Yo no te pido que hagas poesías como Goethe.
(El otro título: El buen samaritano.)
Yo no soy comunista: pero cuando oigo denunciar al comunismo, pienso:
‘He aquí un fascista’
La muerte es nada. El dolor es para los vivos.
No tiene culpa la familia de Haro Tecglen de que éste mostrara indiferencia por la muerte de un compañero de profesión o porque cantara el Cara al Sol en su juventud franquista; ni que muriera en un restaurante de prestigio y de reserva en el que la cuenta no baja de 40 euros, bebidas aparte...No tiene culpa su viuda de que El País lo hubiera desterrado a la sección de Televisión, en un rincón que parecía el sarcófago de una momia. Tampoco tiene culpa alguna la viuda de que el mundo del teatro se pitorrease de las críticas que últimamente escribía Haro; o de que sólo los muy fanáticos entendiesen sus columnas chocheantes. La viuda se merece todo el respeto en estos momentos a su pena.
Yo soy uno de esos fanáticos, pero a veces no le entendía. He estado los últimos días revisando las entradas de su blog, esperando que alguien citase alguna frase del daguerrotipo que escribió Manuel Vicent (los oráculos están a la sombra por el calor), pero no ha sido así. En cambio, he descubierto tantas otras que no he resistido la tentación sentimental de hacer un collage:
EHT siempre decía que escribía para que le quisiesen.
...nadie se muere mientras lo recuerden con cariño: te queremos y recordamos con sonrisa y ternura.
el mayor gesto de auténtica humildad que una persona puede tener
… decide irse de puntillas, sin "molestar", reconociendo que en el fondo no somos nada,… la mejor expresión de la dignidad del espíritu de un ser humano
has luchado toda tu vida contra la intolerancia, el abuso, la prepotencia, has luchado toda tu vida por la libertad, la justicia, la solidaridad, casi me atrevería a decir por el amor.
Eduardo Haro Tecglen nos llega desde la razón, pero sobre todo desde el buen sentimiento que despierta el maestro. Por eso lo querremos siempre
Siempre los de la viga en el propio ojo, ciegos para leerse a sí mismos no ven lo mezquinos que son, lo mal que leen el artículo que citan y la noción tan confusa que tienen de lo que es moral.
“Cuánto más leo el artículo que Eduardo le dedicó a ese locutor …, más me convenzo de su calidad humana. Casi se lamentaba de que la muerte de su enemigo no le produjera ningún sentimiento, ni de pena ni de alegría. ¡Qué lección! Herrero era enemigo suyo, Eduardo no lo era de él, por eso no sentía nada a su muerte, simplemente la indiferencia que es como una flor blanca.El artículo literariamente es una belleza, humanamente es de una ternura emocionante. Gracias por estarlo copiando tantas veces. No sé quién se está dando el trabajo de colgarlo en el blog, se lo agradezco porque ha sido una idea magnífica para mostrar la calidad humana de Eduardo.”
Gracias por tantos años de cordura y de coraje aún cuando todo estaba tan confuso y negro. Usted fue nuestra luz cada día, sin faltar ni uno.
Has sido un buen padre no sólo de tus hijos, sino de todos los que te hemos escuchado, un buen escritor que seguramente por modestia has desarrollado casi toda tu obra en los periódicos, un buen compañero en esta España a veces insufrible.
…, al preguntarle su hijo en la agonía, que si había otro mundo, el le dijo, rotundo y seguro que sí y, ante el asombro de Gabilondo, por la respuesta del ateo a su hijo, Haro, tranquilo y razonable, le dijo que él quería que su padre le dijera que sí, que era un chico muriendo y tenía que decirle que sí.
“Fernán Gómez leyó un texto bellísimo, escrito al modo del mejor Siglo de Oro, que es como escribe él, en que daba las gracias a Haro por ser su amigo (un privilegio para un cómico, tener un amigo crítico teatral, lo que despierta las sospechas de los otros actores, dijo) y por haberle dado el éxito con sus reiteradas críticas a "Las bicicletas son para el verano" que agradecía mucho, si le había gustado la obra y, si era porque era su amigo, muchísimo más.”
Eligió, hace muchas décadas, su conciencia y por ella no ha dejado de luchar hasta hoy. Personalmente acabo de perder a uno de mis seres queridos, a uno de los conformadores de mi educación política y sentimental. No quiero decir lo que ha perdido el país: Al parecer para muchos poco. Sin embargo, ha sido, es la mente más sincera y clara del periodismo español, es la mejor pluma, el mejor escritor, el mejor crítico. Palabras medidas, extensas, sintéticas, maravilla de la lengua. ¿Quien les queda a ustedes, Concha e hijos? La memoria, el cariño de todos los que les queremos de todo corazón.
Se ha ido Eduardo, ¿a dónde? Eduardo no se ha ido, yo lo llevo dentro de mí, y nadie, nadie podrá sacarlo de ahí, le debo tanto. Uno repasa la prensa española, ¿cuántos como él? Veo un desierto, con algún pequeño oasis, pero un desierto en el que la valentía y la sapiencia de don Eduardo no aparecen. Hoy, mañana, siempre, orfandad, pero con las maletas llenas de pensamientos, de recuerdos, de enseñanzas. Gracias, gracias, gracias.
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Las bicicletas no son sólo para un día, son para todo el año; unos textos muy suyos:
No quiero un país con un gobierno, una jefatura del estado y unas fuerzas públicas que estén imbuidas de ninguna religión; no quiero ninguna política confesional, y quiero al mismo tiempo que cada uno tenga libertad para elegir su religión, cualquiera de las que tanto abundan, incluso de las que los católicos, sus gobernantes, sus jueces y sus guardias llaman sectas para destruirlas; quiero libertad para no tener ninguna religión, ninguna creencia en el mas allá.
Me cuesta trabajo entender lo que a mí me parece un disparate osado, pero el hecho es que existe. La parte de locura -alienación- que tienen todas las religiones, sobre todo la paranoica que supone en los que tienen capacidad de decisión humana de sentirse delegados por el Ser, podría ser válida para decidir sobre su vida, no sobre las de todos los demás. El cristofascismo consiste precisamente en eso, según interpreto yo el término americano: en lo que ha hecho Esperanza Aguirre, presidente de la Comunidad de Madrid, al castigar a médicos denunciados por un anónimo de paliar los dolores en enfermos terminales, con lo cual ha podido adelantar su muerte, o sea, liberarles de una vida sin atributos. Ello no quiere decir que sea fascista ni siquiera cristiana, sino que la acción y la decisión dependen mucho de ese término que aplica la brutalidad terrenal con prejuicios celestiales que los ateos sabemos que son igualmente terrenales.
Me han llamado ya estalinista, espía soviético, momia, han dicho que soy mala persona, perverso. Sólo les quedaba el peor insulto: llamarme lo que ellos eran, falangista. Si sabrán ellos cómo se podía ser de miserable siendo falangista: era su partido, su personalidad. Voluntaria, elegida. Sigue siéndolo... No sé cómo no les da vergüenza que su dictadura me obligara a escribir como si fuera uno de ellos. Yo no tengo esa vergüenza. Estoy satisfecho de haber vivido de rodillas esperando el momento de ponerme de pie."
El perdón y el olvido.
Perdón/olvido: el juego de las dos palabras se usó mucho en nuestra posguerra (la de ellos, quiero decir); vuelve. Los mejores decían que nos perdonaban (a los rojos), pero no olvidarían (nuestros desmanes, asesinatos, robos, maldades generales); otros no perdonaban ni olvidaban. Los hubo que evitaban el dilema perdonarnos haciéndonos desaparecer. "No solo tenemos que matar a los rojos, sino a sus hijos", decía el periodista Félix Centeno cuando pasaba junto a él, estando mi padre condenado a muerte. Años mas tarde le oía gritar de entusiasmo por la muerte de niños ingleses en el bombardeo alemán de Coventry. Es una doctrina válida: si quedábamos los hijos, perpetuaríamos la raza del rojo…
Yo olvido: a los otros asesinos, a quienes me humillaron y deshicieron mi vida, pero no la historia. Tengo, en realidad, mala memoria. Perdón: ni lo pensé, ni a la historia ni a los ofensores directas y personales de mi vida, a quienes la devastaron en algunas otras ocasiones (llevo demasiados años viviendo, porque ni siquiera pensé en castigo o venganza. En ocasiones he consolado a quienes me dañaron, pero no por bondad o amor, sino por orgullo, soberbia, higiene. Siento ira y querría castigar : a torturadores bombarderos, macroeconomistas y macroeuropeistas que crean hambrientos para chabolas pestilentes. Llevo mal esa política. Será la mezcla de Cristo y Marx que, según Umbral, me mueve, sin ser creyente ni marxista. Errores, utopías. Supersticiones. No resisten la brillante luz de las ciencias: economía, sociología, politología
Perdón, perdón, perdón
Quién verá un día a Felipe González, con un traje talar morado, pidiendo perdón. Como el Papa. Pero el Papa ya apenas tiene creyentes -tiene sociedades, intereses, acostumbrados- y tampoco los tendrá Felipe González. O su biznieto. Perdón por destrozar la izquierda. Por la invención del pelotazo y el cambio de sentido del trabajo, por los GAL y por haber creado en torno suyo un enjambre de ladrones; por haber abandonado la Internacional, el puño en alto; por haber devorado a sus antepasados del partido obrero, y enterrado las doctrinas de Pablo Iglesias y el esfuerzo de los socialistas durante cien años, y cualquier recuerdo del Frente Popular; y (sin desenterrar el hacha de la guerra civil) por no sostener la idea del sacrificio que costó mantener una izquierda. Por haber subido los alquileres, contenido los salarios, refrenado las pensiones, aprisionado la seguridad social. Por haber declarado la guerra al partido comunista. Por haber atacado a quienes querían juzgar a Pinochet, por haber enviado una fragata a la guerra del Golfo, por haber reconvertido el pacifismo de su primera campaña electoral en la primera guerra de la OTAN conducida por uno de sus ministros -aún le sacó la semana pasada a pedir votos-, por haber convertido en general al guardia civil Galindo de Intxaurrondo, por haber servido al neocapitalismo, por creer en Margaret Thatcher. Por imaginarse que era de izquierdas pero que la derecha le admiraría y le preferiría a los suyos propios. Por haberse rodeado de mediocres cuando gobernaba y cuando iba a dejar de gobernar; por haber permitido las primarias y haberlas anulado después; perdón por (y a) Borrell, Almunia, Morán. Perdón por el euro, la globalización, la mundialización, el acuerdo de Schengen, las pateras hundidas, el mantenimiento de las escuelas católicas, privadas y concertadas; por no haber llegado a tiempo a la constitución de las parejas de hecho, por no dejar terminadas las leyes del aborto. Perdón por haberse enfrentado con la libertad de prensa, por haber influido pesadamente en la radio y la televisión. Perdón por haber hecho creer que todo eso era la izquierda, con sus conversos y sus amanuenses y sus acólitos y su inmensa soberbia política. Tendrá en su casa, supongo, el vídeo del día en que ganó las primeras elecciones, y España brindaba, sacaba su champaña y sus viejas canciones y sus banderas y sus risas perdidas. Otro tiempo. Aquella etapa terminó el domingo. (14 de Marzo de 2000)
Yo no te pido que hagas poesías como Goethe, pero su modo de abrazar la vida-aquel universalismo de intereses, aquella armonía interior-está al alcance de cualquiera, aunque sólo sea en cuanto aspiración. Y si me dices, acaso, que Goethe podía hacerlo porque no era un luchador político, te replicaré que precisamente un luchador es quien más tiene que esforzarse en mirar las cosas desde arriba, si no quiere dar de bruces a cada paso contra todas las pequeñeces y miserias... siempre y cuando, naturalmente, que se trate de un luchador de verdad..."
Rosa Luxemburgo
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