Poema escrito por Camilo J. Cela en sus últimos días
Casi cien acrósticos
(poemilla para el día de Reyes del año MMII)
Camilo José Cela
Publicado el viernes, 18 de enero de 2002 en la Tercera de ABC
El poeta N. N., que no tenía nombre porque lo prohibía la ley de su país, recibió el Año Nuevo en el viejo convento de Santa María de las Nieves, en Toledo, y acogido a la capa de armiño de su anfitrión y aprovechando la presencia de la determinada dama de sus sueños, escribió unos versos que hoy pone, con toda humildad, a los pies de quien quiera oirlos. Jamás pensó el dicho poeta que el amor sumara tanta benévola acritud a la dulce muerte.
Te diría al oído la palabra todo
Si descubriese de repente que sirve para algo
Y vale para lo que quisiera que me oyeras
En un profundo silencio.
Sé bien que me estoy muriendo pero no de vejez sino de amor
Y también sé que te estoy matando pero no de juventud
sino de amor
(Aunque esto sea muy difícil de explicar).
Cuando la esperanza se convierte en quebradiza realidad
Y todos los misterios están ya maduros para dejar de serlo
Una rara sensación de dolor invade el corazón del hombre
Y pide auxilio a los fantasmas.
Sé que no me negarás un recuerdo de mínima caridad
Y sé que no me vas a tupir el hueco que dejo en tu corazón con
la amargura del olvido del luto que ya no lo es.
Tus palabras no me sirven pero me están ayudando a morir
de estupor.
Te juro que ignoraba los casi cien acrósticos
Todos bellísimos y ciertos
Que podían hacerse con las letras de la palabra amor.
(poemilla para el día de Reyes del año MMII)
Camilo José Cela
Publicado el viernes, 18 de enero de 2002 en la Tercera de ABC
Te diría al oído la palabra todo
Si descubriese de repente que sirve para algo
Y vale para lo que quisiera que me oyeras
En un profundo silencio.
Sé bien que me estoy muriendo pero no de vejez sino de amor
Y también sé que te estoy matando pero no de juventud
sino de amor
(Aunque esto sea muy difícil de explicar).
Cuando la esperanza se convierte en quebradiza realidad
Y todos los misterios están ya maduros para dejar de serlo
Una rara sensación de dolor invade el corazón del hombre
Y pide auxilio a los fantasmas.
Sé que no me negarás un recuerdo de mínima caridad
Y sé que no me vas a tupir el hueco que dejo en tu corazón con
la amargura del olvido del luto que ya no lo es.
Tus palabras no me sirven pero me están ayudando a morir
de estupor.
Te juro que ignoraba los casi cien acrósticos
Todos bellísimos y ciertos
Que podían hacerse con las letras de la palabra amor.