Iamman era un hombre del siglo XX nacido en el cincuenta y dos, bachiller del setenta y dos y profesional del setenta y ocho, tuvo la oportunidad de pasar al siglo XXI porque su destino decidió marcárselo, al fin y al cabo era un hombre fuerte y saludable, de inteligencia precoz y de inquieto ingenio; en el siglo XX tuvo la dicha de casarse con una maravillosa mujer y cumplir con el bien de formar una familia que lo acompañarían en la travesía del nuevo siglo para darle un sentido a su vida, pero con una cosa no contó Iamman, que lo aprendido y experimentado se lo regalaría a un siglo desagradecido.
Mirando sus manos los dedos le contaron la entrega que estos le dieron a las diferentes empresas donde Iamman trabajó, cortando sus uñas estas le mostraron que nunca fue labrador de tierra pero si de oportunidades, él cerró sus manos y viendo sus puños supo que la vida lo golpeó pero él siempre venció, las venas que se le pronunciaban eran la huella de la sangre que por ellas corría motivando a su corazón a palpitar por hacer algo nuevo cada día; dio la vuelta a sus manos y abriéndolas observó en sus palmas el trazo de unas líneas que marcaban definidamente una M, recordó la creencia quiromántica de las líneas del destino que escribían el futuro de todo ser humano, y se burló en su pensamiento diciéndose que entonces si fuera manco talvez su destino no se hubiera escrito, pero aún así quiso leer esas líneas como si fueran las palabras que le narraran porque el siglo XXI no le respondió a todo lo que hizo durante medio siglo de su vida; mágicamente se visualizaron multitud de líneas en los montes que rodeaban la definida M y le permitieron leer que todas ellas eran la sumatoria de una experiencia compartida alrededor de un Mundo que no había sido construido por otros sino por Iamman mismo, que todo lo que dio de él lo dio por amor a lo que hacía y sabía, y que eso es invisible e intangible para ser recompensado por el reconocimiento aún de los más cercanos; comprendió entonces que el destino de los mayores se visualiza en las oportunidades construidas para los jóvenes en un siglo que solo aportará mas afanes por elevar a una Babel siempre enana que nunca podrá tocar el cielo por ser este inexistente en la forma material que lo vemos pero que de todas maneras está hecho de ilusiones que marcan el día y la noche a la esperanza humana.
