ZP anuncia la negociación con ETA en un “acto parlamentario” devaluado por la realidad social, con el que trata de salvar las formas
Se puede establecer con precisión que es lo prioritario en la escala de valores de ZP, la dignidad basada en los principios, o la que se basa en salvar las formas, o sea, los muebles. Sin dudarlo un solo segundo, me inclino por la segunda, ya que si fuera la dignidad auténtica, la que se basa en los más elementales principios, habría renunciado a tan gran ignominia, o en el caso que ésta entre dentro de sus tragaderas en forma de principios inamovibles, la hubiera anunciado ante un pleno del Congreso, ante los representantes de la soberanía popular, y no ante los periodistas. Fuentes del Ejecutivo han dicho, en uno de esos malabarismos conceptuales con los que parchean cualquier descosido, que hay que interpretar el Parlamento "en sentido amplio".
Con las amplias interpretaciones “zapateriles” han tratado en multitud de ocasiones que asimilemos una cosa y su contraria en el mismo concepto. El precedente es bien favorable para ellos, ya que la sociedad española ha manducado sin pestañear todo tipo de albóndigas conceptuales, con el inestimable cucharón de los medios de comunicación cómplices. Con este precedente, digo, no será difícil para ZP, hacer creer que se ha expresado ante el Congreso, que ha anunciado ante la representación de nuestra soberanía, el inicio formal del proceso de negociación claudicante.
Las formas de este anuncio no son nada baladíes. Vetar que la mitad de la ciudadanía tenga la posibilidad de oponerse, al menos formalmente, al proceso de rendición comenzado hace tiempo sin luz ni taquígrafos, es una usurpación de soberanía de grandes proporciones. Zapatero no se ha atrevido a mirar a la cara a millones de ciudadanos con sentido de la decencia, de la ética y de la dignidad, y que además comprenden lo que significa un estado de derecho.
Con esta comunicación, se da otro paso conducente a la pérdida de nuestra condición de ciudadanos, para la consecución de una sociedad dividida en su concepción de la ética política, territorialmente, y con grandes desequilibrios en lo económico y lo social. Sin garantías de una justicia independiente igual para todos, y lo que es peor, todo cimentado por un handicap: El triunfo del terrorismo sobre el Estado Español.
Con las amplias interpretaciones “zapateriles” han tratado en multitud de ocasiones que asimilemos una cosa y su contraria en el mismo concepto. El precedente es bien favorable para ellos, ya que la sociedad española ha manducado sin pestañear todo tipo de albóndigas conceptuales, con el inestimable cucharón de los medios de comunicación cómplices. Con este precedente, digo, no será difícil para ZP, hacer creer que se ha expresado ante el Congreso, que ha anunciado ante la representación de nuestra soberanía, el inicio formal del proceso de negociación claudicante.
Las formas de este anuncio no son nada baladíes. Vetar que la mitad de la ciudadanía tenga la posibilidad de oponerse, al menos formalmente, al proceso de rendición comenzado hace tiempo sin luz ni taquígrafos, es una usurpación de soberanía de grandes proporciones. Zapatero no se ha atrevido a mirar a la cara a millones de ciudadanos con sentido de la decencia, de la ética y de la dignidad, y que además comprenden lo que significa un estado de derecho.
Con esta comunicación, se da otro paso conducente a la pérdida de nuestra condición de ciudadanos, para la consecución de una sociedad dividida en su concepción de la ética política, territorialmente, y con grandes desequilibrios en lo económico y lo social. Sin garantías de una justicia independiente igual para todos, y lo que es peor, todo cimentado por un handicap: El triunfo del terrorismo sobre el Estado Español.