Desmontando el manual de consignas
Artículos de opinión
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Desmontando el manual de consignas es un blog de nueva creación, aunque los artículos se han transcrito siguiendo el orden cronológico como aparecen en otra bitácora de mi autoría. Entiendo que mi opinión no gustará a todo el mundo. Además de ser políticamente incorrecta va contra la Vaca Sagrada de la izquierda, tan limpia de toda mácula. No obstante aquí estan. Representa una forma de pensar mas común de lo que quisieran muchas personas de la progresía, denominación por cierto, que nunca he entendido. No sé cual será el alcance de esta bitácora. Sin temor a equivocarme y como acostumbra demasiada gente con sensibilidad de izquierdas, es de esperar que se me tilde de fascista. Amigos progres.., os aseguro que no lo soy, por mas que vuestros esquemas no cuadren ni a mazazos.
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Sindicación
 
Zapatero no es un traidor
La deslealtad es una vileza que solo pueden exhibir los que alguna vez fueron leales. Los que jamás creyeron en alguien o algo: un concepto, una idea o una patria, no puede decirse que hayan caído en la felonía. Estos, con el tiempo y las circunstancias cambiantes, o bien pueden seguir en el limbo de la nada, o quizás, adherirse a nuevas fidelidades canjeadas por estabilidad, poder o riqueza.

Zapatero abogado gris, y por toda trayectoria la pertenencia al PSOE desde los 19 años, cuando inició su carrera como diputado a los 26, aún seguía en esa burbuja de "idealismo izquierdoso", típica de los que mamaron el Mayo del 68 directamente del papel couché y a destiempo. Este antifranquista por herencia ideológica, debió celebrar la muerte de Franco con una bolsa de gominolas, mientras que muchos de los que ahora ven con estupor su política, eran perseguidos y detenidos.

Aguanta el chaparrón de la corrupción y los GAL de la época Felipista sin pronunciar una sola palabra que salvaguarde su dignidad. Se suceden los años en un mutismo absoluto. Un ciudadano gris, hermético y con el arte de vivir del presupuesto, adquirido de sus ensoñaciones de bolchevique de salón, propio de los que viven cómodamente del erario público sin ningún tipo de cesión o renuncia. Una carrera fácil, sin compromiso y bien remunerada que no necesitaba de ningún tipo de lealtad a las instituciones que representaba, ni sacrificio alguno. Un funcionario de partido cuya única tarea impuesta era la de prometer cada 4 años, que no jurar, una teórica lealtad al Rey y a la Constitución.

Galopaba el tiempo, y Zapatero seguía en su oficio de "culiparlante" sin responsabilidades exigidas, ni tampoco asumidas, seguramente fantaseando sobre un mundo mejor. Quizás por la inmadurez debida a la edad, parece lógico que la época de la transición no le hiciera partícipe de la grandeza del momento histórico, tal y como muchos Españoles percibimos cuando hace 27 años pusimos rumbo hacía un sistema democrático. Lo que tiene menos lógica, es que su estancia en el parlamento como funcionario del PSOE, no le diera una visión de nuestra España, de la historia de la transición, de la de nuestro pasado inmediato, en suma, de la historia que incuba a los líderes bragados que han de corresponder a su país con patriotismo y espíritu de servicio.

A pesar de que vivió el final del franquismo a base de "pelargón" en el paraíso de las golosinas, las apariencias inducen a pensar que no duda en asumir el imaginario de los que se consideran derrotados, e ignorante de la transición y de la historia reciente, pone rumbo hacía la memoria histórica sobre la guerra civil, el odio y las fosas comunes. En definitiva, este gris abogado en su larga trayectoria de "culiparlante", no cultivó un compromiso firme con la España constitucional, no cultivó la lealtad a la Nación ni a los valores que emanaron de la constición, no aprendió lo que de positivo ofrecía el anterior jefe del Ejecutivo que perteneció a su partido. Felipe González fue un firme defensor del Estado y de la Constitución.

No hubiera pasado nada, si la casualidad, las zancadillas partidistas, la torpeza política o todas las cosas juntas, no hubieran interpuesto a un diputado desconocido de León, en la fulgurante carrera de Pepe Bono. Los encajes entre facciones, pusieron en la pista de despegue a un personaje mas comprometido con la burocracia partidista, que conocedor leal de los valores constitucionales. A un hombre desprovisto de la lealtad necesaria para iniciar el vuelo.

Un cervatillo aparentemente inocuo, “bambi” como le apodaron en su propio partido, correteaba por la escena política haciendo una “oposición tranquila” y firmando pagarés que nadie se tomaba muy en serio, ya que tanto en su propio partido como en el exterior, preveíamos que jamás serian pagados, porque nunca gobernaría. Cuando defenestró a Redondo a petición de sus mentores, o cuando no se opuso al pacto del Tinell del tripartito, sonaron las alarmas. Muchos ciudadanos ya veíamos la catadura extremista y poco respetuosa con la senda constitucional del ciudadano Zapatero, veíamos a lo que se comprometía y su potencial peligro. Entre las idas y venidas de Carod a Perpignan, se convocaron elecciones un 14M y el 11 sucedió la ignominia. Entre el 13 y 14 un vergonzoso complot aprovecharía el terrible suceso y elevaría, contra pronóstico, a una persona que no había tenido un compromiso serio con la sociedad, porqué jamás creyó que gobernaría. Este hombre, reducido a ZP, tomó las riendas de la nación y comenzó a pagar lo que debía. Visto desde el presente nadie diría que lo hace a regañadientes, su convicción es completa hasta el punto que se ha mimetizado de las minorías que lo sustentan. ZP no es un traidor, porque no tiene nada que traicionar.
No