La espera
La espera es dura.
El tiempo se detiene, se alarga y se ensancha en un vaivén de acordeón tanguero. Después, lo duro, la cabeza, que tantas veces ayuda se vuelve enemiga acérrima de tus sentimientos. Te traiciona, te lleva de aquí para allá, busca olores registrados, busca sonidos y caras: no encuentra.
Pero cuando encuentra se dispara, se dispara tal cual saeta, en un vuelo infinito hacia lo profundo. Tu cuerpo se contorsiona evitando el flechazo certero directo al corazón, directo al sentimiento, a los recuerdos.
Se mezcla todo se vomita el dolor y las ansias, se oprime el cerebro físico de aquel infinito cerebro intangible.
Sucede aquí y allá. Sucede siempre ante un esfuerzo indómito de la naturaleza. Es fuerte y débil. La carne lo soporta y usa sus mecanismos de defensa. Sus mecanismos de escape, de liberación.
Pero siempre rondan, rondan.
Están al acecho.
El tiempo se detiene, se alarga y se ensancha en un vaivén de acordeón tanguero. Después, lo duro, la cabeza, que tantas veces ayuda se vuelve enemiga acérrima de tus sentimientos. Te traiciona, te lleva de aquí para allá, busca olores registrados, busca sonidos y caras: no encuentra.
Pero cuando encuentra se dispara, se dispara tal cual saeta, en un vuelo infinito hacia lo profundo. Tu cuerpo se contorsiona evitando el flechazo certero directo al corazón, directo al sentimiento, a los recuerdos.
Se mezcla todo se vomita el dolor y las ansias, se oprime el cerebro físico de aquel infinito cerebro intangible.
Sucede aquí y allá. Sucede siempre ante un esfuerzo indómito de la naturaleza. Es fuerte y débil. La carne lo soporta y usa sus mecanismos de defensa. Sus mecanismos de escape, de liberación.
Pero siempre rondan, rondan.
Están al acecho.





