La distancia no siempre es el olvido
Me siento en el sofá de mi cuarto con el paquete de tabaco en una mano y el teléfono en otra, coloco el cenicero de madera con motivos mitológicos entre mis piernas y marco el número que conozco desde hace más de una década, mi mejor amiga, mi mejor amiga en la distancia. Hace tiempo que no nos vemos, un año y medio y ha pesar de que han pasado cinco años que no vivimos en la misma ciudad, ni siquiera en la misma provincia, es más una vive en el este y otra en el oeste, la sigo recordando todos los días; y todos los días me sorprendo al echar tanto de menos a una persona con la que mantego una relación más larga en la distancia que cuando ibamos juntas a la misma clase.
Ella fue mi primera amiga, mi primera amiga de verdad. A la que podía contarle cualquier cosa, mis sentimientos y cada aburrido detalle de mi vida, como me dijo la última vez que la ví "quiero volver a ser tu diario y que tú seas el mío", nunca me juzgo y yo a ella tampoco, me dio los mejores consejos que creía convenientes para mí y aunque alguna vez se equivocó estrepitosamente nunca se lo eché en cara porque sabía que lo hacía por mi bien.
Enciendo un cigarrito y me preparo para una conversación que durará más de una hora y me dejara la oreja ardiendo. Pero solo se repite ese fastidio piiii; le doy al botón de rellamada cerca de diez veces, pero no sirve de nada, no oigo la voz que tanto me reconforta. Me siento triste, hoy necesitaba hablar con ella, simplemente hablar con ella de tonterías, que me volviera a contar que nada ha cambiado desde que me fuí (aunque sea mentira, siempre que vuelvo lo encuentro todo realmente distinto), que fulana, sí la que iba justo a la clase de enfrente, se ha quedado embarazada y nadie sabe de quien... Son conversaciones sin sustancia, hablando de todo y de nada, pero que de alguna manera nos alegran el día y quizá el resto de la semana.
Como siempre le prometo que en verano iré a hacerle una visita, pero como viene pasando desde hace más de año y medio algo impedirá que vaya a verla y estaré un par de semanas deambulando por ahí triste, porque no podré ver a mi alma gemela. Sí, yo la encontré con apenas ocho años. Porque tu alma gemela no tiene que ser necesariamente un un chico, la encontré y ahora ya no la tengo cerca.
Yo
"Busca en los corazones de la gente que te rodea ese trocito de tí y completarás el puzzle de lo que eres" Es lo que dicen repetidas veces en Evangelion, serie manga a la que me he aficionado y es que tiene un transfondo bastante interesante, como todo lo manga ¿no?
Me gusta lo que dice, para saber como soy realmente debo conocer como me ven los demás, el trocito de Bita que hay en el corazón de mi familia, mis amigos, mi novio.... en resumidas cuenta, toda la gente conozco ya les caiga bien o mal. Porque yo nunca lograré conocerme a fondo y quizá si veo lo que la gente guarda de mí conseguiré resolver lo que soy, mi propio Yo.
Me gusta lo que dice, para saber como soy realmente debo conocer como me ven los demás, el trocito de Bita que hay en el corazón de mi familia, mis amigos, mi novio.... en resumidas cuenta, toda la gente conozco ya les caiga bien o mal. Porque yo nunca lograré conocerme a fondo y quizá si veo lo que la gente guarda de mí conseguiré resolver lo que soy, mi propio Yo.
Desquiciante
Ha sido un fin de semana de lo más extraño. Como todos los viernes por la noche fuí a casa de mi novio, me tenía una sorpresa preparada: había hecho una cena romántica. Me alegro el fin de semana y eso que yo estaba un poco depre al ver tan cerca los exámenes y sentir quer no los llevaba lo suficientemente preparados.
El sábado a eso de las seis de la tarde nace un stress del que yo no debería ser dueña pero que me ataca. Celebramos el cumpleaños de una amiga, pero como siempre soy yo la encargada de organizarlo todo. Llamé a cerca de 10 personas de las cuales solo tres estaban comunidas, a eso de las ocho de la tarde ya les he hecho jurar a todos los amigos que a las nueve estaríamos todos delante del supermercado para comprar la bebida (debido al tiempo que había hecho durante toda la semana habíamos decidido hacer botellon)
Entre una cosa y otra ya estoy preparada, pero por más que me mire en el espejo no me veo cómoda. Al final opto por unos pantalones blancos (!!!) una camiseta negra discretita y una finísima chaquetilla.
Cual es mi sorpresa al salir de casa al mirar hacía arriba y ver unas nubes con muy mala pinta. Demasiado tarde. No me da tiempo a cambiarme. Llego al punto E (E de encuentro) están todos menos la cumpleañera. Por miedo a que cierren el supermercado compramos nosotros mismos la bebida, mientras yo decido el qué y la cantidad (¿porqué siempre me tengo que ocupar de estás cosas y luego cuando hay algún problema me pongo tan frenética que pienso que me va a dar un ataque de ansiedad?) Mientras tanto llamamo a la protagonista del día, en su casa no está y el móvil no lo coge, por desgraciada más de 10 veces me salta el contestador y agota mi saldo, mi mosqueo empieza a ser impresionante. Al cabo de un cuarto de hora ella llama diciendo que había estado en casa de su abuela y que se retrasará al menos una hora. Cogemos la bebida y nos vamos a la playa.
La noche transcurre de lo más normalita, el alcohol hace que me relaje y me tranquilice, todos lo pasamos muy bien, hasta que llega el momento de irnos a los bares, que si unos se han ido por un lao, otros por otro....¿Quién se encarga de reunir a todo? Una servidora. Para calmar mis nervios me abandono al tekila y claro está acabo con un pedo impresionante. Decido que ya no me importa, que cada uno haga lo que quiera, que yo voy a hacer exactamente lo mismo. Pero claro, mi amiga la que cumple años quiere que todos nos reunamos para desayunar, otra vez mandando mensajitos y haciendo llamadas ante la ausencia de respuestas exigiendo que en 10 minutos estén presentes en la cafetería Plaza Europa.
Llego a mi casa a eso de las diez de la mañana me miro en el espejo, aún tengo frío (la chaquetilla no abrigaba nada), los bajos de los pantalones, esto quiere decir unos pocos centímetros más abajo de la rodilla, tan negros como las nubes que había visto 13 horas antes, y con una cara de sueño, cansancio y sobre todo mosqueo que hasta mi me asusta.
Conclusión: No volveré a ponerme pantalones blancos cuando salga de fiesta.
Llevaré en mi enooorme bolso un jersey de emergencia.
No volveré a ser la responsable de nadie, porque ni soy mamá ni quiero serlo, pero sé que la próxima vez seré la encargada del grupo por mucho que eso no me guste, ya que el resto de mis colegas son bastantes irresponsables y yo aunque me niegue a meterme en estos embolaos quiero llevar el orden de todo.
Y por último de todo cuando me vuelva a emborrachar no volveré a abrir la boca, porque sé que el sábado dije algo inapropiado, no lo recuerdo pero tengo esa sensación que me sigue atormentando, o igual será que el hígado le ha dicho algo a mi conciencia????
El sábado a eso de las seis de la tarde nace un stress del que yo no debería ser dueña pero que me ataca. Celebramos el cumpleaños de una amiga, pero como siempre soy yo la encargada de organizarlo todo. Llamé a cerca de 10 personas de las cuales solo tres estaban comunidas, a eso de las ocho de la tarde ya les he hecho jurar a todos los amigos que a las nueve estaríamos todos delante del supermercado para comprar la bebida (debido al tiempo que había hecho durante toda la semana habíamos decidido hacer botellon)
Entre una cosa y otra ya estoy preparada, pero por más que me mire en el espejo no me veo cómoda. Al final opto por unos pantalones blancos (!!!) una camiseta negra discretita y una finísima chaquetilla.
Cual es mi sorpresa al salir de casa al mirar hacía arriba y ver unas nubes con muy mala pinta. Demasiado tarde. No me da tiempo a cambiarme. Llego al punto E (E de encuentro) están todos menos la cumpleañera. Por miedo a que cierren el supermercado compramos nosotros mismos la bebida, mientras yo decido el qué y la cantidad (¿porqué siempre me tengo que ocupar de estás cosas y luego cuando hay algún problema me pongo tan frenética que pienso que me va a dar un ataque de ansiedad?) Mientras tanto llamamo a la protagonista del día, en su casa no está y el móvil no lo coge, por desgraciada más de 10 veces me salta el contestador y agota mi saldo, mi mosqueo empieza a ser impresionante. Al cabo de un cuarto de hora ella llama diciendo que había estado en casa de su abuela y que se retrasará al menos una hora. Cogemos la bebida y nos vamos a la playa.
La noche transcurre de lo más normalita, el alcohol hace que me relaje y me tranquilice, todos lo pasamos muy bien, hasta que llega el momento de irnos a los bares, que si unos se han ido por un lao, otros por otro....¿Quién se encarga de reunir a todo? Una servidora. Para calmar mis nervios me abandono al tekila y claro está acabo con un pedo impresionante. Decido que ya no me importa, que cada uno haga lo que quiera, que yo voy a hacer exactamente lo mismo. Pero claro, mi amiga la que cumple años quiere que todos nos reunamos para desayunar, otra vez mandando mensajitos y haciendo llamadas ante la ausencia de respuestas exigiendo que en 10 minutos estén presentes en la cafetería Plaza Europa.
Llego a mi casa a eso de las diez de la mañana me miro en el espejo, aún tengo frío (la chaquetilla no abrigaba nada), los bajos de los pantalones, esto quiere decir unos pocos centímetros más abajo de la rodilla, tan negros como las nubes que había visto 13 horas antes, y con una cara de sueño, cansancio y sobre todo mosqueo que hasta mi me asusta.
Conclusión: No volveré a ponerme pantalones blancos cuando salga de fiesta.
Llevaré en mi enooorme bolso un jersey de emergencia.
No volveré a ser la responsable de nadie, porque ni soy mamá ni quiero serlo, pero sé que la próxima vez seré la encargada del grupo por mucho que eso no me guste, ya que el resto de mis colegas son bastantes irresponsables y yo aunque me niegue a meterme en estos embolaos quiero llevar el orden de todo.
Y por último de todo cuando me vuelva a emborrachar no volveré a abrir la boca, porque sé que el sábado dije algo inapropiado, no lo recuerdo pero tengo esa sensación que me sigue atormentando, o igual será que el hígado le ha dicho algo a mi conciencia????
Érase una vez
Eráse una vez una princesa que vivía en un pequeño castillo, llevaba una vida maravillosa pero de todas maneras había algo que le faltaba, aún no había encontrado el amor.
Justo enfrente se encontraba otro castillo, allí vivía otro principe, pero no era un principe como los demás, su sangre no era roja, sino azul. Esto hacía que fuera diferente en todos los aspectos.
La princesa y el principe a pesar de vivir tan cerca apenas se conocían, solo se hablaban cuando habían tomado un elixir especial que preparaban unos brujos y les hacía ser más deshinibidos.
Una noche los dos habían acudido a una fiesta celebrada por el caballero, íntimo amigo del principe y esposo de una antigua doncella de la princesa, y aunque solo se habían intercambiado un saludo cuando habían llegado, decidieron ir en carruaje juntos, ya que vivían el uno al lado de otro. Cuando el príncipe le abrió la puerta para que ella pudiera salir y estando, claro, bajo los efectos del elixir que el mago Vodka les había preparado, decidió invitar a cenar a la princesa.Ella le contestó que le enviaría al sirviente Mensaje para concretar el día y la hora.
El principe se encontraba entusiasmado con la idea de cenar con tan hermosa princesa, por eso lo había preparado todo con una gra meticulosidad para que su hogar fuera del agrado de ella. Lo único que temía era que que lo dejara plantado. Sabía que él era un principe distinto a los demás, pero tenía la esperanza que precisamente aquello que él llamaba "defecto" fuera un aliciente para que la princesa mostrara interés por él.
Llegaron las nueve y la princesa no aparecía, el príncipe comenzaba a impacientarse, no dejaba de mirar por la majestuosa ventana para ver si ella cruzaba el pequeño camino que les separaba. Diez minutos más tarde el sirviente Timbre le informó que la princesa había llegado.
Por desgracia la cena se había enfriado y así le informó el príncipe, ella dijo que no tenía importancia, que lo cierto es que no tenía mucho apetito.
La princesa lo seguía nerviosa por las númerosas habitaciones del castillo, había sido descortés llegando tarde, pero quería estar lo más guapa posible para la cena. El principe tituteaba explicándole la historia de cada sala y ella estaba impaciente por volver a mirar aquellos ojos negros.
La velada transcurrió con total normalidad, ambos se encontraban muy nerviosos, no sabían que decir, que hacer, tan solo buscaban el rostro del otro lanzándose miradas furtivas. Pero cuando habían transcurrido un poco más de dos horas el sirviente Mensaje llegó al castillo del príncipe, haciéndo saber a la princesa que su madre la reclamaba, se hacía tarde y debía acostarse. Ella se apresuró en la despedida pero antes hizo saber al principe que organizaría una cena privada para los dos, esta vez en su castillo. Él le agradeció tan maravillosa noche y se despidió plantandole un beso en la mano.
La princesa nunca había conocido a un principe así, tan amable, considerado y dedicado; le habían pretendido muchos, pero ninguno era de su interés. Pasó una semana en vela, deseando que llegara la noche de tan esperada cena.
Cuando recibió al principe le dio un vuelco al corazón, sabía que había llegado el amor y que debía pasar con él el resto de sus días. Tal fue la impresión que la copa de cristal que sujetaba entre sus manos acabó estrellada contra el suelo, el príncipe amablemente se ofreció a limpiar los restos, con tal mala suerte que se hizo un corte en la mano. Lanzó un breve grito de dolor, ella se agachó para ayudarlo y vio como de su mano brotaba un líquido azul. Se miraron fijamente a los ojos y se vieron al uno reflejado en los ojos del otro, se fundieron en un tierno abrazo y la princesa pensó que como en los cuentos que le habían leído de pequeña había encontrado a su "príncipe azul"
Justo enfrente se encontraba otro castillo, allí vivía otro principe, pero no era un principe como los demás, su sangre no era roja, sino azul. Esto hacía que fuera diferente en todos los aspectos.
La princesa y el principe a pesar de vivir tan cerca apenas se conocían, solo se hablaban cuando habían tomado un elixir especial que preparaban unos brujos y les hacía ser más deshinibidos.
Una noche los dos habían acudido a una fiesta celebrada por el caballero, íntimo amigo del principe y esposo de una antigua doncella de la princesa, y aunque solo se habían intercambiado un saludo cuando habían llegado, decidieron ir en carruaje juntos, ya que vivían el uno al lado de otro. Cuando el príncipe le abrió la puerta para que ella pudiera salir y estando, claro, bajo los efectos del elixir que el mago Vodka les había preparado, decidió invitar a cenar a la princesa.Ella le contestó que le enviaría al sirviente Mensaje para concretar el día y la hora.
El principe se encontraba entusiasmado con la idea de cenar con tan hermosa princesa, por eso lo había preparado todo con una gra meticulosidad para que su hogar fuera del agrado de ella. Lo único que temía era que que lo dejara plantado. Sabía que él era un principe distinto a los demás, pero tenía la esperanza que precisamente aquello que él llamaba "defecto" fuera un aliciente para que la princesa mostrara interés por él.
Llegaron las nueve y la princesa no aparecía, el príncipe comenzaba a impacientarse, no dejaba de mirar por la majestuosa ventana para ver si ella cruzaba el pequeño camino que les separaba. Diez minutos más tarde el sirviente Timbre le informó que la princesa había llegado.
Por desgracia la cena se había enfriado y así le informó el príncipe, ella dijo que no tenía importancia, que lo cierto es que no tenía mucho apetito.
La princesa lo seguía nerviosa por las númerosas habitaciones del castillo, había sido descortés llegando tarde, pero quería estar lo más guapa posible para la cena. El principe tituteaba explicándole la historia de cada sala y ella estaba impaciente por volver a mirar aquellos ojos negros.
La velada transcurrió con total normalidad, ambos se encontraban muy nerviosos, no sabían que decir, que hacer, tan solo buscaban el rostro del otro lanzándose miradas furtivas. Pero cuando habían transcurrido un poco más de dos horas el sirviente Mensaje llegó al castillo del príncipe, haciéndo saber a la princesa que su madre la reclamaba, se hacía tarde y debía acostarse. Ella se apresuró en la despedida pero antes hizo saber al principe que organizaría una cena privada para los dos, esta vez en su castillo. Él le agradeció tan maravillosa noche y se despidió plantandole un beso en la mano.
La princesa nunca había conocido a un principe así, tan amable, considerado y dedicado; le habían pretendido muchos, pero ninguno era de su interés. Pasó una semana en vela, deseando que llegara la noche de tan esperada cena.
Cuando recibió al principe le dio un vuelco al corazón, sabía que había llegado el amor y que debía pasar con él el resto de sus días. Tal fue la impresión que la copa de cristal que sujetaba entre sus manos acabó estrellada contra el suelo, el príncipe amablemente se ofreció a limpiar los restos, con tal mala suerte que se hizo un corte en la mano. Lanzó un breve grito de dolor, ella se agachó para ayudarlo y vio como de su mano brotaba un líquido azul. Se miraron fijamente a los ojos y se vieron al uno reflejado en los ojos del otro, se fundieron en un tierno abrazo y la princesa pensó que como en los cuentos que le habían leído de pequeña había encontrado a su "príncipe azul"
El primer día de clase
Hoy navegando por los fotologs de mis amgios encontré el de la actual novia de mi compañero de clase, donde le declaraba su profundo amor por él (hoy hacían un mes), sin saber porqué o quizás sí, el estómago me dio un vuelco.
Cuando comenzé la carrera, me sentía muy insegura, era un terreno totalmente desconocido para mí, por suerte junto conmigo había comenzado el novio de una antigua compañera de clase, por ese motivo me sentía algo más arropada.
Pero por desgracia llegó el miércoles, esa tarde tenía la primera optativa e iba a estar completamente sola. Angustiada al ver que todo eran alumnos de un curso superior pasó la primera hora. En el descanso me encontré con C, ya en la segunda hora los dos estabamos más relajados (él aunque es un tres años mayor que yo sentía lo mismo al no conocer a nadie)
Así comenzó una amistad que se iría forjando en las aulas, cafeterías y calles colindantes de la facultad. Ya fuera con el resto de nuestro grupo o solos.
Una noche me sorprendí confesándole a mi mejor amiga que me sentía atraída por él. Me contestó que era normal su simpatía natural hacía que a los dos segundos te sintieras cómodo al lado de él, que pasabamos mucho tiempo juntos etc.
Pasé un mes de los más duro, intentando ocultarlo, si el tenía algún interés "romántico" con alguna compañera de clase desde luego no era yo.
Llegaron los exámenes de febrero y no nos vimos en tres semanas y entonces volvió a mi vida él (mi actual novio) Durante un año y pico olvidé a C, pero hace unos tres meses volvió a ser todo como el año pasado, volvimos a vernos todos los días, a pasar cuatro o cinco horas juntos y algo renació en mí. Se lo consulté a mi amiga (siempre que me da consejos nunca falla) dijo que esperara que se me pasaría y así fue.
No lo dudeís, estoy muy enamorada de mi novio, y lucho con puños y dientes por la relación, pero cuando veo a C un brillo diferente ilumina mis ojos.
Propósitos
Hoy es uno de esos día en el que no me apetece hacer nada. Hoy es fiesta en mi ciudad. Martes de Campo, la gente sube a una montaña por la mañana tempranito, llevan su comida y su bebida, y a media tarde no hay nadie que no tenga un alto porcentaje de alcohol en sangre. Pero mis amigas y yo tenemos mucho que estudiar así que decidimos no ir.
Como hace tanto calor, odio que haga demasiado me siento hinchada, mi madre ha bajado todas las persianas de la casa, así que estamos en penumbra y eso me desgana más aún. Lo único que me apetece es irme con mi chico al bosque (en realidad no es un bosque, lo llamo así porque tiene muchos árboles), tumbarme debajo de un árbol y pasarme así la tarde hasta que comience a refrescar. Desgraciadamente el tiene ensayo, cuatro horas ni más ni menos. Así que mi única posibilidad es navegar un poco por internet intentando encontrar algo interesante hasta que me media hora después esté totalmente aburrida y echarme en el sofá mirando a las telarañas. Probablemente me quede dormida, gran error, porque si me dejan puedo dormir hasta las 11 de la noche sin inmutarme (de pequeña creo que me mordió una marmota), la consecuencia es evidentemente es que me pasaré toda la noche en vela. Por lo tanto mis opciones son pocas.
Debería comenzar a hacer un trabajo que tengo que entregar el día del examen, que no se que fecha es, lo se soy una vaga y una descuidada, no llevo nada el día. Siempre me pasa lo mismo. Cuando acaba febrero y veo la nota de mis exámenes, todas aprobadas pero no con la nota con la que yo quería, me hago la misma promesa: Este cuatrimestre me pongo en plan, lo que quiere decir que sí, las dos o tres primeras semanas voy a todas las clases, tengo unos apuntes que da gusto verlos, compro un monton de material: manuales, carpetas, folios, bolis, libretas.... que al final acaban abandonados en un cajón de mi habitación mientras yo no voy a clase y tomo un café con mis amigos.
Siempre me faltó fuerza de voluntad, pongo mucho empeño, pero al poco tiempo mis fuerzas flaquecen, son tantas las empresas por cumplir: Adelgazar, beber menos los fines de semana, dejar de fumar, estudiar más, dejar de comprarme tanta ropa, no echar más la primitiva (no puedo, algún día que otro me tocan 8 euros), ahorrar un poco de dinero, cuidar un poco mi aspecto y un largo etc.
En fin mañana me pondré con alguna de ellas, ya os informaré de como me ha ido.
Un día cualquiera
Para que me vayaís conociendo un poquito más os contaré lo que hago todos los días.
Me levanto temprano (cosa rara en mi, siempre que me pica mi novio estoy dormida) Enciendo la televisión para ver el telediario, a mi me parece que los de primera hora son los mejores, no se porqué, mientras echo el primer cigarrillo del día. Lo se es malo fumar con el estomago vacío, pero ese momento del día es el único en el que estoy completamente sola y me gusta disfrutarlo con ese "amiguito"
A las 10 llega él para ir hasta la facultad, menos de media hora de trayecto y ya estamos en la ciudad, me deja al lado de la cafetería a la que siempre vamos. Mientras yo me pido un café con leche y un vaso de agua, L (mi novio) está buscando sitio para aparcar.
Me siento en la mesa del fondo, donde siempre, y desparramo todos mis bartulos por la mesa y por el banco. Cuando doy un sorbo al café aún humeante aparece mi compañero de pupitre (C), con su camisa impecable y echandosé al lado su ya crecidito flequillo.
"¿Hace mucho que llegaste?" me pregunta con una sonrisa
"No, ¿qué tal el fin de semana?"
Siempre tiene una anecdota divertida que contarme o si no algún consejo que pedirme por algo "superimportante" (y lo dice todo junto) que le ha pasado, aunque sea una tonteria. Poco después llega M, la compañera de clase de mi mejor amiga y a continuación mi novio. Hablamos de todo un poco, pero falta alguien B, la persona que lo sabe todo de mí, yo de ella, mi paño de lagrimas, la persona en la que me apoyo cuando estoy plof...
Llama. Se ha dormido. Llegará más tarde.
Pedimos las cartas y echamos una partida rapida a la escoba antes de que mi C y M vayan hasta la facultad a entregar un trabajo el primero y a mirar una nota la segunda. L y yo nos quedamos hablando de todo y de nada.
Poco después llega B, C, y M y recogemos todo para ir a comer. Compramos un poco de todo en un supermercado que hay cerca y nos tumbamos en el parquecillo de la facultad a comer. Allí pasamos la tarde, estudiando cada uno lo suyo hasta que alguien anuncia que se marcha y a partir de ahí todos nos separamos.
L y yo regresamos a mi casa, yo hago mis cosas mientras el se tumba en el sofá de mi habitación y sigue con sus ojos cada uno de los movimientos que yo hago. Cuando ya me ha puesto demasiado nerviosa me echo yo también y vemos alguna de las peliculas que me descargo.
Así llegan las nueve y él se marcha prometiendome que me mandará algun mensaje y que a la mañana siguiente será puntual a la hora de picarme (nunca lo es)
Ceno mientras veo alguna serie en la tele o en el ordenador y me acuesto. Y entonces llega ese momento en el que quizá pensando demasiado comienzo a rallarme hasta quedarme dormida
Me levanto temprano (cosa rara en mi, siempre que me pica mi novio estoy dormida) Enciendo la televisión para ver el telediario, a mi me parece que los de primera hora son los mejores, no se porqué, mientras echo el primer cigarrillo del día. Lo se es malo fumar con el estomago vacío, pero ese momento del día es el único en el que estoy completamente sola y me gusta disfrutarlo con ese "amiguito"
A las 10 llega él para ir hasta la facultad, menos de media hora de trayecto y ya estamos en la ciudad, me deja al lado de la cafetería a la que siempre vamos. Mientras yo me pido un café con leche y un vaso de agua, L (mi novio) está buscando sitio para aparcar.
Me siento en la mesa del fondo, donde siempre, y desparramo todos mis bartulos por la mesa y por el banco. Cuando doy un sorbo al café aún humeante aparece mi compañero de pupitre (C), con su camisa impecable y echandosé al lado su ya crecidito flequillo.
"¿Hace mucho que llegaste?" me pregunta con una sonrisa
"No, ¿qué tal el fin de semana?"
Siempre tiene una anecdota divertida que contarme o si no algún consejo que pedirme por algo "superimportante" (y lo dice todo junto) que le ha pasado, aunque sea una tonteria. Poco después llega M, la compañera de clase de mi mejor amiga y a continuación mi novio. Hablamos de todo un poco, pero falta alguien B, la persona que lo sabe todo de mí, yo de ella, mi paño de lagrimas, la persona en la que me apoyo cuando estoy plof...
Llama. Se ha dormido. Llegará más tarde.
Pedimos las cartas y echamos una partida rapida a la escoba antes de que mi C y M vayan hasta la facultad a entregar un trabajo el primero y a mirar una nota la segunda. L y yo nos quedamos hablando de todo y de nada.
Poco después llega B, C, y M y recogemos todo para ir a comer. Compramos un poco de todo en un supermercado que hay cerca y nos tumbamos en el parquecillo de la facultad a comer. Allí pasamos la tarde, estudiando cada uno lo suyo hasta que alguien anuncia que se marcha y a partir de ahí todos nos separamos.
L y yo regresamos a mi casa, yo hago mis cosas mientras el se tumba en el sofá de mi habitación y sigue con sus ojos cada uno de los movimientos que yo hago. Cuando ya me ha puesto demasiado nerviosa me echo yo también y vemos alguna de las peliculas que me descargo.
Así llegan las nueve y él se marcha prometiendome que me mandará algun mensaje y que a la mañana siguiente será puntual a la hora de picarme (nunca lo es)
Ceno mientras veo alguna serie en la tele o en el ordenador y me acuesto. Y entonces llega ese momento en el que quizá pensando demasiado comienzo a rallarme hasta quedarme dormida
Los 20
Cuando faltaba poco para que comenzara una nueva vida, alguien me dijo que sería imposible, que antes desaparecería a dar ese paso.
Eso fue a los 12 años, han pasado 8 y por suerte se equivocó. He podido conocer a gente increíble otra que no lo es (¿de eso se trata la vida no?) de vivir experencias maravillosas e inolvidables, otras terribles que si pudiera volver a vivir no me gustaría que pasaran, pero sé que volvería a tropezar con las mismas piedras, porque soy yo, si hiciera lo posible porque no ocurrieran sería una persona distinta y en el fondo me gusta mi vida.
Ahora puede volver a cambiar mi vida y me da tanto miedo que quisiera quedarme estancada en este momento o volver hacía atrás ¿porqué? porque es algo que conozco. Pensamos que como decía aquella canción "cualquier tiempo pasado nos parece mejor". Nos da miedo el futuro, no sabemos que va a ser de nosotros y es tan grande el abanico de posibilidades...
Ojalá no tuvieramos que crecer, madurar; ojalá pudieramos quedarnos atrapados en un bucle espacio-temporal y ser felices con lo que ya hemos conocido ¿o no? ¿La sal de la vida está en ir experimentando cosas nuevas? ¿ir aprendiendo de nuestros aciertos o errores? Sinceramente no lo se.
Igual solo estoy pasando por la depresión de los 20
Eso fue a los 12 años, han pasado 8 y por suerte se equivocó. He podido conocer a gente increíble otra que no lo es (¿de eso se trata la vida no?) de vivir experencias maravillosas e inolvidables, otras terribles que si pudiera volver a vivir no me gustaría que pasaran, pero sé que volvería a tropezar con las mismas piedras, porque soy yo, si hiciera lo posible porque no ocurrieran sería una persona distinta y en el fondo me gusta mi vida.
Ahora puede volver a cambiar mi vida y me da tanto miedo que quisiera quedarme estancada en este momento o volver hacía atrás ¿porqué? porque es algo que conozco. Pensamos que como decía aquella canción "cualquier tiempo pasado nos parece mejor". Nos da miedo el futuro, no sabemos que va a ser de nosotros y es tan grande el abanico de posibilidades...
Ojalá no tuvieramos que crecer, madurar; ojalá pudieramos quedarnos atrapados en un bucle espacio-temporal y ser felices con lo que ya hemos conocido ¿o no? ¿La sal de la vida está en ir experimentando cosas nuevas? ¿ir aprendiendo de nuestros aciertos o errores? Sinceramente no lo se.
Igual solo estoy pasando por la depresión de los 20
Bienvenida
Aún no se cual es la misión de crear este blog, pero algo se me ocurrirá.
Tampoco se a quien darle esta dirección, supongo que a dos o tres, que serán los unicos que lean lo que escribo y de vez en cuando agregaran un comentario.
De todas maneras bienvenidos a mi espacio





