UN LEHENDAKARI ANCLADO EN EL PASADO
Visto el resultado que arrojaron las elecciones autonómicas del 13 de mayo de 2001, así como la situación en la que la sociedad vasca quedó tras 3 años de enfrentamiento entre bloques, el PSE-EE reflexionó y cambió su rumbo.
Llegamos a la conclusión de que el enfrentamiento entre vascos no conducía a nada y que, sin enmbargo, trasladaba muchísima frustración y crispación a la ciudadanía vasca y muy poca confianza a la sociedad española en su conjunto, lo que se traducía en menores expectativas de progreso para Euskadi en todos los ámbitos (social, político y económico).
El trabajo no ha sido fácil, hubo muchos pelos que tuvimos que dejar en la gatera, pero yo al menos creí que era bueno intentar romper los bloques enfrentados, las trincheras que todos contribuimos a formar tras años de enfrentamiento descarnado, a fin de cuentas, entre unos demócratas y otros. Yo sigo creyendo que el esfuerzo ha merecido la pena. Considero que, en gran medida, hemos dejado bien encauzado el objetivo de la convivencia.
El PSE-EE ha tranquilizado la vida institucional vasca en esta nueva legislatura que comenzó en 2005. Afirmación que podemos resumir en que, con nuestro apoyo, se han sacado adelante las leyes más importantes en el Parlamento (incluyendo 2 presupuestos, tras 8 años consecutivos de prórrogas, presupuestos no-natos y "errores" en las votaciones). Además, hemos defendido sin contemplaciones la necesidad de entendimiento entre abertzales y autonomistas para darle un nuevo impulso a nuestra comunidad.
Y por su puesto, si a esta actitud de los socialistas vascos, le añadimos la forma de gobernar del PSOE desde marzo de 2004 y su acreditada sensibilidad autonómica, anclada en la convicción de que las Comunidades Autónomas también son Estado - que ha consegudio no alimentar el victimismo de los nacionalistas más radicales que, en apariencia, se han quedado sin “enemigo exterior”- habrá que decir que la convivencia ha subido muchos enteros en Euskadi.
Si embargo - y siento mucho decirlo - el Lehendakari Ibarretxe está absolutamente anclado en el pasado, lo que me hace pensar que está amortizado. Parece que el Lehendakari no sacó ninguna lección - o sacó la lección equivocada - de los años de enfrentamiento entre bloques. Da la sensación de que lleva 9 años remando en contra de la transversalidad, en contra del encuentro entre las dos grandes almas políticas de Euskadi, precisamente, porque si éste se lograse supondría la firma de su defunción política.
Llegamos a la conclusión de que el enfrentamiento entre vascos no conducía a nada y que, sin enmbargo, trasladaba muchísima frustración y crispación a la ciudadanía vasca y muy poca confianza a la sociedad española en su conjunto, lo que se traducía en menores expectativas de progreso para Euskadi en todos los ámbitos (social, político y económico).
El trabajo no ha sido fácil, hubo muchos pelos que tuvimos que dejar en la gatera, pero yo al menos creí que era bueno intentar romper los bloques enfrentados, las trincheras que todos contribuimos a formar tras años de enfrentamiento descarnado, a fin de cuentas, entre unos demócratas y otros. Yo sigo creyendo que el esfuerzo ha merecido la pena. Considero que, en gran medida, hemos dejado bien encauzado el objetivo de la convivencia.
El PSE-EE ha tranquilizado la vida institucional vasca en esta nueva legislatura que comenzó en 2005. Afirmación que podemos resumir en que, con nuestro apoyo, se han sacado adelante las leyes más importantes en el Parlamento (incluyendo 2 presupuestos, tras 8 años consecutivos de prórrogas, presupuestos no-natos y "errores" en las votaciones). Además, hemos defendido sin contemplaciones la necesidad de entendimiento entre abertzales y autonomistas para darle un nuevo impulso a nuestra comunidad.
Y por su puesto, si a esta actitud de los socialistas vascos, le añadimos la forma de gobernar del PSOE desde marzo de 2004 y su acreditada sensibilidad autonómica, anclada en la convicción de que las Comunidades Autónomas también son Estado - que ha consegudio no alimentar el victimismo de los nacionalistas más radicales que, en apariencia, se han quedado sin “enemigo exterior”- habrá que decir que la convivencia ha subido muchos enteros en Euskadi.
Si embargo - y siento mucho decirlo - el Lehendakari Ibarretxe está absolutamente anclado en el pasado, lo que me hace pensar que está amortizado. Parece que el Lehendakari no sacó ninguna lección - o sacó la lección equivocada - de los años de enfrentamiento entre bloques. Da la sensación de que lleva 9 años remando en contra de la transversalidad, en contra del encuentro entre las dos grandes almas políticas de Euskadi, precisamente, porque si éste se lograse supondría la firma de su defunción política.


