Socialistas ricos, Socialistas pobres
La indigencia ideológica de la izquierda se manifiesta de múltiples formas, unas veces por la fuerza rotunda de los hechos y otras por la vergonzosa evidencia de sus contradicciones. Cualquier ciudadano medianamente observador y crítico estaría en condiciones de denunciar las enormes grietas estructurales dentro del socialismo, o dentro del PSOE para ser mas precisos. Sin embargo la habilidad y la eficacia de su máquina propagandística, hace que sean las grietas de la derecha las mas criticadas y sobredimensionas, esto naturalmente cuando se habla de sus puntos débiles. Otras son simplemente inventadas y convenientemente difundidas por agitadores e intoxicadores, punto este donde hay un gran desequilibrio, Por un voluntarioso agitador que tenga la derecha, la izquierda tiene mil, generalmente bien pagados a costa del erario público, que como bien es sabido es el bolsillo de todos. No es ninguna sorpresa el magistral manejo de los caudales públicos, quizás la única aportación que la izquierda ha hecho a la teoría económica.
Cuando los llamados intelectuales de izquierda tratan de hacer mediante libros, discursos y artículos la glorificación de su pensamiento, siempre recurren a un monumental refrito. Las ideas pasan de unos libros a otros cocinados con el Word, y el homenaje a la imaginación que proporciona el “cortar y pegar”. Una vez pasados por la turmis de la estulticia, tenemos la nueva idea, cuando muchas veces es casi tan vieja como la tós, ya que el origen de la perorata se basa demasiadas veces en consignas caducadas por la realidad social, y desaconsejadas por el sentido común. Si los socialistas y comunistas escribieran sus postulados ideológicos basados en la realidad social, ya no serían ni socialistas ni comunistas. Su habilidad los sigue situando a lomos de la sociedad, porque han inventado todo un catálogo de signos y consignas que hoy por hoy determinan la corrección del discurso político.
Si el esclarecido presidente del gobierno, cuya patria y musa es la libertad se atuviera al fondo del discurso socialista, mañana mismo se tendría que ir del partido y poner otro tenderete que lo sustentara y diera amplificación y ditirambo a su gaseosa ideología. Si Zapatero fuera socialista y obrara conforme a los legendarios manuales llegados a nuestros días fruto de un perenne refrito, sabría lo que significa solidaridad. Sabría al menos poner orden en la solidaridad entre socialistas. ¿Cómo es posible que Bono, Ibarra y Chavez pongan el grito en el cielo ante el control que para sí quiere hacer de la caja registradora, el socialista Maragall?. ¿Es que el socialista Maragall no piensa en el profundo socialismo redistributivo del Manchego, el Extremeño y el Andaluz?. Mientras, un dirigente de ERC califica la política de subvenciones de estas comunidades como de comunismo encubierto. ¡Enorme!.
Con tal de no ser solidarios lo que sea, hasta profundamente incoherentes. ZP ha bebido su ideología de fuentes dispares, que van desde el credo republicano de su abuelo, pasando por la ternura y comprensión hacia el fenómeno terrorista y por fin la asuncíón de los principios de la derecha nacionalista mas reaccionaria, radical e insolidaria.
ZP, ¿de qué vas?. Lo dicho, invéntate otro partido.
Cuando los llamados intelectuales de izquierda tratan de hacer mediante libros, discursos y artículos la glorificación de su pensamiento, siempre recurren a un monumental refrito. Las ideas pasan de unos libros a otros cocinados con el Word, y el homenaje a la imaginación que proporciona el “cortar y pegar”. Una vez pasados por la turmis de la estulticia, tenemos la nueva idea, cuando muchas veces es casi tan vieja como la tós, ya que el origen de la perorata se basa demasiadas veces en consignas caducadas por la realidad social, y desaconsejadas por el sentido común. Si los socialistas y comunistas escribieran sus postulados ideológicos basados en la realidad social, ya no serían ni socialistas ni comunistas. Su habilidad los sigue situando a lomos de la sociedad, porque han inventado todo un catálogo de signos y consignas que hoy por hoy determinan la corrección del discurso político.
Si el esclarecido presidente del gobierno, cuya patria y musa es la libertad se atuviera al fondo del discurso socialista, mañana mismo se tendría que ir del partido y poner otro tenderete que lo sustentara y diera amplificación y ditirambo a su gaseosa ideología. Si Zapatero fuera socialista y obrara conforme a los legendarios manuales llegados a nuestros días fruto de un perenne refrito, sabría lo que significa solidaridad. Sabría al menos poner orden en la solidaridad entre socialistas. ¿Cómo es posible que Bono, Ibarra y Chavez pongan el grito en el cielo ante el control que para sí quiere hacer de la caja registradora, el socialista Maragall?. ¿Es que el socialista Maragall no piensa en el profundo socialismo redistributivo del Manchego, el Extremeño y el Andaluz?. Mientras, un dirigente de ERC califica la política de subvenciones de estas comunidades como de comunismo encubierto. ¡Enorme!.
Con tal de no ser solidarios lo que sea, hasta profundamente incoherentes. ZP ha bebido su ideología de fuentes dispares, que van desde el credo republicano de su abuelo, pasando por la ternura y comprensión hacia el fenómeno terrorista y por fin la asuncíón de los principios de la derecha nacionalista mas reaccionaria, radical e insolidaria.
ZP, ¿de qué vas?. Lo dicho, invéntate otro partido.