Indignación de manual
La tiranía de la sinrazón, la del lenguaje políticamente correcto, trató de acallar la voz de Eduardo Zaplana, aprovechando que una de las fibras con las que se indigna de forma artera y artificiosa la progresía, fueron rozadas por el lenguaje llano y directo del portavoz del PP. El abandono del hemiciclo por las soliviantadas próceras representantes de la ciudadanía progre, fue causada, según el guión que después se está representado, por la falta de respeto a las inamovibles reglas marcadas por la tiranía de la corrección política. Ellas fueron capitaneadas por un Montilla bajo la evidencia de corrupción, que por cierto, no escandaliza absolutamente nada, porque no está en el manual de agravios por el que la progresía tiene la obligación de movilizarse.
La desfachatez es inversamente proporcional a la mancilla causada por Zaplana, o sea inmensa, puesto que el oprobio a las diputadas de género es tan liviano como insignificante. Si se recuerda el catálogo de insultos proferidos a las mujeres del PP, veríamos, que la profundidad y mala baba de las mofas y befas proferidas por los miembros masculinos de la izquierda, mas la costilla de adán de la progresía, en forma de 50% de cuota, superan ampliamente lo dicho por Zaplana. La gran diferencia es, que el PP no tiene en su hoja de instrucciones responder de forma tan hipócrita e histriónica a semejantes cuestiones.
Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, no se han limitado con afear la dudosa conducta machista de Zaplana. Han tirado de manual y han afeado al dirigente del PP con todas las variantes antitéticas de la “ejemplar conducta progresista” de doña María Teresa Fernández de la Vega, que como todos sabemos es progre, y por el hecho de serlo y proclamarlo ante el mundo, goza de una envidiable salud moral y ética que ya quisiéramos para nosotros los que no poseemos su “codiciable” estatus, y por lo tanto estamos donde tenemos que estar, porque no hay otro lugar: En el pozo del fascio.
Al hilo de la fantochada de manual progresista acontecida en el congreso a modo de prolongación del carnaval de Maputo, Pepiño Blanco, a propósito del cual se podría escribir un tratado sobre como nuestro sistema posibilita la llegada a lomos de la mendacidad, la ignorancia y la escasa o nula preparación, a cotas de responsabilidad e influencia, también desde su inmaculada ética preñada de progreso, aconsejaba a Zaplana el cultivo de la filantropía made in “de la vogue”, y le pedía respeto por las mujeres de África, en el colmo del onanismo de quién acaba de bordar las instrucciones del panfleto.
La desfachatez es inversamente proporcional a la mancilla causada por Zaplana, o sea inmensa, puesto que el oprobio a las diputadas de género es tan liviano como insignificante. Si se recuerda el catálogo de insultos proferidos a las mujeres del PP, veríamos, que la profundidad y mala baba de las mofas y befas proferidas por los miembros masculinos de la izquierda, mas la costilla de adán de la progresía, en forma de 50% de cuota, superan ampliamente lo dicho por Zaplana. La gran diferencia es, que el PP no tiene en su hoja de instrucciones responder de forma tan hipócrita e histriónica a semejantes cuestiones.
Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, no se han limitado con afear la dudosa conducta machista de Zaplana. Han tirado de manual y han afeado al dirigente del PP con todas las variantes antitéticas de la “ejemplar conducta progresista” de doña María Teresa Fernández de la Vega, que como todos sabemos es progre, y por el hecho de serlo y proclamarlo ante el mundo, goza de una envidiable salud moral y ética que ya quisiéramos para nosotros los que no poseemos su “codiciable” estatus, y por lo tanto estamos donde tenemos que estar, porque no hay otro lugar: En el pozo del fascio.
Al hilo de la fantochada de manual progresista acontecida en el congreso a modo de prolongación del carnaval de Maputo, Pepiño Blanco, a propósito del cual se podría escribir un tratado sobre como nuestro sistema posibilita la llegada a lomos de la mendacidad, la ignorancia y la escasa o nula preparación, a cotas de responsabilidad e influencia, también desde su inmaculada ética preñada de progreso, aconsejaba a Zaplana el cultivo de la filantropía made in “de la vogue”, y le pedía respeto por las mujeres de África, en el colmo del onanismo de quién acaba de bordar las instrucciones del panfleto.