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Blas Deker- Incompetencia aplicada.
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Acerca de
Mi nombre es Blas Deker y mi apellido es Deker, pero tengo otro.Licenciado en diversas materias y no licenciado en muchas más. Me gusta la cerveza más que al eructador oficial del Bar de Moe. Y estoy casado en terceras nupcias con mi cuarta esposa. Tenía varios hijos pero los tiré y me quedé sólo con uno, porque me dio pereza. No soy experto en nada de nada. Lo que quiero es morirme, pero nunca encuentro el momento.
Sindicación
 
EL COMPOSITOR.

Salvador Baqueriza quería ser compositor de clásica aunque para ello tuviese que desistir y dedicarse a otra cosa.
Eso era un jueves.
El lunes quiso ser quiromántico, paranormal y médium.
Ninguna chica se había fijado jamás en él. Por eso andaba en la obsesión de tener alguna experiencia sobre humana.
Pero en cualquier disciplina hay que empezar desde el parvulario e ir subiendo.
Se matriculó en una academia de ciencias ocultas y cuando todos sus compañeros dominaban ya la adivinación del futuro en los posos de una taza de café, Salvador aún tenía verdaderos problemas para interpretar los de una hormigonera.
Así que lo dejó y se volvió a la solfa.

Al finalizar su primer año, como trabajo de fin de curso presentó una suite para arpa de boca. Este instrumento tan limitado no es que le apasionara, pero era con el único que podía componerlo todo en pizzicatto.
Antes lo probó con el clarinete pero se le estropeaban las lengüetas.
Al segundo curso llegó como uno de los peores estudiantes en cuanto al sentido del ritmo.
Los profesores prepararon la pieza de Schubert “La Muerte y la Doncella”, y a Salvador para no deprimirlo le buscaron un hueco en la formación dándole un platillo solamente y dejando el otro custodiado por dos guardias jurados.
En esta obra, el segundo movimiento es un “andante con moto” de 15 minutos.
Salvador estuvo 17 riendo como una hiena emporrada. Se le ocurrió el chiste de que para tocar eso deberían ponerse casco.
Faltó una chispita para que lo expulsaran, pero su padre tenía peso.

En el tercer año se aplicó con todas sus fuerzas. Ya se veía más maduro y compuso varias corcheas de cierta belleza, todas ellas pensadas para una maraca en mano izquierda, mientras con la batuta en la derecha se dirigía él solo.
Acabó con una puntuación de 5,5 y promocionó.
En esa temporada compuso una gran serie de obras a las que llamó “Los Conciertos Qué Grande es Burgos” y ya no abusaba tanto del pizzicatto.
Los violines gemían dulces al suave roce del palito ese que lleva como un cordel tenso atado de punta a punta.
Comenzaba con un “adagio” en el que los metales lucían más que las maderas, sin duda por su composición física y por el efecto de los focos.
Un “re” sostenido por tres oboes se cayó al suelo, pero lo recogieron tan rápido que el respetable ni se dio cuenta.
Entonces empezó un “moderato” de dos minutos que pasó a bastante “allegro” cuando el trombón entró antes de tiempo.

El esquema de la obra es un crescendo prolongado.
“Allegro vivace”, cellos y contrabajos aliados mofándose de los canijos violines. Luego “allegro molto vivace combinado con un “andante con brío” y la percusión haciendo acto de presencia. El chico de los bombos se lía a agredirlos sin ningún decoro y el alumno que una vez cada diez minutos toca el gong, se aburre y se esconde detrás del instrumento para echar un cigarrito.
Ahí, Salvador aprovecha para subir el tono hasta un “allegro con fuoco ma non troppo.”
El pianista comienza a aporrear las teclas con los zapatos y el concierto amenaza con írsele de las manos.
Pero Salvador, que ya ha adquirido algo de tablas, baja con astucia el ritmo de su batuta y entra en un “andante” que va cayendo a “moderato” para concluir en “piano pianísimo molto insufríbile.”
Al finalizar el concierto una ovación se prolonga durante tres o cuatro cuartos de hora. Proviene de las manos de cinco personas apellidadas Baqueriza. El resto de familiares de alumnos hace bastante tiempo que se fueron a ver el fútbol.

La carrera de este prescindible músico, para sorpresa de todos, culminó con fama al aparecer en una película como el compositor que desde su fracaso narra la vida del maestro Rodrigo.
Y cuando a los noventa años, ya por pena, le dejan dirigir la obra de su envidiado colega “Los Jardines de Aranjuez”, Salvador consigue convertirlos bajo su dirección en una estéril sucursal de los Monegros.
 
Comentario:
Si en los tiempos de este monstruo fueran estado los de OT cazando auténticos talentazos, se fuese forrado y le fuería dado la vuelta al mundo.
Ahora el polo sur estuviera arriba.

Es usted muy digna y muy amable, preséntele mis respetos a su perro.
A sus pies con devoción, o aún mejor con devorolor.
 
Comentario:
Que de aplausos debio despertar con tan dulces melodias este Salvador
No