logotipo

img_google
Se nos va a dar
Citas diarias y relatos. Poemas, cuentos de autoría propia.
Acerca de
Solo un momento, un robar el tiempo no permitido. Desde hace mucho que somos y seremos CIUDADANOS del MUNDO. Nos ha tocado vivir una revolución tecnológica la cual nos brinda lo escencial en los seres humanos: la comunicación. Sin más ni menos, pretendo aqui encontres , no lo que buscas, sino lo que no buscas... De otra manera seria un seguir de largo como tantas veces lo hacemos en la vida. Me permito y acepten si ustedes quieren, penetrar en las líneas y así darnos cuenta que hay "más" de lo que uno espera. A ustedes quienes serán los que hagan perdurar la esfímera vida de este espacio minúsculo, colaboren con sus comentarios, pues de sa manera creamos un espacio abierto y aprendemos de nuestos errores.
Sindicación
 
Un Sábado como tantos.
Años después, tal vez demasiados, en una reunión de Alcohólicos Anónimos, me definía como un borracho. Nunca dejaré de llevar en alto mis virtudes y defectos. Por eso esta historia, este trocito de vida escrito en la sobriedad de la amargura.

La puerta se golpeó tras de mí violentamente. Mis zapatillas nuevas se alejaron por las escaleras, con ecos sordos y urgentes, como para que nadie me viera. La nube de mis ojos se despejó con la brisa de la calle.
Caminé, caminé sin sentido, sin timón, y me topé con los muros del Estadio. ¿Qué hago?, me dije, más no supe responder…
Un leve giro de mi cuerpo y el instinto me guió hacia donde siempre te esperan. El lugar donde nadie pregunta y todos te entienden en el silencio del vidrio. Entré al boliche y el mostrador fue mío. Un ademán solamente bastó para que tuviese delante de mí una doble con limón. El bolichero, en su oficio, la doma y sirve. Otra vez la nube.
Me ataca y no se mueve. El vaso está conmigo. -¿Agua o soda?-. Lo de siempre tuerto. Ahora los dos vasitos me miran y no los toco. Me acuerdo de mis niños. Pienso y estoy harto. Harto de tanta dureza. Harto de que mi casa sea lesa. Miro la hora: las 15 y 30. Puta, hoy es sábado. Le pregunto a Fernando si hoy hay partido. - Hoy no Sosita, fecha libre , ta quieta la cosa -.
Por un momento pensé ir al talud no importando quién jugase. Simplemente buscaba matar la tarde, encontrar un lugar. El parque es muy frío sin mis hijos.
El boliche me acepta y ahí me quedo; solo…, impotente…
¡Solo y hoy es sábado!. Sábado donde los padres hacen rodar la pelota en el olor a pasto de las plazas Mis ojos se entornan y me ubico donde estoy. El vaso de grapa está todavía intacto. Han pasado 10 minutos y no lo he tocado, pero se que me acompaña. Tomo un traguito solamente para que nadie sospeche. Mi vista deambula entre las botellas del estante. Las recorro una a una, una y otra vez hasta que me canso. Oyama, Jerezano, Cinzano, Bitter, Royal Gold, Bols...
La grapa me mira como pidiendo que la devore. -¡Tate quieta!-. Dame tiempo para despejar mi nube con el viento de la razón , con mi conciencia. Déjame ver el boliche.
Déjame contar los minutos que van pasando.
Un borracho sucio, me pide fuego. No tengo. Me hace acordar del cigarro; tampoco tengo.
Las botellas del estante superior tienen etiquetas amarillentas. El tiempo ha horadado sus semblantes. Casi, casi, diría que están de muestra, añejándose lentamente sin que nadie le importe y note.
La puerta me distrae.
Sábado. Sábado de familia, ¡qué tristeza!
Cómo me gustaría que hubiese partido en el Estadio.
Sábados de fútbol: para mí de familia. ¡Qué linda palabra!
Los afiches del entorno dan el gusto a "viejo". Un almanaque del año 62 me llama la atención desde la esquina.
Mis hijos deben estar nerviosos. Pensar que golpeé la puerta y me marché.
Ya no importa. Si lo hice es por principios. ¡Ése es su padre! Quién no doblegará jamás sus valores. Ojalá nunca se pierdan, pues estos no se prestan, no se alquilan, no se compran, no se venden, no se aprenden, sino que vienen con la carne y con la carne crecen y con la carne mueren.
Otro sorbito a la grapa. En una esquina, las cerámicas viejas, esperan el café caliente. Botellitas de vino fino adornan rincones. El mostrador es mío. Desde una punta un molinete y la vieja máquina de sumar me miran. El horno a leña con desdibujados ladrillos de barro, abre sus fauces dejando ver el rojizo del brasa casi menguado.
Sábado. El solcito se cuela por las ventanas dibujando sombras, contrastando el oscuro suelo con tiesas figuras que se proyectan sin destino, sin ritmo, lúgubres, aprisionadas.
De a poco voy aflojando la amargura e impotencia que llevo dentro. Todo me pesa. Todo lo que hemos vivido. Todo me hace pensar en mi hogar.
Mi compañera, que no se que es lo que quiere. Pensar que hemos pasado por momentos duros, realmente duros y no comprendo. No comprendo por que el choque es inevitable.
No entiendo por que siempre estoy solo. En estos momentos difíciles siempre estoy solo. Busco el apoyo y veo un montón de ganas que no se arriman. Dudo. Me culpo. Los culpo. No se… Lo cierto es que esto no se hace soportable.
Un pitido marca las 16 horas. Corre la tarde y estoy escribiendo en un viejo cuaderno con mi viejo lápiz. Pero aquí, en mi mundo de boliche, éste me acepta en mis locuras, mis defectos y virtudes y nada recrimina.
Pienso en mi casa. ¿Me estarán buscando? ¿Será hora de irme?
Me piden un cigarro pero no tengo.
El tiempo se me hace largo; por suerte escribo.
La nube de mis ojos se estrella contra el estaño salpicando mis gruesos dedos.
Del techo cuelga un farol que no le importa su condición de "cosa". Ahí veo que soy una "cosa" más en mi boliche. Tengo que irme.
Son las 16 y 15, hora del mate, hora de llegar a casa. Más sinceramente, no tengo ganas…
Recorro una vez más una de las filas de botellas: Ron, Jerez, Manzanilla, Grapa miel, pero no la del “Pobre Marino”, ésa si que es buena.
Me llama mi vaso solo.
He visto gente demorar horas en tomar una copa. Generalmente son viejitos, gente ded campo, gente que busca el reducto, gente que tiene la necesidad de asesinar al tiempo de alguna forma. Se piden su caña, y esperan a que llegue la hora. La hora de irse, la hora del sueño, la hora de seguir mamando el día…
Hoy yo, hice exactamente lo mismo. Vine al boliche, pedí una grapa y esperé a que el día me de su venia.
Ya escribí lo que quería o tal vez lo que debía o no debía. No se.
Seguro que ahora vendrá el reproche.
El por que de mis actos.
Pero no contestare al interrogatorio.
No lo haré pues soy honesto y no debo nada a nadie. Hago lo que pienso y en eso me afirmo y tiemblo.
No merezco que me fallen.
No merezco que me golpeen sin criterio.
Soy duro en mis respuestas pero estimo que soy justo, simplemente justo.
Ahora, rumbo al rancho. La grapa se me acaba en un tranco largo y se que mis hijos no saben que su padre los extraña.
No