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blog de Óscar Rodríguez
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PAZ, CONVIVENCIA Y EUSKADI REAL
El Socialismo vasco vivió su quinto Congreso en noviembre de 2005. Un Congreso que, como afirmó Patxi López en su discurso de gestión, no ha estado exento de “pasión y tensión”. Y esta es una cuestión previa que me gustaría señalar. Efectivamente, los Congresos de los Socialistas son tensos, porque vivimos la política con pasión y, por tanto, no siguen un guión predeterminado. A la luz de los resultados de las votaciones, ha podido dar la sensación de que todo iba a salir según lo previsto, pero podía no haber sido así, y no hubiera pasado absolutamente nada.

Porque a los Socialistas nos gusta analizar de forma colectiva y discutir acaloradamente, desde la diferencia y el respeto. Y es coherente con nuestro discurso porque, si creemos en la Democracia como sistema de organización de la sociedad, ¿cómo no íbamos a creer en ella para organizar la vida interna de nuestro Partido? Dejamos para otros los nombramientos digitales, las unanimidades artificiales y la expulsión de los discrepantes. Esa no es nuestra forma de entender la Democracia, porque eso simplemente no es Democracia.

Este quinto Congreso, además de un PSE-EE cohesionado, ha dado el espaldarazo casi unánime a un discurso político basado en tres ejes: paz, convivencia y Euskadi real.

Comienzo por el primero de los ejes. La paz, con libertad para todos, es el principal objetivo que los Socialistas hemos trasladado a la sociedad en su conjunto como un auténtico reto colectivo. Y aquí han de quedar claras dos cuestiones de vital importancia: la primera, que los Socialistas haremos todo lo que esté en nuestra mano para que ésta llegue; la segunda, que nuestro trabajo no arrojará un buen resultado si no conseguimos que sea un objetivo compartido por la mayoría de los partidos políticos y de la sociedad vasca y española en su conjunto.

Con relación a la primera cuestión, no hemos podido ser más claros y contundentes: no vamos a pagar un precio político por la paz, pero la política puede ayudar a conseguirla. Desde el momento en el que tomó posesión y, fundamentalmente, a partir del primer debate sobre el estado de la nación, el Gobierno de Rodríguez Zapatero ha sido claro en la búsqueda de un escenario favorable para la consecución de la paz definitiva en Euskadi.

Es verdad que se han percibido momentos mejores y peores en esta materia, desde que se aprobó la resolución del Congreso de los Diputados. Pero lo cierto es que hoy, en términos generales, la sociedad tiene una sensación completamente distinta a la que podría tener hace tan sólo año y medio. Como afirmaba Javier Rojo, nuevo Secretario Político del PSE-EE, “queremos contagiar a la sociedad nuestra ilusión en que llegue la paz”, pero no estamos engañando a nadie. Porque dijimos que no íbamos a bajar la guardia en la lucha contra el terrorismo, y en torno a doscientas personas vinculadas al terrorismo han sido detenidas en el mandato de Rodríguez Zapatero.

Así pues, la acción del Gobierno está siendo diáfana: lucha sin cuartel contra ETA con todas las herramientas que nos da el Estado de Derecho, concienciación social contra el terrorismo y apertura de un escenario negociador con quienes decidan abandonar la extorsión, la amenaza y el asesinato.

Entrando en la segunda cuestión que señalaba con relación a la paz, de nada servirá toda la buena acción del Gobierno, si no conseguimos involucrar a la mayoría social en este noble objetivo. Porque más allá de que la sociedad vaya a reconocer el esfuerzo de los Socialistas por alcanzarla, la paz no llegará de forma definitiva si la mayoría de los partidos políticos y de la sociedad no comparten el objetivo.

Creo sinceramente, que el Gobierno de España, el PSOE y el PSE-EE están persiguiendo la unidad de todos los partidos políticos, colectivos de víctimas y representantes diversos de la sociedad civil en esta materia. Pero también es cierto que los discursos y las acciones políticas de algunos sectores, no aventuran una resolución exenta de polémicas y con un riesgo añadido de división y crispación social a la cuestión de la pacificación.

En este sentido, creo que poco ayudan la precipitación de algunos dirigentes políticos vascos a la hora de lanzar a la opinión pública ideas que mezclan la paz con las relaciones entre los partidos políticos; que confunden el fin del terrorismo con la normalización política. Y considero que, si en Euskadi no tenemos todos claro que son dos cuestiones distintas, no vamos por el buen camino.

Pero tampoco ayuda la acción política que, tanto en Euskadi como en el resto de España, está llevando a cabo la derecha. No quiero dedicar demasiadas líneas a transcribir los discursos a los que estamos asistiendo en este sentido. Creo que lo que procede es pedir un esfuerzo de tranquilidad y racionalidad en todo aquello que se dice, pues lo peor que le podría pasar a este país – que no a ningún partido político – es que la sociedad comenzara a pensar que hay quienes no quieren que llegue la paz, porque se quedarían sin discurso político.

En definitiva, la paz llegará a Euskadi más pronto que tarde, y es tarea de todos hacer pedagogía en la sociedad para que sepa recibirla con los brazos abiertos, al tiempo que con cautela. Porque este no será un proceso que acabe ni en dos, ni en diez años.


El segundo de los ejes marcados por el quinto Congreso de los Socialistas vascos es la convivencia. Y no hay mejor forma de resumir tal objetivo, que como lo hicimos en las pasadas elecciones autonómicas: si vivimos juntos, juntos tenemos que decidir.

La sociedad vasca premió nuestro discurso el pasado 17 de abril, por tanto mal hubiéramos hecho renegando de nuestro discurso en el Congreso de los Socialistas. Como no estamos locos, los delegados asistentes al Congreso respaldamos con más un 95% la gestión de Patxi López. Y es que hay quien dice que la mejor estrategia, es la que se acierta; y, si hemos acertado, ¿por qué vamos a cambiar?

Por contra, hay quienes se empeñan en reclamar cambios al Socialismo. El nacionalismo gobernante vasco – en el que hay que incluir, por méritos propios, a la formación de Madrazo – afirma que el PSE-EE tiene que romper amarras con el PP, pues constituye un frente común con estos en contra de la libre decisión de los vascos. La derecha, por su parte, dice que el PSE-EE ha llevado a cabo un cambio de rumbo cobarde e irresponsable y que ha dejado de ser alternativa al nacionalismo.

Humildemente, considero que tanto unos como otros deberían comenzar a preocuparse por su discurso y por su acción política, en lugar de insultarnos un día sí y otro también. En primer lugar, porque que tanto el PNV como el PP no son rigurosos con la verdad, ya a nadie se le escapa que el PSE-EE no puede formar un frente con el PP contra el Gobierno, al tiempo que se rinde cobardemente ante este. Y, en segundo lugar, porque tanto unos como otros siguen anclados en el pasado, como prueba el premio que la sociedad vasca otorgó a ambos en la pasada contienda electoral: unos perdieron 140.000 votos y los otros perdieron 120.000.

Si queremos lograr la convivencia en Euskadi, sólo hay que tener en cuenta el pasado para no repetir los errores que todos cometimos, pero debemos mirar al futuro. Y para ello hace falta reconocer que la sociedad vasca es plural y diversa; que existen diferentes sentimientos de pertenencia; que contamos con un marco legal que ha hecho que dispongamos de las mayores cotas de autogobierno de nuestra Historia; y que este marco ha garantizado nuestra convivencia y progreso en los últimos 26 años, porque supuso un pacto entre vascos, entre los territorios vascos, y entre Euskadi y España.

Por eso los Socialistas defendemos el Estatuto de Gernika. Sin embargo, todavía hay quienes lo cuestionan todo, quienes dicen que el Estatuto fue un fraude y que no sirve ya a los intereses de la sociedad vasca. Y todavía hay quienes quieren que no se mueva nada – bien es cierto que son aquellos que siempre, en los últimos 26 años, se opusieron a todos los cambios sociales y políticos de trascendencia –.

Los Socialistas no queremos petrificar el Estatuto. Queremos actualizarlo y reformarlo entre todos, como poco, con el consenso logrado en su gestación. Una sociedad moderna, formada y exigente como la nuestra, sólo admitirá como válidos aquellos cambios que acordemos entre todos, ciñéndonos a la legislación vigente; ya no le sirven las soluciones que nos enfrenten y que nos dividan, y así lo expresaron el 17 de abril. Tenemos una sociedad plural y diversa, y es en esa clave en la que tendremos que plantear las soluciones de futuro, si queremos atajar de verdad los problemas reales de la ciudadanía.

Porque, entrando en el tercer eje fijado por los Socialistas en nuestro quinto Congreso, en Euskadi existen problemas reales. Problemas que no van a dejar de serlo por el hecho de que se siga, desde las instancias gubernamentales, insistiendo irresponsablemente en que estamos por encima de la media española y europea en todo lo habido y por haber.

El primer y fundamental problema es que Euskadi – nuestra economía, nuestros índices de desarrollo y bienestar – ha perdido peso relativo en España y en Europa . Y creo que de ahí, provienen el resto de problemas reales. Estamos a la cabeza del Estado en precio de la vivienda y en índices de precariedad y temporalidad en el empleo. Tenemos la cesta de la compra más cara de España y hay 40.000 familias en el umbral de la pobreza. Tenemos la edad de emancipación más tardía de España y, para colmo, cada vez son más los jóvenes que deciden irse a otras regiones del Estado o de Europa a buscarse la vida.

Mientras tanto, nuestro Gobierno no ve más problemas que la discusión en torno a lo de siempre. Y este hecho, probablemente explique la lejanía entre los ciudadanos vascos y la política; este hecho quizás justifique que la ciudadanía perciba que la política y los políticos somos el cuarto problema de Euskadi.

Los Socialistas queremos que la sociedad recupere la confianza en la política y, precisamente por eso, no nos vamos a quedar en la crítica, lo que no quiere decir que vayamos a obviarla. Seremos útiles y constructivos, y vamos a aportar soluciones. En este sentido, quiero señalar, en primer lugar, que nuestra utilidad en la política no quedará exclusivamente en el ámbito vasco, en consecuencia con lo que ya he expresado en este artículo: aislados de España no somos nada, juntos somos más fuertes y más competitivos. Así pues, la acción de los Socialistas ha sido determinante para zanjar un conflicto, el del Cupo, que llevaba mucho tiempo distorsionando las relaciones entre el Gobierno central y el Gobierno vasco. El Estado financiará también los gastos ocasionados por la catástrofe del Prestige y la ampliación del Ertzantza. Además, el Gobierno Socialista hará importantes inversiones para el desarrollo de Euskadi, como la “Y” ferroviaria o un Centro de Gran Ciencia, a través de los Presupuestos Generales del Estado. Y lo haremos en coherencia con la idea que siempre hemos expresado de que las Comunidades Autónomas también son Estado.

Y, en segundo lugar, volviendo a Euskadi, también dejamos claro en nuestro Congreso que estamos dispuestos a llegar a acuerdos con el Gobierno para resolver los problemas de la gente. Queremos un Presupuesto para Euskadi y trabajaremos para que se apruebe, después de siete años de inestabilidad política y presupuestaria. Y trabajaremos para alcanzar acuerdos en materia de empleo, vivienda y políticas sociales.

Concluyendo, estamos dispuestos a hacer que nuestros 18 parlamentarios sean útiles a la hora de solucionar los problemas de la Euskadi real. En el Parlamento Vasco seremos una oposición exigente, pero útil y constructiva. Porque queremos que Euskadi progrese y porque, que a nadie se le olvide, somos la alternativa al Gobierno de Ibarretxe, y esta es la mejor forma de que esta alternativa sea viable.

Ahora bien, el Gobierno habrá de decidir si lo quiere hacer todo esto con los Socialistas, o si lo quiere hacer con otros. Es tan legítimo hacerlo con unos como con otros, como incompatible es hacerlo con todos a la vez.

Óscar Rodríguez Vaz
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