Al 143.
Viejo papel garabateado en una bolsa llena de recueros, encontraba una fría mañana letras de mi madre. Aunque conservé la esencia de sus palabras corregí algunas cosas que a mi criterio daban mejor entendimiento al texto.
Viejo y querido 143...
Viste nacer mi barrio, pasaste cuando todo era zanja y esperaste a mi madre cuando se atrasaba para ir a su empleo; o tú te adelantabas, no se; anduviste por el viejo Camino Propios hoy ya Boulevard, cuando era angostito, once pasos tenía, ¡si los habré contado cuando cruzaba!, tal vez para ir a la panadería o al almacén, y tu siempre pasabas de testigo, llevándonos y trayéndolos a la vieja Unión.
La de mis días de tías Isabel e Isolina, la del Toto y La Sarita; luego me llevaste cinco años a mi querida Escuela Industrial; esas madrugadas y a las siete y cuarto tú siempre al firme. No fallabas.
Fuiste el de mi primer amor, ese que nunca se olvida, amor de los 12 años, con su gorra echada hacia atrás y su diente de oro; aquellos ojos verdes agrisados que asomaban en tu plataforma.
Aquellas caminatas por 8 de Octubre hasta Comercio donde vacío, emprendías tu nuevo viaje.
Luego te abandone.
Me fui del barrio y por muchos años no te usé, pero la vida y sus vueltas, me devolvieron a mi vieja Neyra y ahí estás.
Ahí sigues por el renovado Ramón Anador y siempre por el viejo Propios, más como no podía ser de otra manera me llevas y me traes a mi trabajo.
Eres como mi abuelo, como parte de mi familia, viejo y querido.
Gracias, mí amado 143!!
Escrito allá por el siglo pasado en los años 88.
Ya avanzado el siglo XXI, se siguen cumpliendo las letras de mi madre.
Viejo y querido 143...
Viste nacer mi barrio, pasaste cuando todo era zanja y esperaste a mi madre cuando se atrasaba para ir a su empleo; o tú te adelantabas, no se; anduviste por el viejo Camino Propios hoy ya Boulevard, cuando era angostito, once pasos tenía, ¡si los habré contado cuando cruzaba!, tal vez para ir a la panadería o al almacén, y tu siempre pasabas de testigo, llevándonos y trayéndolos a la vieja Unión.
La de mis días de tías Isabel e Isolina, la del Toto y La Sarita; luego me llevaste cinco años a mi querida Escuela Industrial; esas madrugadas y a las siete y cuarto tú siempre al firme. No fallabas.
Fuiste el de mi primer amor, ese que nunca se olvida, amor de los 12 años, con su gorra echada hacia atrás y su diente de oro; aquellos ojos verdes agrisados que asomaban en tu plataforma.
Aquellas caminatas por 8 de Octubre hasta Comercio donde vacío, emprendías tu nuevo viaje.
Luego te abandone.
Me fui del barrio y por muchos años no te usé, pero la vida y sus vueltas, me devolvieron a mi vieja Neyra y ahí estás.
Ahí sigues por el renovado Ramón Anador y siempre por el viejo Propios, más como no podía ser de otra manera me llevas y me traes a mi trabajo.
Eres como mi abuelo, como parte de mi familia, viejo y querido.
Gracias, mí amado 143!!
Escrito allá por el siglo pasado en los años 88.
Ya avanzado el siglo XXI, se siguen cumpliendo las letras de mi madre.





