clasicos

Romeo: ¿No tienen labios romeros y santos?
Julieta: Sí, peregrino, son para rezar.
R: ¿Pueden mis labios, pues, como las manos rezarte para no desesperar?
J: El santo no se mueve, aunque conceda.
R: pues no te muevas tú mientras te rezan
(besándola) Así tus labios borran mi pecado.
J: Y ese pecado quedaré en los míos?
R: Pecado de mis labios? ¡Dulce agravio! Devuélveme el pecado.
(la besa de nuevo)
Shakespeare





