que la vida en esencia es eso
llevar a Juan en todos un poco adentro.
Que simple es tropezar cayendo en el agujero
pero que lindo es sentir que sin gritar desesperos
surgen sus manos bien limpias
y uno flota en el misterio
de esa amistad verdadera que aflora sin ningún pero,
que lucha contra esa muerte y brota de mi garguero,
muchas gracias linda gente, con mi silencio los quiero.
Pa’ esa barra que me ayudo sin cansancio. Que un día me dio una sorpresa que jamás la voy a olvidar: una guitarra con la cual adornar mis soledades. A esas noches de timba y madrugada. Sanas, siempre sanas.
Al viejo Juan que me hizo comer carne cruda, a los “pelos blancos” de sus locuras.





