petite moi
Siempre estamos en un proceso, y la lluvia cae y cae incluso cuando el cielo está raso. Puedes mirar alrededor y descubrir la soledad en los ojos de los transeúntes y quieres acurrucarte en un sofá con una mantita y esconder la cabeza en el pecho de alguien y pensar: esto es la felicidad.
No obstante sólo hay una gran masa de gente que te engulle en las calles ya sin luces navideñas (menos mal) y te empuja y te magulla y te echa sal en las heridas y escuece y de vez en cuando un mimo, un actor, una sonrisa rescatada en el frío al son de un violín.
Y eso se convierte en la felicidad. En la calidez de alguien haciendo su trabajo, entregado al arte, regalando sonrisas por las monedas que quieras darle. Lo malo es que es una felicidad demasiado fugaz como para que la mayor parte de la gente se percate de ella siquiera. Pero yo la noto, y echo unas monedas. Pero sobre todo sonrío al desconocido que le ha dado calidez a mi corazón.
Pero yo no iba a escribir sobre esto.
Iba a hablar de los agujeros de las madrigueras de los adioses del silencio de las barreras del no saber qué hacer del no saber qué tiene esa persona que hace que no puedas dejar de mirarla incluso cuando no la tienes delante. Y también iba a hablar del viento y las hojas de otoño y las flores del cerezo y el maravilloso y orgásmico sabor del sushi.
O de la muerte, tal vez.
O de la nostalgia (yo nostalgio tú nostalgias y aunque me joda él nostalgia -¿era así, Benedetti? mi memoria ya no es lo que era-).
O explicar con detalles cómo se chupa bien un coño, para que aprendais de una puta vez (ay, bendito el que supo hacerlo, ojalá creara escuela en eso).
Pero mejor me arropo en el absurdo y os saco la lengua.
charlize.down.in.a.hole
No obstante sólo hay una gran masa de gente que te engulle en las calles ya sin luces navideñas (menos mal) y te empuja y te magulla y te echa sal en las heridas y escuece y de vez en cuando un mimo, un actor, una sonrisa rescatada en el frío al son de un violín.
Y eso se convierte en la felicidad. En la calidez de alguien haciendo su trabajo, entregado al arte, regalando sonrisas por las monedas que quieras darle. Lo malo es que es una felicidad demasiado fugaz como para que la mayor parte de la gente se percate de ella siquiera. Pero yo la noto, y echo unas monedas. Pero sobre todo sonrío al desconocido que le ha dado calidez a mi corazón.
Pero yo no iba a escribir sobre esto.
Iba a hablar de los agujeros de las madrigueras de los adioses del silencio de las barreras del no saber qué hacer del no saber qué tiene esa persona que hace que no puedas dejar de mirarla incluso cuando no la tienes delante. Y también iba a hablar del viento y las hojas de otoño y las flores del cerezo y el maravilloso y orgásmico sabor del sushi.
O de la muerte, tal vez.
O de la nostalgia (yo nostalgio tú nostalgias y aunque me joda él nostalgia -¿era así, Benedetti? mi memoria ya no es lo que era-).
O explicar con detalles cómo se chupa bien un coño, para que aprendais de una puta vez (ay, bendito el que supo hacerlo, ojalá creara escuela en eso).
Pero mejor me arropo en el absurdo y os saco la lengua.
charlize.down.in.a.hole





