Diario de un profe de filo libre en el decir
Comentarios críticos sobre el sistema educativo.
Acerca de
Me gusta hacer «experimentos pedagógicos», combinando internet y contenidos de interés filosófico o político. Investigo el potencial crítico de las tecnologías de la información al servicio de la movilización y cooperación ciudadana. Me parece que la mejor manera de luchar contra los desmanes de la "mala educación" y la ignorancia, sobre todo en contexto político y administrativo, es facilitar el acceso universal al conocimiento. No creo en un sistema educativo asimétrico, autoritario y empobrecido, gestionado por tecno-analfabetos, instrumentalizado políticamente y al servicio preferente de los intereses de sus funcionarios más viejos. Me interesa «el punto de vista de los usuarios» como criterio prioritario de calidad en el sistema público de enseñanza y principal antídoto contra su actual degeneración surrealista. Considero 'buenos por naturaleza' a los usuarios de cualquier sistema educativo no obligatorio y sostengo que "el cliente siempre tiene razón".
Sindicación
 
Aspiraciones inconfesables de un profesor muy ordinario
¿Es mucho pedir un aula donde poder dar clase con normalidad, sin soportar el ruido constante de 6 carriles de autovía como fondo ni temperaturas por encima de 30º C toda la mañana?

¿Es mucho pedir que mis alumnos tengan de manera efectiva el confort térmico y acústico que establece la normativa para la construcción de instalaciones educativas? ¿O debemos seguir callados mientras vemos cómo los alumnos se nos asfixian como pollos de granja en verano, cómo varios a la semana sufren desvanecimientos, al tiempo que nosotros nos quedamos afónicos a los 10 minutos de clase y el sudor nos escuece el trasero, por decir algo?

Podrá parecer surrealista a cualquiera con sentido común (justo el que pierden muchos dedinombrados), pero he tenido que oír en varias ocasiones últimamente y por distintos canales que "es normal, y no es para tanto" una temperatura de más de 30º C dentro de aulas a rebosar con 35 alumnos, con una humedad relativa alrededor del 80% o superior, que obliga a los alumnos a estar abanicándose e hidratándose constantemente, que irrita y provoca dolor de cabeza o sensación de mareo a cualquiera que permanece en el cubículo apenas un rato, que obliga a abrir las ventanas y las puertas que dan al pasillo para que circule algo de aire porque si no nos ahogamos, y que junto con el aire entra el ruido insoportable de 6 carriles de autovía justo a unos metros frente a las aulas... Pues por lo visto y oído hoy sí: el de turno considera eso "normal"; si acaso, un poco molesto, "pero que no es como para salirse al patio a dar la clase ahí"... ?

Ninguna propuesta de solución técnica concreta, ninguna medida eficaz materializada en 5 años... Usuarios más resistentes al calor y al ruido es lo que necesitamos, en lugar de construcciones adecuadas a la tarea para la que se proyectaron... Y, sobre todo, buenos argumentos: «Si otros antes han aguantado, ¿por qué vds. no?»; o «ya se acostumbrarán... esto es sólo los primeros meses...»; "cuando llegue el frío, se acabó el problema".?

Mientras tanto, hay que asistir cada día al bonito espectáculo de varios alumnos saliendo en ambulancia del centro o sufriendo mareos en clase, hasta que el frío los mantenga dentro y en perfecto estado. Y seguir oyendo que todo esto ahora es mucho menos grave «porque han abierto la circunvalación y ahora hay mucho menos tráfico por los seis carriles de la autovía, y hemos dejado de sufrir el ruido adicional que provocaban los atascos»... Se aprecia la buena voluntad, pero no es suficiente. Alguien debe decir, con claridad y ante quien corresponda, que existe una normativa sobre confort acústico y térmico que nuestro cocedero de mariscos comprado a precio de centro educativo no cumple desde el principio, y que alguien de entrada poco competente y quizás muy irresponsable tuvo que dar el Visto Bueno (no el "visto, y ...ejem ...bueno... ahí tenéis eso") y autorizar este disparate, este verdadero atentado contra unos cuantos manuales de prevención de riesgos laborales, si tenemos en cuenta lo que muchos trabajadores subjetivamente perciben o padecen. Alguien debería haber instado, nada más tener conocimiento de estas circunstancias, la realización de mediciones objetivas hechas por técnicos autorizados de Prevención de Riesgos Laborales o Seguridad e Higiene y un seguimiento detenido hasta comprobar con rigor los efectos de esta nefasta combinación de calor y ruido insoportables simultáneamente sobre todos los usuarios potenciales del edificio.

En estos casos suelen aparecer diferentes puntos de vista: El del currante que ve una amenaza más o menos seria a su salud si continúa trabajando en esas condiciones mucho tiempo; el del funcionario partidario de "los plazos y soluciones administrativas" y la adopción de medidas "compatibles con el mantenimiento indefinido de la misma situación" (petición de elaborar informes o comunicado a otras instancias del problema, justo a las mismas que han permitido que la situación dure al menos 5 años ya y no se han gastado un duro en afrontarla con eficacia); el del funcionario-gestor encargado de aparentar "normalidad a toda costa, pase lo que pase", a menudo poco conocedor de los riesgos concretos sobre la salud que estas deficiencias conllevan y el único beneficiado, por lo visto, con la ocultación del problema y la solicitud de resignación y más resistencia a los trabajadores / alumnos; y, por último, el de los usuarios, normalmente desinformados sobre las condiciones adecuadas para realizar su tarea y de los requisitos mínimos que, por ley, deben cumplir las instalaciones en las que va a recibir la prestación de un servicio público esencial, como es la educación.

Pues bien, en esta colisión de puntos de vista, el más perjudicado por principio suele ser el del usuario. ¿Por qué? Pues porque los funcionarios a menudo actúan como si la clientela estuviera garantizada, por cutre que sea la oferta y penosas las condiciones, y la presión de la competencia no les perturba. Además, no todos los funcionarios están en la misma situación: el menos fijo no quiere buscarse problemas y el menos viejo no quiere ganarse enemistades que le puedan hacer la situación aún más difícil. Y los dedicados a la gestión disponen de un pequeño arsenal de estrategias de presión o amedrentamiento que, habitualmente, resulta eficaz para desactivar cualquier protesta procedente de usuarios o trabajadores exigentes. Esto es así porque la mayoría de la gente (usuarios, currantes) son personas normales que quieren dormir tranquilas y no llevarse más problemas a casa de los que ya tienen, y gran parte opta por bajar la cabeza y guardar silencio más veces de las que quisiera. No obstante, en esta amalgama suele haber un ingrediente podrido o, mejor dicho, un punto de vista perverso por naturaleza: el de quien teniendo conocimiento del problema y de muchas de sus graves consecuencias, con detalles concretos y episodios que la mayoría ignora, adopta el papel de ciego, sordo y mudo por razón de su cargo, por lealtades políticas o por encargo expreso de quien le ascendió a la condición de esbirro, para servir de parapeto y contención a los problemas y mantener a un colectivo numeroso en condiciones lamentables durante años pero aparentando "normalidad". Cuando esta función de ocultamiento se ejerce simplemente por terror a volver a las aulas o por incapacidad para "volver a pringar", y con tal de mantenerse en el puesto se hace lo que haya que hacer fastidiando a quien se ponga en medio, directamente y por méritos propios se adquiere la condición de impresentable, en lo moral y en lo profesional. Los síntomas de esta condición son muy claros: El afectado recurre al doble lenguaje sistemáticamente, miente a quien sea preciso con tal de aparentar complicidad o interés en la causa mientras amenaza al mismo tiempo a quien no esté conforme, o vuelca todas sus energías en desarrollar medidas directas e indirectas de presión contra cualquiera que señale al problema y perturbe la normalidad, por artificial que sea. Si esto no da resultado, queda otro margen para iniciar maniobras aún más rastreras: al disconforme se le tacha de perturbado, de loco, de obsesivo, de inadaptado... Aunque sólo pida un aula donde el ruido le deje explicar y donde sus alumnos no se asfixien como pollos. Aunque sólo diga que una sierra radial le ha puesto la cabeza como un globo aerostático a él/ella y a toda su clase porque entre las ventanas de su clase y el taller donde mora la sierra no hay aislamiento acústico ninguno... (dando así a entender que al arquitecto se le pasó el detalle... y a quien recepcionó la obra también... y a cuatro promociones anteriores no les molestó tanto... y que la cosa lleva tiempo siendo para más...).

Al lado de esto, resulta frívolo decir que mis aulas están tan vacías como las de Fray Luis de León siglos atrás; que sólo en una tengo un televisor con vídeo pero sin DVD; que en ninguna tengo ordenador conectado a internet con un monitor grande o sistema de proyección; que en un espacio donde hay 14 ordenadores funcionando no caben mis 35 alumnos y no hay sillas para todos, además de que esos equipos están capados y tiene muy pocos programas instalados; y además me han dicho que ese espacio no es para dar clase... Y más que frívolo es patético que el único ordenador portátil que hay a nuestra disposición en el centro no tenga DVD, ni salida de vídeo, ni entrada para red; que en mi departamento apenas haya material y que sean mis alumnos los que traigan las películas de casa (porque la mayoría sí tiene DVD y ordenador) y me las presten para las actividades, o las bajen de internet y las traigan a clase colaborando así para paliar la ruina de la escuela pública. Los mismos alumnos que esta mañana me han dicho que estaban dispuestos a hacer una colecta entre todos para comprar un DVD capaz de leer MPEG4 ... mientras por otro lado uno tiene que aguantar oír que uno de los vídeos/DVD/TV existentes en otra aula donde doy clases era de otro departamento y para su uso exclusivo...

En el haber, debo anotar que recientemente pude disponer del salón de actos para usar en él un proyector multimedia conectado al portátil ese sin conexión de red y ver así La Milla Verde bajada de internet, aunque no estaba completa [lo siento, porque quedó muy poco profesional]; pero cuando bajé las persianas del salón de actos y los vi atendiendo en silencio a la película tuve por primera vez la sensación de que algo parecía funcionar bien y que, al menos en ese momento, con esos medios y en ese espacio bien aislado del ruido y calor excesivos, podíamos competir con cualquier colegio privado. Lo triste, ordinario y maleducado es que eso resulte excepcional, que no pueda ser lo habitual en cada clase, con todos los grupos y a cualquier hora, sin necesidad de solicitud anticipada. Esto es lo que me irrita y estresa, porque damos la sensación de que la irrupción de la tecnología en el sistema educativo es tan lenta que hay que contemplarla casi como algo sagrado, excepcional y sólo para fiestas de guardar, cuando su uso pedagógico debería ser lo más rutinario... Y porque es la sensación que irremediablemente transmiten todos los tecno-analfabetos, de cuyos desmanes otro día hablaremos.

En todo caso: nadie está exento de pensar por sí mismo, de exigir los mínimos de confort acústico y térmico que establece la normativa, de velar por su propia salud y de poner en conocimiento de los Ilmos. de turno que su alumnos se están asfixiando ante sus ojos, que así no pueden atender y mantener un rendimiento normal en clase o durante el curso y que tienen muchas razones para ser absentistas -porque hay mal ambiente físico, térmico, acústico- y mostrar poco interés en lo académico, dadas las condiciones. De momento, y como cuestión de salud y hasta supervivencia, al patio cuando sea necesario. No sea que, tras un desvanecimiento severo, lo único que acertemos a decir sea: "Pero si un inspector y todos los ilustrísimos de turno nos dijeron que no era para tanto...". Piensen vds. que muchos de ellos hasta pueden tener a sus hijos en la privada y, con toda certeza, habrían montado el pollo desde comienzos de curso si su niño/a al llegar a case les dice: "Papá, me asfixio en clase y esta mañana tuve un mareo y caí al suelo por el calor" ¿O es mucho pedir?
 
 
Comentario:
quria comentar en general, que para dar clase de cualquier asignatura teorica es necesario tener unas condiciones minimas de un estar en el aula a si poder dar clase con fundamento. si los profes desean dar clases y que les oigamos que tomen medidas al respecto por que es imposible escuchar a nadie con el calor y el ruido en las aulas dicho esto espero soluciones.
 
Comentario:
bueno, igual podemos empesar expresando aqui lo q nos pasa a cada uno y q figuren en algun sitio nuestros problemas para q nadie pueda seguir ocultandolos por + tiempo. Yo no entiendo q todos aguanten callados sin haser nada.
 
Comentario:
desgraciadamente soy un alumno de de la escuaela q describe texto.Estoy en el segundo curso de bachiller por lo que quiero decir que ya he aguantado esto dos años;calor intenso desde las ocho de la mañana hasta las dos,el ruido de los coches,camiones,motos,etc,llega un momento en q es imposible atender al profesor.He visto en todo lo q llevo, mas de 20 anbulancias llevandoce a alumnos,y,algunos amigos mios.¿Que culpa debemos nosotros de que algunos tontos de arriba se rasquen los pelos de la barriga?la verdad es que no habia abierto los ojos sobre este asunto,aunque tambien hay q mirar q jamas nos han informado q podemos hacer algo,pero para q moverce,si cuando precentamos una queja,lo unico q hacen es cerrar los ojos hacia la evidencia.mi pregfunta es ¿QUE ACEMOS?¿nos mobilisamos?¿O lo intentamos por los medios "pacificos"?por hay muchos alumnos que no saben nada de esto,y "siguen sufriendo en silencio"
No