La izquierda y ZP reman hacia atrás
Lo que algunos de nosotros al comienzo de la transición, entendíamos por ideales, principios y libertad, fueron bienes patrimoniales de la izquierda, ya que la derecha autoritaria del tardofranquismo fagocitaba toda esperanza de cambio y era incapaz de ofrecer una alternativa que ilusionara a millones de personas, porque ni tan siquiera eran capaces de ilusionarse ellos mismos. Estas personas de la derecha no eran peores que las otras, la gran diferencia era que entonces no tenían nada que ofrecer. El franquismo les había tapado toda salida imaginativa hacía el futuro.
¿Verdaderamente la izquierda nos ha conducido al gran cambio dado en este país?. Si uno intenta contestar honestamente esta pregunta, amontona serias dudas acerca del papel jugado por la izquierda durante la transición y los años de gobiernos felipistas. Lo que resultó meridianamente cierto, es que la derecha derivada del franquismo no estaba en condiciones por si misma de conducir a la sociedad española hacia la democracia, necesitó por tanto el concurso de la izquierda para lograrlo. Pero, ¿qué aporto la izquierda al sistema de libertades individuales y colectivas?.
Durante los gobiernos de la UCD, fue la audacia del centro derecha y la valentía de Adolfo Suárez quienes sacaron adelante proyectos importantísimos con una oposición cainita y directa a la yugular ejercida por el PSOE. En todo caso, la aportación de la izquierda fue hacer creíble ante la sociedad española y el mundo, que lo que se estaba despachando tenía un cierto “marchamo” democrático. En la práctica, fue el comienzo de la expedición de certificados de pureza democrática, que tantos beneficios les ha dado a posteriori, ante lo "poco fiables" que eran los actores de la derecha permanentemente señalados por la mácula franquista.
Este notariado en pedigrí democrático se prolongó durante todo el felipismo, donde no se reconocía a la derecha ninguna cualidad democrática, estigmatizando incluso a quienes eran niños o adolescentes en el franquismo. Este rentable juego, ante una sociedad inmadura políticamente, proponía a la izquierda como el adalid de los valores democráticos mientras que sumergía a la derecha en el pozo del fascio. Es evidente que este estigma llega hasta nuestros días fruto de un sistema educativo basado en el adoctrinamiento y la consigna. No es extraño ver a un chico de 16 años llamar facha a todo lo que salga de los sectarios esquemas con los que ha sido programado.
Cuando el fin de la gran patraña era inevitable, un enorme doberman en toda su fiereza intentó que la ciudadanía naufragara en el desasosiego. Era ya demasiado tarde. La izquierda felipista por méritos propios estaba a punto de ceder la vara de mando. Este punto de inflexión, sería el comienzo que permitiría desenmascarar algunos tópicos.
La izquierda del nepotismo, el clientelismo y la corrupción del felipismo ha dado paso a la izquierda de la reacción, de la impostura, del desconocimiento, del resentimiento y de la incapacidad. La misma mentira repetida como consigna durante años ha hecho pensar a muchos ciudadanos que ellos eran portadores de la antorcha de las libertades. Pero, ¿dónde están las libertades?, ¿acaso hay una mayoría de ciudadanos que ha adquirido la capacidad de alcanzar un juicio crítico?, ¿somos verdaderamente una sociedad por y para la ciudadanía?, ¿hay medios de comunicación verdaderamente independientes?, ¿hay un sistema educativo de calidad que nos haga pensar que esto va a ser diferente en el futuro?.
Los ocho años de gobierno del PP, pese a sus errores , nos pusieron en la línea de salida para solventar algunas de estas carencias endémicas en nuestro sistema democrático, solo ocultadas por al autobombo de la izquierda. Contra todo pronóstico se torció el rumbo, y nos encontramos que aquellos que se consideran progresistas, pero que no respetan la verdadera libertad, están en el poder.
La estigmatizada derecha estuvo y está en condiciones de defender las libertades que son fundamentales en un estado moderno. La izquierda capitaneada por ZP no está en condiciones de garantizar: la igualdad de los españoles ante la ley, el cese de la insolidaridad excluyente de los nacionalismos periféricos, el respeto a la soberanía nacional, una educación de calidad en libertad, la verdadera libertad de empresa, y la auténtica España de los ciudadanos. Es más, en la mayoría de los puntos obran exactamente en sentido contrario.
La izquierda de ZP rema hacia atrás incapaz de conciliar su pasado histórico, solo enmascarado por las mentiras y los mitos, con las necesidades sociales mas profundas. Legalizar matrimonios gays, debatir llamar a los disminuidos discapacitados, o viceversa; prohibir de fumar hasta en el retrete, non son las reformas profundas que una sociedad de ciudadanos libres necesitaría. Esto es un simple barniz, con el que se cubren de pseudo progresismo, con el fin de presentarse mimetizados de progeso ante una sociedad desinformada. El progreso es otra cosa, y sabemos que no vendrá de la mano de la izquierda.
¿Verdaderamente la izquierda nos ha conducido al gran cambio dado en este país?. Si uno intenta contestar honestamente esta pregunta, amontona serias dudas acerca del papel jugado por la izquierda durante la transición y los años de gobiernos felipistas. Lo que resultó meridianamente cierto, es que la derecha derivada del franquismo no estaba en condiciones por si misma de conducir a la sociedad española hacia la democracia, necesitó por tanto el concurso de la izquierda para lograrlo. Pero, ¿qué aporto la izquierda al sistema de libertades individuales y colectivas?.
Durante los gobiernos de la UCD, fue la audacia del centro derecha y la valentía de Adolfo Suárez quienes sacaron adelante proyectos importantísimos con una oposición cainita y directa a la yugular ejercida por el PSOE. En todo caso, la aportación de la izquierda fue hacer creíble ante la sociedad española y el mundo, que lo que se estaba despachando tenía un cierto “marchamo” democrático. En la práctica, fue el comienzo de la expedición de certificados de pureza democrática, que tantos beneficios les ha dado a posteriori, ante lo "poco fiables" que eran los actores de la derecha permanentemente señalados por la mácula franquista.
Este notariado en pedigrí democrático se prolongó durante todo el felipismo, donde no se reconocía a la derecha ninguna cualidad democrática, estigmatizando incluso a quienes eran niños o adolescentes en el franquismo. Este rentable juego, ante una sociedad inmadura políticamente, proponía a la izquierda como el adalid de los valores democráticos mientras que sumergía a la derecha en el pozo del fascio. Es evidente que este estigma llega hasta nuestros días fruto de un sistema educativo basado en el adoctrinamiento y la consigna. No es extraño ver a un chico de 16 años llamar facha a todo lo que salga de los sectarios esquemas con los que ha sido programado.
Cuando el fin de la gran patraña era inevitable, un enorme doberman en toda su fiereza intentó que la ciudadanía naufragara en el desasosiego. Era ya demasiado tarde. La izquierda felipista por méritos propios estaba a punto de ceder la vara de mando. Este punto de inflexión, sería el comienzo que permitiría desenmascarar algunos tópicos.
La izquierda del nepotismo, el clientelismo y la corrupción del felipismo ha dado paso a la izquierda de la reacción, de la impostura, del desconocimiento, del resentimiento y de la incapacidad. La misma mentira repetida como consigna durante años ha hecho pensar a muchos ciudadanos que ellos eran portadores de la antorcha de las libertades. Pero, ¿dónde están las libertades?, ¿acaso hay una mayoría de ciudadanos que ha adquirido la capacidad de alcanzar un juicio crítico?, ¿somos verdaderamente una sociedad por y para la ciudadanía?, ¿hay medios de comunicación verdaderamente independientes?, ¿hay un sistema educativo de calidad que nos haga pensar que esto va a ser diferente en el futuro?.
Los ocho años de gobierno del PP, pese a sus errores , nos pusieron en la línea de salida para solventar algunas de estas carencias endémicas en nuestro sistema democrático, solo ocultadas por al autobombo de la izquierda. Contra todo pronóstico se torció el rumbo, y nos encontramos que aquellos que se consideran progresistas, pero que no respetan la verdadera libertad, están en el poder.
La estigmatizada derecha estuvo y está en condiciones de defender las libertades que son fundamentales en un estado moderno. La izquierda capitaneada por ZP no está en condiciones de garantizar: la igualdad de los españoles ante la ley, el cese de la insolidaridad excluyente de los nacionalismos periféricos, el respeto a la soberanía nacional, una educación de calidad en libertad, la verdadera libertad de empresa, y la auténtica España de los ciudadanos. Es más, en la mayoría de los puntos obran exactamente en sentido contrario.
La izquierda de ZP rema hacia atrás incapaz de conciliar su pasado histórico, solo enmascarado por las mentiras y los mitos, con las necesidades sociales mas profundas. Legalizar matrimonios gays, debatir llamar a los disminuidos discapacitados, o viceversa; prohibir de fumar hasta en el retrete, non son las reformas profundas que una sociedad de ciudadanos libres necesitaría. Esto es un simple barniz, con el que se cubren de pseudo progresismo, con el fin de presentarse mimetizados de progeso ante una sociedad desinformada. El progreso es otra cosa, y sabemos que no vendrá de la mano de la izquierda.