<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1" ?><feed xmlns="http://www.w3.org/2005/Atom" xmlns:openSearch="http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/"><title><![CDATA[Irlhadia, el mundo mágico de los sueños]]></title><link rel="http://blogs.ya.com/beeril/atom.xml" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/beeril/atom.xml"/><id><![CDATA[tag:ya.com,2008-03-26:]]></id><generator><![CDATA[http://www.ya.com]]></generator><updated>2008-03-26T09:51:13.830+01:00</updated><entry><title><![CDATA[Vuelo JK 5022]]></title><link rel="Irlhadia, el mundo mágico de los sueños" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/beeril/atom.xml" title="Irlhadia, el mundo mágico de los sueños"/><id><![CDATA[tag:ya.com,2008-03-26:]]></id><summary><![CDATA[Vuelo JK 5022]]></summary><author><name><![CDATA[blogs@ya.com(Beeril)]]></name></author><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="es" xml:base="http://blogs.ya.com/beeril/c_2.htm"><![CDATA[<br/>Iban a sus casas, a pasar las vacaciones, a reunirse con esa parte de la familia que en contadas ocasiones se va a visitar… Iban a vivir, en definitiva. Pero algo falló, y ningún plan era suficiente para librarse de la tragedia. Casi todo el mundo, incluída la tripulación, pereció ayer en un accidente aéreo aún por descifrar. Sólo unos afortunados lograron salvarse, mientras que otros pocos se debaten aún entre la vida y la muerte en una angustia general entre los ciudadanos que no cogimos aquel avión.<br/><br/>Porque lo que nos permite estar vivos o muertos no son las enfermedades o los accidentes que podamos padecer, son las circunstancias de poder contarlo o no. Y seguro que a todos nos hubiera gustado que este vuelo rutinario hubiera pasado desapercibido, que hubiera sido uno de tantos vuelos que despegan y toman tierra horas después, y que la única importancia que se les diera por parte de los usuarios, fuera que, justo después de aterrizar, se averigüara en cuál de las cintas transportadoras iba a aparecer su equipaje. Pero ya no pueden. No pueden por la sencilla razón que este vuelo no ha pasado desapercibido para nadie. Y el destino de casi 200 personas cambió drásticamente en apenas unos segundos.<br/><br/>Para los que consiguieron y consigan sobrevivir, para los familiares de las víctimas, para la sociedad en general, he de decir que estamos vivos. Nosotros sí lo estamos. Y así será siempre y cuando podamos contarlo, siempre y cuando vayamos cumpliendo años, y podamos recuperarnos rápidamente de los posibles contratiempos que nos depare el futuro. Porque la vida nos ha enseñado a no entretenernos en las despedidas como si fuera la última cada vez que salimos de casa, cada vez que se arranca el coche, se coja el tren o se suba a un avión. No pensamos en morir al cruzar el umbral de nuestro hogar, simplemente porque no tenemos miedo –ni pensamos en ello- de no poder regresar.<br/><br/>Y así ocurrió. Quizás los nervios de la primera vez, la sonrisa pícara de algún viajero mientras observaba atento la coreografía de las azafatas antes de despegar, la acción por parte de otros de sacar el móvil y escribir un último mensaje antes que le llamaran la atención… Ellos, definitivamente, no tenían miedo. Sin embargo, la pregunta es:<br/><br/>¿Deberían de haberse despedido más efusivamente?<br/><br/>La respuesta, lógicamente, es no. De la misma manera que se vive, hay un riesgo por ello que nadie puede predecir. Y a menudo surgen oportunidades, ventajas o triunfos que nos alegran siempre la estancia dentro del mundo, como la mujer que obtuvo una plaza fija de profesora e iba a Las Palmas a celebrarlo con sus familiares, pero ¿qué debía haber hecho, quedarse en casa?<br/><br/>Tan sólo lo sabemos ahora, después de lo sucedido, que ese avión debió quedarse en tierra. Posiblemente para su reparación, para su desgüace o para algún fin que la compañía aérea Spanair le tuviese preparado. Pero esa mujer, al igual que, repito, las casi 200 personas que figuraban en las listas de abordo entre tripulación y pasajeros, hubieran cogido otro avión, o quizás no. Quién sabe. El único destino en este mundo es vivir, y ser conscientes de ello.]]></content><updated>2008-03-26T09:51:13.830+01:00</updated></entry><entry><title><![CDATA[¿Cuántas personas en el mundo se están divirtiendo en este momento?]]></title><link rel="Irlhadia, el mundo mágico de los sueños" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/beeril/atom.xml" title="Irlhadia, el mundo mágico de los sueños"/><id><![CDATA[tag:ya.com,2008-03-26:]]></id><summary><![CDATA[¿Cuántas personas en el mundo se están divirtiendo en este momento?]]></summary><author><name><![CDATA[blogs@ya.com(Beeril)]]></name></author><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="es" xml:base="http://blogs.ya.com/beeril/c_1.htm"><![CDATA[La felicidad es el momento en el que se desvía la atención de los pensamientos (muchos de ellos, frecuentes) que más empujan al sedentarismo mental. Porque solemos pensar mucho, y en ocasiones, mal. No se puede ser feliz mientras se piense mal. Por lo tanto, en vez de torturarnos innecesariamente, es preciso que busquemos alternativas. Y la mejor es, sin duda, ver las cosas desde otra perspectiva.<br/><br/>¿Qué cómo lograrlo? Sencillo. Lo primero que se debe tener presente es que no se trata de llegar a ser tan feliz como una perdiz. No conozco a ninguna perdiz contenta, ni mucho menos a una perdiz contenta después de pasar por los hornos de una cocina. De lo que se trata es ser soportablemente feliz, para el día a día.<br/><br/>El juego consiste en cambiar hábitos rutinarios, de realizar la tarea que tenemos que hacer todos los días de una forma poco habitual. Por ejemplo: de camino al trabajo, las compras, de ir o venir a buscar los peques del colegio… puedo toparme con alguna escalera, alguna rampa, algún semáforo en rojo, da igual… algo, en definitiva, que sirva de excusa para soltar nuestra imaginación y ponernos manos a la obra.<br/><br/>Puedo subir o bajar correctamente los escalones de una escalera o una rampa, con el cuerpo rígido, sin ningún tipo de aliciente, o puedo hacerlo de manera que resulte más ameno, como dando saltitos, en zigzag, de dos en dos, cantando “La chica Yeyé”, de Concha Velasco (para los chicos) o “Macho Macho Men”, de Village People (para las chicas)… Puedo contar los coches azules que pasen mientras el semáforo en rojo, o inventarme para mis adentros la retransmisión de una carrera de Fórmula 1 (hay muchos conductores que no necesitan competir con Fernando Alonso), en lugar de maldecir al monigote para que se vuelva verde.<br/><br/>La cuestión es que si jugamos con nosotros mismos, los demás también querrán jugar con nosotros. En términos de sociabilidad significa que cuanto más feliz nos encontremos con nosotros mismos, más recibiremos de la gente, puesto que sonreír es el camino más corto y efectivo de comunicación entre las personas.<br/><br/>Así que, saca a tu niño o niña interior. ¡Diviértete!, juega, gasta bromas a tus compañer@s y amig@s, cuenta chistes… y, sobre todo, no te avergüences en absoluto. Hay muchísima gente que está deseando verte sonreír.]]></content><updated>2008-03-26T09:51:13.830+01:00</updated></entry></feed>
