Un cristal y miles de kilometros.
UN CRISTAL Y MILES DE KILOMETROS
Tan solo unos minutos... Allí, en un cuadradito de mi celda, mi prisión voluntaria, están ustedes. Los escucho y veo. Pero mi tacto se diluye en impotencia. Y se disgrega el abrazo, el olfato, la risa sonora, el eco.
Crecen dudas y se otean ilusiones. Las miradas quedan en silencios con mil palabras oprimidas entre el perdón y el miedo. Todo se marcha con un click en la pantalla de ladita máquina que tanto une y separa. Me persigue el arraigo y el desarraigo. Todo queda en silencio y como avalancha se raya tan solo un poco el cristalino en rocas que desgarran mis mejillas estrellándose en el piso sucio de mi cárcel a pedido.
Todo se mezcla. La duda con lo incierto, lo cierto con el temor. El temor con las ganas, la impaciencia...
El techo de una pieza y de miles de piezas, se aleja. Se recorta en siluetas de niños que corren, de tumbas recientes o lejanas. Triste precio pero necesario. No percibimos nada por ello. Solo un poco de esperanza imaginaria. Soñar, dicen, no cuesta nada, pero les aseguro que a los que emigramos cuesta, y cuesta mucho.
Tan solo unos minutos... Allí, en un cuadradito de mi celda, mi prisión voluntaria, están ustedes. Los escucho y veo. Pero mi tacto se diluye en impotencia. Y se disgrega el abrazo, el olfato, la risa sonora, el eco.
Crecen dudas y se otean ilusiones. Las miradas quedan en silencios con mil palabras oprimidas entre el perdón y el miedo. Todo se marcha con un click en la pantalla de ladita máquina que tanto une y separa. Me persigue el arraigo y el desarraigo. Todo queda en silencio y como avalancha se raya tan solo un poco el cristalino en rocas que desgarran mis mejillas estrellándose en el piso sucio de mi cárcel a pedido.
Todo se mezcla. La duda con lo incierto, lo cierto con el temor. El temor con las ganas, la impaciencia...
El techo de una pieza y de miles de piezas, se aleja. Se recorta en siluetas de niños que corren, de tumbas recientes o lejanas. Triste precio pero necesario. No percibimos nada por ello. Solo un poco de esperanza imaginaria. Soñar, dicen, no cuesta nada, pero les aseguro que a los que emigramos cuesta, y cuesta mucho.





