Cosas de la vida cotidiana...
A falta de papel y lápiz tengo este tapiz blanco ante mis ojos que reflejara mis sentimientos y andanzas en tierras Valencianas.
La vi, se sentaba un día por la Calle Mayor en su butaca. Allí, las butacas, no todas pero algunas tienen nombre, por mas que sean públicas. Yo caminaba por la peatonal al alba para mi trabajo y ella bordaba su pañuelo sin parar. No me miro, yo si.
Tal vez de mi edad , con rostro serio, de esos rostros que dejan ver la guerra civil española, no se porque la comparo a este episodio.
Tal vez sus ropas, grises, viejas, tristes. Peinada hacia atrás con un moño elegante seguía bordando. Me entrepare y seguí rumbo a mi destino. Casi al doblar la esquina, gire en torno a su vista y reconocí, creo una esbozada sonrisa.
Luego de la jornada laboral siempre vuelvo por la calle mayor. Y gran sorpresa allí estaba!
No pude contenerme, me acerque hasta el banco menos distante, me senté y la miraba como bordaba. Seguía Bordando! Me recordó a Penélope, que tejía y destejía...
Pero ella no, seguía igual que en la mañana, concentrada en su trabajo.
Mil cosas se me pasaron por lamente; como se llamaría, sería de San Vicente, estaría casada... Lo que si se es que mi coraje no dio en aquel momento para acercarme a intercambiar palabras.
Me levante y me fui . De reojo la miraba. Parecía que me ignoraba, me sentí avergonzado. Pensé en mi esposa e hijos y pensé en contarles a quien había conocido ya que debería ser un personaje típico de aquí..., no lo se.
Al otro día no trabajaba, era sábado. Cuesta un poco acostumbrarse a la buena vida otorgada por los Españoles. Tomando mate en el living de casa me pico la curiosidad de aquella muchacha.
No se porque pero salí de mate y termo por la calle mayor. El día estaba nublado y misteriosamente en esta zona caían unas gotas raleadas con un calor agobiante.
Para mi sorpresa allí, en la otra calle, estaba ella. Estupefacto afine mi vista y vi que bordaba. Me ungí de coraje y salí directo a ella. El irresistible corazón palpitaba temiendo no tener respuesta.
Sin mediar palabras me senté al lado de ella en un banco y le dije buenos días buena moza. No me contesto, siguió bordando como si yo no existiera.
- Perdón señora, la molesto?
Nada...
- Disculpe me fascina su afán por la belleza de sus bordados...
Silencio.
De pronto tras de mi una voz masculina interrumpía el monólogo; - Le gusta?, la hicieron en 1755 y desde ese día esta ahí sentada, esperando a su caballero que fue a las Cruzadas, su nombre es Otilde...
Una sonrisa , no se como, brotó de mis entrañas.
-Gracias le dije al anciano
-Vale , chaval...
Gire, cebé un mate, la mire nuevamente y en mis adentros no podía creerlo!
Hace días que quiero hablar y hable con una estatua...
Cosas y enredos de la vida cotidiana.........
La vi, se sentaba un día por la Calle Mayor en su butaca. Allí, las butacas, no todas pero algunas tienen nombre, por mas que sean públicas. Yo caminaba por la peatonal al alba para mi trabajo y ella bordaba su pañuelo sin parar. No me miro, yo si.
Tal vez de mi edad , con rostro serio, de esos rostros que dejan ver la guerra civil española, no se porque la comparo a este episodio.
Tal vez sus ropas, grises, viejas, tristes. Peinada hacia atrás con un moño elegante seguía bordando. Me entrepare y seguí rumbo a mi destino. Casi al doblar la esquina, gire en torno a su vista y reconocí, creo una esbozada sonrisa.
Luego de la jornada laboral siempre vuelvo por la calle mayor. Y gran sorpresa allí estaba!
No pude contenerme, me acerque hasta el banco menos distante, me senté y la miraba como bordaba. Seguía Bordando! Me recordó a Penélope, que tejía y destejía...
Pero ella no, seguía igual que en la mañana, concentrada en su trabajo.
Mil cosas se me pasaron por lamente; como se llamaría, sería de San Vicente, estaría casada... Lo que si se es que mi coraje no dio en aquel momento para acercarme a intercambiar palabras.
Me levante y me fui . De reojo la miraba. Parecía que me ignoraba, me sentí avergonzado. Pensé en mi esposa e hijos y pensé en contarles a quien había conocido ya que debería ser un personaje típico de aquí..., no lo se.
Al otro día no trabajaba, era sábado. Cuesta un poco acostumbrarse a la buena vida otorgada por los Españoles. Tomando mate en el living de casa me pico la curiosidad de aquella muchacha.
No se porque pero salí de mate y termo por la calle mayor. El día estaba nublado y misteriosamente en esta zona caían unas gotas raleadas con un calor agobiante.
Para mi sorpresa allí, en la otra calle, estaba ella. Estupefacto afine mi vista y vi que bordaba. Me ungí de coraje y salí directo a ella. El irresistible corazón palpitaba temiendo no tener respuesta.
Sin mediar palabras me senté al lado de ella en un banco y le dije buenos días buena moza. No me contesto, siguió bordando como si yo no existiera.
- Perdón señora, la molesto?
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Silencio.
De pronto tras de mi una voz masculina interrumpía el monólogo; - Le gusta?, la hicieron en 1755 y desde ese día esta ahí sentada, esperando a su caballero que fue a las Cruzadas, su nombre es Otilde...
Una sonrisa , no se como, brotó de mis entrañas.
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Comentario:
.....oooO.............
....(....)....Oooo....
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.....(_/.......)../...
.............. (_/....
... PASÉ POR .......
.......... AQUI ......
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y me encantó tu historia ;)
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