El cigarrillo pacificador: el cigarret de la risa.
Fumen, fumen, luego lo pasan. En medio de la última tímida e hipócrita campaña antitabáquica -algún día se conocerá la intoxicación masiva mundial ocasionada por ciertas prácticas malignas del cultivo del tabaco de la industria tabaquera, usamericana por supuesto-, un historiador católico capaz de escribir sobre la historia reciente ignorando a los comunistas, recurre al gesto de encender un pitillo como invitación al diálogo. Le sirve de excusa el cigarro para traer a la memoria el carácter conciliador del Cardenal Tarancón en medio del griterío montado otra vez por el nacionalcatolicismo; sin saber que la marca que fumaba, tabaco y papel casi natural, ya no se vende en los estancos. Poco más ha aportado la Iglesia Católica para la convivencia; la socarrenería mediterránea para tranquilizar a la eterna cabreada espana. Poco tabaco tiene para reclamar negociación entre las dos partes: ¿Qué partes ?, y lo que es peor, ¿Qué dos? En mi país cuento más iglesias evangelistas que misas dominicales, casi tantos musulmanes como judíos, algunos rastas y budistas más infinidad de sectas seudoreligiosas semiclandestinas. El dinero ya hace años que dejó de ser católico. Por favor, Javier, mezclen el tabaco con un poco de hierba. Verán como llegan a entendernos un poco mejor. Dios, como nosotros los indígenas, también fuma marihuana.
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