Desmontando el manual de consignas
Artículos de opinión
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Desmontando el manual de consignas es un blog de nueva creación, aunque los artículos se han transcrito siguiendo el orden cronológico como aparecen en otra bitácora de mi autoría. Entiendo que mi opinión no gustará a todo el mundo. Además de ser políticamente incorrecta va contra la Vaca Sagrada de la izquierda, tan limpia de toda mácula. No obstante aquí estan. Representa una forma de pensar mas común de lo que quisieran muchas personas de la progresía, denominación por cierto, que nunca he entendido. No sé cual será el alcance de esta bitácora. Sin temor a equivocarme y como acostumbra demasiada gente con sensibilidad de izquierdas, es de esperar que se me tilde de fascista. Amigos progres.., os aseguro que no lo soy, por mas que vuestros esquemas no cuadren ni a mazazos.
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Sindicación
 
Los bailongos de "La Vogue"
La solidaridad es una marca de agua indeleble en las tibias consciencias de quienes se autoincluyen en la llamada izquierda progresista. Todos ellos, una vez titulados por el alma máter del progreso, son distinguidos con un sello que no les abandonará de por vida: El de solidarios, el de comprometidos ante el débil. En ese estado de indignación permanente que les caracteriza, se comportan como fustas indignadas que castigan a los que no se acomoden al portento de la estética de su ramplona solidaridad. Basta una existencia tibia, sin demasiados sobresaltos, voz bajita, opiniones discretas. Basta no orinarse fuera del tiesto, armarse con esa coraza invisible que ellos llaman antifascismo, y dar el título de fascista a todos aquellos que no encajen en el perfil para el que han sido creados por su alma máter.

Para mantener este título, basta profesar una fraternidad sin límites al prójimo distante, una distancia que pueda medirse en kilómetros "contantes y caminantes", y si hay que practicarla in situ siempre es a costa del bolsillo de los demás, es el modelo con el que Leire Pajín, y es solo un ejemplo, se alegra la existencia y de paso se gana la vida.

Al portento estético de la solidaridad, la vicepresidenta de la Vega en su viaje por África, ha sumado también el portento no menos estético de la paridad, celebrando de esta forma el día de la mujer trabajadora con un nutrido grupo de mujeres progresistas muy diestras en esto de los gestos a cuenta del erario público. Con traje regional lugareño y baile desenfrenado, la vicepresidenta del Gobierno María Teresa Fernández de la Vega, y una nutrida delegación de mujeres españolas clausuraron el miércoles en Maputo al son de música africana el encuentro España-África.

La vicepresidenta, acompañada de la secretaria de Estado de Cooperación, la inevitable Leire Pajín, la diputada socialista Carmen Alborch y la escritora Josefina Aldecoa entre otras, pusieron punto final al encuentro, en forma de danza con estética de ONG millonaria, semejante en cuanto a la profundidad y calado del gesto, a aquel célebre posado para la revista Vogue.

Semejante crítica, que algunos pueden entender desaforada, la hago por un solo motivo: Tengo la certeza moral, de que a esta gente le importa África un bledo. Los problemas de África no se solucionan con posturitas, ni con gestitos, ni con bailecitos, ni con leires, ni con pajines. Los problemas de África son de un enorme calado, y seguramente todo occidente tendríamos que renunciar a bastante, para que hubiera un desarrollo justo y prolongado en ese continente. Esto será cuando la estética ceda el paso a la ética y todos cedamos nuestros privilegios. Esto no es cosa de unos burguesitos carmesí marcándose un baile de millonetis con aroma a ONG. Me pregunto si muchos de ellos estarían dispuestos a ceder lo que realmente se necesita sin necesidad de lavarse la conciencia a costa del erario público.

La solidaridad es por tanto una marca de la casa del progreso, es un valor en alza, un tótem. El término pierde su significado profundo. Se quedan con la palabra, la esencia no es necesaria. Basta con invocar el humo y les acerca a la tribu. Son reconocidos, admitidos, y se sienten a salvo de esa cutre intemperie donde todos son fascistas, ultraderechistas, católicos o simplemente de derechas.

En un sistema económico contrario al que en teoría deberían preconizar, ellos se sienten como peces en el agua, porque están ungidos, y en realidad lo que tendría que estar en lo profundo de su ideología es ignorado. ¿Para qué mas florituras, si ya tenemos el sello distintivo y vivimos de puta madre?, se preguntan.

¿La solidaridad del misionero?, cutre..., esa no vende. La nuestra es la que da dividendos. ¿La solidaridad de unas naciones con otras?, perfecta siempre que las otras estén bien lejos, y si es posible que sean musulmanes. Esta vale para hacer carrera. ¿Solidaridad de Cataluña y País Vasco con Extremadura?, ¡ fachas de mierda, eso se llama España !
 
No