30 años sin Franco
Recuerdo el despertar de aquella fría mañana del 20 noviembre en la litera de un internado. La noticia que corría entre todos nosotros, no me motivó especial emoción, en todo caso el interrogante curioso de cómo sería a partir de entonces la vida sin Franco.
Con 21 años, mi formación política era escasa, pero tenía claro que el Franquismo llevaba siendo una rémora que ya duraba demasiado tiempo. El fin del Franquismo y el comienzo de la transición, marcó en mí un inusitado interés por la política, sobre todo la que provenía de fuentes inéditas y distintas de lo que entonces llamaban el Régimen. Recuerdo el día que compré en un kiosco el primer ejemplar que se editó de El País, las lecturas de Cambio 16, Cuadernos para el diálogo. Recuerdo los referendums, y todas las elecciones en las que participé, siempre votando al PSOE. También recuerdo la penúltima vez que deposité mi voto. Fue en 1982, y nada menos que contribuí a la gloriosa mayoría absoluta de D. Felipe González. Tras 22 años de abstenciones, la última vez el 14 de Marzo, después de la ignominia del 11.
No me hubiera perdonado no votar a Rajoy. Obré en conciencia y quise salvar mi dignidad como ciudadano. Disculpen tanta profusión. Solo está motivada para que algunos de los lectores comprendan que una actitud crítica y mordaz contra el PSOE, no tiene porqué estar anclada en el Franquismo, ni en la militancia en la derecha. Está basada en la observación de la vida pública Española durante 22 años de meditada abstención electoral.
Si nos ceñimos al fin del Franquismo, la transición y los años transcurridos hasta la anunciación de ZP por los bastardos autores del 11M, somos muchos los Españoles que estamos en condiciones de interpretar la historia sin intermediarios ni necesidad de recurrir a las hemerotecas o a los libros.
En el Franquismo la izquierda fue una entelequia. A los ojos de muchísimos Españoles no existía, ni tan siquiera para los que luego iniciada la transición enarbolarían banderas y estandartes, entonarían himnos y obedecerían consignas del más ferviente anti franquismo. Los comunistas y los masones que blandía el dictador, eran vistos como simples espectros del pasado por la generación que ahora ronda los 50. Muerto Franco no ocurrió nada, porque había una gran masa de población despolitizada, dispuesta a eliminar los fantasmas de la historia y a comenzar de cero. Iniciados los primeros escarceos políticos del post franquismo, se planteó una ruptura democrática como alternativa a la transición, y de todos es conocido que un consenso sin precedentes permitió hacer una transición democrática desde la legalidad Franquista que culminó con la aprobación de la constitución en 1978.
No me olvido de las derechas nacionalistas de la periferia. Estaban ligadas a las oligarquías económicas del Franquismo, o sea, eran parte y esencia del sistema. Estas también formaron sus partidos y se sumaron al consenso. De todos es sabido que la carta magna posibilitó el actual estado de las autonomías, transformado en una monarquía instaurada en el heredero que el Franquismo había dejado: Juan Carlos I.
Lo lógico y deseable es que el PSOE en estos 27 años hubiera asumido un concepto de nación como el que tiene cualquier ciudadano de izquierdas en nuestro entorno Europeo. Habría sido deseable que no se hubieran ninguneado los símbolos de la nación y que se hubiera olvidado el Franquismo como fuente de rencor y revancha. Es aún mas extraño que no haya sucedido, cuando de todos estos años, casi 15 han sido ocupados por gobiernos de este partido.
¿Qué ha ocurrido para que la izquierda adquiera una inquina sin parangón en nuestro entorno, a la nación de la que forman parte?. ¿Por qué se reniega de episodios épicos como la unificación y fundación del Estado por los reyes Católicos o el de la conquista y colonización de América?. ¿Por qué la izquierda de la nación mas antigua de Europa reniega de sus designios?. ¿Por qué asocian la idea de España con el Franquismo?. No estoy hablando de la memoria de nuestros padres, me refiero a la generación que ronda los 50 para abajo. ¿Hay motivos para semejante confusión?
A mi juicio primero el centro y luego la izquierda han sido remolcados durante estos 27 años por los Nacionalismos Vasco y Catalán, que con un espíritu desleal fueron limando poder y soberanía, a costa de la soberanía de todos, de la unidad de todos. Los gobiernos de izquierda han participado en la gobernación de España ejerciendo un fuerte control sobre los recursos del estado, y con un sentido pragmático de la economía han contribuido a la modernización de la sociedad, pero no sin dejar una triste estela de corrupción y nepotismo. Todo ha valido, incluso hacerse copartícipes del ideario nacionalista.
Aquí a día de hoy, tenemos a Zapatero que se declara no nacionalista, cuya patria y musa es la libertad, queriendo poner punto y final. Veintisiete años después, pretende recuperar de forma tramposa el viejo concepto de ruptura democrática, que siguiendo unas reglas de juego impecables fue desechado en su día por el de transición democrática. Ahí estábamos antes del 11M, en una transición quizá inacabada por perfectible, en una senda trazada por un consenso sin precedentes en nuestra historia. Ahora, después de 30 años sin Franco, estamos en la nada, al borde del abismo.
Con 21 años, mi formación política era escasa, pero tenía claro que el Franquismo llevaba siendo una rémora que ya duraba demasiado tiempo. El fin del Franquismo y el comienzo de la transición, marcó en mí un inusitado interés por la política, sobre todo la que provenía de fuentes inéditas y distintas de lo que entonces llamaban el Régimen. Recuerdo el día que compré en un kiosco el primer ejemplar que se editó de El País, las lecturas de Cambio 16, Cuadernos para el diálogo. Recuerdo los referendums, y todas las elecciones en las que participé, siempre votando al PSOE. También recuerdo la penúltima vez que deposité mi voto. Fue en 1982, y nada menos que contribuí a la gloriosa mayoría absoluta de D. Felipe González. Tras 22 años de abstenciones, la última vez el 14 de Marzo, después de la ignominia del 11.
No me hubiera perdonado no votar a Rajoy. Obré en conciencia y quise salvar mi dignidad como ciudadano. Disculpen tanta profusión. Solo está motivada para que algunos de los lectores comprendan que una actitud crítica y mordaz contra el PSOE, no tiene porqué estar anclada en el Franquismo, ni en la militancia en la derecha. Está basada en la observación de la vida pública Española durante 22 años de meditada abstención electoral.
Si nos ceñimos al fin del Franquismo, la transición y los años transcurridos hasta la anunciación de ZP por los bastardos autores del 11M, somos muchos los Españoles que estamos en condiciones de interpretar la historia sin intermediarios ni necesidad de recurrir a las hemerotecas o a los libros.
En el Franquismo la izquierda fue una entelequia. A los ojos de muchísimos Españoles no existía, ni tan siquiera para los que luego iniciada la transición enarbolarían banderas y estandartes, entonarían himnos y obedecerían consignas del más ferviente anti franquismo. Los comunistas y los masones que blandía el dictador, eran vistos como simples espectros del pasado por la generación que ahora ronda los 50. Muerto Franco no ocurrió nada, porque había una gran masa de población despolitizada, dispuesta a eliminar los fantasmas de la historia y a comenzar de cero. Iniciados los primeros escarceos políticos del post franquismo, se planteó una ruptura democrática como alternativa a la transición, y de todos es conocido que un consenso sin precedentes permitió hacer una transición democrática desde la legalidad Franquista que culminó con la aprobación de la constitución en 1978.
No me olvido de las derechas nacionalistas de la periferia. Estaban ligadas a las oligarquías económicas del Franquismo, o sea, eran parte y esencia del sistema. Estas también formaron sus partidos y se sumaron al consenso. De todos es sabido que la carta magna posibilitó el actual estado de las autonomías, transformado en una monarquía instaurada en el heredero que el Franquismo había dejado: Juan Carlos I.
Lo lógico y deseable es que el PSOE en estos 27 años hubiera asumido un concepto de nación como el que tiene cualquier ciudadano de izquierdas en nuestro entorno Europeo. Habría sido deseable que no se hubieran ninguneado los símbolos de la nación y que se hubiera olvidado el Franquismo como fuente de rencor y revancha. Es aún mas extraño que no haya sucedido, cuando de todos estos años, casi 15 han sido ocupados por gobiernos de este partido.
¿Qué ha ocurrido para que la izquierda adquiera una inquina sin parangón en nuestro entorno, a la nación de la que forman parte?. ¿Por qué se reniega de episodios épicos como la unificación y fundación del Estado por los reyes Católicos o el de la conquista y colonización de América?. ¿Por qué la izquierda de la nación mas antigua de Europa reniega de sus designios?. ¿Por qué asocian la idea de España con el Franquismo?. No estoy hablando de la memoria de nuestros padres, me refiero a la generación que ronda los 50 para abajo. ¿Hay motivos para semejante confusión?
A mi juicio primero el centro y luego la izquierda han sido remolcados durante estos 27 años por los Nacionalismos Vasco y Catalán, que con un espíritu desleal fueron limando poder y soberanía, a costa de la soberanía de todos, de la unidad de todos. Los gobiernos de izquierda han participado en la gobernación de España ejerciendo un fuerte control sobre los recursos del estado, y con un sentido pragmático de la economía han contribuido a la modernización de la sociedad, pero no sin dejar una triste estela de corrupción y nepotismo. Todo ha valido, incluso hacerse copartícipes del ideario nacionalista.
Aquí a día de hoy, tenemos a Zapatero que se declara no nacionalista, cuya patria y musa es la libertad, queriendo poner punto y final. Veintisiete años después, pretende recuperar de forma tramposa el viejo concepto de ruptura democrática, que siguiendo unas reglas de juego impecables fue desechado en su día por el de transición democrática. Ahí estábamos antes del 11M, en una transición quizá inacabada por perfectible, en una senda trazada por un consenso sin precedentes en nuestra historia. Ahora, después de 30 años sin Franco, estamos en la nada, al borde del abismo.
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Cualquier ciudadano de izquierdas que vota al PP, no es facha, es gilipollas.
Comentario:
Antes o después, del 11M, si votar a Rajoy no es ser facha,ya me contarás de que es.