Diario de un profe de filo libre en el decir
Comentarios críticos sobre el sistema educativo.
Acerca de
Me gusta hacer «experimentos pedagógicos», combinando internet y contenidos de interés filosófico o político. Investigo el potencial crítico de las tecnologías de la información al servicio de la movilización y cooperación ciudadana. Me parece que la mejor manera de luchar contra los desmanes de la "mala educación" y la ignorancia, sobre todo en contexto político y administrativo, es facilitar el acceso universal al conocimiento. No creo en un sistema educativo asimétrico, autoritario y empobrecido, gestionado por tecno-analfabetos, instrumentalizado políticamente y al servicio preferente de los intereses de sus funcionarios más viejos. Me interesa «el punto de vista de los usuarios» como criterio prioritario de calidad en el sistema público de enseñanza y principal antídoto contra su actual degeneración surrealista. Considero 'buenos por naturaleza' a los usuarios de cualquier sistema educativo no obligatorio y sostengo que "el cliente siempre tiene razón".
Sindicación
 
Instrucción pública
EDUARDO HARO TECGLEN (El País, 20/10/2004)


«El regeneracionista activo Zapatero no pierde fecha; se reúne con los rectores y promete dar un impulso a la educación. Por no dejar de rezongar, para no perder el aliento ni la mala fama, recuerdo que la inimitable República conservó el nombre de Instrucción Pública para el ministerio del ramo, y Franco lo cambió por Educación Nacional: no es lo mismo "enseñar a todos", que "educar a la nación". Educar es "dirigir, encaminar, doctrinar" (Academia). Contiene la temible sílaba "duc", de donde Duce, que fue Mussolini, o Conducator, de los fascistas rumanos, y toda una retahíla de palabras que indican que uno dirige o "conduce", y otros obedecen o son "dóciles". Creo que Zapatero ve claramente un problema de este país, que es la ignorancia, la incultura.

También rezongo lo que puedo cuando se habla de televisión basura: si el franquismo la quería usar, como la radio y la prensa, para conducir al pueblo, ahora es el pueblo quien la hace, quien elige sus programas; y si elige lo que parece malo a los ilustrados (que, sin embargo, no resisten el morbo de verlo), será porque no entiende otras cosas. Y si no entiende, será porque se las cuentan mal o ha sido mal educado, mal conducido. Se supone que la Universidad es el escalón final de esta instrucción. Y los catedráticos se quejan siempre de que los estudiantes les llegan mal preparados, y así nos remontamos hasta la primaria y, desde luego, a los padres. Que a su vez fueron nacionalmente educados en la mala época. Mal asunto todo éste, sobre todo cuando se rebota en los propios alumnos, ahora víctimas y culpables de su mal rendimiento: díscolos.

La inercia de la educación anterior ha ido reduciendo el humanismo en las clases en el sentido amplio, el de aguzar la facultad de pensar, expresarse, conocer la línea intelectual de la que procedemos y una ideación de que no está escrito adónde vamos; Aznar ha incidido en lo nacionalcatólico, aguzado por el franquismo; no pensar en lo que pueda molestar a las viejas supersticiones (religión, patria, poder). Ahora estaríamos en el trance de restablecerlo. (No es una utopía: en Europa aún se conserva la facultad de pensar, la necesidad del conocimiento, la libertad de la duda y del debate).»
------------------------------------------------------------------------------------------------
Comentario:


En este artículo aparecen varias ideas que cualquier alumno debería tener claras cuanto antes:


1ª. Que el verbo educar incluye entre sus significados un componente contra el que hay que estar advertidos, que es el de "dirigir, encaminar, doctrinar" (Academia), porque justificaría muchas actitudes paternalistas y autoritarias fuertemente arraigadas todavía en la escuela pública, quizás hasta que no desaparezcan por extinción biológica o jubilación los personajes que, educados en la escuela franquista, actúan en la democracia de modo muy parecido al único que conocieron.

Eso es lo que implica la raíz "duc", común a "Duce", que fue Mussolini, o "Conducator", de los fascistas rumanos. En cualquiera de sus variantes, siempre va asociada a un modelo en que alguien dirige o "conduce", y otros obedecen o son "dóciles". En los centros que conozco, los alumnos son tratados sistemáticamente como "biomasa" sin luces ni criterio propio. Por ellos se hace y justifica todo, pero en nada que suponga toma de decisiones participan activamente y carecen de plataformas de expresión espontánea y directa donde exponer sus quejas con mínimas garantías de que serán atendidas.

Se les dice que tienen el Registro de Entrada a su disposición, pero no se les facilita ningún modelo de impreso con el que "HACER CONSTAR" o "SOLICITAR" o "EXIGIR DE FORMA INMEDIATA". Sólo para formalizar la matrícula y presentar reclamaciones a notas o justificaciones de faltas, y poco más. Y si entregan demasiadas hojas y constan demasiadas cosas por escrito, entonces ya se encarga el director/ el inspector de reunirse con ellos en privado, sin levantar acta, para "advertir" a los representantes de alumnos del peligro que corren si persisten en determinadas actitudes o se niegan a asistir a las clases de un profesor que les ha insultado, amenazado o humillado, p.ej. Es la fórmula típica del Absolutismo: "Todo por ellos, pero sin ellos".


2ª. Tecglen señala un problema de este país, que es la ignorancia y la incultura generalizadas, a lo que sería sensible el nuevo presidente Zapatero. Y acierta de lleno cuando dice que algo importante falla en la cadena de prestación de servicio educativo, cuando el catedrático se queja de que le llegan mal preparados a la universidad, el profesor de instituto de que les vienen analfabetos de la secundaria y el de secundaria que así les llegan de primaria porque venían ya mal desde casa. Es un disparate colosal terminar concluyendo que tras 15 años o más de integración en el sistema educativo la culpa de la mala preparación la vienen a tener los padres, en primera instancia, y los alumnos por su dejadez o desmotivación, en segunda.

Me parece mucho más acertado concluir que el servicio educativo público se presta en condiciones lamentables y es penosamente ineficiente en sus resultados. No hay controles de calidad efectivos, sino multitud de parásitos e incapaces vegetando en los servicios de inspección, planificación y gestión educativa.

Muchos profesionales de la docencia no tienen ya ni capacitación ni interés en la tarea, tras décadas careciendo de los medios imprescindibles para su tarea, y desconocen recursos claves para sus áreas.

El excesivo número de alumnos por clase hace imposible tareas fundamentales de seguimiento y atención individualizada que permitirían detectar las deficiencias a tiempo de corregirlas, y proponer refuerzos o apoyos a edades en que serían efectivos.
Y las instalaciones suelen estar dos o tres décadas por detrás de lo que sería adecuado en función del desarrollo científico-tecnológico que los países desarrollados han alcanzado.


Si a una pedagogía todavía autoritaria le añadimos el obstáculo de una ignorancia muy generalizada y el tecno-analfabetismo de los gestores, más la politización sistemática de cualquier medida correctora, el resultado sólo puede ser desastroso. Hace tiempo que en las nuevas promociones de alumnos predominan gente motivada, con cierta capacidad de trabajo e interés por aprender. Es lo cutre de la oferta que reciben y la baja preparación previa lo que los reduce al nivel de analfabetos funcionales, incluso a los que quieren aprender y tienen cualidades. Echarles la culpa del desastre es lo más cómodo para todos los funcionarios de la enseñanza, y lo más barato para sus gestores. Pero entre todos abonamos así el terreno a la privada o concertada, que no necesita mejorar gran cosa ni ser de calidad para crecer en proporción directa al desmantelamiento de la pública.
No