He vuelto
No llevaba mucho tiempo con mi blog cuando lo abandoné por un contratiempo, pero como muchas cosas en mi vida he decidido que voy a retomarlo.
Así que os saludo de nuevo!!!
Un lugar al que siempre regresaré.
Ayer intentando escapar del calor agobiante que hacía en mi casa cogí el coche y fuí hasta el sitio al que yo llamo "el bosque"
Siempre que voy allí me gusta hacerlo sin ningún tipo de compañía, excepto alguno de los perros de mi abuela. Me gusta estar allí y disfrutar de mi soledad, solo yo, para poder pensar y reflexionar sin que nada me moleste. Me gusta pasear por aquel sitio al que solía ir de pequeña con mis amigos de la infancia, nos divertíamos con tan poca cosa... Quizá en aquella época disfrutara de más libertad que ahora. Éramos un grupo pequeño de amigos, todos vecinos y yo era la única chica (aunque pueda sonar demasiado a película yankee) a la que siempre trataban de atemorizar contandole historias sobre una malvada señora que había muerto de manera violenta en aquel bosque y su espíritu se vengaba de jóvenes niños. Y lo cierto es que lo consiguieron, durante un tiempo fui incapaz de pisar ese sitio cuando era de noche.
Pero ayer me senté en el banco y vi a unos niños jugando con las lianas de unos grandes árboles, las mismas con las que nosotros habíamos jugado de pequeños y recordé algo que no se me había pasado por la cabeza desde que aquel verano había terminado, y por decirlo de alguna manera, se había ido mi inocencia con él.
Caminé y caminé, me perdí varias veces, no recordaba bien el camino. Aquel sitio estaba bien resguardado porque era nuestro escondite y nadie, absolutamente nadie debía conocer. Y al final la encontré, nuestra, por llamarlo de alguna manera "cabaña", que en realidad eran cuatro tablones de madera mal puestos, tal y como yo vagamente la recordaba desde hacía apenas 15 minutos. Habíamos comenzado a contruirla con mucho ímpitu, pero esas ganas fueron sustituidas por el tedio de ver que tardabamos mucho en ver los resultados y todos sabíamos que jamás la terminaríamos. Así que dos semanas después de haber comenzado la construcción de nuestra guarida nos rendimos.
Se veía tan pequeña, y recuerdo que habíamos pensado en hacerla para que cojíeramos todos dentro. Me pregunté cuándo había crecido tanto porque no me he dado ni cuenta, siempre me veo igual, no noto ninguna diferencia, ni ningún cambio en mí. Sin embargo cuando veo a gente que fue conmigo a clase me asombro de lo mayores que parecen, pero me miro en el espejo y no veo esos cambios.
Ayer me di cuenta también de una cosa extraña, cuando me acordé de mi niñez, no me parecía yo quien había vivido todas aquellas cosas, si no que era alguien totalmente ajeno a mí, como si lo hubiera visto en una película. Es un sentimiento que me angustia muchísimo, no se porque motivo.
Después de aquel reencuentro con una infancia que tenía casi olvidada me fui más tranquila a casa. ¿Y a que no sabeís a quién ví por el camino? A uno de los niños ahora ya hecho casi un hombre con los que compartía juegos. Cuando nos vemos no nos saludamos, somos unos desconocidos el uno para el otro a pesar de haber compartido los momentos más felices de nuestra vida. Pero ayer hice sonar el claxón y le sonreí, él también me devolvió la sonrisa.
Despedidas
Como ya he dicho en el post anterior mi mejor amiga se marcha al extranjero, y ese fatídico día es mañana.
Por suerte tendrá la tarde libre, así que supongo que quedaremos todas las amigas para tomar un café y hacer un poco de tiempo hasta que se tenga que ir al aeropuerto.
Odio esos sitios; aeropuertos, estaciones de tren de largo recorrido, estación de autobuses. Puede ser porque de pequeña me despedía de mi familia y gente a la que quiero en esos lugares, y cada vez que lo hacía se me rompía un poco más el corazón. Cuando estoy en uno de esos sitios me siento muy incómoda, no dejo de mirar a un lado y al otro. Y entonces veo eso que hace que mis ojos se humedezcan aunque yo no conozca a los protagonistas. Una pareja, un hijo y su padre despidiéndose entre lágrimas, entonces tengo que escabullirme a cualquier sitio porque no puedo dejar de mirar.
Pero otras veces presencio reencuentros, abrazos que se prolongan más de un minuto, sonrisas de oreja a oreja mientras se hacen toda clase de preguntas al mismo tiempo que no pueden apartar la mirada. Y cuando veo eso sonrio.
Me gustan los encuentros, y odio las despedidas. Por suerte yo nunca digo adiós.
Julio, Agosto y Septiembre
Siento haber estado tanto tiempo sin actualizar pero es que últimamente no me apetecía sentarme delante del ordenador.
Llevo unos días pensando, intentando organizar mi vida. Estoy pasando por una de esas crisis existencialistas. ¿Qué quiero hacer con mi vida? y ¿qué es lo que he hecho hasta ahora? Le he estado dando vueltas y creo que no he hecho nada digno de mención, llevo una vida a mi opinión más bien vulgar. Y cuando me pregunto que es lo que quiero hacer en el futuro no se me ocurre nada, debería tener mil y un sueños pero parece que con el paso del tiempo se han ido esfumando todos. Ya casi soy adulta no puedo alargar más las decisiones que debo ir tomando.
Normalmente con la llegada del verano me pongo contentísima, pero esta vez no es así. Me encuentro sola, mi mejor amiga se marcha todo el verano a perfeccionar su inglés y mis otras amigas trabajan todas hasta altas horas de la mañana, por lo que salir con ellas queda descartado. Y luego esta La cantante, que después de casi dos años sin casi verla (desde que se echó novio) vuelve al grupito pero es que salir con ella es como no salir con nadie, por que se pasa la noche de un lado a otro saludando a todo el mundo.
Me queda mi novio, pero creo que este verano será nuevamente absorvido por sus amigos los cuales me odian y no hacen más que rajar de mí con él (ahí se nota que muy inteligentes no son) y lo veré cuando esa secta esté ocupada en otras cosas y no lo secuestren.
Me veo más sola que la una, reordenando mi vida esto es igual a: leer todos los libros que empecé y que por una cosa u otra no terminé, preparando el examen del carnet de conducir, llamando a viejos amigos que hace mil años que no veo pa tomar algo y matando las tardes muertas ordenando mi habitación que es lo que hago cuando quiero reordenar mi vida.
La distancia no siempre es el olvido
Me siento en el sofá de mi cuarto con el paquete de tabaco en una mano y el teléfono en otra, coloco el cenicero de madera con motivos mitológicos entre mis piernas y marco el número que conozco desde hace más de una década, mi mejor amiga, mi mejor amiga en la distancia. Hace tiempo que no nos vemos, un año y medio y ha pesar de que han pasado cinco años que no vivimos en la misma ciudad, ni siquiera en la misma provincia, es más una vive en el este y otra en el oeste, la sigo recordando todos los días; y todos los días me sorprendo al echar tanto de menos a una persona con la que mantego una relación más larga en la distancia que cuando ibamos juntas a la misma clase.
Ella fue mi primera amiga, mi primera amiga de verdad. A la que podía contarle cualquier cosa, mis sentimientos y cada aburrido detalle de mi vida, como me dijo la última vez que la ví "quiero volver a ser tu diario y que tú seas el mío", nunca me juzgo y yo a ella tampoco, me dio los mejores consejos que creía convenientes para mí y aunque alguna vez se equivocó estrepitosamente nunca se lo eché en cara porque sabía que lo hacía por mi bien.
Enciendo un cigarrito y me preparo para una conversación que durará más de una hora y me dejara la oreja ardiendo. Pero solo se repite ese fastidio piiii; le doy al botón de rellamada cerca de diez veces, pero no sirve de nada, no oigo la voz que tanto me reconforta. Me siento triste, hoy necesitaba hablar con ella, simplemente hablar con ella de tonterías, que me volviera a contar que nada ha cambiado desde que me fuí (aunque sea mentira, siempre que vuelvo lo encuentro todo realmente distinto), que fulana, sí la que iba justo a la clase de enfrente, se ha quedado embarazada y nadie sabe de quien... Son conversaciones sin sustancia, hablando de todo y de nada, pero que de alguna manera nos alegran el día y quizá el resto de la semana.
Como siempre le prometo que en verano iré a hacerle una visita, pero como viene pasando desde hace más de año y medio algo impedirá que vaya a verla y estaré un par de semanas deambulando por ahí triste, porque no podré ver a mi alma gemela. Sí, yo la encontré con apenas ocho años. Porque tu alma gemela no tiene que ser necesariamente un un chico, la encontré y ahora ya no la tengo cerca.





