Diario de un profe de filo libre en el decir
Comentarios críticos sobre el sistema educativo.
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Me gusta hacer «experimentos pedagógicos», combinando internet y contenidos de interés filosófico o político. Investigo el potencial crítico de las tecnologías de la información al servicio de la movilización y cooperación ciudadana. Me parece que la mejor manera de luchar contra los desmanes de la "mala educación" y la ignorancia, sobre todo en contexto político y administrativo, es facilitar el acceso universal al conocimiento. No creo en un sistema educativo asimétrico, autoritario y empobrecido, gestionado por tecno-analfabetos, instrumentalizado políticamente y al servicio preferente de los intereses de sus funcionarios más viejos. Me interesa «el punto de vista de los usuarios» como criterio prioritario de calidad en el sistema público de enseñanza y principal antídoto contra su actual degeneración surrealista. Considero 'buenos por naturaleza' a los usuarios de cualquier sistema educativo no obligatorio y sostengo que "el cliente siempre tiene razón".
Sindicación
 
Pena de muerte por mejorar su cociente intelectual
Un preso deficiente mental puede ser ejecutado por aumentar su inteligencia
[El Pais / PeriodistaDigital.com]

Daryl R. Atkins evitó la inyección letal hace tres años porque su condena a
muerte quedó suspendida por el Tribunal Supremo de EE UU.

Aquella sentencia estableció la prohibición de ejecutar a reclusos cuyo coeficiente intelectual esté en la categoría de retrasado. Gracias al caso de este recluso, cientos de presos salieron de los corredores de la muerte. Pero, lamentablemente para él, el esfuerzo intelectual que hizo al luchar por su vida ha elevado su coeficiente por encima de lo que el Estado de Virginia considera aceptable: ahora quieren ejecutarlo por haber dejado de ser retrasado.

La sentencia del Tribunal Supremo estableció por seis votos contra tres que la ejecución de presos retrasados es inconstitucional porque atenta contra la Octava Enmienda, que prohíbe los "castigos crueles". El juez John Paul Stevens escribió junto a la sentencia: "Debido a sus discapacidades en el razonamiento, el juicio y el control de sus impulsos, no actúan con el nivel de culpabilidad moral que caracteriza a las conductas criminales adultas más graves". Según el juez, su situación intelectual también "puede poner en peligro la fiabilidad y la equidad" de los procesos.

La sentencia concluía con esta frase: "No nos parece que la ejecución de criminales intelectualmente retrasados contribuya lo más mínimo al propósito retributivo o preventivo de la pena de muerte".

Atkins y un compinche, según la sentencia original, secuestraron a un joven empleado de la base militar de Langley a quien obligaron a sacar dinero de un cajero automático con sus tarjetas de crédito. Cuando las tarjetas dejaron de funcionar, asesinaron a Eric Nesbitt, de 21 años, con ocho disparos a quemarropa.

Durante el juicio, los exámenes de psicólogos y pedagogos establecieron que el coeficiente intelectual de Atkins, que tiene ahora 27 años, era de 59, entendiendo la media de la población como 100. Aunque su coeficiente estaba incluso por debajo del umbral del retraso mental según Virginia (70), la condena a muerte sólo se frenó cuando el Supremo aceptó revisar el caso. Tras el fallo del Supremo, las autoridades del Estado inmediatamente sacaron a Atkins del corredor de la muerte.

Entre el juicio de 1998 y la sentencia del Supremo transcurrieron cuatro años en los que el recluso, a pesar de su condición intelectual, trató de comprender su situación en compañía de su abogado.

"Sorprendentemente, ese contacto constante con los abogados que trabajaron en su caso le proporcionó en la cárcel más estímulos intelectuales de los que había recibido en su adolescencia, con la práctica de la lectura y la escritura, el aprendizaje de conceptos legales abstractos y la comunicación con profesionales", escribió hace dos meses en un informe el psicólogo penitenciario encargado de valorar su situación intelectual.

Inmediatamente después, la fiscalía pidió un nuevo examen mental a Atkins que proporcionó un número fatídico para él: su coeficiente intelectual había ascendido a 76, es decir, seis puntos por encima del límite que impedía su ejecución. El cambio ha permitido la revisión de su condena. Por primera vez, será un jurado el que determine si debe regresar al corredor de la muerte para ser ejecutado.

La fiscalía estima que si el coeficiente ha subido en estos años, también pudo haber bajado entre la comisión del crimen y el juicio. Eileen M. Addison, dice que si fue capaz de manejar una pistola, reconocer un cajero automático, secuestrar a un individuo y llevarlo a una zona solitaria para matarlo, Atkins no era retrasado.

Los psicólogos parecen estar de acuerdo en que el coeficiente intelectual de las personas sube y baja a lo largo de la vida, pero no más de cinco puntos arriba o abajo. El coeficiente también suele subir a razón de tres puntos cada década.

La semana pasada, el nuevo juicio se retrasó porque la defensa pidió más tiempo para buscar testigos capaces de avalar que Atkins sufría un claro retraso en la época en la que cometió el crimen. La fiscalía aprovechará que el acusado cometió más de una docena de delitos para demostrar que los resultados del primer examen eran erróneos y que Atkins debe ser ejecutado.



Daryl R. Atkins
Daryl R. Atkins, durante el juicio contra él que le reconoció retrasado mental en 1998.


Más información:
1. Muerte al inteligente [Del mismo autor, en geocities]
2. Pena de muerte por mejorar (El País -suscripción-).
3. Pena de muerte por mejorar (Blog de Manuel Salamanca).
4. Al cadalso, por listo.
5. The International Justice Project: Mental retardation.
6. Rising IQ imperils killer once considered mentally retarded.
 
Comentario:
Vi un eco a tu post aquí en la Bitácora de Aníbal, con un par de comentarios: 1 y 2.
No