Diario de un profe de filo libre en el decir
Comentarios críticos sobre el sistema educativo.
Acerca de
Me gusta hacer «experimentos pedagógicos», combinando internet y contenidos de interés filosófico o político. Investigo el potencial crítico de las tecnologías de la información al servicio de la movilización y cooperación ciudadana. Me parece que la mejor manera de luchar contra los desmanes de la "mala educación" y la ignorancia, sobre todo en contexto político y administrativo, es facilitar el acceso universal al conocimiento. No creo en un sistema educativo asimétrico, autoritario y empobrecido, gestionado por tecno-analfabetos, instrumentalizado políticamente y al servicio preferente de los intereses de sus funcionarios más viejos. Me interesa «el punto de vista de los usuarios» como criterio prioritario de calidad en el sistema público de enseñanza y principal antídoto contra su actual degeneración surrealista. Considero 'buenos por naturaleza' a los usuarios de cualquier sistema educativo no obligatorio y sostengo que "el cliente siempre tiene razón".
Sindicación
 
Cuatro profesores del instituto de Arico, heridos al caer un falso techo
Diario de Avisos, Santa Cruz
Jueves, 23 de diciembre de 2004


«Cuatro profesones del Instituto de Arica resultaron ayer con heridas y contusiones de diversa consideración al caerles encima el falso techo de la salda de profesores del centro.

Dos de los afectados necesitaron ser atendidos en el Hospital Universitario de La Candelaria, pese a que sus heridas no revisten gravedad y fueron dados de alta con posterioridad.

El accidente se produjo mientras los docentes hacían entrega al alumnado de los premios correspondientes a un concurso de tarjetas de Navidad, según informó a DIARIO DE AVISOS el director del centro, Miguel Ángel Negrín. Pese a lo aparatoso del incidente, todo el alumnado resultó ileso gracias a que en esos momentos se hallaban en un patio que se encuentra en las proximidades de la sala de profesores.

Se da la circunstancia de que el Instituto de Arico ha sido inspeccionado hace tan sólo unos días por técnicos de la Consejería de Educación y que éstos no detectaron anomalía alguna en las dependencias del centro, según comentó el director.

Negrín aseguró a este diario que lo sucedido ayer ya se ha puesto en conocimiento de la Consejería de Educación del Gobierno canario, para que tome las medidas oportunas y vuelva a realizar una inspección del edificio en prevención de futuros accidentes.»
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[Comentario:
- Es inevitable plantearse si la inspección realizada se hizo con detenimiento y exhaustividad y qué criterios se tuvieron en cuenta para considerar que las instalaciones eran seguras.
- Otro tema a tener en cuenta es en qué responsabilidad habrían incurrido el director y los docentes al cargo de los alumnos allí presentes si se hubiera producido un accidente con consecuencias graves y los padres deciden llevar el tema a los tribunales.
- También convendría plantearse si los técnicos que realizan estas inspecciones tendrían que pertenecer a una entidad independiente por completo de la propia administración educativa, con vigilancia y auditoría externa capaz de garantizar que responde en su funcionamiento a criterios estrictamente profesionales en materia de seguridad, ergonomía y prevención de riesgos, y no se deja influir por criterios de limitación presupuestaria u otros.
 
Querella criminal contra José Miguel Ruano
LA CONSEJERÍA DE EDUCACIÓN INCUMPLE LA LEY DE PREVENCIÓN DE RIESGOS LABORALES

IC interpone una querella criminal contra José Miguel Ruano
[Fuente: www.canariasahora.com]

«La Confederación Intersindical Canaria (IC) anunció este miércoles que ha interpuesto una querella criminal contra el consejero de Educación, José Miguel Ruano, porque la Consejería que dirige "hace oídos sordos a todos nuestros requerimientos y no cuenta con una organización preventiva en materia de prevención de riesgos laborales".

El sindicato denuncia que no existe, por parte de la Consejería de Educación, una evaluación de los riesgos de los puestos de trabajo, ni una planificación preventiva, al tiempo que no cumple con el deber de mantener informados y formados a los trabajadores en estos fundamentales derechos.

En una rueda de prensa, los miembros de IC Benigno Guillén y Carmen Expósito indicaron también que "la máxima institución educativa no cuenta con un plan de evacuación y emergencia de los centros escolares".

"Se deduce de esta situación que, en caso de que sucediera alguna contingencia del tipo de un accidente, un incendio o un terremoto, por la que fuera preciso evacuar al alumnado y al personal del centro, éstos correrían un grave peligro al no estar preparados mediante un simulacro previo", señalaron.

"En muchos casos", explicaron, "estos centros educativos tienen clausuradas las salidas de emergencias por miedo a la fuga de alumnos y sus ventanas están cubiertas de rejas para evitar robos, con el riesgo que ello conlleva".

La querella interpuesta por IC contra Ruano contempla además "las reiteradas peticiones que el sindicato ha hecho al Consejero para que establezca revisiones médicas para todos los trabajadores, según contempla el convenio y la normativa existente sobre vigilancia de la seguridad y la salud".

Según el sindicato, "en la actualidad, el trabajador se ve obligado a solicitar la invalidez después de varios años de exposición al riesgo para su salud, sin que haya una infraestructura en los centros escolares que evite estos riesgos".

En este sentido, se queja también Intersindical Canaria de que sólo haya una unidad básica de salud para atender a 23.000 personas, entre profesores y personal laboral, "cuando lo establecido por ley es una unidad por cada 1.000 trabajadores".

"Esta escasez de recursos", concluyen, "motiva también que no se hagan reconocimientos médicos exclusivos para cada tipo de actividad, antes de hacer las contrataciones, pues al no haber una evaluación de riesgos, no se puede llevar a cabo un protocolo de actuación"

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[Comentario:
- Habría que añadir a lo dicho por IC la repercusión negativa que tiene sobre la salud de alumnos y profesores el deficiente estado de las instalaciones de muchos centros escolares. Los problemas de riesgo eléctrico, protecciones en determinadas máquinas y equipos peligrosos, inadecuado aislamiento acústico y térmico, obstáculos en las salidas de emergencia y otros muchos pueden resultar fatales para profesores o alumnos, a corto, medio y largo plazo. La falta de información del personal docente sobre los riesgos asociados a su tarea y la ausencia generalizada de planes específicos de prevención de riesgos, evaluación inicial de las condiciones de trabajo por puesto y actividad, detección de trabajadores especialmente sensibles y alumnos con patologías previas que puedan verse agravadas por condiciones inadecuadas en el lugar de trabajo incrementan la posibilidad de accidentes graves en los centros escolares y suponen un incumplimiento flagrante de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales.

- La mayoría de los profesores desconocen con detalle la responsabilidad civil y penal en que pueden incurrir, en caso de accidente escolar, y los escasos eximentes de responsabilidad que podrán aducir en caso de que los padres de un alumno accidentado decidan llevar el caso por la vía penal. La mayor parte de los alumnos en primaria y secundaria son menores, y está reconocido en las leyes y sentencias "el deber de especial protección de su salud y seguridad", dada su propensión a asumir márgenes de riesgo excesivos y la frecuencia con que incurren en conductas imprudentes. Exceptuando las acciones imprevistas y repentinas de un alumno, las consideraciones que puedan aducirse en los tribunales (deficiencias de las instalaciones, desconocimiento del riesgo de la actividad, carácter indisciplinado del implicado, desconocimiento de sus obligaciones en materia de prevención de riesgos, p.ej.) tendrán como resultado, en el mejor de los casos, una distribución compartida de la responsabilidad. Pero sólo se contempla la exoneración de responsabilidad cuando se compruebe que no pudo evitarse el accidente aunque el profesor actuó "con la misma diligencia exigible a un padre, madre o tutor".

- En consecuencia, profesores y directores de centros deberían mostrarse mucho más exigentes en lo relativo a equipamiento, adecuación de las instalaciones e infrastructuras educativas. Muchos problemas de salud que padecen alumnos y profesores son tratados como enfermedades comunes por los médicos de cabecera, cuando en bastantes ocasiones son ocasionados directamente por condiciones deficientes o inadecuadas en el lugar de trabajo (exceso de calor y ruido, malas posturas, desajustes ergonómicos en el mobiliario, etc.). Cuando alguno de estos incidentes requiere una primera visita médica y su posterior tratamiento, o si ocasionan bajas superiores a un día de duración, podrían tipificarse como delito de imprudencia, con resultado de lesiones, si guardan relación directa con el incumplimiento de las obligaciones del empresario (Consejería de Educación) o de los responsables de centro (directores) en materia de prevención de riesgos. Y no se contempla como eximente total de responsabilidad, en caso de accidente escolar, el que un profesor aduzca "no haber sido debidamente informado" por su director, y este a su vez por el Consejero de Educación. El incumplimiento de las obligaciones en materia de prevención es considerado una "infracción muy grave" cuando guarda relación con la salud y seguridad de los menores, según la Ley sobre Infracciones y Sanciones de Orden Social (LISOS):

«Artículo 13 (LISOS). Infracciones muy graves. Son infracciones muy graves:
1.No observar las normas específicas en materia de protección de la seguridad y la salud de las trabajadoras durante los períodos de embarazo y lactancia.
2. No observar las normas específicas en materia de protección de la seguridad y la salud de los menores

- Otro elemento fundamental a tener en cuenta es la normativa sobre construcción de instalaciones para uso docente y sus requisitos mínimos de aislamiento térmico y acústico o de equipamiento, según el nivel o etapa y las modalidades que imparte. En este sentido resulta fundamental conocer los «requisitos mínimos de los centros que impartan enseñanzas escolares de régimen general» (Real Decreto 1537/2003, de 5 de diciembre, [BOE 10 Diciembre] y las disposiciones mínimas de seguridad y salud en los lugares de trabajo (Real Decreto 486/1997, de 14 de abril), en particular su Anexo III, donde se detallan:

«2. Asimismo, y en la medida de lo posible, las condiciones ambientales de los lugares de trabajo no deben constituir una fuente de incomodidad o molestia para los trabajadores. A tal efecto, deberán evitarse las temperaturas y las humedades extremas, los cambios bruscos de temperatura, las corrientes de aire molestas, los olores desagradables, la irradiación excesiva y, en particular, la radiación solar a través de ventanas, luces o tabiques acristalados.

3. En los locales de trabajo cerrados deberán cumplirse, en particular, las siguientes condiciones:
a) La temperatura de los locales donde se realicen trabajos sedentarios propios de oficinas o similares estará comprendida entre 17 y 27 ºC. La temperatura de los locales donde se realicen trabajos ligeros estará comprendida entre 14 y 25 ºC.
b) La humedad relativa estará comprendida entre el 30 y el 70 por 100, excepto en los locales donde existían riesgos por electricidad estática en los que el límite inferior será el 50 por 100.»


- Estas exigencias son básicas y elementales, pero deberían acompañarse de otas medidas orientadas a la mejora de las condiciones ergonómicas de todas las instalaciones y puestos de trabajo, pues las deficiencias en este apartado terminan ocasionando problemas de salud a medio o largo plazo.]
 
Relación entre política y mentira
La mentira como virus totalitario
PAOLO FLORES D'ARCAIS, filósofo italiano,
director de la revista MicroMega.

El País, 10/12/2004


«¿Es compatible la democracia liberal con la destrucción de esas que Hannah Arendt denominaba las "modestas verdades de hecho"? Su respuesta (y la nuestra) es un rotundo y sonoro "No". La destrucción de las verdades de hecho y su sustitución por una "verdad" de régimen son, en efecto, una de las características esenciales de los totalitarismos. (No por casualidad, tras haber suprimido los testimonios deben suprimir también a los testigos: primero se borra a Trotski de las fotografías, después se le "borra" en la realidad, es decir, se le asesina. La mentira sistemática, cuyo objetivo es el de suprimir las "modestas verdades de hecho", puede alentar otros crímenes).

Es cierto que el derecho a la mentira (es más, la mentira como virtud política) tiene una gran tradición. Pero antes de la democracia. La mentira como virtud del "realismo político" consiste en engañar a los enemigos. Que algunas veces (más bien siempre, por lo menos potencialmente) son también súbditos. Pero en democracia ya no hay súbditos, sólo hay ciudadanos soberanos. Un Gobierno que miente a los ciudadanos es en consecuencia un Gobierno que les priva de su soberanía, esa soberanía que, por medio de un mandato, constituye la única fuente de legitimidad del Gobierno. Y la acción de sustraer la soberanía se llama, técnicamente, golpe de Estado. Por tanto, toda mentira de Gobierno es, técnicamente hablando, un "golpe de Estado" latente. Una tentativa. Un preludio. Un indicio. Porque trata a los ciudadanos como enemigos, y no como soberanos: usurpa su poder.
[...]

Bush, en efecto, ha ganado no a pesar de sus mentiras, sino precisamente por haber rechazado reconocerlas con arrogancia, y por haber hablado de otras cosas (como Aznar en las Cortes hace unos días). Un "hablar de otras cosas" que no tiene en cuenta las "modestas verdades de hecho", sino que sólo tiene como objetivo construir y reforzar una identidad/pertenencia basada en ciertos "valores" y en la difamación de los adversarios. En el caso de Bush, estos "valores" son los de un fundamentalismo protestante totalmente fanático, que lo anima a declarar que ha recibido el programa electoral directamente de Jesús (declaración especular a la del fundamentalismo islámico que recita: "El Corán es nuestra Constitución").

En Occidente ya está en curso un choque que no había sido previsto por la filosofia política liberal y por la ciencia política: aquel entre el valor de las "modestas verdades de hecho" y la voluntad de anhelar los valores propios de pertenencia, la propia "identidad" política, incluso en perjuicio y como destrucción de las modestas verdades de hecho. Un choque que, sin duda alguna, era considerado como un choque de civilizaciones, pero entre el Occidente liberal-demócrata y sus antagonistas totalitarios. Y que, sin embargo, hoy se vuelve a plantear en el seno del Occidente mismo, cambiando de forma radical el sentido de la tradicional contraposición entre derecha e izquierda.

El amor (sí: el amor, la pasión civil, el deseo) por las modestas verdades de hecho debería constituir el ethos común e indestructible de toda la ciudadanía democrática: de derecha, de centro, de izquierda, y de cualquier otro matiz. La indignación por la mentira política debería ser automática en todo ciudadano, puesto que, como hemos visto, el ciudadano engañado es un ciudadano tratado como un súbdito, al que se le ha robado la soberanía. El orgullo (imperial) inglés afirmaba "right or wrong, my country", expresando exactamente la idea de una contraposición respecto a los enemigos. Pero cuando, en el seno de un mismo país, alguien puede actuar según la lógica de "true or false, my party", significa que considera enemigos no sólo a los que no piensan como él, sino que considera hostes a todos a los que todavía les preocupan las modestas verdades de hecho. Una forma suave de lógica de guerra civil.

Con Bush, con Aznar (y por supuesto, con Berlusconi) no tenemos que vérnosla con partidos de derecha, en el sentido tradicional del término, sino con fuerzas extrademocráticas (si no se quiere admitir, por cautela diplomática, que son más exactamente fuerzas antidemocráticas), porque al defender con orgullo y arrogancia su "derecho" a manipular y abolir los hechos, inoculando de forma masiva un virus totalitario en las democracias liberales, destruyen la base común (la realidad de los hechos) sobre la que dividirse según las diferentes opiniones. Es decir, destruyen los cimientos -como valor irrenunciable- de una convivencia civil.»
[Traducción de Valentina Valverde.]

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[Comentario:
- Lo que muchos consideran "habilidad política" no consiste, por desgracia, más que en la facilidad para endosarle al enemigo (no adversario político), "verdades de régimen" como si fueran "verdades de hecho". Las instituciones politizadas, por dignas que pudieran ser en origen, degeneran en máquinas de ocultar "modestas verdades de hecho" y presentar, en su lugar, "verdades de conveniencia institucional" o "verdades de régimen". Es una forma ya clásica y bien consolidada de sustraer a los ciudadanos su poder de decisión, o su capacidad para reflexionar sobre temas que les incumben, convencidos de que tal proceso puede resultar problemático para los intereses de quien ostenta la máxima responsabilidad institucional. En su lugar, se le presentan como únicas verdades las previamente procesadas y neutralizadas, las "verdades orgánicas" o "de régimen". De ahí el empeño patológico de todas las formas de poder por controlar hasta el último eslabón de la maquinaria propagandística y cualquier fuente independiente de información. Dos ejemplos especialmente lamentables fueron el 11-M y el accidente del YAK-42, con Trillo al frente del Ministerio de Defensa. Pero episodios como los errores en cadena de las fuerzas de seguridad en la investigación de la trama de los explosivos utilizados en el 11-M ponen de manifiesto hasta qué punto puede resultar aberrante confiar en el sentido de la responsabilidad de quienes, precisamente por la cercanía de su cargo al poder político, son más proclives a convertirse en incondicionales de las "verdades de régimen". Especialmente cuando todas las "modestas verdades de hecho" se vuelven tozudas y dejan al descubierto la mentira e irresponsabilidad que el esbirro elegido para el cargo politizado, con toda la maquinaria neutralizadora a su servicio, no pudo ocultar por más tiempo.

- En sentido positivo, podrían aducirse ejemplos como el de Sherron Watkins, ejecutiva de Enron y subdirectora general, quien aseguró a los senadores estadounidenses que la eléctrica Enron (una de las compañías líderes en programas de apoyo a la comunidad, una de las 100 mejores empresas para trabajar en Estados Unidos y una de las más admiradas a nivel global, que por comunicar un espejismo se convirtió en paradigma de la autodestrucción) pudo haber sido salvada de la bancarrota, pero sus superiores ignoraron sus advertencias. Aseguró que Skilling, ex presidente ejecutivo de Enron, con toda probabilidad estaba enterado de los problemas financieros de la empresa. Sus superiores, no obstante, desoyeron sus advertencias sobre las dudosas prácticas contables, mediante la creación de sociedades que sirvieron para ocultar las pérdidas de Enron. En otoño, durante un breve periodo, Enron tuvo la posibilidad de salvarse, pero se perdió porque varios directivos no reconocían o no aceptaron que la compañía estaba manipulando su situación financiera. A Sherron Watkins le preocupó el cúmulo de "modestas verdades de hecho" que abocaban a su empresa a la ruina; al ex presidente, la ocultación de esta situación a toda costa mediante "verdades de régimen" que no pasaron de ser espejismos, con el único fin de dilatar lo posible en el tiempo la bancarrota de un conglomerado empresarial que dejó en la ruina a miles de accionistas, mientras engordaba a un reducido número de altos ejecutivos.

- Las democracias sólo se consolidan cuando la mayoría de los ciudadanos asumen con responsabilidad su condición de ciudadano y están dispuestos a poner todo su empeño en la defensa de las "modestas verdades de hecho", cuya suma e interrelación constituye el mejor antídoto contra toda forma de mentira y corrupción institucional. Esto requiere tanto acciones individuales como acudir a controles externos, en lo posible. Aunque no sean noticia, la vida administrativa está llena de infinidad de episodios destinados a neutralizar "modestas verdades de hecho" y consolidar "verdades de régimen" que sólo benefician a los responsables políticos de las mismas o a los funcionarios con intereses poco claros que trabajan en ellas. El ámbito de la política, la sanidad, la justicia y la educación, por la variedad y alcance de los servicios que prestan, constituyen entornos paradigmáticos. La reacción más frecuente contra quienes reclaman transparencia y mayor atención a las "modestas verdades de hecho", las que denotan un mal funcionamiento del servicio, suele ser de arremetida disciplinaria y acoso psicológico. De ahí que el mobbing sea un fenómeno tan extendido en toda la administración pública, en proporción directa al grado de desprofesionalización y politización de las instituciones, que terminan degenerando en meros instrumentos al servicio preferente del poder político de turno y sus intereses.]
 
A propósito de un relato de António Lobo Antunes ("Hospital Miguel Bombarda")
Expedientes solapantes

Nadie sabe por qué, pero es un hecho que leemos ciertas cosas sólo en determinados momentos, justo cuando van a cobrar sentido porque se solapan con sucesos recientes vividos con intensidad. Podría tratarse de mera probabilidad estadística (alguien que escribe sobre x en un momento t1 puede ser leído por otro que vive algo parecido a x en t2, siendo t1 y t2 relativamente cercanos…). Pero todos sabemos que en esto de leer y encontrar significado la estadística importa poco. Preferimos creer que un supremo hipervinculador, abstracto y eficiente, es el responsable de conectar el texto sobre x con mi vivencia de algo parecido a x, para arremeter así contra el vacío de significado cósmico hacia el que todo tiende.

El relato que comento se me solapa en varios aspectos: habla de una institución por la que deambulan enfermos pobres atiborrados de medicamentos,  de expedientes disciplinarios por insubordinación, de un director impresentable que confunde estar ordenado con estar bien y de la vergüenza de haberse callado tantas veces. Estas cuatro fichas dan para jugar una buena partida.

---------- [Relato aparecido en El País, suplem. Babelia, 4/12/04] ----------


António Lobo Antunes

Recién llegado de la guerra de Angola, el escritor empezó a trabajar como psiquiatra en prácticas en aquel manicomio de Lisboa. Era una pocilga y a nadie le importaba: los internos eran pobres. Un día el novelista se presentó al trabajo vestido con el uniforme de los pacientes. Le abrieron un expediente disciplinario. Ahora escribe: "Me da vergüenza haber trabajado en el hospital. De haberme callado tantas veces. Tenía que ganarme la vida ¿no?".

Hospital Miguel Bombarda
«Son casi las once de la noche. La fijeza de las farolas de fuera, tan quietas como los árboles. Normalmente palpitan, suben, bajan, parecen moverse. Algunos raros automóviles en la autopista o lo que quiera que sea. Y yo sentado, escribiendo.
No sé qué. Escribo.

   La estilográfica ha de encontrar su camino.
   Hoy almorcé en el hospital en el que trabajaba y donde conozco cada vez a menos personas. Siempre pensé, desde el primer día, que yo era un vulgar médico en prácticas recién llegado de África, que en lugar de hacerlo en un hospital me habían colocado en una pocilga de mierda. Pero ¿a quién le importa? Son enfermos y son pobres. Allí van ellos penando, atiborrados de medicamentos hasta la garganta, con expresiones vacías. Serenos, claro, pero en el sentido en que las verduras son serenas. Tuve un director para quien la serenidad era esencial: ponía en la receta sereno, ordenado, lo que para él era sinónimo de estar bien. El director, en cambio, que no era sereno ni ordenado, no tomaba ninguna medicina. Andaba detrás de las enfermeras como un perro hurgando en las sobras, se ponía la mano delante de la boca para susurrarme
   -Tráigame a ésa
las empujaba contra la camilla, en la sala de vendajes. En una ocasión le pregunté
   -¿Sereno y ordenado no será lo contrario de estar vivo?
y él, hinchándose tras el escritorio
   -Mire que le inicio un expediente disciplinario
y me lo inició. Qué verbo extraordinario, iniciar. Le inicio un expediente disciplinario. Designaron a un fiscal que me llamó al despacho de la administración. El fiscal era el médico de cabecera de la pocilga. Un único médico de cabecera para centenares de pacientes. Llegaba al mediodía. Se iba a las once. Durante los años de practicante me iniciaron
   (bendito verbo)
tres expedientes disciplinarios por insubordinación. No: dos por insubordinación, un tercero por presentarme al trabajo
   (otra hermosa expresión, presentarse al trabajo)
vestido con el uniforme de los pacientes. Porque a los pacientes se les imponía un uniforme, lo que me sublevaba. Y les rapaban la cabeza. Y los atendían cada muerte de obispo. Pero andaban serenos y ordenados. Casi todos. Me acuerdo de un muchacho que se roció con gasolina y encendió una cerilla. De varios que se suicidaron. Del psicoanalista que aplicaba electrochoques en serie. Del terapeuta de grupo  
(terapeuta de grupo: me pasé ocho años oyendo esa frasecita y aún no sé bien lo que es)

que, en la atención de urgencia, aplicaba dosis de inyecciones que me aterraban. Musitaba con dulzura
   -Y ahora se toma un Lorenim y se queda confuso pero sereno.
Y, de hecho, la víctima se babeaba, farfullando incoherencias. Por lo menos no estorbaba a nadie. A propósito de uniforme, me acordé ahora de que hay una fotografía del poeta Ângelo de Lima con él y con la cabecita rapada. Compuso unos cuantos versos en el hospital, algunos excelentes.
   Dibujaba. Mi padre recordaba haber visto sus dibujos y sus escritos llenándose de moho en una especie de sótano. No interesaban un cuerno: estupideces de un loquito cualquiera. En el segundo año como practicante gané el premio de la Sociedad de Neurología y Psiquiatría con un trabajo sobre él: debo de haber sido el único en presentarse. En la ceremonia de entrega del premio el director, repentinamente amable
   -Es una pena que usted sea tan impulsivo
yo que no era para nada impulsivo.
   En veintisiete meses de guerra una persona aprende, aunque no sea más que a dominarse. Quien no se dominaba, se moría. Quien se dominaba, se moría menos. Yo sólo me morí un poco.
   No hay una pizca de exageración en lo que he dicho. Escribí todo un libro sobre esto, llamado Conocimiento del infierno, y el resultado fue que uno de mis jefes se apareció con una pistola en el hospital para pegarme un tiro. No estaba sereno ni ordenado pero no lo internaron. Cuando se cruzaba conmigo, se echaba a correr. Nunca vi la pistola, yo que me acordaba muy bien de esos instrumentos. Me harté de montarlos y desmontarlos. De aceitarlos. De apretarles el gatillo.
   Once de la noche. Tal vez medianoche. La fijeza de la farola de fuera, tan quietas como los árboles. Normalmente palpitan, suben, bajan, parecen moverse. Me da vergüenza haber trabajado en el hospital. De haber sido médico allí. De haberme callado tantas veces. Tenía que ganarme la vida, ¿no? Todos tenemos que ganarnos la vida, ¿no? Una muchacha se estranguló con la cinta del pelo, y el asistente a mí
   -Esto queda entre nosotros.
Farolas tan quietas como los árboles. Yo sentado escribiendo. No sé qué. Escribo. La estilográfica ha de encontrar su camino. Lo encontró: en la punta de la pluma veo a un muchacho rociándose con gasolina, encendiendo una cerilla. Pero eso, es evidente, queda entre nosotros.»

---------[Traducción de Mario Merlino.]----------------



- La estilográfica ha de encontrar su camino.  
Parece experiencia común que el impulso de escribir surge más bien a deshoras, cuando cesa el crujir de lo cotidiano y el nivel de consciencia sensorial se relaja hasta dar su oportunidad a los automatismos. Sólo entonces las estilográficas encuentran su camino y los teclados sus combinaciones. Es preciso reducir al mínimo la afluencia de estímulos que entretienen y dispersan nuestra atención para facilitar el procesamiento y la salida de lo sentido y sus significados.


- Hoy almorcé en el hospital en el que trabajaba y donde conozco cada vez a menos personas.
Me pregunto qué sentiría si visitara en unos años las aulas de secundaria donde he trabajado, sobre todo las más cutres, y me viera rodeado de alumnos que no conozco. No diría, seguramente, que “me habían colocado en una pocilga de mierda”, pero sí que a muchos les importó muy poco que se le parecieran bastante.
   Exageraría diciendo que los alumnos tenían mucho en común con los enfermos de un psiquiátrico. Pero igual bastantes cosas sí; y con los pobres también. Entre el deambular de muchos estudiantes y el penar de enfermos psiquiátricos puede que no detectara tanta diferencia; tampoco entre el atiborre de medicamentos y el efecto de otras sustancias. Y donde me vería perdido sería en el reconocimiento de diferencias entre las expresiones vacías de muchos alumnos de secundaria, enfermos psiquiátricos y verduras.

   El “efecto vacío” de los medicamentos en el psiquiátrico se corresponde con el “público, en efecto” de muchos centros de secundaria. Sería injusto omitir que tuve promociones donde predominaron los alumnos despiertos, ilusionados y maduros. Como obligado es reconocer que tienden a menos (OCDE dixit).

- Tuve un director para quien la serenidad era esencial: ponía en la receta sereno, ordenado, lo que para él era sinónimo de estar bien. El director, en cambio, que no era sereno ni ordenado, no tomaba ninguna medicina.
Deben de ser legión, porque yo he padecido algunos de esos. Se trata de personajes intelectualmente abducidos por la nada, tecnoanalfabetos borrachos de burocracia. Les delataba su fraudulento empeño por aparentar normalidad a toda costa, aun siendo ellos el caos en persona. Cuesta considerarlos el resultado inevitable de leyes demasiado orgánicas y decretos realistas en exceso, pero podrían serlo. Al director del psiquiátrico del relato y los míos les une su patológica tendencia a imponer mediante reglamentos de régimen disciplinario la ecuación ordenado = bueno.
   Presentada así podría sugerir algo incluso elevado, como presuntas vinculaciones entre el orden estético y el moral. Pero la práctica cotidiana ya se encargó durante años de disipar las presunciones: orden no es otra cosa que aparente ajuste a la formalidad de algún decreto -y sólo si les conviene, porque los molestos de igual o mayor rango se los pasan por donde más sudan, mientras los subordinales no se enteren-; bueno significa tranquilidad para su jornada laboral. Cuáles fuesen los resultados prácticos de este ajuste fraudulento sobre alumnos o profesores les traían al fresco: daba igual sacar analfabetos de los centros que intentar mantenerlos dentro con técnicas carcelarias. Lo importante era la ecuación, no sus efectos. Algunos nos dimos cuenta muy pronto de que ecuaciones como esa jamás explicarían el funcionamiento de un sistema en equilibrio; en realidad, sólo generaban caos y vacío. Pero ¿de qué otro modo justificar las nóminas de tantos impresentables nombrados a dedo precisamente por su ignorancia matemática?


-¿Sereno y ordenado no será lo contrario de estar vivo?
La pregunta sin malicia de Lobo Antunes a su director me recuerda un ruego que hice en una sesión de evaluación donde ocurrieron ciertos episodios poco gloriosos para el claustro de profesores. Decidí ponerle Sobresaliente a todos mis alumnos en la 2ª evaluación por su excelente comportamiento en clase y su cooperación eficaz buscando en internet y recopilando materiales de interés para las asignaturas de filosofía en bachillerato, compensando así la penuria de recursos existentes en el centro. Y solicité que, a ser posible, el sobresaliente tuviera efectos retroactivos para la primera evaluación, rogando hacer constar en acta que lamentaba no estar a la altura del alumnado y que también los absentistas tenían Sobre, precisamente por el  buen gusto que demostraron al no asistir a un centro donde ocurrían las cosas que ocurrían, algunas muy desagradables; el mismo buen gusto que mostraban la directora y otros profesores llevando a sus hijos a un colegio privado, acojonados por los efectos letales de la ecuación orden = bien en los centros públicos.
   Si a Lobo Antunes su director le amenazó con incoarle un expediente disciplinario –y se lo abrieron-, a mí el inspector me secuestró de oficio los sobresalientes y entregaron a los padres los boletines con la casilla de mi asignatura en blanco, sin más explicaciones. Eso sí, antes habían tenido el detalle de rogarme encarecidamente que cogiese una baja para, en mi ausencia, decir que estaba pirao y justificar así la evaporación del sobresaliente general. ¿Cómo explicar ante los ordinarios de turno que en varios cursos de una misma promoción los alumnos han merecido sobresaliente, cuando lo único que sobresale desde hace lustros es el acierto abrumador de las políticas educativas, en medio del suspenso general de todo el sistema y sus usuarios?
   - ¿Estamos locos, o qué? Menudo desorden, …si el tema trasciende. ¡Cuántos quebraderos de cabeza darían los agravios comparativos! ¡... y qué atroz incremento del caos!
   -pensaría el secuestrasobres-
Todo eso junto debía de ser algo muy malo para mis alumnos
   (recuerden: todo por ellos, pero sin ellos)
y, por lo tanto, secuestrable de oficio. Este fue mi primer avistamiento severo de un control de calidad en el sistema educativo. Casi un expediente X, vamos.

 
- Durante los años de practicante me iniciaron
   (bendito verbo)
tres expedientes disciplinarios por insubordinación. No: dos por insubordinación, un tercero por presentarme al trabajo
   (otra hermosa expresión, presentarse al trabajo)
vestido con el uniforme de los pacientes.
En mi expediente, el verbo era incoar (parece más técnico, pero no tiene el glamour de iniciar). Y por insubordinación también. Pero resulta más verosímil pensar que fue por presentarme al trabajo como funcionario con ganas de trabajar. O por decir que para dar bien las clases hacían falta ciertos medios y mejores condiciones. Mi verdadero delito fue pedir por escrito, y con registro de entrada, varios ordenadores portátiles, programas, un DVD con TV y el traslado de un ordenador sin utilizar en la sala de profesores al aula de un grupo del que era tutor, para instalarle software educativo y dejarles aprender por su cuenta. Todo esto junto y de una tacada debió resultarles amenazante, desestabilizador, si cundía el ejemplo. Y decidieron expedientar por lo sano.
   Otro parecido encuentro en el episodio que nos abrió más los ojos: Lobo Antunes no puede olvidar a un muchacho que se roció con gasolina y se prendió. Lo mío no llegó a tanto, pero sí vi a varios alumnos desvanecerse o salir del centro en ambulancia y a un amigo de las ecuaciones decir, mientras abanicaba a un aturdido, “tranquilo, sólo es ansiedad…” Todo el edificio era un contenedor inflamable y un avispero de zumbidos de motor interminables, resultado de un proyecto arquitectónico infame que pasó por alto su insolación permanente y la vecindad de seis carriles de autovía poco dispuestos a alejarse de la pizarra.
   Los ciegos de oficio decidieron sobre papel que 27-30º C eran condiciones normales para dar clase y 75-80 decibelios también, sin vacilar lo mínimo cuando conocieron además que unas sierras radiales y asesinas gustaban de unirse al coro infernal. Apenas unos grados centígrados y 15-20 decibelios separan al estudiante de su condición de biomasa, un sucedáneo fácil de clonar y mucho más barato de entretener. Los mismos grados y decibelios que alejan al señor de la pizarra de su condición de profesor y lo reducen a contaminación acústica. Pero explicarle estas cosas a los de orden = bien era tarea condenada al fracaso. Antes o después habría que darles con alguna metáfora en el morro, cosa muy mal vista entre personajes tan literales, grises y ordinarios de oficio. Total, para terminar explicándoles la diferencia entre un proyecto barato pero inútil y otro algo más caro pero compatible con su finalidad educativa... a quien administra la mala educación.

   Me perdió hablarle a los alumnos de ergonomía y prevención de riesgos laborales en un edificio enfermo, regentado por incondicionales de la ecuación ordenado = bueno y, por lo visto, ya muy habituados a convivir con la enfermedad estructural. A Lobo Antunes le fastidió su excesiva identificación con los pacientes rapados del psiquiátrico y, sobre todo, presentarse al trabajo con uniforme de impresentable, el mismo que usaban los pacientes. Ya se sabe… la indignación es el detonante de la sublevación, y cuando ciertas cosas quedan patentes, el paso siguiente es inevitable y desordenado.

[Me acuerdo…] Del psicoanalista que aplicaba electrochoques en serie. Del terapeuta de grupo que, en la atención de urgencia, aplicaba dosis de inyecciones que me aterraban. Musitaba con dulzura
   -Y ahora se toma un Lorenim y se queda confuso pero sereno.
Y, de hecho, la víctima se babeaba, farfullando incoherencias. Por lo menos no estorbaba a nadie.
Con qué eficacia filtra el tiempo los episodios y nos deja sólo bosquejos desplumados de lo que en su momento fueron impresiones en tromba. Quizás con todos sus detalles queden ocultos los significados y sea preciso recordarlos en esquema para que hoy tengan sentido. El psicoanalista aficionado al electrochoque y el terapeuta de grupo me evocan una clase donde permanecimos dentro del aula, a pesar del calor insoportable, porque queríamos ver una película en DVD y disponíamos de reproductor y proyector multimedia. Una muchacha cargada de sentido común me pidió, por favor, abrir un poco la ventana porque tenía mucho calor. Tenía su espalda apoyada contra la pared del fondo y le pedí que se acercara a la puerta del pasillo, que estaba abierta, a ver si notaba alivio, porque si abríamos la ventana entraba el ruido del tráfico por la autovía y anulaba el sonido de la película que a duras penas escuchábamos por el pequeño altavoz del proyector. Prefirió quedarse donde estaba y, al cabo de unos minutos, se acercó y me dijo que notaba calambres en el brazo derecho y tenía varios músculos de la cara rígidos.
Reconozco que me alarmé cuando comprobé que era cierto, y la acompañé a llamar a sus padres para irse a casa. Pero no pude evitar la sensación de haberlos puesto ese día al borde del desmayo y el calambre con mi empeño por evitar los ruidos para escuchar la película. Cuando volví de acompañarla vi al resto de la clase medio ‘sonaos’, adormilados y a duras penas manteniendo la cabeza sobre el cuello, con las ventanas abiertas para ventilarse como fuese y el ruido del tráfico apagando la banda sonora –que además distorsionaba como una lata por estar al máximo-. Comprendí que había caído en la trampa de la falsa ecuación: orden no era sólo igual a bueno; podía equivaler también a modorra, aburrimiento, agotamiento, ausencia, indiferencia y hasta muerte lenta por asfixia.
   El efecto del Lorenim sobre los pacientes del psiquiátrico lo provocaban el calor y el ruido sobre mis alumnos. El babeo y las incoherencias sería cuestión de tiempo, supongo. Ese día volví a casa con muy mala oszia y peor cuerpo, que se agravó cuando supe las causas fisiológicas de los calambres y la rigidez muscular referidos por la pobre chica. En vez de llevarla a la cafetería y asegurarme de que ingería líquidos y zumos para reponer el agua y las sales perdidas –causas de los síntomas-, hice el jilipollas empeñándome en proyectarles una película del montón en un espacio sin condiciones ergonómicas elementales y viciado por la ecuación orden = bueno, tan insalubre en ambientes educativos medios y bajos.


   -Es una pena que usted sea tan impulsivo
yo que no era para nada impulsivo.
   En veintisiete meses de guerra una persona aprende, aunque no sea más que a dominarse. Quien no se dominaba, se moría.
Con qué frecuencia tendemos los humanos a considerar raros, impulsivos o de mal carácter a quienes se mueven en registros distintos al nuestro. Por lo que a mí respecta, prefiero las personas raras pero con talento, de mal carácter pero coherentes y lúcidos. Son los soplagaitas de presunto buen carácter los que me sacan de quicio. Por lo general, en ellos su carácter está por ver y lo poco que se observa huele a pose. Es la gente “de perfil institucional”, sin fuste individual y amaestrados para la estandarización de gestos vacíos, expresiones comodín y modales de conveniencia, la que me pone de los nervios. Con qué dificultad ocultan la mayoría su propensión al doble lenguaje y a la mentira patológica, agravados según la magnitud del deseo de medrar y su capacidad de aguante hasta lograr la plena abdución por el poder.
   Hay que tratar con benevolencia a los que nos dicen que tenemos talento pero nos pierde el carácter. Verbalizar tales cosas ya supone un esfuerzo considerable y un punto de admiración que sólo surge de la amistad. Pero muchos no entienden que es el carácter lo que propicia el talento, obligado a seguirle muy de lejos en proyectos excesivos e imprudentes, impuestos casi por nuestro temperamento o tejido emocional. Pocas veces nuestros conocimientos y habilidades están a la altura de lo que el temperamento nos exige. Un carácter inquieto y “proyectante” es fuente de tormentos sin fin para quien anda justo de recursos mentales. Sin embargo, quien cultiva con esmero ciertas habilidades y nunca se da por satisfecho al aprender tendrá muchos motivos para estarle agradecido a su carácter. Sin él sus conocimientos no pasarían de ser mera instrucción y sus proyectos meros encargos de circunstancia.
   Quizás no merezca la pena detenerse en explicarle a los íntimos que lo “impulsivo” a sus ojos no es más que el destilado inevitable de muchos otros pulsos y palpitaciones que, pujando con igual o más fuerza, de momento quedaron bajo control. Ese esfuerzo de contención resulta agotador y requiere un carácter fuerte. Igual procede hablarles de la distinción entre sistemas en equilibrio aparente pero sin dinámica alguna (el orden sereno de los cementerios, p.ej.) y el dominio o equilibrio resultante de la tensión entre fuerzas opuestas, como en el arco y la lira de Heráclito.


- Escribí todo un libro sobre esto, llamado Conocimiento del infierno, y el resultado fue que uno de mis jefes se apareció con una pistola en el hospital para pegarme un tiro. No estaba sereno ni ordenado pero no lo internaron. Cuando se cruzaba conmigo, se echaba a correr.
Qué atrevimiento, reflejar al jefe en un libro de autorreflexión. Casi todos los jefes se te aparecen con pistola, antes o después. Sólo te puedes fiar de los compañeros, que no pasan del 15-20% por lo general. El resto son sólo mano de obra, y muchos sólo manos, sin obra ni oficio alguno. Es una temeridad permitir que tu inmediato superior, jefa o jefo, acceda a tu diario personal y tenga la desgracia de verse en un espejo menos afín y complaciente. Como es de primerizos decirle lo que realmente piensas de su encomiable labor. O sacas el libro con seudónimo o te esperas a que muera el jefe. Pero no hay término medio. Un jefe subsiste en su inframundo particular a base de autobombo y charlas con abducidos, con otros igual de jilipollas pero más cercanos al puesto al que de verdad aspira y para cuyo perfil se entrena gesticulando cada mañana en el baño. Hacerles llegar por escrito la verdad es toda una imprudencia con resultado más que probable de lesiones y hasta homicidio. Primero porque les jodes el autobombo, cosa que a muchos les hunde y no sólo les afecta (bastante afectados van ya de por sí). Y segundo porque lo desplazas perturbadoramente del círculo de abducidos y le obligas a mirar para abajo, delito equiparable a pinchar un globo en plena ascensión.
   De poco sirve apelar a normativas, leyes y reglamentos de regímenes internos o externos. Un jefe es un jefe, en su perfecta idiotez, pero las normas le afectan a él de manera distinta que a ti. No está escrito en ningún sitio pero te lo dicen por todos lados. Ha de presentar un cuadro clínico meridianamente claro, pero ten por seguro que la medicación te la pondrán a ti, no a él. Lo que nunca debes asumir es que toda salvación pasa por el jefe. Más bien lo contrario: no hay perdición sin el jefe. Pero mientras no suponga un riesgo socio-laboral inminente, a disimular por el hospital y cuidado con las pistolas.
 
Me da vergüenza haber trabajado en el hospital. De haber sido médico allí. De haberme callado tantas veces. Tenía que ganarme la vida, ¿no? Todos tenemos que ganarnos la vida, ¿no? Una muchacha se estranguló con la cinta del pelo, y el asistente a mí
   -Esto queda entre nosotros.
También yo siento vergüenza de haber trabajado tanto tiempo en algunos sitios y de haberme callado demasiadas veces. Sobre todo lamento haber aparentado creer que orden = bueno y que tanto lo que hacía como lo que dejaba de hacer era para ganarme la vida. En realidad me la estaba desganando, y para largo. Me parece destructivo permanecer durante años con la sensación de no tener carácter ni proyectos. De momento, seguiré leyendo a los que conocen el infierno porque debían ganarse la vida. Después ya veremos qué hacer ante los jefes con pistola y poco serenos. Odiaría ser un esbirro al servicio de un jefe idiota.




------------ Imagen: Fernando Vicente, para Babelia/El País.------------
Homo-antorcha en psiquiatrico





¿Cuál es la diferencia?
Espacio reconvertible en psiquiatrico esperando su antorcha
------------ Imagen: OjiDigital Press ------------

 
El pedo de Trillo
«Trillo contrató un seguro de 450.000 € para él y 20 cargos de Defensa».

Con esta noticia nos sorprende hoy El País (2/12/04). Se trataba de un seguro de vida y accidente, cuyos beneficiarios eran el ex-ministro de defensa del PP y otros 20 altos cargos de su departamento. Suponía una indemnización de 450.759 € para cada uno en caso de fallecimiento, y llama la atención por las cláusulas que detallan su cobertura: Abarca las 24 horas del día, las actividades propias del puesto y los accidentes que pudieran producirse en "la práctica de la caza, esquí, deportes náuticos y patinaje", además de "los que pudieran producirse en caso de embriaguez, siempre que ésta no tenga carácter habitual". Sí cubriría la borrachera frecuente -una verdadera pandemia en ciertos niveles de la administración, más grave cuanto más digitalizado está el cargo-. Pero, por lo que yo leo, el sentido natural de esta cláusula se orienta a proporcionar amparo en caso de coger "un pedo como el de un general".

El coste de la póliza asciende a 22.728 € y la paga Defensa, faltaría más. La adjudicación de tan millonario contrato estuvo a la altura de la cláusula cubre-pedos: se otorgó por procedimiento negociado y sin publicidad a la empresa ACE Insurance en dic. 2001 y cumple el 31 dic. del 2004, aunque Bono no piensa renovarla.

Señala El País que entre los beneficiarios de la póliza figuraban, además del propio Trillo, el secretario de Estado de Defensa, el director del servicio secreto CNI, el secretario general de Política de Defensa, el subsecretario, la secretaria general técnica y 11 directores generales, así como los 4 miembros de la cúpula militar.

Lo insólito de esta póliza, aparte del pedo seguro, es su contraste manifiesto entre la indemnización actual por la muerte de un soldado en España (19.230 €, psicol. equivalente a 3.200.000 Ptas.) y la resultante por lesiones en la práctica de la caza, esquí, deportes náuticos y patinaje (450.759 €, 75.000.000 Ptas.). Con toda seguridad, el incremento va en función de la gravedad de la actividad a realizar y la natural propensión a desarrollar conductas irresponsables por parte del beneficiado. Mientras la póliza del soldado permitiría afrontar durante unos meses la guardería del huérfano y la hipoteca de la viuda si no reside en Madrid, Barcelona o San Sebastián, la de Trillo y sus generales les daría un respiro durante años en caso de torcedura de tobillo, golpe en la rodilla contra el hielo y rozaduras con las cuerdas del yate. Como el soldado vuelve fallecido y acostumbrado a la austeridad, para qué gastarse más. Dejemos el resto para quien, por su permanente exposición al riesgo de pedo en edad avanzada, sí va a necesitar asistencia hospitalaria, rehabilitación psico-física e incluso prótesis, incluidas, pero no limitadas a, las dentarias.

La póliza marrón-caqui cubre la deudas naturales del soldado y sus familiares. La póliza-oro de Trillo y allegados nos protege a nosotros, es decir, a todos los demás habitantes del país y a muchos extranjeros, contra sus prácticas deportivas y sus frecuentes decisiones en presunto estado de embriaguez.

Lástima que algunas de estas decisiones se tradujeran en la pérdida del derecho a una indemnización de 56.306 €, 9.368.530 Ptas.) prevista para los militares que fallecieron en el accidente del Yak-42 en Turquía, pues entre pedo y pedo perdieron por lo visto el control y las subcontrataciones se les fueron de la mano, yendo a parar al suelo de Trebisonda.

Me viene al recuerdo el aptdo. sobre "Exigencia de la responsabilidad patrimonial de las autoridades y personal al servicio de las Administraciones Públicas" de la Ley 30/1992, 26 nov., que en su art. 145 establece:

«1. Para hacer efectiva la responsabilidad patrimonial a que se refiere el Capítulo I de este Título, los particulares exigirán directamente a la Administración pública correspondiente las indemnizaciones por los daños y perjuicios causados por las autoridades y personal a su servicio.

2. La Administración correspondiente, cuando hubiere indemnizado a los lesionados, exigirá de oficio de sus autoridades y demás personal a su servicio la responsabilidad en que hubieran incurrido por dolo, o culpa o negligencia graves, previa instrucción del procedimiento que reglamentariamente se establezca.»

Permítaseme sugerir al Ministro Bono que aproveche los escasos días que restan de vigencia a la póliza-oro del Sr. Trillo y allegados para "exigir de oficio" las indemnizaciones por los daños y perjuicios causados por las autoridades al personal a su servicio, incluyendo, pero no limitándose a, los fallecidos en Turquía.
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[Cómo dejar de mencionar el asombroso paralelismo entre la póliza-oro cubre pedos del Sr. Trillo y la póliza pro-vida (BOC 11/10/04) para los miembros del Gobierno y altos cargos de la Administración Pública de la Comunidad Autónoma de Canarias y de sus Organismos Autónomos (103 altos cargos, ahí es nada), por un importe de 138.000 euros de prima anual, psicol. equival. a 23.000.000 Ptas.). Las garantías y capitales asegurados por persona con carácter mínimo son:

- Fallecimiento por cualquier causa: 150.000 euros por asegurado.
- Fallecimiento por accidente: 150.000 euros por asegurado.
- Fallecimiento por accidente de circulación: 150.000 euros por asegurado.
- Incapacidad Permanente Total para la profesión habitual por cualquier causa: 150.000 euros por asegurado.
- Incapacidad Permanente Total para la profesión habitual derivada de un accidente: 150.000 euros por asegurado.

No se menciona reserva alguna en cuanto a indemnizar en caso de que la incapacidad para el cargo fuese previa a su desempeño, o sobrevenida y sin mediar accidente, o constitutiva y digitalmente amparada. Sólo se indica que las indemnizaciones por accidentes son acumulativas, lo que significa que en caso de muerte por accidente de circulación la indemnización se elevará a 450.000 euros por asegurado (¡EXACTO: IGUAL QUE LA PÓLIZA CUBRE-PEDOS DEL SR. TRILLO! ¿PURA CASUALIDAD? No; es la moda de temporada, estilo abducido, importada de Madrid).

Es inevitable comparar con las cuantías de las pólizas de los funcionarios del Gobierno de Canarias y de los trabajadores laborales:
- Fallecimiento por cualquier causa: 12.000 euros (2 mill. ptas.) por asegurado (para guardería y pañales, no más).
- Incapacidad Permanente Total para la profesión habitual por cualquier causa: 6.000 euros (1 mill. ptas.) por asegurado (laborales: 12.000 euros por asegurado), hasta encontrar algún empleo negro en política felizmente adornado con seguro cubre-pedos hasta la muerte, suponemos.]