Plúmbeo silencio sobre el 11M
La crispación política es un elemento del paisaje social desde que un explosivo sin determinar segó la vida de 192 personas, cercenó la integridad física de varios miles y menoscabó la dignidad de toda una nación.
Todos sabemos cual fue ese punto de inflexión, a partir del cual España es menos España, y donde muchos españoles percibimos la sensación de tener menguada la condición de ciudadanos libres.
Con la onda del explosivo al que todavía nadie ha logrado poner nombre y apellidos, llegó una nueva forma de gobernar y un tipo abrazado a un nuevo talante, tan disminuido políticamente, que brotó en la escena pública distinguido con el escueto ZP.
Una sociedad amedrentada, y con un coraje cívico bajo mínimos, premió al terrorismo con una decisión equivocada, y que a dos años vista, con las inquietantes grietas que se abren en la versión oficial de aquella ignominia, no solo parece simplemente equivocada, sino que con los acontecimientos sobre el apaciguamiento del terrorismo etarra, se nos presenta como un error tan monumental, tan garrafal, que ha permitido que el cambio propiciado por una acción terrorista, beneficie con claridad a los terroristas de la ETA, y a sus parientes y primos cercanos que recogen los frutos del árbol de la indignidad.
El aislamiento de cuantos no estamos en la pomada del falso apaciguamiento, de la paz tan falsa como una moneda de madera, es una operación en la que trabajan día a día los ingentes medios de comunicación que apoyan y protegen al gobierno desde su génesis, unas veces jaleando las consignas políticamente correctas que lo mismo sirven para un roto que para un descosido, otras con un plúmbeo silencio.
Lo que más llama la atención, lo más me inquieta, no es el intento de someternos a vasallaje haciéndonos manducar pringosos conceptos preñados de “corrección política” y vacíos de contenido, que solo valen para maquillar a unos impresentables y sus inquietantes políticas. Lo que mas me inquieta, digo, no es la miserable verborrea llena de inanidad a modo de cosmético, lo que más me inquieta es de lo que no se habla.
Poca estima existe por la libertad y por la verdad en esos medios de comunicación, cuando ni siquiera se ocupan de las inquietantes contradicciones, falsedades, coincidencias sospechosas, y palmarias mentiras que se están poniendo en evidencia desde el día siguiente de aquél fatídico 11 de Marzo de 2004. El presidente por accidente, pontificó al cierre de la comisión de investigación, en una de esas piruetas preñadas de amoralidad a las que nos tiene acostumbrados, que todo estaba muy claro, que no había nada que investigar. El Sr. Zapatero decretó entonces que la verdad oficial es inamovible, y esta es la consigna que hasta este momento están siguiendo la mayoría de medios de comunicación.
El sepulcral silencio de la mayoría de medios no puede obedecer a la indiferencia, al menosprecio de lo que cada día es más evidente, a la creencia de que se trate un tema menor que no merece ser publicado. El machacón silencio no es casual, ni mucho menos fruto del desdén por la creencia de que se trata de un tema sin interés periodístico. El pesado y cargante silencio, empieza a ser tan inquietante como a lo que trata de poner sordina. Más de una persona, incluso cercana a ideas del PSOE, están empezando a dar pábulo a cuantas sospechas se están evidenciando, no porqué se hayan molestado en analizar las enigmáticas claves, sino porque su sentido común les hace desconfiar de tan clamoroso silencio.
Todos sabemos cual fue ese punto de inflexión, a partir del cual España es menos España, y donde muchos españoles percibimos la sensación de tener menguada la condición de ciudadanos libres.
Con la onda del explosivo al que todavía nadie ha logrado poner nombre y apellidos, llegó una nueva forma de gobernar y un tipo abrazado a un nuevo talante, tan disminuido políticamente, que brotó en la escena pública distinguido con el escueto ZP.
Una sociedad amedrentada, y con un coraje cívico bajo mínimos, premió al terrorismo con una decisión equivocada, y que a dos años vista, con las inquietantes grietas que se abren en la versión oficial de aquella ignominia, no solo parece simplemente equivocada, sino que con los acontecimientos sobre el apaciguamiento del terrorismo etarra, se nos presenta como un error tan monumental, tan garrafal, que ha permitido que el cambio propiciado por una acción terrorista, beneficie con claridad a los terroristas de la ETA, y a sus parientes y primos cercanos que recogen los frutos del árbol de la indignidad.
El aislamiento de cuantos no estamos en la pomada del falso apaciguamiento, de la paz tan falsa como una moneda de madera, es una operación en la que trabajan día a día los ingentes medios de comunicación que apoyan y protegen al gobierno desde su génesis, unas veces jaleando las consignas políticamente correctas que lo mismo sirven para un roto que para un descosido, otras con un plúmbeo silencio.
Lo que más llama la atención, lo más me inquieta, no es el intento de someternos a vasallaje haciéndonos manducar pringosos conceptos preñados de “corrección política” y vacíos de contenido, que solo valen para maquillar a unos impresentables y sus inquietantes políticas. Lo que mas me inquieta, digo, no es la miserable verborrea llena de inanidad a modo de cosmético, lo que más me inquieta es de lo que no se habla.
Poca estima existe por la libertad y por la verdad en esos medios de comunicación, cuando ni siquiera se ocupan de las inquietantes contradicciones, falsedades, coincidencias sospechosas, y palmarias mentiras que se están poniendo en evidencia desde el día siguiente de aquél fatídico 11 de Marzo de 2004. El presidente por accidente, pontificó al cierre de la comisión de investigación, en una de esas piruetas preñadas de amoralidad a las que nos tiene acostumbrados, que todo estaba muy claro, que no había nada que investigar. El Sr. Zapatero decretó entonces que la verdad oficial es inamovible, y esta es la consigna que hasta este momento están siguiendo la mayoría de medios de comunicación.
El sepulcral silencio de la mayoría de medios no puede obedecer a la indiferencia, al menosprecio de lo que cada día es más evidente, a la creencia de que se trate un tema menor que no merece ser publicado. El machacón silencio no es casual, ni mucho menos fruto del desdén por la creencia de que se trata de un tema sin interés periodístico. El pesado y cargante silencio, empieza a ser tan inquietante como a lo que trata de poner sordina. Más de una persona, incluso cercana a ideas del PSOE, están empezando a dar pábulo a cuantas sospechas se están evidenciando, no porqué se hayan molestado en analizar las enigmáticas claves, sino porque su sentido común les hace desconfiar de tan clamoroso silencio.