Minorías
Las minorías son bocado apetecible de los mamelucos que construyen en medio de una vorágine de conceptos, muchas veces contradictorios, la doctrina oficial progresista. Las minorías dan mucho juego. Son un cajón de sastre de donde sacan el patrón que será objeto de sus tibios afectos, y por ende el motor de su propaganda, que se retroalimenta en un círculo vicioso.
Cuando esta gente habla de minorías, rara es la vez que no asocian el vocablo a otros comodines. A saber: hablan de derechos de minorías raciales y étnicas, derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales. Todo ello bien agitado, es aderezado con el sexo, la raza, la religión y el origen social, casi siempre en la coctelera de alguna ONG. O en su defecto en oficinas gubernamentales creadas a tal fin.
Mi respeto hacia los perseguidos, desheredados, y los afligidos es profundo. Por eso odio el empleo vano de semejantes conceptos de forma maniqueísta, diluyéndolos en simples palabras que distinguen y adornan a quienes persiguen la simple consecución de una posición en el mercado de las ideas. Puro marketing progresista.
Yo abogo por el respeto a las personas. Por supuesto que hay personas con sensibilidad de izquierdas preocupadas por el ser humano, pero también las hay con sensibilidad de derechas y una gran mayoría no tiene adscripción política alguna. Pero la izquierda quiere distinguirse en las superficiales consciencias de la gente etiquetando a los individuos y dotándoles mediante una encomiable ingeniería social la impronta del respeto por las minorías. Puro humo.., pura entelequia.
Es puro humo, pero nada baladí. Toda una base social es ungida y distinguida de los no ungidos. Los medios de comunicación, editoriales, universidades se encargan de la dispersión del incienso. Entonces dicen que España es un país progresista, acomodado al mensaje correcto y que como consecuencia debemos votar a los emisores del mensaje. Ya les digo..., nada baladí.
Cuando esta gente habla de minorías, rara es la vez que no asocian el vocablo a otros comodines. A saber: hablan de derechos de minorías raciales y étnicas, derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales. Todo ello bien agitado, es aderezado con el sexo, la raza, la religión y el origen social, casi siempre en la coctelera de alguna ONG. O en su defecto en oficinas gubernamentales creadas a tal fin.
Mi respeto hacia los perseguidos, desheredados, y los afligidos es profundo. Por eso odio el empleo vano de semejantes conceptos de forma maniqueísta, diluyéndolos en simples palabras que distinguen y adornan a quienes persiguen la simple consecución de una posición en el mercado de las ideas. Puro marketing progresista.
Yo abogo por el respeto a las personas. Por supuesto que hay personas con sensibilidad de izquierdas preocupadas por el ser humano, pero también las hay con sensibilidad de derechas y una gran mayoría no tiene adscripción política alguna. Pero la izquierda quiere distinguirse en las superficiales consciencias de la gente etiquetando a los individuos y dotándoles mediante una encomiable ingeniería social la impronta del respeto por las minorías. Puro humo.., pura entelequia.
Es puro humo, pero nada baladí. Toda una base social es ungida y distinguida de los no ungidos. Los medios de comunicación, editoriales, universidades se encargan de la dispersión del incienso. Entonces dicen que España es un país progresista, acomodado al mensaje correcto y que como consecuencia debemos votar a los emisores del mensaje. Ya les digo..., nada baladí.