Un enfant défunt.
Las cosas vienen y van. Los días nacen y mueren, despotrican la realidad ajena al mismo tiempo. Quieren deshacer el vaivén de las caderas de las mujeres que llevan a sus niños de la mano al colegio. Salivar sin preocupación los pechos de los cadáveres que flotan en el río. Atormentar al niño quitándole la piruleta roja -redonda y obscena, como sangre derramada sobre un trozo de hielo-, asustando al bebé que mira inocente -supongamos que se es inocente alguna vez- desde su cómodo asiento en su cómodo carricoche en un cómodo día como éste.
Pero yo miro hacia abajo desde lo alto del edificio más cercano y me pregunto qué se siente al caer.
Al caer. Literalmente.
Media vuelta y bajo los escalones uno a uno. Caras desconocidas. Asientos arrugados por los culos que se aposentan a diario. Humo de tabaco, garganta alrededor, una soga imaginaria que podría matar a cualquier otro. Pero no a mí.
Charlize tiene una idea para los restos: el odio, el amor, el sexo, el egocentrismo, el derroche innecesario de palabras y una total falta de estética han encontrado lugar.
Bonne nuit, mes amis. Je suis l'énfant défunt.
~ Charlize ~
Pero yo miro hacia abajo desde lo alto del edificio más cercano y me pregunto qué se siente al caer.
Al caer. Literalmente.
Media vuelta y bajo los escalones uno a uno. Caras desconocidas. Asientos arrugados por los culos que se aposentan a diario. Humo de tabaco, garganta alrededor, una soga imaginaria que podría matar a cualquier otro. Pero no a mí.
Charlize tiene una idea para los restos: el odio, el amor, el sexo, el egocentrismo, el derroche innecesario de palabras y una total falta de estética han encontrado lugar.
Bonne nuit, mes amis. Je suis l'énfant défunt.
~ Charlize ~





