El valor de las personas.
Hoy gracias a un cuento que he encontrado en uno de los blogs que leo habitualmente he reflexionado acerca de una realidad que en muchos momentos nos atormenta a todos: la vida es dura y por si eso fuera poco en la sociedad en qué vivimos solemos ser considerados como algo sin valor.
En el trabajo nos pagan miserablemente; a las empresas a las que pagamos para que nos den servicios les trae sin cuidado la calidad de los mismos o nuestra satisfacción; nuestros vecinos hacen ruidos, obras, molestan y nunca piensan en que tu tengas que descansar, trabajar, etc. Todo esto hace que en algunos momentos nos olvidemos de nuestro valor y pensemos que el reflejo que obtenemos de lo que nos rodea es la realidad. Así no parece tan raro encontrar a gente deprimida, gente que quiere salirse de las normas establecidas por la sociedad, gente que pisotea a los otros, etc.

Pienso que sería una muy buena práctica recordar de vez en cuando cómo nos hace sentir en ciertos momentos lo que nos rodea e intentar mejorarlo procurando reconocer la valía de los demás. Ahora os dejo con el cuento:
Cabizbajo, el joven se dejó caer junto al anciano, que meditaba, bajo un frondoso roble.
- ¿Puedo hablar con usted, maestro?
El viejo, amablemente, respondió:
- Por supuesto, mis puertas están abiertas para ti siempre. Dime lo que te atormenta porque veo que tu corazón sufre.
- Sufro porque dice mi padre que soy un inútil, porque mi jefe desconfía de mi capaciedad, sufro porque todo lo que hago parece que lo hago mal. Mientras otros, esforzándose menos, son aplaudidos, yo me debato entre las dudas y los miedos que me atenazan, y mis trabajos no sirven, no gusta lo que digo ni lo que pienso.
- En esto no puedo ayudarte. Nadie puede decidir por ti, ni otro puede asumir tus dudas. Pero ya que estás aquí sí puedes ayudarme. Quisiera que fueras al mercadillo del pueblo y vendieras esta sortija por más de 100 monedas. Confío en tus dotes de negociación.
A las dos horas volvió el joven aún más deprimido que antes.
- Maestro, he comprendido que tienen razón los que desconfían de mí. No he podido vender tu sortija, sólo me han ofrecido 20 monedas. Perdóname y adiós.
- ¡Espera! -dijo el sabio-. Necesito urgentemente dinero y sólo tengo mi sortija. Negocia con el joyero Rabí y pídele el precio que estaría dispuesto a pagar e incrementa en 100 monedas más, y no vengas hasta lograr esa cifra, pero no se lo vendas.
- ¿Acaso quieres burlarte de mí? Eso es imposible.
- Tú vete y haz lo mejor que sepas el encargo.
Al poco rato volvió alborozado:
- ¡Maestro, es increíble! Me ha ofrecido 2.000 monedas y al subir yo a 2.100 él ha aceptado sin discutir.
- Joven, los del mercadillo desconocían el verdadero valor de la joya y no han aprovechado la oportunidad de poseerla, pero el joyero hubiera pagado gustoso mucho más que 2.000 monedas. No confíes tu valía a quienes no saben tasar a las personas. Mira en tu interior e intenta poner precio a tu dignidad: ese será el valor que debes negociar en el mercado de la vida.
PD: Tengo en mente hablar en otro post de una moraleja subyacente del cuento, y es que la sabiduría está asociada al anciano...
Texto vía Consultoría artesana en la red
Foto vía Pés Espidos
En el trabajo nos pagan miserablemente; a las empresas a las que pagamos para que nos den servicios les trae sin cuidado la calidad de los mismos o nuestra satisfacción; nuestros vecinos hacen ruidos, obras, molestan y nunca piensan en que tu tengas que descansar, trabajar, etc. Todo esto hace que en algunos momentos nos olvidemos de nuestro valor y pensemos que el reflejo que obtenemos de lo que nos rodea es la realidad. Así no parece tan raro encontrar a gente deprimida, gente que quiere salirse de las normas establecidas por la sociedad, gente que pisotea a los otros, etc.
Pienso que sería una muy buena práctica recordar de vez en cuando cómo nos hace sentir en ciertos momentos lo que nos rodea e intentar mejorarlo procurando reconocer la valía de los demás. Ahora os dejo con el cuento:
Cabizbajo, el joven se dejó caer junto al anciano, que meditaba, bajo un frondoso roble.
- ¿Puedo hablar con usted, maestro?
El viejo, amablemente, respondió:
- Por supuesto, mis puertas están abiertas para ti siempre. Dime lo que te atormenta porque veo que tu corazón sufre.
- Sufro porque dice mi padre que soy un inútil, porque mi jefe desconfía de mi capaciedad, sufro porque todo lo que hago parece que lo hago mal. Mientras otros, esforzándose menos, son aplaudidos, yo me debato entre las dudas y los miedos que me atenazan, y mis trabajos no sirven, no gusta lo que digo ni lo que pienso.
- En esto no puedo ayudarte. Nadie puede decidir por ti, ni otro puede asumir tus dudas. Pero ya que estás aquí sí puedes ayudarme. Quisiera que fueras al mercadillo del pueblo y vendieras esta sortija por más de 100 monedas. Confío en tus dotes de negociación.
A las dos horas volvió el joven aún más deprimido que antes.
- Maestro, he comprendido que tienen razón los que desconfían de mí. No he podido vender tu sortija, sólo me han ofrecido 20 monedas. Perdóname y adiós.
- ¡Espera! -dijo el sabio-. Necesito urgentemente dinero y sólo tengo mi sortija. Negocia con el joyero Rabí y pídele el precio que estaría dispuesto a pagar e incrementa en 100 monedas más, y no vengas hasta lograr esa cifra, pero no se lo vendas.
- ¿Acaso quieres burlarte de mí? Eso es imposible.
- Tú vete y haz lo mejor que sepas el encargo.
Al poco rato volvió alborozado:
- ¡Maestro, es increíble! Me ha ofrecido 2.000 monedas y al subir yo a 2.100 él ha aceptado sin discutir.
- Joven, los del mercadillo desconocían el verdadero valor de la joya y no han aprovechado la oportunidad de poseerla, pero el joyero hubiera pagado gustoso mucho más que 2.000 monedas. No confíes tu valía a quienes no saben tasar a las personas. Mira en tu interior e intenta poner precio a tu dignidad: ese será el valor que debes negociar en el mercado de la vida.
PD: Tengo en mente hablar en otro post de una moraleja subyacente del cuento, y es que la sabiduría está asociada al anciano...
Texto vía Consultoría artesana en la red
Foto vía Pés Espidos





